Subirse al tren o morir

Ayer estuvo en Andorra Ban Ki-moon, el Secretario General de la ONU. Fue a celebrar el aniversario de la entrada en su organización del pequeño estado pirenaico. Lara es andorrana y me comentó detalles de cuando eso sucedió y de como lo vivieron sus habitantes. Me explicó, también, cosas curiosas como que el parlamento de Andorra es uno de los dos que en el mundo con un cincuenta por ciento de mujeres. Y es que Andorra es un lugar extraordinario, que en muy pocos kilómetros cuadrados posee unos atractivos naturales y turísticos totalmente indescriptibles. Pero lamentablemente sirve como ejemplo de algo que viene sucediendo en muchos otros lugares. La modernidad y la empresa, a pesar de que se procure, no siempre van asociadas de manera simple.
Hace un par de meses la mitad de los hoteles de Andorra decidieron participar en una promoción del operador turístico Atrápalo. La campaña se llamaba “La Gran Escapada” y permitía a los usuarios reservar plazas a precios muy asequibles. Rondaba los 100 euros un fin de semana largo. El coste efecto resultaba unos 30 euros noche y persona. Algo nunca visto en hoteles de cuatro estrellas en un país acostumbrado a controlar la oferta y la demanda en vereda gracias a las prácticas de lobby y gremio muy bien instauradas hace décadas.

Cabe decir que Andorra no está pasando tampoco por un buen momento económico a pesar de que nadie allí lo reconozca. Obviamente el consumo, fuente principal incluso por encima del turístico, ha caído significativamente pues sus clientes principales, españoles y franceses no están para muchas meriendas. En ese contexto de reducción de expectativas siempre hay dos alternativas: reducir precios para atraer mayor público o subirlos para, con menos clientes, ganar igual. Es una necedad absoluta pensar que sin ofrecer más podrás aumentar los costes al cliente, pero sin embargo hay quien lo piensa así. Como si no hubiera competencia capaz de desmontarte todo el tinglado con una buena campaña de marketing.

Resulta que tras esa campaña surgieron voces críticas desde las patronales hoteleras. Una asociación curiosamente llamada “Auténticos Hoteles de Andorra”, que ya tiene tela el nombre, aseguró que lo que hizo Atrápalo era “una vergüenza” y que “destruiría el sector hostelero del país”. No tuvieron bastante y su presidente, en un alarde de modernidad e inteligencia emprendedora, le pidió al “govern” que ejerciera un control sobre los precios y activara sanciones.

Es evidente que no habían entendido hacia donde van los tiempos, que tren se acerca, ni que se vende más en la zona ‘e-‘ que en la zona ‘a’, que la economía digital no entiende de fricción y que la nueva economía requiere de líderes (patronales, sindicales, políticos,…) que se sientan cómodos en esta transición gigantesca que el ser humano está viviendo. En Andorra una buena parte de los hoteles se negaron a participar en tal promoción, en España casi 150 lo hacían. Los que, desde el Principado, se sumaron alcanzaron cotas de reservas muy superiores a las que esperaban y, atendiendo a mil maneras de reversionar y conceptualizar los ingresos, buscaron la manera de convertir unos presupuestos low cost en algo rentable.

La economía digital busca el long tail, el low cost, lo escalable, lo global y lo glocal, la entrada directa en los circuitos de relación social entre marcas y usuarios. Negarse a todo ello es morir poco a poco.

Elegí este ejemplo que me pareció sintético pero obviamente hay muchos. La transición entre un modelo empresarial obsoleto o rígido y los inminentes de la era digital, aumentada e hipersocial, requiere de estudio, análisis y asesoramiento en muchos casos. Al contrario de lo que en Andorra un grupo de hoteleros pensaron, lo digital, lo social y lo flexible repercuten de manera crítica en el cambio de la cadena de valor y ataca directamente a un nuevo modo de entender la producción y los servicios. Lo he comentado otras veces pero se encadenan plataformas, proyectos, productos, clientes, profesionales, desarrolladores, gestión de marca, publicidad asociada, habilidades digitales, planes de negocio abiertos, gestión de comunidades y aportación de contenidos sin censura.

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