Semillas de futuro

Ayer Suso replicaba un artículo que escribí hace un tiempo. Lo hizo en uno de los foros que se han creado para estimular proyectos emprendedores a partir de la comida que tuvimos el pasado diciembre en Madrid. Ese espacio digital funciona como un “seed emotional entrepreneurship” a través de decenas de correos que se suceden de manera intensa desde hace unos días. De momento he podido ver como las ideas se superponen las unas a las otras, como van tomando forma y como las dudas pasan a ser conciencia. Me encanta observarlo. Desconozco como acabará, pero el mero hecho de pensar en el futuro y de manera colectiva, emprendedora y positiva ya vale la pena. Como decía Woody Allen, “me interesa el futuro, pues es el lugar donde voy a pasar el resto de mi vida”. Que mejor que ponerse a construir cada uno su propio futuro, rodeado de gente que piensa hacer lo mismo en lugar de esperar la cómoda y aburrida fórmula de que otros se lo monten.

Hoy no quiero que nadie me frene, tengo una idea nueva. Algo que estoy seguro va a revolucionar el mundo, la vida de la gente y convertirá este valle de lágrimas en algo extremadamente agradable. Es una idea más, una de tantas. Una idea que me mueve, me levanta de la cama y muscula mi espíritu emprendedor. Como siempre, cuando llegue el café, esa utopía se rebajará como un cortado y se asentará en el territorio de las cosas pendientes de análisis. Y así será. Esa gran idea, la que sea, se convertirá en un modelo de negocio o no, pero seguro que será motivo de debate, reuniones y estudios por parte de algunos locos más que me rodean todos los días. Me encanta rodearme de locos soñadores, son más creativos.

Eso es seguro, tengo claro que sólo no estaré. Emprender, como muchas otras cosas, es más divertido si lo haces en grupo. Me maravilla el proceso metálico que rodea su cimentación. Cuando las ideas se amontonan y se comparten, en un restaurante, en un bar o en el gimnasio, donde sea, se complementan y eso es fascinante desde todos sus vértices. Los que hemos puesto en marcha algún proyecto y lo hemos hecho rodeados de amigos, socios o inversores implicados sabemos lo extraordinario del camino a seguir. Cuando pasan unos meses, aquella idea inicial se convierte en algo radicalmente distinta aunque mantenga el tronco conceptual del principio. Es tremendo mirar hacia atrás y ver como mutan las grandes ideas hasta el punto que la inicial parece una idea penosa comparada con la resultante.