¿Por qué inspirarse en Silicon Valley? ¿Cómo se hace un 'siliconvaley'?

Si atendemos a los programas de promoción de las instituciones de medio mundo, en el planeta hay miles de 'siliconvaleys'. La realidad es otra. Reproducir un lugar como el que nació en California hace muchas décadas es sencillamente imposible. Por lo menos en la dimensión que exige el término y bajo los criterios en los que lo tenemos en mente. Sin embargo hay modos de acercarse, de crear un espacio similar, no en lo geográfico, sino en el conceptual y en los resultados a escala. No obstante, cómo mucho, de 'siliconsvaleys' puede haber dos o tres más y tiro largo. Lo que sí puede haber son espacios inspirados en él que utilicen en su dimensión posible lo que representa y sus efectos económicos.

La próxima edición del Web Summit se realizará en Lisboa dejando Dublín como la sede que lo albergó durante todos los años anteriores. Lo que parece una mala noticia para el ecosistema tecnológico de Irlanda no lo es tanto si se tiene en cuenta lo que no dejará de suceder en el ámbito de las startups en este lugar. La inversión no sólo parece que va a seguir creciendo sino que, además, grandes proyectos se anuncian hasta el punto que podemos estar ante la verdadera creación, por fin, de una especie de Silicon Valley europeo.

Eventos como el Web Summit son importantes por cuanto se mueve y por supuesto por cuanto inspiran. El año pasado, más de 2000 startups fueron atendidas por diferentes inversores y el volumen levantado por ellas asciende a casi un billón de dólares en Venture Capital. Una de esas startups fue FanDuel. La empresa especializada en el llamado ‘one-day fantasy Sports leagues’ que ocupaba poco más de un metro cuadrado de exposición entre centenares de emprendedores buscaba financiación en 2014. Durante el siguiente año llegó recaudar 275 millones de dólares.  De hecho, en 2015 el CEO, Nick Eccles, vino como speaker.  Ya no precisaba dinero, era el momento de explicar como lo lograron allí.

Spotify le dijo al gobierno Sueco que o cambiaba algo en cuanto a la educación que reciben sus ciudadanos o se iría

El ejemplo más conocido de cómo funciona el modelo inversor esos días es el de Uber. En 2011 el cofundador de esta empresa, Travis Kalanick, vino al evento. Se tomó una pinta de Guiness en el pub ‘Bruxelles’ de la Harry Street de Dublín con el inversor Shervin Pishear. Allí empezó una negociación que terminaría en el hall del Shelbourne Hotel dónde Pisehar le firmó un ‘deal investment’ por valor de 26,5 millónes de dólares. Lo que vino después es de todos conocido. Su inversión ahora vale billones.

La fuga de Irlanda del Web Summit preocupa y por ello parece que se está trabajando duro para evitar que sea un problema a medio plazo. La idea del gobierno irlandés es la de seguir haciendo atractivo el país al entorno digital y seguir insistiendo en lo necesario para convertirlo de verdad en ‘el siliconvalley europeo’. Quedará por analizar cómo se logra atraer un espíritu, un modelo de pensar enlazado a los retos personales, a los desafíos, a no tener temor al fracaso. Podrá haber dinero, talento, ayudas y territorio, pero es importante estimular una cultura concreta que de momento sólo existe allí a ese nivel.

Pero, ¿cómo se hace un ‘siliconvalley’? No únicamente con ‘arrobas’, no con espacios sólo de coworking, no se logra con mensajes de campaña que se quedan en el camino, no se hace permitiendo que se vaya el talento, explicando que es muy bueno venir y luego masacrar a inconvenientes a los que lo intentan, no penalizando eternamente al que le sale mal, no estimulando la innovación, no impidiendo que se desarrollen las nuevas formas de economía colaborativa, no evitando que la transferencia tecnológica entre universidades y empresas se produzca, no hablando de emprender por pura conveniencia, no creando leyes y normas que son de otro siglo, no manteniendo la burocracia, no complicando la vida al inversor internacional y desvinculando el territorio con los procesos largos y complejos que exige una revolución como la que vive nuestro mundo.

