La delgada línea entre modernidad digital y 'vintage' tecnológico.

El Times publicó en 1920 un artículo despiadado contra Robert Godard por haber pronosticado que algún día las aeronaves podrían desplazarse en el vacío. En 1903 y a pocas semanas de que los hermanos Wright lograran volar en un aeroplano, el propio New York Times, y supongo que la inmensa mayoría de personas razonables del planeta, dijo que eso de intentar volar era una de las mayores pérdidas de tiempo a las que nos podíamos dedicar. El presidente de IBM, Thomas Watson aseguró en 1943 que ‘el mercado de computadoras no dará para mucho más que cinco o seis en todo el mundo’.

"...We hope that Professor Langley will not put his substantial greatness as a scientist in further peril by continuing to waste his time and the money involved, in further airship experiments. Life is short, and he is capable of services to humanity incomparably greater than can be expected to result from trying to fly....For students and investigators of the Langley type there are more useful employments."

Source: New York Times, December 10,1903, editorial page.

Y así podríamos ir relatando infinidad de pronósticos acerca de cómo sería el futuro, que tecnologías lo gobernarían o de que modo la humanidad innovaría en un campo u otro. La tecnología que empujará los cambios más radicales no suelen estar presente en las previsiones. En pleno siglo XIX los principales científicos del mundo creían que si bien se iba a poder ofrecer viajes transatlánticos estos serían de la mano de globos aerostáticos y no en aviones. Es decir, sabemos que sucederán cosas pero no cómo. Confiamos en la capacidad humana de superar las barreras gracias a los avances tecnológicos pero desconocemos de que estará compuesta esa tecnología.

Ahora vivimos algo similar. Sabemos lo que vamos a lograr pero no cómo. O mejor dicho, sí creemos saberlo, pero seguramente todavía estamos pendientes de algún nuevo avance tecnológico que desconocemos, que queda por desarrollar, instalar y difundir. ¿Quién sabe si la Inteligencia Artificial depende de los avances actuales o el salto definitivo depende de algo que aún no hemos ni tan siquiera descubierto o creado? La impresión 3D sigue esperando algo que nos evite seguir avanzando en la compleja senda de los materiales sintéticos ¿su evolución exponencial depende de un descubrimiento químico inédito todavía?

Con todo cuanto nos rodea ahora en esta Cuarta Revolución Industrial pasará algo similar. Mucho de lo que ahora consideramos parte de la innovación, el globo aerostático que nos transportará a otros continentes, probablemente están siendo su propio límite y, en breve, aparecerá unos hermanos Wright dispuestos a imponer otra modalidad de viaje intercontinental que si pueda ser absolutamente eficiente y seguro.

Uno de los ejercicios que sugiero en algunas de mis conferencias busca reflexionar acerca de los cambios que hemos vivido en apenas un par de décadas. Es importante hacerlo y descubriremos cómo existen elementos en nuestra vida cotidiana que no logramos ya disociar de nuestro presente y lo contemplamos como si siempre hubieran estado ahí. El teléfono móvil, el teléfono inteligente, la conexión total a la red, la propia red de redes, el funcionamiento de nuestras relaciones a partir de un hecho social y digital, los procesos productivos, la cadena de valor, el paso de producto a servicio y otros. Todo ha cambiado, y muy rápido, pero lo desconcertante es que unos meses antes de cada avance disruptivo muy pocos eran conocedores de esas tecnologías.

Mirar una película de los noventa es muy nutritivo en este sentido. La información se buscaba en bibliotecas exclusivamente y las llamadas se fijaban en horario y desde unos habitáculos llamados ‘cabinas’. Mirar películas del inicio de este siglo también. Leer artículos de apenas hace unos cinco años sí que sorprende. Decenas de tecnologías determinantes, empresas e innovaciones no aparecen. Hagan el esfuerzo, servirá para tomar más en serio el anuncio ‘la inminencia de algún avance dramático’ apelando a que la tecnología que lo hará posible será distinta a la que ahora creemos que lo permitirá. El ejemplo más evidente es el de los coches autónomos.

Los primeros vehículos sin conductor legalmente en movimiento por nuestras carreteras será algo habitual mucho antes de lo que pudiera parecer. Por lo menos es mi deducción y la de muchos analistas. No hablamos de décadas, seguramente mucho menos, tal vez una. Lo importante es que esos autos no serán autónomos gracias a un sistema GPS, a unos sensores, láser o radares, sino que lo serán de algo pendiente de implementar todavía. Ese avance definitivo logrará que esos coches piensen cosa que ahora no hacen. La diferencia entre que un auto se detenga porque un radar le dice que en frente hay un ser humano y si continúa lo mata y que un auto se detenga porque sepa que significado tiene que el ser humano muera será el factor definitivo. Falta todavía mucha tecnología por desarrollar pero no duden que llegará y, cómo viene sucediendo últimamente, cada vez más rápido.

A todo esto, importante ir pensando como será la sociedad resultante e inminente, de que modo nos organizaremos, que pasará con la Renta Mínima Universal en un mundo sin empleo, como interactuaremos en un mundo automático y de cuales serán las habilidades que esas tecnologías exigirán. En breve lo comentamos.