Marc Vidal - Conferenciante, Divulgador y Consultor en Economía Digital

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Hay que ser agradecido

La semana pasada durante una visita a Honduras hablé de economía digital y de las oportunidades que ofrece la nueva economía en entornos económicos en crecimiento como Centroamérica. Tuve la suerte de ser propuesto por el Banco Centroamericano de Integración Económica para entrar en el equipo de consultores titulares que diseñarán las estrategias económicas para que ese territorio emprenda y lo haga bajo una base tecnológica que puede ser su “gran oportunidad”.

Con motivo de esta visita se presentó mi libro. La verdad es que fue un éxito y se agotaron todos los ejemplares previstos para toda Honduras ese mismo día. Quiero decir que, entre la acogida de la Contra de La Vanguardia aquel mismo día en España y lo que estaba viviendo en Tegucigalpa, no tuve tiempo de agradecer adecuadamente a todos, esas muestras de apoyo. Algo que quiero hacer ahora de todo corazón.

En honor a todo eso, me permito replicar un fragmento del libro que explica lo que se siente en ocasiones como esta. Espero que, en días como el de hoy en le que las cifras de paro serán demoledoras, todos entendamos la oportunidad que todo este calvario nos proporciona para renunciar de una vez a tanta mediocridad, tanta anestesia y tanta miseria estratégicamente creada para adormecer a todos los críticos. Emprender es la manera como yo entiendo la reacción. ¿Vosotros?

Dos meses después de cumplir 30 años, el 11 de febrero de 1963, Sylvia Plath acomodó en la cuna a sus dos hijos de tres y un año. Cuando verificó que dormían, metió su cabeza en el horno y cocinó su último poema. El mundo civilizado está gobernado por un sinfín de Sylvias. Una vez han comprobado que dormimos como niños, han decidido abrir la llave del gas y que sea lo que Dios quiera. Los ministros de economía de este mundo ya respiran tranquilos. Saben perfectamente que aunque le pidan a la gente que se sacrifique aun más, nadie ni nada se opondrá. La crisis es culpa de todos dicen. Tienen la certeza que nadie se dio cuenta que esta crisis se cimentó por su irresponsabilidad manifiesta.

Y en gran medida es normal que lo piensen. No hay mucha oposición, y cuando se la localiza, está tan infectada por esa bacteria del poder que apenas pueden sublevarse. Por ello, como decimos, sólo nos queda nuestro propio criterio. La subvención y el apoyo orgánico está diseñado para callar al que levanté la voz.

Aunque no será en todas partes igual, el repunte económico se estancará cuando se retiren los estímulos y la evidencia que otras burbujas se han ido alimentando también. Sabemos que lo de hace unos meses no eran brotes verdes, era una burbuja de deuda. Las crisis que se suceden tras una explosión de una burbuja sólo se pueden combatir con la paciencia o con la gestación de otra burbuja. Por ejemplo, en Estados Unidos se ha intentado generar riqueza de un modo insensato para paliar lo antes posible una recesión gigantesca. El único modo de que eso se pueda producir es fabricando un globo de tamaño similar. Ya pasó antes.

Las Thermodesulfobacterias que penetraron en el sistema y provocaron la crisis financiera que vivimos lo hicieron de modo imperceptible a partir de 2002, cuando la FED bajó los tipos durante mucho tiempo al 1%. Ese dinero barato se canalizó en mercados inmobiliarios de medio mundo. Se hizo para generar consumo y valor en un escenario de crisis bursátil derivada de la explosión de la burbuja puntocom y a la vez se iba gestando la nueva burbuja inmobiliaria. En definitiva, podemos decir que en aquel momento los agentes responsables de la economía norteamericana se colocaron medallas inmerecidas por sacar a medio planeta de una crisis de un modo muy rápido. Nadie les ha pedido cuentas por colocarnos seis años después en un escenario siniestro. Ahora vuelven a parecer héroes de cartón que aseguran habernos sacado de la encrucijada con el “brillante” mérito de meter paladas de dinero-deuda en el sistema.

En aquella ocasión, en 2003, una oportunidad llamada burbuja inmobiliaria se cruzó en el momento justo. No hay método de salir rápido de una crisis si una burbuja no sustituye a otra. Está por ver que la burbuja de deuda que mantiene el tibio impulso de este mundo sea lo suficientemente generosa como para que logre su cometido a corto plazo. Da igual pues está claro que a medio plazo reventará como lo hacen los huevos cuando caen desde un quinto piso. Las burbujas duran lo que duran y benefician muy poco tiempo. Luego la parada técnica.

Bien, pues ya sabemos que no podemos contar demasiado con la gestión de los que deberían de sacarnos de este puré pues son parte de él. Lo engordan y lo desinflan según convenga, pero cada vez el control sobre lo que hacen se les antoja más complejo. Mientras tanto, el ciudadano de a pie con ganas de prosperar ve como se alejan sus opciones. Pues queda alguna: emprender. Tomar las riendas, dejar de lamentarse y empujar.

