Sociedad Aumentada

El pasado domingo mi columna en el ABC no salió en la versión digital, únicamente en versión papel. Por ello replico aquí el post que como sabéis, por exigencias del medio no puede sobrepasar una extensión determinada. Para mi gusto este tipo de artículos no permiten el análisis, son simplemente un esbozo, una pequeña línea de apertura del debate que considero que se puede mantener en el blog. Os dejo con lo que para mí va a determinar en gran medida los tiempos y los procesos en la economía productiva inmediata.

En el Logan Airport de Boston un anuncio luminoso al fondo de la terminal desde la que suelen salir los vuelos con destino a Los Ángeles dice “aumenta tus expectativas con nosotros” y aparece un teléfono inteligente desde el que se ve el rostro de un adulto y una serie de datos sobre impresionados encima de su imagen. El fotograma intenta mostrar el futuro y lo enlaza con una empresa que desarrolla aplicaciones para “smartphones”. Parecía impensable tan solo hace unos años que alguna de las startups que ahora diseminan sus programas por millones de dispositivos fueran capaces a estructurar la vida cotidiana de tanta gente. Una docena de estos engendros me simplifican la vida, la hacen más eficiente y me permiten relacionarme en lo personal y en lo profesional como hace apenas un lustro no hubiera imaginado. Mi agenda es un algoritmo inteligente que se estructura automáticamente y mis enlaces sociales se ordenan gracias a un modelo compartido que depende de este tipo de herramientas. Siempre he preferido Massachussets a California. El ecosistema inteligente en Boston sobrevuela la rentabilidad de Sillicon Valley. Es ahí donde tuve contacto por primera vez con lo que se denominaba “realidad aumentada”. Ahora estamos descubriendo como se pueden sumar expectativas personales, dispositivos con aplicaciones aumentadas y sus enlaces sociales provocando la emergencia a la superficie de un nuevo concepto: la sociedad aumentada.

El futuro premio Nobel, Lazslo Barabasi, me dijo que estamos ante una evidente “sociedad aumentada”, que en ella se cimenta todo ese valor aparentemente desorbitado de algunas empresas vinculadas a las redes sociales. Parece evidente que algo de eso está pasando con el fracaso de la salida a bolsa de Facebook por ejemplo. Sin embargo también me confesó que lo cotidiano de vivir enlazado, socializado, entre múltiples plataformas y en constante flujo bidireccional informativo, nos concedía un valor desconocido que demostraba la enorme diferencia de la “crisis” actual y cualquiera de las anteriores. Se refería a que una sociedad que es capaz de nutrirse de todos estos elementos, digerirlos con cierta tranquilidad y dinamizar su uso en planos genéricos, es una sociedad aumentada y en pleno tránsito a una nueva era. Este y otros elementos no hacen más que demostrar que vivimos el paso complejo y el ilusionante salto a un nuevo mundo, más horizontal, complejo, inteligente, abierto y humano. Es curioso ver como cada máquina que interiorizamos, nos facilita el difícil escenario de las relaciones humanas. A más tecnología, más humanidad. A más sociedad aumentada, más inteligencia compartida, más experiencia social y más oportunidad global. Vamos bien aunque a veces cueste verlo.