Cuando me retire, me retiraré emprendedor

Antes que nada comentarte que eso de ‘emprender‘ es, en según que circunstancias y en según que lugares, es una putada. Que creerse la melodía cansina de que tomar las riendas de tu vida en muchos casos emprendiendo es un cúmulo de sinsabores, noches en sin dormir y sueños rotos. Que las tardes de domingo rotas por los errores acumulados no es una buena merienda. Pero, sin embargo, cuando el olorcillo tibio que desprende el café en el que enfocas tu mirada mientras piensas en todo cuanto has hecho para llegar ahí, y cuánto has llorado para ver tus sueños convertidos en tu modelo de vida, a veces, y solo a veces, merece la pena. Emprende si quieres, no porque te lo digan. Emprende si es lo que deseas, no porque no hay más remedio o está de moda. Si lo haces sin tener el ADN necesario, será un calvario.
Le contaba a mi amigo que decidí hace mucho que mi trabajo sería global por que me gusta vivir sin fronteras, agotador porque disfruto con él como si fuera ocio, apasionante porque me permite conocer personas que saben mucho más que yo todos los días, enriquecedor porque a cada paso, a cada vuelo, a cada noche de hotel, los minutos se convierten en un reto pendiente, vibrante porque cada nuevo proyecto que asumo es el primero, electrizante porque todo pasa a una velocidad digital e innovadora y brillante porque me ciega la luz que emite todo cuanto quiero hacer todavía. También le confesé que en un tiempo, no muy largo, levantaré el pie del acelerador para descubrir otras cosas que a tanta velocidad te pierdes.

Sin embargo de todo este viaje no me quedaré con el destino, ni la llegada. Espero seguir recordando siempre el trayecto, las metas volantes, los ‘extrapoints’ de última hora justo antes de una aparentemente irremediable parada de máquinas. Y me quedaré con todos los errores, acumulados, juntos y dolorosos, pero que enseñan tanto que asustan. Seguiré soñando porque es cuanto le queda al explorador. Soñar con lo que aun no conoces e imaginar como será. Pero disfrutando de esa construcción casi onírica y mental que se amontona en algún lugar donde descansa la gasolina del emprendedor.

Y procuraré que el espíritu crítico se mantenga. A pesar de todo, que no deje de brotar con energética pasión. Que en cada hotel, aeropuerto o avión permanece la rabia intacta. La rabia del que quiere saber más, hacer más, conocer más. La rabia del escalador que no se detiene, del ciclista, del corredor, la rabia del pescador que pasa semanas lejos de todo y contra todo, la rabia. La misma que da ver como millones de personas permanecen inertes, con su sombra aplastada, frente a un televisor. La rabia de ver cuánto se puede hacer y no se hace.

Por eso no dejaré de ser emprendedor ni cuando deje de ser emprendedor. Me da igual si el término desaparece, lo sigan manoseando interesadamente quienes no tienen puta idea de lo que significa, le busquen la parte negativa o lo pinten de color pastel. Yo seré siempre eso. Por lo que significa y por lo que me ha dado. Aunque todo salga mal, aunque no lo vuelva a lograr y el riesgo asumido se convierta en invierno. No dejaré de serlo pues en ello está el motivo de ser más. Ser más y nada más. Ser y hacerte mejor. Aprender emprendiendo y emprender aprendiendo. Cada momento es nuevo y cada dificultad un curso entero.

Cuando me dedicaba a la bolsa en los años noventa, la edad ideal me decían era los 30 y algo y mi edad era 20 y algo, luego como directivo de empresas con mis treinta me decían que lo ideal eran los 40, y ahora cuando me dicen que emprender está especialmente diseñado para los 20 yo me siento mejor que nunca con 44 para montar negocios. Está claro que la edad y lo que se hace con ella depende mucho de lo que se siente. En cada momento ejercí y ejerzo de creativo en cada uno de mis proyectos. Lo único que si va en crecimiento es el conjunto de elementos que me permiten razonar esa capacidad para inventar. Me muero de ganas por saber cómo será el mundo futuro. Automático, conectado, robótico. Me fascina ese viaje al futuro que haremos todos en la próxima década con cosas que ni tan siquiera imaginamos y que aún no han salido de la mente de sus creadores. Me fascina poder ser partícipe de algo de todo ello.

Cuando me retire, me retiraré emprendedor. Aunque digan que a los mil años se pierde esa capacidad, yo lucharé contra ello. Que mi jubilación sea la de seguir haciendo aquello que me mantenga esencialmente vivo. Que sentirme vivo, ahora lo sé, lo supe hace 25 años, es probar, intentarlo, desear y, como lo llaman ahora, emprender. Cuando un papel diga que soy demasiado mayor para trabajar, yo volveré a emprender, porque cada vez que aparece un reto, un salto, un proyecto, una idea, se prende el combustible de la vida.