Entrevista para el Diario del Golfo Pérsico de Emirates.

La semana pasada Carles Enric López me entrevistó para el medio escrito en español editado desde Emiratos Arabes 'El Diario del Golfo Pérsico'. Aquí os dejo la transcripción del mismo y el enlace de este interesante medio que trata aspectos económicos que afectan a este lugar del planeta tremendamente activo.

PREGUNTA.- Por ir directo al grano: vive en Irlanda y quería plantearle si hablando desde una perspectiva europea, y teniendo en cuenta la competencia principalmente del mercado asiático, ¿la relación entre el Estado y el trabajador del futuro será muy diferente a la actual? ¿Sistemas relativamente poco sostenibles como el europeo son sostenibles?

RESPUESTA.- La Administración en Europa en general es un inconveniente para el progreso y en algunos países incluso es un muro infranqueable. Da igual el color. Ahora mismo las entidades públicas podrían impulsar algo la actividad emprendedora y como dices irse adaptando a algo que tiene poco que ver con lo actual. La relación entre empresa, Estado y trabajadores no es factible como lo tenemos a medio plazo. Si a eso sumamos la escasa apuesta por la innovación, la de verdad, no la de escaparate, la gestión pública no es más que un barco a la deriva. Seguir subsidiando sectores que no llevan a ningún lugar es la evidencia más clara. El problema es que cuando hablas de eliminar estado automáticamente, a los que manejan todo, sean de un color u otro, les entra el pánico.

P.- Algunos han hablado de éxodo por la “expulsión” de jóvenes a otros mercados. Otros hemos pensado que ya era hora de que los jóvenes españoles salieran a ver el mundo. Es muy usual en EEUU o Alemania que los jóvenes ya estudien o vivan fuera de casa, cuando en España sucede a partir de los 30 o más. ¿Qué mensaje daría a aquellos que aún ven el trabajar fuera como un fracaso por no estar trabajando en la puerta de al lado de su casa?

R.- La verdad es que cuando hablan de expulsión o éxodo lo hacen porque siguen con el patrón mental que señalas. Irse es una especie de acción desesperada. Sin embargo en mi opinión, en mi experiencia, que no he vivido en el mismo lugar más de tres años seguidos, eso de explorar, conquistar, conocer y conocerse, aprender idiomas, darse cuenta de lo poco que sabemos cuando creemos saber tanto, eso de afrontar un reto personal como es irse ‘de casa’ es lo mejor que se puede hacer. En la expresión ‘irse de casa’ ya lo dicen todo. Es como si al salir al exterior no pudieras nunca sentirte como en casa y abordar ese nuevo espacio como un lugar de crecimiento personal y profesional. Si miles de jóvenes se van no es grave, incluso si no regresan, el problema es por qué se van y por qué no regresan.

P.- Aunque formemos parte de la Unión Europea no existe realmente una unión fiscal y menos laboral. ¿Cree que es el principal escollo para que Europa sea realmente una potencia unificada? ¿Es lógica la diferencia de modelos impositivos tan grande entre países como por ejemplo Irlanda o España?

R.- Lo primero es que esa hipotética diferencia fiscal, que existe, hay que mirarla en términos de carga fiscal y a veces lo que supone algo muy evidente no lo es. Por ejemplo en el caso de Irlanda el impuesto de sociedades es del 12,5% pero la tributación asociada a las personas y las tasas son importantes cuando se suman todas. Por no hablar del coste de la vida asociado a un salario mínimo de 1.600 euros aproximadamente que ha encarecido todo bastante y con unos servicios públicos casi inexistentes y que debes pagarte tú mismo. Hay que revisar cómo y de qué manera se estructura todo. Sin embargo, cuando Irlanda inició una política impositiva a la baja avisó, sugirió hacerlo en el resto de Europa y ésta se negó. Irlanda las pasó putas durante unos años ingresando muy poco. Ahora incluso cambiando como pide Europa, ya han logrado mucho, convertir un país dependiente de la agricultura y ganadería en un centro mundial de talento e industria tecnológica. Eso no es un milagro, es una política dirigida a la libertad empresarial y al impulso concreto de un modelo.

P.- Muchos partidos políticos apuestan por un aumento del empleo público. Un empleo, en principio fijo y estable de por vida, que entronca con la realidad del empleo privado, podríamos decir la antítesis. Vemos curiosamente por ejemplo que en España genera más ofertas una empresa privada como Infojobs que todos los servicios públicos de empleo. Además, el portal es el primer lugar donde van muchos parados a informarse. Es un caso paradigmático que suceda en algo como la búsqueda de empleo. Está claro que el empleo público debe adaptarse a los nuevos escenarios. Pero, ¿debería desaparecer por completo en los próximos años?

