'Aún estás a tiempo', en ABC

Mi columna en el diario ABC de esta semana se titula “aún estás a tiempo” (pdf), y pretende servir como aviso a quienes creen que van a lograr algo con una represión inservible en tiempos de tecnologías sociales, de mezquina ocultación de la realidad que no es más que una denuncia en si misma y de trucaje de los papeles de la sociedad que suponen la rotura del modelo. Tengo claro que la economía y sus derivas motivarán el cambio, un tremendo y justo agujero se cierne bajo los pies de los que se creen intocables.
El debate no es si la policia es agresiva o los manifestantes violentos, el asunto es que todo se ha roto definitivamente, que el camino de retorno está desmantelado y que ahora, mejor que nunca, tenemos una oportunidad de retorcer la realidad, haciéndolo cada uno como mejor sepa.

A continuación, el texto completo de la columna, junto con los enlaces que no puedo poner en la versión papel:

En una puerta de embarque te da tiempo de escuchar. Esperas que te trituren la tarjeta de acceso y puedes comparar las conversaciones cercanas. Ya no son sobre “que vas a hacer este finde” pasando a un “¿ha encontrado trabajo tu hermano?”. Durante tiempo circuló la idea que la economía real era independiente de las grandes decisiones financieras. Se quiso creer que una situación de crisis macroeconómica no tenía afectaría los bolsillos de los ciudadanos dramáticamente. El personal moreno de crucero vendía su alma por un Clase C mientras se cebaba en restaurantes de lujo a la vez que los telediarios escupían las primeras cifras de espanto. ¿Era cierto pues ese desequilibrio entre la macroeconomía y la economía real? La respuesta fue plomiza: no, y eso es la buena noticia.

Confio en la crisis pasada y la depresión económica actual como el catalizador de un nuevo futuro. Tim Harford dijo que nada mueve con mayor virulencia los sistemas. “En los años 70 el fútbol británico discriminaba claramente a los jugadores negros. Eran menos y cobraban poco. Pero los clubes que disponían de plantillas con jugadores negros gastaban menos y sus resultados eran similares en muchos casos. Esta regla económica, es preferible reducir costos siempre que se mantengan resultados, se convirtió en el mayor elemento de cambio social en materia de discriminación racial de cuantas se dispusieron en Inglaterra. Ninguna normativa o ley ayudó tanto a acabar con la discriminación como ese hecho deportivo y económico”. En Europa muchos se resisten en aceptar que vivimos tiempos de redes, de comunidades inteligentes, de empoderamiento ciudadano, de capacitación compartida y de transformación transversal del propio sistema, un sistema que se vino abajo hace tres años. No hay planos del destrozo, no hay reglas para repararlo. La modernidad y la tecnología al servicio del conocimiento traerá consigo mejores tiempos, estoy seguro. Por suerte, que el planeta vaya mutando hacia un escenario más horizontal, justo y conectadadamente solidario no depende de las estructuras del pasado, depende de, entre otros, de los que cada día emprendedemos una empresa, un proyecto, una vida, y lo hacemos con las manos en nuestro propio volante, lejos de autoescuelas, subsidios, de cloroformo en vena o de la dependencia de tanta mediocridad insitucionlizada y alejada de la realidad.

Y, como muchos lo habéis pedido esta semana, os enlazo aquí el video de un curioso almuerzo que tuve en 2008 junto a insignes periodistas, blogueros y amigos. La invitada de honor era una diputada socialista de por aquel entonces: Lourdes Muñoz. Las imágenes relatan los últimos minutos de una discusión acalorada que fue subiendo de tono a medida que nadie reaccionaba, nadie se inmutaba y la comilona se mantenía. Lo peor no era eso, lo que recuerdo con claridad es aquella especie de “tranquilízate, no es para tanto” que me repitieron. Hasta hace bien poco, cuatro años después aun me lo seguían diciendo: “tranquilízate, no es para tanto”. El título del video no lo puse yo, a alguien le pareció curioso que para terminar el debate la política acabara diciendo que yo parecía un político por que no dejaba hablar. Aparece la palabra “indignado“.