En grupo es más divertido

Me permitirán que, aunque me cueste, hoy no hable de la retorcida situación del planeta, de su economía y de cómo se va desajusta todo a medida que pasa el tiempo. Por catástrofes, emisiones radioactivas, por el coste energético desproporcionado que se derivará en los próximos meses cuando se decida unánimemente repensar el tema nuclear, por las deudas soberanas, por los ratings, por las infundadas soflamas de que lo peor ya ha pasado, por la miseria intelectual de los que nos gobiernan y la de los que nos gobernarán, por al ajuste a coste cero de todo el sistema financiero que al final pagaremos los que menos culpa tenemos, por la destrucción de empleo que sigue su curso firme o por los que dicen que no hay paro en algunos países pues ocupan a la gente tres horas y los retiran de las listas. Por todo ello, he decidido hacer otra cosa. Dar media vuelta y seguir mis impulsos por tomar el timón de mi vida otra vez.
Hoy no quiero que nadie me frene, tengo una idea nueva. Algo que estoy seguro va a revolucionar el mundo, la vida de la gente y convertirá este valle de lágrimas en algo extremadamente agradable. Es una idea más, una de tantas. Una idea que me mueve, me levanta de la cama y muscula mi espíritu emprendedor. Como siempre, cuando llegue el café, esa utopía se rebajará como un cortado y se asentará en el territorio de las cosas pendientes de análisis. Y así será. Esa gran idea, la que sea, se convertirá en un modelo de negocio o no, pero seguro que será motivo de debate, reuniones y estudios por parte de algunos locos más que me rodean todos los días. Me encanta rodearme de locos soñadores, son más creativos.

Eso es seguro, tengo claro que sólo no estaré. Emprender, como muchas otras cosas, es más divertido si lo haces en grupo. Me maravilla el proceso metálico que rodea su cimentación. Cuando las ideas se amontonan y se comparten, en un restaurante, en un bar o en el gimnasio, donde sea, se complementan y eso es fascinante desde todos sus vértices. Los que hemos puesto en marcha algún proyecto y lo hemos hecho rodeados de amigos, socios o inversores implicados sabemos lo extraordinario del camino a seguir. Cuando pasan unos meses, aquella idea inicial se convierte en algo radicalmente distinta aunque mantenga el tronco conceptual del principio. Es tremendo mirar hacia atrás y ver como mutan las grandes ideas hasta el punto que la inicial parece una idea penosa comparada con la resultante.

¿Se imaginan que ese espíritu por decidir uno mismo se compartiera y se ejercitara desde la población y que cuando se le llama “activa” lo sea de verdad? Pues no imaginen, eso está pasando a espaldas del mundo informativo. El valor emprendedor de todo un pueblo, harto de cloroformo se ha lanzado a ejercitar sus derechos. En Islandia los ciudadanos han logrado que el gobierno dimitiera al completo y que, tras nacionalizarse toda la banca, se ha conformado una asamblea popular que reescribirá la Constitución. Apenas llegan datos o información al respecto pero está sucediendo.

“Resulta que tras la capitulación económica del país, una ley se redacta a fin de que la deuda del Estado fuera pagada por los propios islandeses durante 15 años al 5,5% de interés. El pueblo se niega y se manifiesta, la ratificación presidencial no se produce y se lleva a votación. El 93% de los islandeses dicen que no, y de inmediato empiezan las detenciones de los responsables del desbarajuste financiero y político. A partir de ahí la historia será escrita por los ciudadanos que, a través de un método muy participativo, se han organizado al margen de la estructura gubernamental, para que, tras diversas cribas democráticas, 25 ciudadanos redacten la nueva Constitución”.

Muchos comentan ¿cómo es que no sabemos nada de eso? ¿es cierto? ¿es una revolución real desde abajo y pacíficamente culta? Si ésta es una historia cierta o no, lo dejaré abierto a la investigación de los propios lectores. Existen blogs y foros donde se comenta la verosimilitud de lo que aquí explico hoy, sin embargo, poco desde las fuentes oficiales. Para mí lo importante no es que un pueblo pueda motivar la dimisión de todo un ejecutivo, que también, sino que un grupo de personas, con un sueño y un alto grado de indignación como motor, sean capaces de ponerse de acuerdo y trazar la hoja de ruta de un proyecto, sea cual sea.

A mí los que me importan son los proyectos empresariales, me permiten trasladar al caso real aquello de “tomar las riendas de tu existencia”. Otros lo harán revolucionando sociedades o vete tú a saber, pero en general todos lo haremos buscando alguien que nos acompañe en ese tránsito. Escribo esto desde una sala tranquila del aeropuerto de San José de Costa Rica desde donde, junto a un buen grupo de soñadores, empezamos mañana un nuevo proyecto transformador repleto de ideas e ilusiones, de intenciones de internacionalización y de voluntad de crecer. Como si fuéramos islandeses, como emprendedores, en grupo todo es más nutritivo. ¿Algún equipo por ahí?

Artículo publicado en Cotizalia