R.- Hay empleo público necesario, imprescindible y que tiene que tratarse de un modo concreto. Fuerzas de seguridad, médicos y otros. Lo que no es lógico ni sostenible es que haya comunidades que tienen el 30% de su fuerza laboral, no parada, en el empleo público. Es algo estructural. Si hay algo que está mal visto en España no es ser funcionario, ni tan siquiera el ejercicio empresarial aunque a veces lo parezca, lo que no se soporta es el fracaso en sí mismo. En una sociedad de valores en crisis como la nuestra, el miedo al fracaso tiene su sentido, puesto que el nivel de tolerancia hacia este hecho es cero. No hay transigencia ninguna. Se fabrican ciudadanos narcotizados cuyo miedo al fracaso es supino. Por ejemplo, a los jóvenes les ayudamos a conseguirlo todo y a evitar que se enfrenten al error. Muchos de esos chicos y chicas que analizan su futuro inmediato lo hacen pensando que ser funcionario es lo más seguro y tranquilo. Y tal y como están las cosas es así. Luego no nos extrañemos.

P.- La tecnología ha hecho reducir las relaciones “personales” en la empresa privada. Las reuniones se reducen, las llamadas. Incluso las gestiones en los bancos que han pasado de casi diarias a prácticamente puntuales. Curiosamente esa supuesta simplificación en la empresa privada es duplicada en la administración pública. Más formularios, más controles, más papeles. ¿Tiene sentido en estos tiempos una administración poco simplificada como la española?

R.- Es lo que te comentaba antes. Parece como si fuera deliberado. Cuantos más procesos, más control, más cloroformo. Los países donde los trámites para abrir una empresa son menos, por ejemplo, suelen innovar más, ser más capaces de superar momentos de crisis. En Estados Unidos en 2009, cuando les explotó la crisis financiera en las narices, se crearon 200.000 empresas de tipo tecnológico. Fue como un ‘ante el acantilado yo salto’. No digo que eso sea lo que se deba hacer siempre, pero refleja dos cosas, una manera de ser y un modelo administrativo que pide muy poco para empezar un negocio. En Europa, con contadas excepciones, montar un negocio en crisis es condenarte al impago en breve debido a que tus obligaciones fiscales son altas incluso antes de poder tener ni tan siquiera tus primeras facturas listas.

P.- Para un emprendedor cualquier país con una mínima garantía jurídica puede ser la sede de su actividad. Los impuestos son las armas con la que compiten los Estados en estas guerras del siglo XXI. Algunos como Emiratos con una riqueza basada en el petróleo y en las ‘real states’ pueden forzar esa competencia hasta límites cercanos al cero en impuestos. ¿Cómo se puede competir en esas condiciones en el mercado global de países?

R.- Se puede. Mira, antes hablábamos de Irlanda. La revista ‘Forbes’ lo coloca como el mejor país del mundo para los negocios. Lo es en base a parámetros como el derecho a la propiedad, impuestos, tecnología, corrupción, libertad o burocracia. Puede que el tema del Impuesto de Sociedades funcione como reclamo, pero la verdad es que quien quiera instalarse en un país donde pagar menos impuestos puede ir a lugares mejores. Si no quieres impuestos deberías ir a Luxemburgo, Suiza, Holanda o Singapur. Digamos que los países pueden competir con otros temas. Se me ocurren decenas y tienen que ver con muchos aspectos aplicables hasta en las Islas Baleares por decir algo, pero depende de que haya una política clara de libertad de acción empresarial, de reducción del peso que ejerce la administración y de, si tiene que hacer algo, impulsar modelos asequibles a medio plazo. La tecnología, la automatización y otros temas irán dando las claves.

P.- Es usted un incansable viajero. No preguntaré cuántos países ha visitado o cualquier cuestión típica. En estos años de internacionalización global de la economía en los que se ve por ejemplo un Zara en cualquier ciudad China, de Emiratos o Irlanda, ¿dónde cree que está el valor añadido de la producción?

R.- Las grandes corporaciones se encargan de que ese valor añadido sea casi imperceptible. Buscan producir bien, rápido y adelantarse a los gustos de sus compradores. El futuro precisará de un modelo predictivo para el comerciante y de un modelo de cercanía que la mediana empresa puede ofrecer. Sin embargo, tengo la sensación y lo llevo comentando hace años con expertos y pensadores económicos con los que coincido a veces en foros internacionales, que esto no va tanto del ‘valor añadido’ sino de cómo afrontamos como sociedad un mundo en el que la mayoría de lo que consumimos vendrá fabricado, transportado y vendido por un sistema no humano. Nos dirigimos hacia un mundo sin empleo, no como ahora lo conocemos, y será rápido, a eso debemos ir enfocando el asunto, las empresas, esas que comentas tan globales, lo están haciendo y sin hacer ruido.

P.- Siguiendo esa misma línea, a cualquier emprendedor que desee tener una base teórica, qué cree que le sería más práctico ¿pensar en escalar un producto o en crear un producto rompedor? ¿Acaso ambos términos son necesarios?

R.- Es una pregunta complicada, Carles Enric. Tú de eso sabes tanto como yo. Sabes que es difícil generalizar y más en un sistema económico que premia a veces muy poco la innovación y, sin embargo en otras, la premia incluso sin que haya sido validada. Tengo la impresión, no obstante, que ambos términos pueden combinarse. Crear algo disruptivo y que en su naturaleza tenga un valor escalable me parece lo ideal. La cadena de valor, tú lo has escrito en alguna ocasión, ya nada tiene que ver con la de hace apenas cinco años. ¿Quién soy yo para definir cómo puede ser esa cadena en apenas tres? Mi sexto sentido me dice que hay que innovar al ritmo adecuado. Incluso a veces, copiar es innovar, si lo que haces es recomponer el puzzle que ese otro no supo montar.

