¿te da cosa la Internet de las cosas?

Aquí ya hemos hablado de la ‘Internet de las cosas’ y de cómo la llegada de la conexión de objetos y dispositivos revolucionará la vida de las personas, ciudades y organizaciones. Es algo tan imparable como lo fue en su día la llegada y despliegue de la propia Internet. Mucho tendrá que ver el concepto smart city y la extraordinaria manera de conectarnos con los modelos sociales que nos rodean. No es algo que se pueda elegir, viene y ya está, y como tal es bueno ir tomando conciencia de cómo logramos que eso sea un hecho beneficioso y no un tormento.
Parece evidente que en la empresa privada ‘la Internet de las cosas’ sufrirá una explosión inminente durante este año, pero muy especialmente en el que viene a través del retail y la manufactura. En el caso de éste último, las empresas podrán obtener mayor productividad, controlar su eficiencia y la logística gracias a nuevas aplicaciones y dispositivos de contacto, mientras que en el retail las empresas pueden prestar más atención a la experiencia del consumidor, al movimiento en sus tiendas, entre otras cosas.

El momento más intenso se vivirá cuando la ‘Internet de las cosas’ entre en colisión o contacto con el concepto ‘big data’ y lo que supone de exponencial su uso compartido. En 2020 habrá más de 50.000 millones de dispositivos conectados entre si, lo que supondrá una digestión inteligente de datos como nunca antes ha vivido la humanidad. Todo ello combinará inteligencia artificial, natural y conversaciones comerciales a partir de lo que el marketing matemático solicite y lo que el comercio de información entregue.

La penetración de smartphones, tablets, y otros dispositivos conectados a la red aumenta año tras año y actualmente ya hay 12.500 millones de cosas conectadas a Internet, que supone 4% de las máquinas que existen actualmente y llegaremos a esos más de 50.000 en apenas cinco años. Esta tendencia convertirá a las ciudades en ciudades inteligentes en las que el tráfico se controla a tiempo real, sensores miden de forma constante la contaminación del aire, aplicaciones de móvil nos indican dónde se encuentra el autobús que queremos tomar y cuánto tardará en llegar y dónde podemos saber donde hay sitios libres para estacionar el carro. Se trata de innovaciones que ya pueden verse en por ejemplo.

¿Dónde está la oportunidad de negocio? ¿Cómo diseñar programas y aplicaciones para sacar el máximo provecho a la información recabada por esos sensores y dispositivos de la ‘Internet de las cosas’? ¿cómo asegurar que se hace un buen uso de esta información? Esa es la clave del negocio que aportan. Además, se sabe que en 2030 se necesitará un 40% más de energía a nivel mundial para atender la demanda y alguna vendrá vinculada a esta ‘Internet de las cosas’ y las ‘smart cities’. Estoy convencido que el lenguaje e idioma de la máquinas, su vínculo social y su eficiencia productiva.

The Internet of Things’ como le llaman aquí ha llegado para quedarse y abrirá las puertas a una nueva era. Estoy seguro que en menos de cinco años llevaremos ropa, relojes y gafas conectadas a la red, que podrán medir nuestro pulso y temperatura, y enviarlos a tiempo real a nuestro médico. Esa misma ropa nos informará de que hay cerca alguien con intereses comunes, que estamos pasando por delante de un centro donde venden algo que detecta que nos falta según nuestro historial de navegación y si tenemos o no previsto diferentes situaciones sociales a la vista. Todo eso sucederá mientras nuestra nevera hace la compra y atiende a los informes del estado climatológico para así activar la calefacción de la casa antes de nuestra llegada programada según el tráfico que ya sabemos previamente. La cama iniciará un programa de ambientación y relajación seleccionando la película ideal y la música idónea para nuestra llegada según nuestro ritmo medio del día que nuestra ropa habrá ido informando puntualmente. ¿Te estresas?

A mi me encanta, no puedo dejar de ver en la tecnología un aliado, una herramienta para superar barreras y muros que otros, en el pasado, no pudieron superar por culpa de los elementos de clase, espíritu o condición.