Vale la pena seguir

bp26Esta vez habían sido demasiados días. Casi un mes. Nunca superaba las tres semanas pero en esta ocasión no pude impedirlo. Un vuelo cancelado, un conjunto de inconvenientes y enlaces mal gestionados obligaron a retrasar mi regreso casi una semana más. Y allí estaba yo, nervioso, esperando que entre las decenas de niños acelerados saliera por aquella pequeña puerta misteriosa mi hijo. Al final salió, me vio y encendió sus enormes ojos verdes. Todo lo demás dejó de importar, se paró el tiempo y ya nada ni nadie podría impedir que durante los próximos cinco días el centro del universo fuera un planeta llamado Max.
Vienen tiempos muy duros, más que los que ahora estamos sufriendo. Ya no tiene que ver con el dinero o los beneficios, ni con el paro, ni con los despidos, ni con los cierres o la miseria. Tendrá que ver con la moral, con la ética y la desaparición de los sueños. Sigo creyendo que esto es una tremenda sucesión de volcanes en erupción. Que sólo hemos vivido la primera vomitona de lava. Ahora viene el resto.  Poco a poco la implosión continua, es como si todo se estuviera consumiendo desde dentro y lo hace más rápido cada vez que alguien deja de soñar, de pensar que algo maravilloso es posible.

No dejemos que eso suceda. Vuelvo a reclamar el derecho a ser un soñador, a creer que todo es posible. Es demasiado sencillo asumir la derrota y hacerlo sin mover un dedo. Yo no lo voy a hacer y por eso la esencia de este blog sigue siendo analizar la realidad, oportunidades de negocio, descripción de proyectos y recopilación de estímulos para afrontar la vida con un sentido emprendedor. Eso es lo que se puede leer aquí, no mucho más. De eso es lo único que puedo hablar. Lo de ser emprendedor en serie es una manera de ver la vida, ni buena ni mala, un modo. Trae mucha angustia, derrotas, miedo y soledad en aeropuertos perdidos. También  te regala amigos, retos, idiomas, sentir los límites que desconocías tener y saber que hay un punto que creías de no retorno pero que simplemente era un lugar oscuro del que si se puede regresar.

Y finalmente, cuando vuelvo con mi hijo de pasar “nuestro tiempo”, ese espacio en el que ensamblo mi alma a la suya, esos segundos que se convierten en todo y esos días que transcurren como un instante, le explico como es el mundo que recorro, como es la gente, como lo echo de menos y  como es de intenso vivir persiguiendo sueños, uno tras otro. Max suele preguntarlo todo, a veces repetidamente, pues hay elementos que le estimulan especialmente. Nunca son detalles concretos, suelen ser más esenciales. No son los aviones lo que le gusta, no son los paisajes lo que le preocupa, no son las personas que conozco por importantes que puedan ser lo que le interesa, lo que le fascina es saber “¿qué pasará cuando alcances eso que buscas?”. Tarde tiempo en averiguar la respuesta. Lo descubrí hace poco, hablando con alguien muy especial. Lo que pasará es sencillamente que “cuando lo encuentre, lo volveré a esconder”.

Cuando pienso en un nuevo negocio pienso en si lo puedo defender como un sueño. Si lo puedo definir a mi equipo como tal. Si entre todos vivimos el reto común como una búsqueda absoluta, entonces, vale la pena seguir.