P.- Emiratos es muchas veces presentado como un lugar excéntrico. Las obras más grandes, los proyectos más extravagantes, los ‘malls’ más extensos, pero al final han conseguido colocar un pequeño país en el mapa cuando hace apenas 20 años la mayoría no sabían ni dónde estaba. ¿Deberíamos pensar que en el siglo XXI cualquier lugar puede convertirse en centro del mundo?

R.- Esto me recuerda lo de “ponga Silicon Valley en su programa electoral que queda muy bien” y luego le llamaremos ‘Nosédónde del Camino Valley’ a una especie de ‘coworking’ o parque industrial semivacío. El plan de Emiratos no nació ni hace unos meses ni para ejecutarse en unos pocos años, hablamos de algo de mayor calado. Hubo políticas activas y dinero focalizado en algo concreto. Para los que estén estos días pensando en esas políticas activas deberían de saber que hoy en día un país ya no puede sobresalir en todas las etapas de desarrollo de la producción, que hay que repensar lo que significa el crecimiento basado en la innovación y cuáles son las mejores estrategias para la inversión pública y cuáles los estímulos privados que se deberían de tener en cuenta. En mi opinión esto va de no ser esclavos de un modelo económico que en el extranjero funcione. Esto va de trabajar en adaptar lo que tienes poco a poco para convertirse en un modelo innovador basado en la realidad.

P.- El área del Golfo dispone de tres grandes ‘hubs’ aéreos en la zona, Doha (Qatar Airways), Etihad (Abu Dhabi) y Emirates (Dubai). Todos con vuelos directos a España. La inversión publicitaria de estas empresas es cada vez mayor. Copan principalmente el sector deportivo con patrocinios. En algún caso como el FC Barcelona se provocan confusiones por temas culturales. ¿La internacionalización de la economía puede provocar la anulación de las culturas más débiles?

R.- No debería ser así pero se corre el riesgo. ¿Qué impresión tienes Carles Enric de países como Eslovenia, el norte de Italia, Nigeria, Costa Rica, Chile u otros, incluso comunidades como Catalunya, Escocia o California? Quiero decir que en una economía global, internacionalizada y donde todo es factible de estar comunicada en apenas en milésimas de segundo, lo que hay que trabajar es el modelo de exposición y hacerlo a partir del valor que aporta el conocimiento. Ese conocimiento, mientras no me demuestren lo contrario, lo generan (puede que por intereses) las empresas. Démosle a ellas el papel en esta obra, lo representan bien, y generemos un espacio para que la sociedad pueda definir sus beneficios a partir de ese núcleo creativo. Creo en la empresa como motor y eso, de momento, no tiene por qué ir en dirección contraria al tamaño, capacidad o sociedad que las posea. Lo único que las detiene muchas veces es una legislación de esas ‘culturas débiles’ que lo son por la poca capacidad de entender el futuro que viene que por el tamaño real de las mismas.

P.- Y no me gustaría acabar sin una pregunta básica en esta entrevista. Nuestros nietos, ¿cómo será su mundo? ¿El modelo español de los años 80-90 existirá en el futuro? ¿Estudiar, tener una carrera, casarse, hipotecarse, divorciarse, trabajar 8 horas cada día?

R.- No. Nada de lo que ahora conocemos existirá. No estudiarán como ahora. La enseñanza será otra cosa, menos técnica y más adaptativa, focalizada en el individuo y menos en lo colectivo, eso lo permitirá la tecnología predictiva. Casarse o no, ni idea, pero supongo que en nuestra familia tradicional deberemos ser capaces de adaptar un nuevo componente basado en la inteligencia artificial que dejará de ser artificial para convertirse en natural. La única hipoteca que les quedará por pagar a nuestros nietos será la de sus abuelos. El futuro no es de la propiedad privada como la conocemos. Los coches dejarán de ser un objeto para ser un servicio prestado según necesidades y la vivienda un bien común aplicado a una racionalización del espacio y los mal llamados derechos que yo quiero considerar que tomarán el nombre de ‘servicios’. ¿Trabajar 8 horas? Supongo que estás de broma (risas). Nadie trabajará en 30 o 40 años. El trabajo se estudiará en las facultades de Historia. El modelo de trabajo que ahora conocemos se extinguirá y ese es el gran reto, el gran problema que podemos convertir en oportunidad única de construir un mundo inteligente y bello. Cuando no haya nada que hacer, cuando todo lo hagan software y robots, ¿qué podremos hacer los humanos? Aprender, disfrutar del arte, de la cultura, vivir. Siempre habrá algo que hacer, pero el concepto es muy distinto. ¿Divorciarse? Vaya, eso no sé si desaparecerá, pero seguro que a los padres divorciados algún abogado robot nos joderá vivos.