Quedan opciones

Hace un par de años conocí a Elisabet de los Pinos, una emprendedora seleccionada por el Foro Económico de Davos. Durante una cena tuvo el detalle de explicarme el modelo de puesta en marcha de su empresa Aura Biosciences. La había instalado en Boston. Elisabet me comentó que “cada vez conocía más gente que, viendo que en España no hay opciones, se va fuera”. Es mi caso, y lo es por que siempre vi el mundo como un todo y no como un conjunto de límites. Lo puede ser en lo cultural o en lo político pero no en la Nueva Economía. Hace ya bastantes años que, bajo ese prisma, ayudo a otros a dar el salto, a emprender en otros lugares o a internacionalizar sus proyectos. A Elisabet le conté que a veces algunos de esos saltos no lo eran tanto por las escasas opciones sino por la nula capacidad política para entender el momento. ¿A quien se le ocurrió meterle un tijeretazo del 42% a cada factura que hace un autónomo en España? Entre el 21% de IVA y el 21% de la retención del IRPF, el pobre autónomo se convierte en una especie de recaudador a crédito de la administración y se le pide que adelante casi la mitad del coste total de lo facturado. Es un riesgo enorme para la débil estructura laboral en la vertiente más joven y parece que no va a cambiar. Manteniendo esa locura no dejará de crecer el paro, la ruina y la miseria y con todo ello no será factible modelar el cambio en el modelo de crecimiento de un país que se ahoga en política, discursos vacíos e indigencia intelectual. El 90% de la basura empaquetada en celofán que discute la clase política y periodística no importa a nadie o no tiene valor determinante en la construcción de un futuro mejor.
En aquella cena también le expliqué que la gente se iba por que estaba acorralada. El proyecto que en aquellos días yo mismo tenía entre manos estaba siendo desarrollando, precisamente, en Boston. Tuvo que ser dentro del programa para Emprendedores Externos (UPOP) del Massachussets Insititut of Technology (MIT), ya que en España nadie me ayudó a saltar los obstáculos tecnológicos, técnicos y legales que comportaba lo que yo proponía. No era ni cuestión de dinero, era un tema de ayudarnos a convencer a las compañías aéreas a integrar un API en sus gestores. Nadie nos explicó que para que las compañías aéreas aceptasen un criterio de este tipo precisaban de un “estímulo” gubernamental. Visto el callejón sin salida nos lanzamos en la búsqueda de un lugar donde si nos ayudaran. Finalmente KLM se hizo cargo del proyecto y lo lanzó al mercado final.

Sabemos que queda mucho por hacer y sabemos que muchos lo van a lograr, incluso en España. Hay casos muy esperanzadores de cómo el “capital riesgo” español es capaz de impulsar proyectos. Softonic, Idealista, Infojobs, eDreams, Privalia, Atrápalo y un centenar de empresas de las cuales más de la mitad están fuera de Internet y tienen que ver con innovaciones en otros campos como el de procesos o el de la logística. Pero ese mercado estrecho, el español, se hace inmenso cuando lo miras desde el exterior. Esos agentes privados que apoyan la salida al exterior sumado a miles de jóvenes españoles que no se han pateado el año de Erasmus con cervezas, está entregando una generación que me niego a llamar “expatriados” y si denominarlos como exploradores capaces y preparados para establecerse en otros países. No es malo irse, es parte de la lógica de los exploradores, emprendedores, innovadores y aventureros. Como es lógico revertir algún día todo esa experiencia y potencial en tu entorno natural.

Para ello hace falta perseverancia. El emprendedor que sabe que depende de si mismo el espíritu de sacrificio y la confianza es fundamental. Y en eso estamos. Imagina que estás en medio del desierto, sin nada. La certeza de que nadie vendrá a rescatarte es obvia y que la dirección correcta de escape la desconoces. Sólo puedes hacer dos cosas: o te quedas allí esperando un milagro o empiezas a andar en rumbo desconocido. Esa es la gran decisión. Yo siempre tomo la segunda, es la que recomiendo y la que las sociedades más prósperas suelen adoptar en su conjunto. Cuando inicies el camino buscando un oasis, una salida, un lugar habitado que te permita sobrevivir a ese desierto, la opción tomada será siempre la buena pues en el mero hecho de ponerse en marcha está el éxito. A medida que el trayecto vaya aumentando podrás admitir dos posibilidades: la de admirar las dunas, el sol, el horizonte, la de disfrutar del propio recorrido o la de quejarse continuamente de la mala racha que llevas y de lo fastidioso de la situación. En ninguna de las dos estará la clave para llegar al final, el elemento fundamental será el tesón, la insistencia, el empeño, la constancia, la tenacidad y la firmeza que le pongamos al asunto. Intentarlo será el premio, no lo olvidemos.

Cuando te pongas en marcha poco importará la tipología de emprendedor que seas, pero bien irás definiendo tu propio estilo a medida que las ayudas y los subsidios se alejen irremediablemente de tu curso. Puedes ser un emprendedor soberbio, magnífico, ese vigoroso proyectista de empresas sin límite. Suelen pensar en grande y no temen a nada. Su vocación y su pasión van al unísono. Otros tipos en los que puedes verte reflejado son los exploradores, aquellos que antes de tomar decisiones analizan todo. Estos emprendedores tan racionales suelen venir de empresas grandes o de un mundo laboral muy seguro. El emprendedor que invierte es el que pone el dinero y apoya relativamente el proyecto. Suelen acabar implicándose más de lo previsto y eso es bueno la mayoría de las veces. El emprendedor activo es el que más innova pues, habiendo tenido éxito habitualmente en todo tipo de negocios, sabe que hay que innovar continuamente y aportar nuevos elementos  para afrontar nuevos retos. Estos tienen la habilidad de “estar en todo”. El emprendedor “starter” es otro espécimen. Se dedica a montar negocios, muchos, y su estrategia de éxito es la de tener pequeños fragmentos en diversos proyectos. Suelen equilibrar los desajustes por mayorías de inversión y en un momento u otro les proponen el “gran negocio” que suelen rechazar puesto que lo que les interesa es estar en el principio de las cosas y no en el crecimiento final de las mismas. El emprendedor persistente es el que no desiste. Suelen ser muy sistemáticos y acotan bien las posibilidades pero insisten hasta lograrlo. Son directivos más que emprendedores pero responden al criterio de la apuesta personal bajo un plan de Negocios exhaustivo.