Ejemplos que permiten ver que hacer los hay. Spotify le dijo al gobierno Sueco que o cambiaba algo en cuanto a la educación que reciben sus ciudadanos o se iría. No era un tema de tributos, era un tema de talento. No logran tener personal cualificado sueco porque no se les forma en tecnología a tiempo. Contratar personal de otros países no sale a cuenta pues el coste de la vida en Suecia es inaceptable para muchos potenciales trabajadores. No piden rebajas fiscales para Spotify, piden descuentos para los trabajadores extranjeros no preparados a pagar tantos impuestos o que la educación mejore para contratar locales si acostumbrados a esa fiscalidad.

Volviendo a Irlanda, la atracción de capital se hace por la vía de lo que ofreces a quien invierte. Con el tiempo eso se acaba convirtiendo en tónica y la tónica aquí ahora es la creación de un espacio que se está interconectando como nunca. De haber centenares de empresas cada uno a lo suyo se ha ido gestando un bloque tecnológico importante. Fintech, IoT, Cloud y Big Data están muy bien representados y la sensación es que se multiplican entre ellos. La idea de que las startups son la clave se mantiene y que las 4.000 startups que se fundan al año en un país con apenas 5 millones de habitantes es en base a algo interconectado.

El Silicon Valley Bank anunció que a través del Fondo de Inversión Estratégica de Irlanda, respaldada por el Estado, invertirá un cuarto de billón de dólares en startups

De ahí que el mayor respaldo norteamericano importantísimo esté a punto de producirse. El Silicon Valley Bank anunció que a través del Fondo de Inversión Estratégica de Irlanda, respaldada por el Estado, invertirá un cuarto de billón de dólares en startups asentadas en Irlanda cómo mecanismo para incrementar la relación entre ambos espacios y porque ve que el modelo de Estados Unidos dónde educación, capital y talento están muy bien relacionados, se puede replicar aquí perfectamente. De hecho aseguran está en fase avanzada técnicamente.  

La diferencia no es si hay dinero, que también, la cosa va de criterio político, acción económica y conocimiento de lo que nos espera sino actuamos. En España la visión de quienes dirigen está enfocada al próximo junio y una vez pase la fiebre se dirigirá a cuatro años vista cómo máximo. De España se va el talento, eso lo sabemos, y poco o nada se hace para retenerlo. Se sigue viendo el mundo de las startups, las aceleradoras, el capital riesgo o los desarrolladores de aplicaciones digitales cómo modelos económicos no genéricos. Son una anécdota, una cosa ‘cool’ que si tienes algunos sirve para el ‘powerpoint’ de turno y poco más. 

Seguir obviando el papel de esta tipología empresarial, económica y social, es obviar lo que está pasando en el mundo

Del modelo de crecimiento amparado en el mayor número de startups, de la calidad de las mismas, del talento que albergan, de las oportunidades que logren, del apoyo económico o fiscal y de la vinculación con las universidades, depende que el futuro de un país como España se pueda contemplar con esperanza. Seguir obviando el papel de esta tipología empresarial, económica y social, es obviar lo que está pasando en el mundo. No vivimos en Yemen, ni en Venezuela, somos parte de un arco socioeconómico muy claro y concreto, somos Europa y nuestra competencia está en los otros países europeos, en Japón, en Singapore o en Estados Unidos. Ese es el partido que hay que jugar. Sino jugamos en esa división el futuro es de futbolín. Tal vez, estaría bien que definiéramos, como europeos, dónde estaría bien tener nuestro 'Siliconvaley' propio y trabajar todos juntos por ello. Aunque lo vea más factible en Dublín, yo voto por Barcelona, ¿y tú?