Reparto de papeles: startups, capital riesgo y administración

El papel de las Start-ups es muy relevante, más de lo que pensamos. Si nos podemos escapar de esa ventolera que lo mete todo en la misma tormenta veremos que muchos proyectos tecnológicos con alto potencial de crecimiento y que necesitan de rondas de inversión continuas hasta llegar a un producto viable y vendible han transformado definitivamente nuestra manera de vivir y de entender la economía, las relaciones, la transmisión del conocimiento y en general la vida en sus términos más absolutos.
El cambio que ha vivido nuestra cadena de valor ha convertido muchos productos en meros servicios que requieren de un análisis distinto. El recorrido de una empresa ahora, cuando su función es crear un software, una aplicación, un elemento disruptivo que genere un cambio relevante en su entorno, es largo y complejo. Son muchos los meses y los equipos que se van a ir sucediendo hasta llegar a algo que, o bien no existía (atentos a eso) o bien se procura mejorar de manera importante (atentos también). Se llama innovar y solo es factible la innovación si el mercado la acepta. No obstante, hasta que ese servicio o producto tecnológico está en posición de ser o no aceptado por un mercado líquido como el actual precisa de que se confíe en él, se apueste y se les acompañe. Los tiempos son muy diferentes entre lo que era una puesta de largo de una empresa hace un tiempo, incluso ahora si hablamos de un modelo tradicional, y el que precisa un proyecto tecnológico.

Aceleradoras, capital público y privado, mentores, ecosistemas y una sociedad receptiva son claves para que un país yerto donde la creación de empleo estos días vuelve a enfocarse en la construcción, asuma el reto histórico que puede todavía abrazar y lanzarse a hacia el futuro. Se lo debemos a nuestros hijos. Parte de esa deuda tiene que ver con modelar una economía del conocimiento, de las tecnologías digitales y de la información, de la red, de los entornos automáticos, del futuro inminente en definitiva. Sobrevivir es para el presente y suele traer mucha hambre después. Ya lo hemos visto.

Las start-ups acaban con lo innecesario. Así debe ser. La focalización y un eficiente mecanismo para sacrificar aquello que no sirve al plan estimulante del conjunto serán imprescindibles si quieren sobrevivir. Deberán priorizar identificando el verdadero negocio. Una start-up es esencialmente un nuevo modo de entenderlo todo. Obligan a sentir la vida de otro modo, a interpretar el futuro a partir de los retos y de las conquistas a cada minuto. Una sociedad tecnológica depende de este tipo de proyectos, pero es que además, una sociedad emprendedora, exploradora y aferrada al futuro precisa de gente que a cada día, su proyecto, propio o no, lo sienta como parte del cambio que vivimos como sociedad.

En una start-up cada trabajador, cada empleado, puede y suele sentirse como un director general. Son responsable de su trabajo, pueden sentirse parte fundamental de todo cuanto afecta a la empresa y a la cadena de conexiones que tienen. Son de base tecnológica y de alto valor de crecimiento como definición, pero también lo son cuando definen a cada fragmento que componen el proyecto.

Ahora es el momento de apostar por la tecnología y por las empresas que la fabrican. Escuchar a los políticos estos días que he estado en España es de aurora boreal. Siguen a lo suyo, con esa cancioncilla y con la misma estrofa repetida. Recuperación unos, vocabulario manido otros, tertulias que son una falta al respeto de la gente y siempre dando vueltas en el mismo lugar. Parece como si el mundo fuera por un camino y todos ellos por otro. Lo preocupante es cuantos se los creen y se van con ellos.

Lo digital y el cambio van de la mano y precisan de actores que lo estimulen. Descartada la acción pública en muchos casos, nos queda el que podemos hacer el resto. El capital privado, el capital riesgo, puede estar tomando partido de nuevo y haciéndolo de manera importante. Y lo necesitamos como agua de mayo. El dinero vuelve y lo hace con la vista puesta en la transformación de nuestra vida, con la idea de mejorar cuentas corrientes pero también con capacidad para mejorar nuestra existencia inmediata.

Una economía del conocimiento parte del número de start-ups que nacen en su ecosistema. Israel, Irlanda, Estados Unidos, Suecia y tantos otros que están apostando de verdad por este tipo de modelo empresarial no esperan que el apoyo venga de la Administración (que también), sino que son su sociedad civil, su entorno privado y la cohesión entre inversores y emprendedores los que permiten que todos, de una vez, se la jueguen en común.

El que quiere estimular cambios debe implicarse y no solo pedir que otros lo hagan. Cada uno pone su granito. Hace unos días presenté nuestro nuevo y modesto pledge fund que busca ocupar un espacio concreto y que puede ser importante para dar salida a startups españolas hacia destinos muy ambiciosos y a dar un escenario real a pequeños inversores que quieran participar de esas ligas sin arriesgar demasiado.

El capital riesgo llega a Europa, eso es bueno. Quiere decir que se confía en lo que se hace. Nuestra obligación es mostrar a las startups españolas que están en disposición de que las saquen a bailar. Según los datos del último Dow Jones VentureSource la inversión de capital riesgo en compañías europeas ascendió en este primer trimestre de año a lo que sucedía en los gloriosos años 2001 y 2002.

En Europa se recaudaron 2.600 millones. La mayor operación fue la inyección de capital que Rocket Internet realizó en la compañía berlinesa Delivery Hero (288 millones de euros). Además, en este período, el número de adquisiciones, fusiones y ofertas públicas de venta ascendió a 140, estando más de una tercera parte de las mismas respaldadas por capital riesgo lo que supone claramente un recorrido atractivo para los fondos americanos.

Hace unos meses el ’2014 European Tech Report’, ya hablaba de un incremento en la cuantía de las operaciones de capital riesgo tecnológico en Europa a lo largo del año pasado. En capital americano sigue siendo líder Irlanda, pero en el global es Alemania quien más acapara. Triplica con 921 millones al Reino Unido. España es la quinta siendo superada por el ecosistema austriaco. Hay que potenciar que esos fondos alcancen a nuestras startups, que las vean viables, que las entiendan en su modelo internacional. Hay que ir más allá de un plan de ‘internacionalización’ que incorpora países en un Business Plan, hay que asumir un proyecto internacional con un producto sin fronteras.

El futuro está compuesto de mil cosas, pero hay una que va a especificar sus vértices y tonos. Se llama tecnología y el como la sociedad la acepta. Las protagonistas de eso son las startups. Son buenas noticias que el capital riesgo regrese y se sienta cómodo invirtiendo en Europa, pero, hay que facilitar los caminos para que ese reparto sea equitativo. La tarea es brutal, pero apasionante. Es una aventura que precisa de liderazgo y mucha gestión con visión de futuro. No vale hablar de recuperación y poner las luces cortas. Esto va de tener un ‘road map’ claro y arriesgado. ¿Por qué van a arriesgar su capital algunos fondos si no interpretan que ese escenario se está enlazando con lo que ellos representa? Que venga capital riesgo es factible, preparemos el escenario, demos opciones para que sea algo atractivo, aprovechemos el momento para cambiar nuestro modelo productivo. Dejemos de mirar en corto y miremos con perspectiva.