Que estamos y estaremos en crisis ya lo sabemos, no es preciso seguir informando de la obviedad. Pero me pregunto yo ¿qué emprendedor no ha estado sus primeros años en crisis? ¿cómo se puede sobrellevar esa muralla? Pues no pensando demasiado en lo que pueden hacer por mí y empezar a hacer lo que tú puedes hacer. Si llego a poner la palabra “América” parecería que os estoy incentivando a alistaros en los “marines”. Nada más lejos de mi intención.

Para lograr dar el paso, para afrontar ese paso de asalariado subvencionable, futuro parado o subsidiado perenne, nos queda el salto al vacío que lleva de la nómina a la declaración de ivas. El empleo bajo salario se está estrechando y seguir aferrado a ello es un error estratégico que puede provocar deterioro en muchos potenciales emprendedores. Está desapareciendo el empleo asalariado en masa producto de un modelo industrial, concentrado y cuyo valor competitivo era la cantidad. Esos sueldos se han implementado de un modo perverso en toda la estructura funcionarial, derivando en empresas que casi parecen instituciones por su dependencia política del régimen de turno.

Se acaba el sueldo fijo o por lo menos se debilita porque la globalización está alejando la gran producción industrial de baja calidad o de procesos mecanizados. En otros países lejanos emergentes el tema de la mano de obra es clave. Además, en España, el sector inmobiliario ya no genera empleo y gran parte del asalariado vinculado a la construcción está buscando trabajo de cualquier cosa. Otros sectores como el de servicios se va debilitando también pues el consumo se reduce y con él la contratación. Sin contratación no hay salarios. El régimen a base de verduras de la administración para reducir el déficit también adelgazara el nominal público. Es decir, el salario como lo entendemos ahora está en riesgo de ser una reliquia.

Ha llegado otro modelo de emolumento. Ahora la economía es mucho más dinámica y se basa en estructuras de productividad enlazadas con el capital tecnológico. La economía del conocimiento está avanzando y poco a poco generará espacios laborales sólidos pero con un tipo de repercusión salarial mucho menos estanca. El emprendedor y el autónomo dependiente da respuestas mucho más elementales a una economía flexible y dinamizada, donde lo que hoy es evidente, mañana es opaco y donde lo que ahora funciona perfectamente, mañana precisa de una metamorfosis brutal.

Una de las opciones para enfrentarse a un panorama complejo en lo laboral es inventarse el oficio, el puesto de trabajo y el modelo de negocio. Observar las necesidades y buscar el nicho. A partir de ahí ofertar una capacidad multiplataforma del emprendedor que sea capaz de autocrearse la actividad para crear valor añadido a otras existentes. En esa prestación de servicios inmediatos puede estar el origen de una empresa. ¿Por qué no?

Pero no nos equivoquemos, emprender por el mero hecho de emprender no lo soluciona todo, a veces nada. Lo que nos va a dar es la energía necesaria para adoptar los cambios vitales y personales que nos permitirán ser más libres, estar más en sintonía con nuestro propio destino y nuestros propios anhelos.

Considero que no quedan muchas alternativas. O nos ponemos o el cloroformo nos llegará a las orejas. La cultura emprendedora no se enseña en las escuelas, ahora parece que empiezan algunos postgrados al efecto pero dudo de su voluntad real de cambiar modelos y no tanto de mostrar un catálogo con palabras que ahora pegan y de las que este libro está “plagado” por cierto.

Tardaremos en girar la colcha pero la giraremos y una de las razones es que no hay otro remedio. Me niego a aceptar que esto ya no se moverá. Si se potencian redes de conocimiento, si se impulsa la proliferación del capital riesgo, si las administraciones reducen la fricción en los trámites, si el impulso a la innovación crece en lugar de menguar como en los últimos dos años, si la cultura emprendedora se transmite en las escuelas de secundaria y en las universidades, tal vez, si todo eso pasa, un asalariado que pasa a ser emprendedor lo tenga algo más fácil y con ello, un país como el nuestro, esté más cerca de la cabeza económica del mundo civilizado.

Emprender para muchos será la única salida, para otros no. Puede que muchos tengan otras opciones, pero, por higiene intelectual recomiendo ponerse en la piel del primero. Imaginemos que no tenemos más remedio que emprender. Poco a poco, conozco algún caso de emprendedores sobrevenidos, que llega el primer cliente, la primera factura, el primer empleado y el primer cobro. Esos momentos son gloriosos. Encajar la emoción que supone tocar la superficie de los sueños que hace unos meses desconocías tener es maravilloso.

Los que hemos puesto en marcha nuestros sueños, sin saber si era posible tan siquiera, sabemos que es eso de pasar noches en vela, redactando, corrigiendo, trabajando en la soledad de las noches y los días que se amontonan unos encima de las otras. Vivir es ese domingo por la tarde, exhausto pero ilusionado, viendo desde la ventana del despacho como las familias pasean, las parejas hacen cola para el cine y el mundo no se detiene en su curso sinuoso de fin de semana. Obsesiones y retos, momentos duros que a veces no producen más que disgustos pero que cuando se reproducen con todo su brillo y belleza son la entrada perfecta a un club diferente, el “club de los soñadores”. He escuchado este término en algún lugar, no es una definición mía, pero me parece tan especialmente sensible que me apodero de ella. Soñar y emprender van juntos, juntos en la búsqueda, tal y como están las cosas, de la única salida.