Aprender de Latam

Leyendo un artículo del Economy Weblog del Instituto de Empresa sobre lo que podemos aprender de Latinoamérica para salir de la crisis se me o ocurren tres o cuatro conceptos que por un lado coinciden y por el otro me son preocupantes. Existe una creencia entre algunos académicos de escuelas de negocios, políticos y empresarios de referencia de que estamos “todavía” en una crisis coyuntural. Hace unos pocos días tuve la ocasión de charlar con alguien metido en las tuberías del nuevo gobierno de Rajoy y me aseguraba que era sorprendente descubrir que tres cuartas partes de ese ejecutivo siguen pensando que esta tremenda situación está motivada por un ciclo y que es cuestión de tiempo que se vaya dando la vuelta.
Gente, que debería estar concretando el modo por el que nos adaptamos a un nuevo modelo social y económico, a un nuevo orden mundial y al sistema de relaciones global que nos llegará, sigue posicionado en una curiosa y peligrosa manera de pensar: esto se solucionará solo, por ciencia infusa, y que los recortes y ajustes, subida de impuestos y derivados servirán para preparar el camino. Obviamente estuvimos en manos de responsables con problemas para interpretar la realidad más absoluta y eso no parece haber cambiado demasiado.

Volviendo al tema de Latinoamerica me gustaría hacer referencia a diversos aspectos que no dejan de ser significativos. Primero que de ellos tenemos mucho que aprender, o por lo menos adaptar. Que no vamos a aprender nada con respecto a salir de la crisis pues no estamo en ninguna crisis y porque no es comparable lo que vivieron hace una década ellos con lo que estamos viviendo nosotros. Alguien muestra su desconocimiento del entorno del que habla y del escenario al que se refiere.

La emprendeduría latinoamericana es tan diversa como estimulante. En países como Colombia, Ecuador, Perú, Paraguay y en general el conjunto de todos ellos poseen un principio activo común: la falta de prestaciones sociales suficientes dinamiza la economía de guerrilla, esa en la que se mueven estos microemprendedores todos los días. No hay ayudas a la puesta en marcha de negocios, no hay gestión dirigida y subvencionada pero el crecimiento de todos ellos, a la sombra de la caída de los imperios occidentales, los llamados núcleos emergentes americanos como Chile o Brasil principalmente están girando hacia todo un nuevo escenario que acepta el capital externo como soporte a la oportunidad de emprender.

Es cierto que emprender en esos países requiere un espíritu determinado. El aeropuerto comercial más peligroso del mundo es el de Tegucigalpa, la seguridad es muy débil en El Salvador o Guatemala, procesos complejos en Panamá, inestabilidades en Bolivia y así el conjunto de ellos. He estado en todos y en cada uno de ellos hay cosas buenas, pero sobretodo hay gente extraordinaria.

Panamá, Costa Rica y toda Centroamérica en general responde también a ese principio de aprovechar cualquier resquicio que proporcione una oportunidad. La necesidad impide que nadie se duerma en el sofá social. Esa es la gran diferencia y la oportunidad que nos ofrecen desde allí.

En el Cono Sur y en todo el sur de América incluyendo incluso México pero algo de reticencias, la exposición a los debates económicos mundiales es escasa para los que quieren poner en marcha proyectos. Es un placer tratar con aquellos que todo el día están arrancando proyectos por modestos que sean. Otra cosa es querer emprender con ellos. La verdad es que implementar negocio en esta parte del mundo tiene grandes dificultades y aunque también supone retos en lo personal y en lo profesional, lo más destacable es el conocimiento de un nuevo escenario para desarrollar proyectos.

La oportunidad son sus desequilibrios, unos desequilibrios que irán desapareciendo y que se convertirán en el patrón de cambio económico. Ahora son ellos los que empujan y los que piden estímulos externos. Mientras medio mundo se movía en cifras negativas, crecimientos que superan el 8% habitualmente.

Lo bueno de viajar es que descubres que aprendes. Es sencillo. Muchos europeos o norteamericanos viajan por el planeta con la voluntad de internacionalizar sus proyectos, de crear en esos países, pero al final resultará que en Latinoamérica especialmente, donde fuimos algunos a desarrollar proyectos de emprendeduría digital y de la Nueva Economía, notando y creyendo que exportaríamos know how, acabaremos aprendiendo más que enseñando. Cuando nuestra sociedad más inmediata se levante del sofá y descubra que tiene que afrontar retos en el exterior deberá saber que, a otros países aparentemente menos desarrollados que nosotros no se va a enseñar, se va a aprender, y en el mejor de los casos a comprender.

Está claro que podemos mostrar usos y estrategias que no se conocen en esos países para poner en marcha negocios, pero las dosis de realismo y de uso práctico de todo ello suponen toneladas de modestia que los europeos necesitamos digerir si queremos hacer negocio en América latina.