Flexibilización cuantitativa

Hoy os dejo con otro gran artículo de James Levy. En el caso de ese nuevo término financiero llamado flexibilización cuantitativa hablar claro es fundamental sino queremos vernos inmersos en un túnel sin final. Cómo dice James, “estamos ante un nuevo peligro para los ahorros del ciudadano medio”. Podéis contactar con él para temas de asesoría en inversión o protección de patrimonios a través de la web de OSAA.

En su reciente artículo “Salvaguadar Depósitos”, Marc Vidal examinaba cómo proteger los ahorros de los riesgos derivados del estrés al que está sometido el sistema bancario nacional. Siguiendo esa estela, mi artículo como invitado “Asesorar en la Nueva Economía” trataba las opciones para la protección de los ahorros privados de los acechanzas de los vendedores de productos bancarios que usan tácticas comerciales agresivas y recomiendan productos financieros inapropiados a fin de generar comisiones, sin parar mientes en el coste para la salud financiera de los clientes. Como continuación, en este artículo me propongo examinar otra fuente de peligros para los ahorros reunidos con sumo esfuerzo por millones de personas en todo el mundo, esto es, las consecuencias no deseadas de las políticas de flexibilización cuantitativa (“quantitative easing”) del Banco Central Europea (ECB) y la Reserva Federal de Estados Unidos (FED).

¿Qué es la flexibilización cuantitativa? En suma, se trata de una medida desesperada de los bancos centrales para estimular una economía letárgica cuando las herramientas habituales, como las bajadas de los tipos de interés a corto plazo, ya no resultan efectivas. Tanto en la zona euro como en USA los tipos de interés se han mantenido a niveles muy bajos desde la crisis financiera de 2008. Sin embargo, a diferencia de lo ocurrido en otras ocasiones, los bajos tipos no han sido suficientes para devolver la economía a la senda del crecimiento. Como no es posible seguir bajando los tipos, el ECB y la FED se han embarcado, en lo que podríamos describir como un acto de desesperación, en la peligrosísima navegación de la flexibilización cuantitativa, que es ni más ni menos que crear de la nada, electrónicamente, nuevo dinero en la cuenta del propio banco central mediante la oportuna anotación por ordenador. Estos fondos se usan a continuación para comprar activos, como los bonos soberanos, en un intento de aumentar la demanda de los mismos y de forzar a la baja la presión sobre los tipos de interés de los vencimientos más alejados en el tiempo, que normalmente son las fuerzas del mercado las que deben fijar, a diferencia de los tipos a corto plazo que marca el propio banco central.

Por descontado, una vez que el genio de la flexibilización cuantitativa ha salido de la botella, no hay banco central que resista la presión de los líderes políticos para usar estos fantásticos poderes de crear dinero para perseguir sus objetivos políticos. En el caso de USA, el programa de flexibilización cuantitativa de la FED se utiliza esencialmente para financiar los enormes déficits presupuestarios del gobierno federal, de forma que el dinero creado por la FED se invierte en comprar bonos del Tesoro ya emitidos. Con este mecanismo se está financiando una fracción significativa del tremendo déficit presupuestario del gobierno americano, lo que a su vez facilita a los políticos el aplazamiento de decisiones difíciles sobre recorte de gastos para reducir el déficit, al menos hasta después de las elecciones presidenciales del próximo mes de noviembre.

En el caso de Europa, la flexibilización cuantitativa es objeto de una manipulación política algo distinta, aunque igualmente destructiva. A través de su Opción de Refinanciación a Largo Plazo (LTRO), el ECB acepta prácticamente cualquier bono basura que los bancos europeos tengan en sus balances (en particular, los bancos españoles) como garantía para la emisión de préstamos de bajo interés a tres años de “nuevo dinero” para bancos con problemas, permitiéndoles así de hecho transmutar plomo en oro. De paso, este proceso transfiere los bonos basura a los abultadísimos balances del propio ECB, como puede observarse en la figura (“Evolución del Balance del RECB”).

Aunque esta medida tiene por objeto estimular la economía mediante una inyección de liquidez a los bancos que les permita prestar dinero a negocios y familias, el resultado es bien diferente. En la práctica, el dinero que reciben los bancos del programa de flexibilización cuantitativa del ECB se usa en gran medida para comprar bonos soberanos del país correspondiente, que ofrecen tipos de interés varios puntos superiores a los bajísimos tipos que carga el ECB en los préstamos LTRO. Mientras las empresas y familias continúan sin recibir financiación de los bancos con problemas, el uso del programa LTRO resulta muy provechoso para los propios bancos, ya que les permite obtener unos buenos beneficios dada la diferencia entre ambos tipos de interés. Igualmente contentos están los políticos con las compras masivas que los bancos realizan de bonos soberanos del propio país, que incrementan la demanda de dichos bonos, haciendo bajar sus tipos de interés y, en suma, ayudan a financiar los déficits presupuestarios a un coste menor.

