Especie peligrosa

430530Emprender no es simple. Nadie te lo pone sencillo, hasta el punto que a veces parece que el emprendedor sea un enemigo, algo a extinguir, una especie peligrosa que, si lo dejas crecer, se reproducirá y se hará poderoso. Está enquistado en un modelo de pensamiento intransigente y poco ambicioso que caracteriza nuestra sociedad moderna, más preocupada del motivo por el que un camarero le ha puesto unos cuernos de antílope a una ex de un torero de segunda. La culpa no es ni del antílope ni del camarero pero algo está pasando y queda poco tiempo para cambiar ese curso perverso.
El número de autónomos se reduce en España siete veces más rápido que en la UE. El número de trabajadores autónomos descendió en España a un ritmo siete veces superior al de la Unión Europea. Es una evidencia que España tiene un problema con respecto a la vinculación entre autónomos, conocidos como los “sin derechos” y los emprendedores, conocidos como “los sin ayuda”. La combinación da un resultado desesperanzador: los sin ayuda y sin derechos. Sin exagerar, el cómputo comparativos entre los mecanismos de soporte para un asalariado son tan humillantemente superiores a los de los autónomos que no me extraña, la verdad, que ser autónomo esté como última opción entre gran parte de la sociedad.

Está claro que hacen falta medidas reales, en vez de analgésicos hace falta una terapia integral y menos discurso fácil por parte de ministros y ministras que apenas saben que es una empresa o sus derivados. La mayoría de los que determinan esos procesos están más preocupados de que su mano no salga lleno de mierda tras meterla en el cajón.  Hay que actuar con un tratamiento y no hacerlo quirúrgicamente a modo de remedio de urgencia. Además, esas cifras no son más que parte de una cadena que sigue su curso. Hace más de 5 años que se mantiene esa nefasta tendencia.

Son tantos los problemas que se reproducen en el sentido de taponar la emprendeduría y la voluntad de cambiar la sociedad en términos de acción social y sentido crítico que, aunque me esfuerce en ser optimista, cuesta ver la luz al final de un túnel burocrático, sin crédito, con normativas siniestras tatuando un modelo de crecimiento erróneo y superado por la realidad, una atonía social inverosímil y una generación tapón que pone entre la espada y la pared a toda una legión de emprendedores capaces y dispuestos pero que deben enfrentarse a la incomprensión voluntaria de una generación mediocre e inconsistente incapaz de aceptar los cambios tecnológicos, sociales y económicos.

Los problemas son inmensos pero no soporto a los que siempre se están lamentando de que “ellos solos no pueden cambiar el mundo”. Recordemos la lección de Mauro.

La actitud del que no afronta la escalada que supone emprender por miedo o vagancia, por no querer participar en un cambio de espíritu social indispensable lo que está haciendo en realidad es retrasar algo que es inevitable: enfrentarse a un nuevo tiempo que llega sin remedio.