Colombia 3.0 y la hipersociedad

Mañana en el encuentro Colombia 3.0 daré una conferencia sobre economía digital, los cambios en los modelos de producción y acerca del ecommerce social. Os adelanto que eso será como una excusa pues lo que yo quiero exponer es como todo ello ha sido afectado por un nuevo modelo de transmisión del conocimiento. Con el tiempo y la distancia, en un futuro cercano interpretaremos correctamente el significado de estos días, meses o años. Vivimos cambios en todos los órdenes de nuestra vida y apenas somos capaces de calibrarlos. Este jueves en Bogotá hablaré de lo que esa mutación digital está provocando en el comercio y en la economía de escala.
Cuando teorizo sobre el social commerce o de las propias oportunidades del ecommerce en la nueva hipersociedad intento alejarme del conocido f-commerce (comercio electrónico insertado en facebook) o de las estrategias complementarias a la venta electrónica que utilizan algunas redes sociales como canal de venta. No, yo hablo de otra cosa, lo hago de un complejo ecosistema de interacciones que, tambien en las redes, se conectan, distribuyen y relacionan en múltiples formatos y dispositivos hasta generar tendencias de consumo inteligente.

En primer lugar defino el momento actual como un instante en el que vivimos un estallido único en el que la humanidad está viviendo dos cambios trascendentales a la vez: una revolución en el modelo productivo que ha llegado para quedarse donde las ideas poseen más valor que lo que se fabrica con ellas y una revolución en como el ser humano transmite su conocimiento, puesto que ahora lo hace de manera integral, transversal y socializándolo como nunca antes. Poco tiene que ver esencialmente con la creación de Facebook, Twitter y otras herramientas de comportamiento y relación social. Hablo de algo mucho más orgánico y estratégico, que sobrevuela todo ello, es un cambio de criterio y de concepción. Todo cambió y eso, que se estimuló con la tecnología, ahora está tatuado en la realidad y no se puede borrar. Retorcerse de rabia por emprender un proyecto empresarial y acomodarlo a los nuevos espacios y relaciones humanas es precisamente una de esas características emergentes de las que hablo.

La otra revolución es la de la transmisión del conocimiento. Un cambio que también ha llegado para quedarse. No hay alternativa ni la deseamos. El poder individual florece en la distribución de su razonamiento. Nunca antes habíamos sido capaces de transmitir a mayor velocidad y con mayor fiabilidad un dato, una idea, un modelo o concepto.

La imprenta fue eso en su momento, un salto cualitativo como lo fuera la creación de la escritura en su día. Ahora lo digital se convierte en ese elemento transformador inédito en la fase de conectar el conocimiento humano. Que eso suceda en el preciso instante que los modelos productivos también se ven afectados como nunca antes, modificando cadenas de valor, beneficios y procesos, no ha sido casual, pero si será algo que se lo va a llevar todo por delante.

No todos lo están entendiendo y parece hasta algo bueno que sea así. La política sigue a años luz y muchas empresas permanecen en un limbo denso donde tampoco logran entender el verdadero valor de lo que vivimos. Seguimos culpando a lo financiero, a lo político, a lo hipotecario y a miles de elementos tradicionalmente responsables de las desgracias y miserias humanas. Tal vez lo son, pero también son responsables de no haber detectado que esto estaba cambiando, que los modelo de gestión, producción y distribución estaban deteriorándose sin remedio y que se debía generar un espacio receptor para todo ello urgentemente.

Por eso sé que liderar este cambio es cosa nuestra, tarea de emprendedores, de creativos, de innovadores, de gente que gestiona el miedo y los retos adecuadamente, de seres activos en entornos digitales y de la inteligencia colectiva tatuada en la red.