Dopar bancos

Hace unos días, el gran ciclista Lance Armstrong confesó en una televisión americana que se había dopado. Incluso aseguró que sin doparse es imposible ganar siete Tours de Francia.
Aunque sigamos escuchando que desde la política se ofrecerán millones y millones (que no existen y que nadie tiene claro de donde saldrán) para ayudar a emprendedores y empresas (atentos a los listados que surjan en consecuencia), el problema es que si el sistema financiero no puede abrir el grifo con dinero real eso no es creíble, pues si esos fondos pretenden lograrlos con el botón fiscal y la subida de impuestos lo llevan claro. El sistema financiero sigue quebrado y seco. Lo está porque vive de sustancias dopantes que no permiten ver el estado real del conflicto. Nos hemos olvidado de donde se evidenció el gran cataclismo y seguimos dando vueltas sin estrategia. El cambio de modelo en la economía, la aceptación de que esto no es una crisis sino un gran cambio revolucionario e histórico y el crecimiento de la importancia de una hipersociedad inminente sólo será exitosa con la aceptación que tanto EPO sólo nos llevará al fracaso más absoluto y a una vivencia irreal de lo que está pasando. Cuando vives algo irreal no puedes adoptar medidas para afrontar los retos reales.

Esta función cada vez es más retorcida. Resulta que los de siempre siguen con su estrategia del “sálvese quien pueda” y en realidad se lo están cargando todo. No tuvieron bastante con la estafa general de las retasaciones y las valoraciones fuera de lógica, otorgando hipotecas que las matemáticas no soportaban ni a primera vista, ni les bastó con inventarse resultados, cotizaciones, solvencias y fusiones de juguete. No se les quitó el apetito, siguen siendo unos irresponsables compulsivos. Vivimos una situación de locura financiera y sociopolítica en sesión continua.

Hace años se dijo que la morosidad bancaria no podría superar un siniestro 8% o se lo llevaría todo. Que el fondo de garantía no podía soportar una insolvencia de tal calibre y que tarde o temprano esas cifras provocarían el desmontaje general. Pues no pasó nada, seguimos aumentando esa cifra y estableciendo un país en venta que es incapaz de pagarse a sí mismo. Resulta que la morosidad en las entidades financieras registró en noviembre un nuevo récord, el 11,38%. El volumen de créditos dudosos de los bancos, cajas, cooperativas y establecimientos financieros de crédito que operan en España ascendió a 191.630 millones según los datos provisionales del Banco de España. Desde julio de 2011, la morosidad no ha parado de crecer. ¿Cómo puede ser que no pase nada? Es sencillo si aceptamos cómo válido que la dopamina suministrada a nuestro sistema financiero es legal y si lo es, es prudente e incluso ético.

Hace años dijimos que el sistema financiero español estaba quebrado y nos dieron hasta en el paladar. Aseguramos que era insolvente pues su contabilidad se soportaba en una valoración patrimonial que no se creía ni el Tato. No se produjo la fallida en términos evidentes, nadie ha podido publicar que el sistema financiero español está roto, pues, a base de dinero público, se van rellenando poco a poco las fisuras del modelo. Si atendemos a la historia de este asunto veremos como nos la han ido metiendo poco a poco y casi ni nos hemos enterado.

Al principio fue aquello de “solo la puntita” que significó que la intervención de la CCM, la imposición de una estafa socializada y aceptada (las preferentes) para pagar una fiesta de impagos inmobiliarios, las fusiones (quiebras controladas) y las “compras” (despidos masivos) de entidades pequeñas por otras “mayores”. Después de la puntita, posteriormente y casi sin enterarnos, empezó a entrar entera. Nadie se quejó pues parecía que nuestro dinero no estaba en juego. Vimos como eso no era cierto cuando la subida de impuestos provocó que muchos dejaran de invertir en este país. Lo peor es que esto no ha hecho más que empezar.

Aquí ya nadie está a salvo. Ni el Santander. Hace unos días el Financial Times hablaba de la “tormenta perfecta” que se le avecina a Botín y que pone en juego la “eficiencia” y “estabilidad” de esa grandiosa entidad por ejemplo.

Pues eso, que aunque nos gustara pensar que era posible, sin doparse es imposible ganar 7 tours, aunque nos encantaría pensar que sin doparse es posible alcanzar la recuperación en plena sequía financiera, pero por desgracia no. Como sucedió con Amstrong, al final hay que contarselo a Oprah Winfrey.