De empleado a emprendedor

de empleado a emprendedorSe acaba el sueldo fijo o, por lo menos, se debilita. La producción está mutando y el consumo de productos se reduce hasta ofrecerse en forma de servicios. La contratación en general mengua y la tradicional casi desaparece. Sin contratación no hay salarios y a este paso está en riesgo de convertirse en una especie de reliquia. No sucede exclusivamente por estar viviendo tiempos difíciles, sino por que los tiempos están cambiando de un modo inédito. Si las huelgas ya no tienen efecto por no responder a los criterios de vanguardia, el trabajo tampoco parece tener garantizado el modelo al ser un derivado de otras épocas.
Ha llegado el momento de inventar otro modelo de emolumento. Ahora la economía es mucho más dinámica y se basa en estructuras de productividad enlazadas con el capital tecnológico en la mayoría de los casos. La economía del conocimiento está avanzando y, poco a poco, generará espacios laborales sólidos y con una repercusión salarial mucho menos aislada. El emprendedor y el autónomo dependiente dan respuestas mucho más elementales a una economía flexible y dinamizada, donde lo que hoy es evidente, mañana es opaco y donde lo que ahora funciona perfectamente, mañana precisa de una metamorfosis brutal.

Una de las opciones para enfrentarse a un panorama complejo en lo laboral es inventarse el oficio, el puesto de trabajo y el modelo de negocio. Observar las necesidades y buscar el nicho. A partir de ahí se debe apretar los dientes y ofertar una capacidad multiplataforma donde el emprendedor sea capaz de auto crearse la actividad y crear valor añadido a otras existentes. En esa prestación de servicios inmediatos puede estar el origen de una empresa. ¿Por qué no? El puesto de trabajo del futuro es el que te inventes tú, no el que te ofrezcan. Piensa que hace falta y fabrícalo, piensa que hace tu vecino y mejóralo.

Pero no nos equivoquemos, emprender por el mero hecho de emprender no lo soluciona todo, a veces nada. Lo que nos concede es la energía necesaria para adoptar los cambios vitales y personales que nos permitirán ser más libres, estar más en sintonía con nuestro propio destino y nuestros propios anhelos. Me niego a aceptar que esto ya no se moverá. Si se potencian redes del conocimiento, si se impulsa la proliferación del capital riesgo, si las administraciones reducen la fricción en los trámites, si el impulso a la innovación crece en lugar de menguar como en los últimos años, si la cultura emprendedora se transmite en las escuelas de secundaria y en las universidades, si, tal vez, todo eso pasara, un asalariado que decide ser emprendedor lo tendría algo más fácil y con ello, seguro, un país como como cualquiera de nuestra órbita estaría más cerca de conquistar su propio destino y de colocarse en la cabeza económica del mundo civilizado.

Emprender para muchos es la única salida, para otros no. Incluso a veces hablo del “emprendedor por cuenta ajena” como agente de cambio en las organizaciones. Personas que sin jugarse el patrimonio se juegan su propio crecimiento junto al sueño de otro que viven como suyo. Puede que otros tengan más opciones, pero, por higiene intelectual recomiendo ponerse en la piel del emprendedor. Imaginemos que no tenemos más remedio que emprender. Poco a poco, y conozco algún caso, los emprendedores sobrevenidos se convierten en puros dreamers que logran conseguir sus metas. Sucede cuando llega el primer cliente, la primera factura, el primer empleado y el primer cobro. Esos momentos son gloriosos. Encajar la emoción que supone tocar la superficie de los sueños que hace unos meses desconocías tener, es maravilloso.

Los que hemos puesto en marcha nuestros delirios, sin saber si era posible tan siquiera, sabemos que es eso de pasar noches en vela, redactando, corrigiendo, trabajando en la soledad de las noches y los días que se amontonan unos encima de las otras. Vivir ese domingo por la tarde, exhausto pero ilusionado, viendo desde la ventana del despacho como las familias pasean, las parejas hacen cola para el cine y el mundo no se detiene en su curso sinuoso de fin de semana, es duro pero necesario. Al final, piensas, vale la pena. Ser esclavo de la libertad absoluta es preferible a tener la libertad de uno mismo totalmente esclavizada. Piénsalo.

Emprender en Internet es de lo que puedo hablar. Conozco algunas claves del negocio en Internet y las he desarrollado en múltiples ocasiones. Está claro, no obstante, que nunca se sabe todo y siempre aprendes algo nuevo que da al traste con todo lo anterior. Es eso lo maravilloso, esa sensación de no tener puta idea de nada y que todo está por descubrirse aun.

Os dejo con un gráfico que me ha encantado por como analiza lo que está pasando en el mundo y donde se determina que los empleados de hoy se irán convirtiendo en emprendedores. Explica como el mundo sustituirá trabajadores por empresarios.

Tras los ataques del 11S en los Estados Unidos, una gran cantidad de empresas reaccionaron a la caída de la economía mediante la sustitución de los empleados con emprendedores. Tuvieron que reducir los costos, y uno de los mayores gastos de una empresa es el trabajo. Se deshicieron de algunos empleados (que también se deshizo de las prestaciones y otros gastos relacionados con los empleados) y los reemplazó con trabajadores contratados.

Como yo mismo hago en mis empresas, se va extendiendo el modelo de “sharing my Business” entre los empleados y colaboradores hasta convertirlos en empresarios y socios. Esta es la era de nuevas empresas que se encuentran en una posición única en lo que respecta a sus trabajadores. Ofrecer a un empleado un puesto de trabajo estable con beneficios y con un salario consistente requiere estabilidad y eso hoy en día es una quimera en la mayoría de los casos. En mis compañías reservamos espacio para los que quieren crecer dentro o fuera de nuestros propios proyectos permitiendo que de algún modo todos seamos parte de un reto gigantesco algún día y estimulante siempre. Una startup es todo riesgo, es aceptar la inestabilidad para perseguir un sueño, que de alguna manera va en contra de la estabilidad necesaria para contratar empleados.

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