Creatividad y revolución

Cuesta andar por Europa sin tropezarse con una protesta, manifestación o queja social. No me extraña. De todos modos, prepárense o sublévense pues esto no ha hecho más que comenzar. A uno le entra vergüenza ajena escuchando ministros, consejeros o derivados de cobre asegurando que (de nuevo) hemos tocado fondo y que (eso si) viene un período de estancamiento. Como modelo económico seguiremos en caída libre. Ni tan siquiera sirve eso de “moderándose el descenso”. No, lo que viene es sencillamente otra fase de ajuste a esa nueva sociedad, a ese nuevo modelo económico y todo un nuevo escenario global al que, o te adaptas o te apartas. Los grandes cambios en la historia de la especie humana fueron similares. Un montón de inútiles rigiendo, ordenado y procurando sus meriendas, mientras miles o millones de indivíduos sufrían la mutación en su epidermis. Sin embargo tengo buenas noticias: al final ganan los buenos y el tiempo, visto desde lejos, explica claramente cual era realmente la situación. Ahora la situación es una revolución inédita que atiende a un cambio histórico en la distribución del trabajo y en la transmisión del conocimiento, todo justo cuando esos dos elementos se reproducen exponencialmente en las redes digitales y sociales.
El primer pago que hace una sociedad ante un proceso como ese es que se deteriora el cociente de creatividad. El verdadero emprendedor lo que busca es el cambio sustancial de los resortes de la economía en los que se va a mover. Esto suele ser típico de sociedades en las que el volumen de emprendedores lo son en su mayoría por necesidad y no por oportunidad. Esto no deja de ser una apreciación, pero observando como gestionan su “empresa” muchos de esos “emprendedores” se te quitan las ganas de escribir libros sobre la bondad de “emprender”. He visto centenares de empleados mucho más emprendedores que sus jefes.

España va tercera. Tercera por la cola en una curiosa clasificación publicada en el Eurobarómetro seguimos tras los belgas y lituanos. Los españoles son los ciudadanos europeos con mayor porcentaje de población que no se ha planteado en la vida iniciar un negocio por su propia cuenta. Ese es el problema, Europa en general pero España en especial, somos una sociedad que monta sus empresas mayoritariamente porque no tiene más remedio, ya me dirán que nivel de innovación puede esperar de su ejército de emprendedores.

Para desitoxicar os dejo con una propuesta de innovación que me parece realmente encantadora. Me maravilla cuando alguien con su espíritu emprendedor, imaginación y voluntad de superación pone en marcha un proyecto y desarrolla sus sueños. En este caso conozco a los responsables de esta simple y minimalista bicicleta aun por entrar en producción. Se llama Bicymple y es una bicicleta sin cadena que podría cambiar por primera vez la forma en la que concebimos el transporte sobre dos ruedas. Por cierto, el capital necesario para desarrollar el producto lo lograron a partir de la captación de fondos colectiva en “crowdsourcing” de la mano de Kickstarter.