Marc Vidal - Conferenciante, Divulgador y Consultor en Economía Digital

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"AU REVOIR" SÉGOLÈNE

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SegoleneroyalaureovirptEl problema del Partido Socialista Francés se llama se llama Ségolène
Roya
l. Fue la candidata a las presidenciales de la mano del
desprestigio de Lionel Jospin. Fue presentada como un soplo de
modernidad, independiente del aparato y alejada de las estrategias
miterrandistes. La garantía de que captaría un voto centrista francés
se esfumó con la irrupción de Françoise Bayrou. Ahora, vistos los
resultados del centrista en la primera vuelta de las legislativas,
queda desmontada esa teoría, puesto que el MoDem ha trasvasado los
votos que obtuvo en las presidenciales a la bolsa abstencionista o
directamente a Sarkozy.

Esta primera vuelta deberá matizarse el próximo domingo, pero el escenario político de La France ha apostado con relativo entusiasmo por la realpolitique y ha otorgado la mayor victoria de la derecha desde la década de los cincuenta. A modo de ciruela decorativa los teletipos galos escupían ayer la práctica desaparición de la extrema izquierda y de la ultraderecha. Los franceses abandonan de este modo la decrepitud de algunas ideas, se alejan de la demagogia de Mitterrand o de Chirac y nadan hacia la orilla, donde ahora, parece que solo espera Sarkozy. Ségolène debe dejar paso, apartarse y esperar que socialistas, socialdemócratas, izquierdistas, legitimistas, populistas y refundadores reconstruyan el puzzle. Talvez la izquierda debe de seguir hablando como la izquierda y dejarle a la derecha sus viejas herramientas: la familia y la seguridad. Quien afronte el duro y difícil reto de conducir el Partido Socialista Francés y por defecto todo el centroizquierda, deberá de alejarse de los discursos declinólogos. Desde el centro Valery Giscard d’Esteign y desde la derecha Edouard Balladur han tensado la cuerda que sujeta la idea de que Francia corre el riesgo de hundirse aun más en una crisis desconocida. Los franceses optaron por un mensaje de optimismo, el que representaba Sarkozy y el que simboliza claramente su aplastante victoria de ayer. Si el futuro líder socialista no es capaz de hacer creíbles sus propuestas, el futuro de la izquierda francesa va a ser un desierto sin escalas. El francés que dijo no a Europa ya no traga demagogia cruda porque los jóvenes, los que deben aupar a Ségolène o a su sustituto en el futuro a presidir Francia solo han conocido corrupción y promesas jamás cumplidas. En Francia, en Catalunya o en España la idea de que políticos sin escrúpulos y arrogantes dirigen nuestras vidas desde sus feudos burocráticos se está instalando como un hecho plausible. Ese desencanto, históricamente, la derecha ha sabido traducirlo en beneficios electorales en los países de nuestro entorno.

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