Voces críticas ante el futuro digital y automático

A pesar de que en este espacio suelo aportar una visión positiva y de defensa del uso tecnológico que como especie tendremos que asumir en el futuro inminente, es cierto que es bueno reflejar otros puntos de vista. Aquí mostramos a menudo una visión crítica hacia los que deben liderar o estimular los cambios sociales y laborales que irremediablemente todos tendremos que abrazar debido a que estamos ante una revolución en todos los sentidos de la vida y, potencialmente, la revolverá definitivamente. Espero siempre, así lo demuestra la historia, que los avances tecnológicos nos llevan a un mundo mejor. Vamos a escuchar voces contrarias a ello y vamos a ver como relacionan directamente a las grandes empresas que ahora mismo son los protagonistas de esa mutación con una especie de esclavitud digital forjada en los datos masivos y que, según nos contarán, relaciona tecnología con tiranía. Publicaba el pasado domingo Finanzas.com un interesante artículo que replico en algunos fragmentos más abajo. El tema del mismo era el punto en el que se encuentra la dependencia de nuestra sociedad y sistemas relacionados con respecto a las grandes compañías que tras un aparente servicio gratuito nos conceden diferentes modelos de conexión digital a cambio de saber cosas sobre nosotros. La dependencia de un algoritmo analizada por tres expertos muy críticos con el momento actual. Ya hemos escrito de 'los algoritmos que dirigen nuestra vida' y casi ni nos damos cuenta, hemos opinado sobre como debemos ir asumiendo una especie de posthumanidad que se plantea a medida que la inteligencia artificial toma cada vez mayor complejidad y hemos analizado como Internet se convierte en todo y hemos escuchado de que hablan las máquinasDe todo eso hemos debatido pero siempre desde un punto de vista concreto. Hoy me apetece escuchar la voz de quienes dudan de la bondad de todo ello.

En el artículo que comentaba hay diversas apreciaciones al respecto de que eso de la Internet del Todo, la Internet total, la interconexión absoluta, vayan a conducir a más riqueza y oportunidades. A través de la óptica de Margrethe Vestager, una política que desde el parlamento europeo se ha enfrentado a Google, Jaron Lanier, uno de los pioneros expatriados de Silicon Valley y Dave Eggers autor de 'El Círculo', la polémica novela sobre el circuito cerrado que suponen empresas como Google, Twitter o Facebook y el control que ejercen sobre nosotros.

Aquí hemos comentado como estas empresas son como una especie de 'todo es posible'. Lo vimos en muchas ocasiones. Recuerden todo lo que suponía tan solo imaginar muchas de las cosas que ya han logrado. Fotografiar al mundo, conectar millones de personas aun evento, darle el poder del contenido a la sociedad y otros. Ahora 'Google proyecta una red de globos de helio para crear una burbuja de Wi-Fi mundial. Facebook, que está a punto de alcanzar los 1500 millones de usuarios aspirando a que su aplicación esté operativa en los 7000 millones de teléfonos inteligentes que hay en el mundo. Amazon va camino de dominar el almacenamiento de datos en la nube y cambiar el concepto de lectura (y del propio libro) pasando de producto a servicio, o incluso con los supermercados a través de los drones. Soy de los que opinan que todo eso es inevitable, pero lo interesante será saber hasta que punto, todos esos avances suponen un coste en la libertad de los individuos. El debate está servido. En mi opinión si superamos esa intermediación que suponen todo esta amalgama de intereses creados y modelos de escucha social, lo abremos logrado, sino, habremos cambiado de manos la llave que nos controla y dirige actualmente. El nuevo establishment no será más que el viejo pero digitalizado y mucho más poderoso.

Mañana hablaremos de una realidad al respecto de los datos personales y su almacenamiento. 'Más de 200.000 personas han pedido a Google la retirada de sus datos desde que se dictó la sentencia acerca de la petición de un usuario de borrar su memoria digital. Google controla el 90 por ciento de las búsquedas de Internet en Europa. Pero el buscador con su algoritmo solo es la punta de lanza de un negocio de más de 300.000 millones de euros. Es la agencia de publicidad más grande del planeta'. Es la punta del iceberg según estos tres analistas.

Margrethe Vestager, considerada la política más poderosa de la Unión Europea. En su país, Dinamarca, fue ministra de Educación y de Asuntos Eclesiásticos. Es liberal y feminista y comenta con respecto a Google que 'hemos tenido que trabajar meticulosamente. Ahora nos hemos centrado en su comparador de precios [Google Shopping, que el gigante estadounidense estaría favoreciendo frente a sus rivales], pero hay otras investigaciones en curso relacionadas con el buscador de viajes, con los mapas, con la publicidad y las restricciones a los anunciantes [el algoritmo privilegia a los que pagan (enlaces patrocinados), manipulando así el resultado de las búsquedas], con el uso indebido de contenidos de terceros...'

