'No es el Titanic', en el ABC

En mi columna dominical en el ABC, ayer comenté que el momento actual de la economía no puede compararse con una metáfora como el Titanic. Si bien a todas luces estamos en pleno hundimiento, que el golpe con el iceberg se ha producido, también cabría otra opción. A mi modo de ver, y supongo que es una deformación profesional de cuando me dedicaba a temas de bolsa, cuando todo el mundo apunta a una dirección, cuando el consenso general defiende una idea, yo suelo investigar la contraria. Ya viví eso de defender lo que nadie consideraba factible. Ahora tengo la impresión que unos pocos volvemos a identificar un vértice distinto a todo este entuerto. A mi modo de ver no estamos en crisis, no se hunde ningún barco, estamos cambiando de nave. Un nuevo modelo que entre todos debemos definir y no permitir que los de siempre, los que han pervertido el actual, los que se han zampado todos los bocatas de la merienda, se monten otra fiesta a costa de nuestros sueños que siguen desparramados por el suelo. El artículo decía:

La sala Club Lounge del aeropuerto de Juan Santa María de Costa Rica es un espacio pequeño y singular. No parece el típico punto de encuentro VIP de ejecutivos de empresa. Con algo de suerte, cuando llegas, puede que una banda de jazz te reciba en la puerta de embarque. Así da gusto. Un placer que acompaña al diálogo, a la conversación y a las confidencias entre viajeros. Hace unos días estuve charlando con empresarios hispanos que afrontan el reto de sobrevolar el drama europeo y vender sus productos lejos. No huyen, no escapan, sólo intentan tener la oportunidad de prosperar, de perseguir sus sueños en otros horizontes. Comentaban un símil entre el Titanic y España. Aseguraban que hemos golpeado definitivamente el iceberg. Exponían que nos quedan un par de horas para que el buque se hunda, que el barco de rescate no llegará a tiempo y que el que está cerca no atiende a las señales de SOS. Consideraban que a pesar de que todos queremos ir a popa y obviar la realidad, la aritmética es plomiza demostrando que la grieta es inmensa en el casco y que sólo los de primera tienen bote asegurado.

A mi me da que no. Mantener la teoría de que no hay colisión es difícil. Creo que ha empezado el traslado de pasajeros a otro buque, no por hundimiento del primero, sino por viejo. Vamos de un enorme vehículo marino pesado y lento, tremendamente clasista e injusto a otro más pequeño y tecnológico, menos vertical, sin camarotes reservados y con zonas de debate donde opinar todos y emprender. En mi opinión la pasarela que conduce de un navío a otro es poco segura y se mueve, requiere concentración y seguramente que alguien te ayude a cruzar. Suelo acompañar en ese paso a muchos emprendedores y empresarios que buscan en otras tierras alcanzar un nuevo entorno. Ese nuevo crucero tiene destinos internacionales, pero también representa ideas por encima de productos, usuarios por encima de clientes.

Hemos pasado del país de los parados al país de la parálisis y debemos poner remedio. La solución es la actitud y pensar que esto se hunde no ayuda, confiar en quien pilotaba el barco que golpeó con el bloque de hielo tampoco. ¡Tírate al agua, nada y sálvate tú mismo! El California viene lento, pero viene.

Y es que, como dije alguna vez, la ‘catastrofe ya no es cool‘ por mucho que unos cuantos así lo sigan defendiendo. Lo más divertido es ver como los que defienden ahora “el fin del mundo” son los que lo negaban hace apenas unos meses, los que vaticinaban el arreglo de todo este barrizal y la imposibilidad de vernos en lo que ahora es el escenario natural. Es cierto que la que aun nos queda por vivir es terrible, pero pienso que a cada uno le queda su propia aventura personal por vivir. Llevo veinte años cumpliendo mi hoja de ruta particular. No voy a dejar ahora de seguir mi propia corriente.

Estamos a las puertas de una revolución como ya lo estuvieron otros antepasados, sólo que esta vez es digital, orgánica, distribuida y global. Hace algún tiempo, al confluir diversos factores se reprodujeron sistemáticamente otros grandes cambios. La revolución industrial y tecnológica fueron grandes elementos de cambio, y  convivieron con una crisis sistémica que adelantaba una mutación real y evidente en todos los estadios de la economía. La manera de traducir aquellos cambios siempre condujo a mejores escenarios pero también con una fractura notable del propio sistema. El modelo financiero actual que se sustenta en un crecimiento del valor del dinero por encima del coste real del capital, ha provocado un desajuste insalvable a estas alturas, pero considero que más que una causa, no deja de ser una consecuencia de algo mucho más transversal y que la tecnología de la información ha acelerado, en definitiva es la gran oportunidad que unos pocos, espero que miles, sepan aprovechar para cambiar el mundo de otros muchos, espero millones.

La revolución del conocimiento surgirá del valor de las cosas y no del coste de las mismas, será el momento de las grandes factorías de ideas, de pensamientos, de dudas, de estructurar la fabricación en base a su precio esencial y no tanto al especulativo, de emprender para convertir los sueños en realidad. En esta nueva era, en este nuevo ecosistema plagado de ideas, en ese nuevo mar en el que deberemos navegar, los que antes entiendan que deben impulsarse con vientos desconocidos, los que sepan que es tiempo de veleros y no de lanchas motoras, esos sobrevivirán, crecerán y serán mucho más felices. Los que escuchen a sus mandatarios, a esos dirigentes aparentemente perdidos, a esos que cambian sus previsiones una y otra vez, los que esperen de ellos que les ayuden a sobrevolar este momento crucial de la historia sufrirán mucho más.