En la historia económica mundial, nunca se ha llevado a cabo un experimento semejante de flexibilización cuantitativa a esta escala. Tampoco existen precedentes de que planteamientos de este tipo hayan conseguido devolver la salud a economía alguna, y los esfuerzos actuales tanto de la FED como del ECB están destinados también a fracasar. Fatalmente, a medida que la gran oferta de dinero creada sin base en la economía real vaya abriéndose camino en dicha economía, irá alimentando una burbuja de liquidez manifiesta en mayores precios del oro y otras materias primas, tales como el petróleo y los alimentos básicos. Esta misma burbuja conducirá finalmente a una reversión del actual ambiente deflacionario, con bajos tipos de interés, a subidas pronunciadas de la inflación, a las que seguirá la subida de los propios tipos de interés, cuando por fin los bancos centrales se vean forzados a aplicar medidas anti-inflacionarias.

¿Qué puede hacer un inversor para proteger su cartera del peligro de inflación ocasionado por las imprudentes políticas de flexibilización cuantitativa tanto de la FED como del ECB? La respuesta tradicional en España ha sido “compra un piso y, si ya tienes uno, compra otro”. Esta estrategia ha sido efectiva mientras la población española crecía por la gran afluencia de inmigrantes con la consiguiente demanda de viviendas. No parece probable que esta situación se repita en el futuro. España cuenta en este momento con un gran exceso de viviendas en el mercado, resultado de la burbuja inmobiliaria, así como un balance migratorio neto negativo como consecuencia de la crisis económica, que ha desanimado la afluencia de nuevos inmigrantes y favorecido la salida de españoles al extranjero en busca de oportunidades de empleo.

Asimismo, los productos tradicionales de inversión de renta fija no sólo no ofrecerán retornos superiores a los crecientes índices de inflación, sino que pueden también causar pérdidas inesperadas en el esperado entorno inflacionario. En las presentes circunstancias de tipos de interés en mínimos históricos, con rendimientos de los bonos soberanos mantenidos en bajos niveles artificialmente por el programa de flexibilización cuantitativa, extrememos la precaución acerca de los instrumentos de interés fijo con vencimientos a más de tres años. Tan cierta como la salida del sol por el este, sólo es cuestión de tiempo que la subida de la inflación fuerce a los bancos centrales a finalizar el programa de flexibilización cuantitativa. En ese momento los tipos de los bonos a largo plazo aumentarán con el consiguiente descenso del valor de la deuda existente a largo plazo. Los inversores deben por tanto mantener sus ahorros en instrumentos financieros a corto plazo. Conviene ser especialmente cuidadoso en la compra de fondos de inversión de renta fija y comprobar que el vencimiento medio de los bonos que integran el fondo es inferior a tres años.

Un posible refugio lo ofrecen las inversiones con flujos de caja que se ajustan al alza en entornos inflacionarios, tales como las acciones con dividendos de empresas capaces de trasladar los aumentos de precio a los consumidores. Se pueden encontrar muchas empresas de este perfil, con dividendos seguros y crecientes, por ejemplo en los sectores energía y alimentación.

Otra opción es invertir ahora en activos con capacidad probada de mantener su valor cuando el papel moneda se ve erosionado por la inflación asociada a la creación masiva de dinero de la flexibilización cuantitativa. Sirva de ejemplo el oro o las acciones en empresas productora de oro o, alternativamente, los bonos vinculados a la tasa de inflación, que pagan tipos de interés crecientes a medida que sube la inflación.

Para finalizar, mi recomendación es invertir en un recurso escaso, con capacidad probada de proporcionar buenos retornos en cualquier ambiente económico: el ingenio humano. Las empresas que usan la tecnología de forma especialmente eficiente siempre encuentran la forma de generar beneficios, tanto en entornos deflacionarios como inflacionarios. Ésta es la causa de que Apple Computer haya crecido tan rápidamente en los últimos años, alcanzando el mayor valor bursátil de las empresas cotizadas del mundo. Aunque no existen garantías de encontrar el próximo Apple, un inversor bien asesorado, con fondos disponibles para invertir con algo más de riesgo y un horizonte temporal más dilatado, puede participar en la financiación de una de las muchas empresas startup de alta tecnología atractivas, como parte de una estrategia general de mantener el poder adquisitivo de sus ahorros en un próximo entorno inflacionario.

Si alguien desea conocer algo más sobre la flexibilización cuantitativa, el siguiente enlace de Youtube presenta un video informativo y entretenido de sólo siete minutos de duración.

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