Jaron Lanier, el científico computacional pionero de Silicon Valley se dedica a denunciar que el sistema de grandes servidores 'gratis' lleva al hiperdesempleo y al fin de la clase media. Al respecto de todo esto destaco lo que dice sobre que 'la información es poder y creíamos que hacer esa información libre y gratuita daría poder a la gente. Nos equivocamos. Las cosas cambiaron hace unos diez años. Se produjo lo contrario, una concentración de ese poder en unas pocas manos, en los propietarios de los grandes servidores o lo que yo llamo 'servidores-sirena'. Se creó así un nuevo tipo de plutocracia, en detrimento de la clase media. La gente debe entender que no existe lo 'gratis'. Cuando los usuarios aceptan un sistema en el que suben vídeos a YouTube y contribuyen con información a las redes sociales sin esperar nada a cambio, lo que están haciendo es trabajar para que otro, con unos servidores muy grandes, haga fortuna. Nos ofrecen cosas gratis a cambio de que permitamos que se nos espíe. Hemos sido hipnotizados con la idea de que no debemos esperar dinero a cambio de lo que hacemos on-line. Lo único que sacamos a cambio son abstractos beneficios de reputación o subidones ego. Sin embargo, si pagas por esos datos, logras un equilibrio. Si algo de lo que una persona dice o hace contribuye, aunque sea en una mínima medida, a una base de datos necesaria para que un algoritmo de traducción o de predicción del comportamiento, por ejemplo, realice su función, la persona debería recibir un 'nanopago' proporcional al valor resultante.'

Lanier llega a decir que Internet es una tecnología fallida porque al contrario de lo que en los años sesenta, Ted Nelson propuso 'para que fuese un mercado universal en el que la gente pudiera comprar y vender bits de uno a otro, donde se pagaría por la información y los ordenadores personales daban poder a la gente, pero al cambiar de siglo, algo se torció. Ahora la gente puede esperar cosas gratis de Internet, pero no puede esperar riqueza de Internet, lo que lo convierte en una tecnología fallida'. Lanier dice no tener cuentas en redes sociales. 'Eso es una decisión personal porque yo encuentro muy inquietante que conserven copia de todo lo que hago o digo. Pero no creo que el boicot sea una solución. No tendría sentido porque demasiada gente ha nacido ya con estas cosas.' y habla de los nativos digitales diciendo que 'por primera vez vemos una generación que tiene menos ingresos que sus padres; chicos que no pueden irse de casa de sus padres y que están todo el día consumiendo cosas 'gratis' en Internet. Pero es muy difícil hacerles entender que hay una relación entre esas dos cosas. Que la razón por la que no se pueden ir de casa es porque tienen todas esas cosas 'gratis'. Que eso es lo que ha destrozado sus opciones de tener trabajo.'

Finalmente Dave Eggers considerado un intelectual contra 'la secta', así es como llaman a los grandes de Silicon Valley, se despacha sobre lo que considera el 'mix' de las grandes redes que se irá conformando en el futuro inminente. Dice que 'buena parte de las cosas que narra el libro ya están sucediendo. Muchas de las tecnologías que pensé que estaban a cinco o diez años vista ya se están comercializando. Aplicaciones reales como Meerkat o Periscope se parecen mucho a la cámara que lleva Mae, la protagonista de la novela, que lleva 24 horas encendida una webcam. Cuando empecé a escribir, algunas tecnologías me parecían demasiado descabelladas. Recuerdo que escribí una escena en la que la televisión de uno de los personajes está espiándolo, grabando su voz sin su conocimiento. Pero pensé que era demasiado inverosímil. Y ahora resulta que los nuevos televisores de Samsung hacen exactamente eso. Es una locura. Creo que una gran amenaza es la recolección indiscriminada de datos de ciudadanos privados. Francia, por ejemplo, acaba de abrir la vía para que su Gobierno recopile metadatos de todos sus ciudadanos, supuestamente para mantenerlos a salvo del terrorismo. Pero esa es una clara violación de la privacidad. Un ciudadano debe ser capaz de hacer llamadas telefónicas y enviar mensajes de correo electrónico sin que el Ejecutivo tenga acceso a esa información. Si aceptamos esto, ¿qué más vamos a aceptar? El verdadero peligro es con qué pasividad aceptamos la intromisión en nuestra privacidad, como si esta no fuese importante. Sin privacidad no se puede ser disidente. Y sin disidencia no es que la tiranía sea posible, es que está garantizada.'

Esto es un poco de lo que se dice en el punto contrario a lo que en general aquí comentamos. Es bueno saber que se opina desde todos los puntos. Genera un espacio de reflexión más interesante y completo. Ni unos tienen toda la razón ni otros podemos pensar que la tecnología es todo bondad. Me gusta pensar que Internet ha dado calidad a la democracia que ha obligado a muchos espacios opacos a ser más transparentes, a empoderar a la sociedad. No tengo claro que sea mejor hablar con un hombre que con una máquina, de hecho me entusiasma cuando logro hacer eso, pero también es cierto que si somos 'humanistas' no debemos olvidarnos que tras un mundo automatizado descansa una sociedad menos crítica y eso, sí, me preocupa.