La filosofía del #nonstop

Uno de mis restaurantes favoritos del mundo es el ink de Melrose Avenue en Los Angeles. Bocadillos elevados a la categoría de arte. A Michael Voltaggio, su fundador, deberían beatificarlo. Y más cuando este hombre decidió abrir uno de sus restaurantes en la Edge Lounge del Aeropuerto de los Angles (LAX). La verdad debo reconocer que comerse el ‘bánh mi’ de cerdo con vegetales en una mesa mirando de manera panorámica la pista número dos es como si se detuviera el tiempo. Cada uno es como es.
En febrero estuve ahí como cada tres o cuatro meses. Sin embargo el agotamiento que recuerdo de ese día era algo superior, mi ánimo menos intenso y mi capacidad para superar un ‘bajón’ mucho menor. Fue hacía el final del bocata que un improvisado compañero de mesa y mantel me lanzó un ‘where you go?’

Me pasa a menudo, será que parezco accesible en según que países, pero es frecuente eso de que la gente me pregunte cosas. En este caso mi respuesta fue algo así como ‘where I want‘. Me dijo que eso era imposible, que nadie viaja donde quiere, que solemos fantasear con nuestra libertad de elección, pero que en realidad mi viaje no era más que otra obligación ubicada en mi ‘schedule’. Eso dijo el tío.

Me dispuse a iniciar una discusión épica. Le dije que me sentía bien haciendo lo que hacía, contactando con mucha gente a través de la tecnología, escalando mis propias montañas y viviendo como quería vivir. Que mi cansancio evidente no era más que la fachada de mi satisfacción. Se partía.

Le aseguré que yo vivía en libertad. Se descojonó de mi. Me dijo riendo que mi libertad no era más que una sensación motivada por el hecho de haber elegido ‘mis cadenas’. Únicamente. Me quedé pensando. El hombre se despidió y me deseó suerte. Se perdió entre la gente de la sala VIP y nunca supe ni quien era.

Recordé un texto, del que no recuerdo su título, donde Coelho definía los tres motivos por los que perdemos nuestros propios sueños y que eso nos adelantaba la muerte. El escritor genial aseguraba que eran la paz de los festivos, el confort que nos exige la prudencia y la falta de tiempo. En aquel escrito ensalzaba la lucha, el sacrificio y la conquista para sentirse pleno. De hecho decía que se empieza a morir si tus sueños se desvanecen.

En esa ciudad de California, finalizando una semana frenética e intensa, aquel escrito rebotaba en mi cabeza y lo hacía en todas direcciones. ¿Era cierto eso de que la guerra continua, la batalla constante y la conquista ilimitada eran el secreto de una vida completa y feliz? Hay días que uno lo pone en cuarentena.

Hoy os dejo con el debate que me surgió y que ‘superé’ pero que en ocasiones regresa. Estoy seguro que hay un equilibrio pero hay quien asegura que la paz es la ausencia de lucha y que la lucha persigue un deseo insatisfecho lo que al final no es más que frustración.

Hoy, camino de mi despacho en Thomas Street, junto al distrito Guiness, a eso de las 5:30 AM, cuando el aroma a cebada fermentando invade el airecillo fresco y húmedo de la mañana irlandesa, pensaba que ‘al final de todo esto siempre llegamos solos‘. Que la lucha es solitaria y compleja. Que el riesgo está en todas partes y que tenerlo no es ni divertido ni aburrido, es vida.

Hoy no escribo desde un aeropuerto o un hotel, hoy lo hago desde mi territorio natural. Tranquilo, con la rabia intacta. Emprender es probar, intentarlo. Intentar motivo de errores. Equivocarse es aprendizaje. Me equivoqué, me equivoco y me equivocaré. Elijo mis cadenas, seguirán siendo emprender, deprisa, como los exploradores que acumulaban continentes.

Hace cuatro décadas que empecé a correr. Unos días después de que empezara a andar. Siempre corro solo. Esto es cuanto tenemos. Kilómetros y a nosotros mismos. No me gusta parar a tomar aliento, me gusta notar que me queda la fuerza justa para llegar al siguiente reto. El agotamiento es gasolina. Respeto quien no lo comparte, pero esas son mis cadenas. Me quedo con las del #nonstop, ¿cuáles son las tuyas?

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