Marc Vidal - Conferenciante, Divulgador y Consultor en Economía Digital

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La Inteligencia Artificial nos hará libres

En la década de los noventa, Deep Blue, un superordenador de IBM, perdió ante Garri Kaspárov, el mejor ajedrecista del mundo por aquel momento. Tan solo un año después, las mejoras implementadas en esa nueva tecnología consiguió batir a Kaspárov.

Los avances en tecnología suelen dar saltos exponenciales y alcanzar velocidades vertiginosas. Hace unos un millar de personalidades, entre las que se encuentran Elon Musk, Steve Wozniak, cofundador de Apple o Jaan Tallinn, fundador de Skype, han alertado que se está produciendo una carrera descontrolada en el desarrollo de sistemas muy poderosos que nadie, ni siquiera sus creadores, entienden, predicen o pueden controlar con fiabilidad. 

Pedían en un manifiesto, que se parara el desarrollo de las IA’s más potentes durante un tiempo de 6 meses para estudiar los posibles impactos irreversibles y que todavía no podemos comprender. Esta tecnología (que en realidad son muchas y muy distintas) es ya capaz de cosas que no sabemos, pero que, como su tasa de mejora es exponencial, nos va a costar interpretar el punto de no retorno y para entonces será demasiado tarde.

Eso dicen, pero lo que no cuentan es que ellos son parte interesada. Todo es lo mismo. Ahora toca culpabilizar a una tecnología que creyeron crear para controlar y que se les va de las manos. Ahora vendrá la moda de criminalizar la inteligencia artificial. Serán los mismos que criminalizan a quien se deja la televisión en 'stand by' o los que te piden que cierres el grifo más rápido, cuando ellos, los que te lo piden, tendrán el control sobre todo: sobre el agua, el consumo eléctrico industrial, la inversión en inteligencia artificial y, curiosamente, sobre tus datos. 

Se han dado cuenta que la inteligencia artificial nos puede hacer libres en lugar de lo que ellos creían. No les hagas caso, la libertad es el uso de las herramientas tecnológicas. Lo fue en el siglo XVIII y lo será ahora. Pero no como ellos quieren o dicen. 

Bloomberg Business publicaba una noticia sobre una nueva profesión de moda los "Prompt Engineers", personas que persuaden a la IA para que produzca mejores resultados y ayuden a las empresas a formar a sus trabajadores para que utilicen las herramientas.

Algunas ofertas suponen sueldos de hasta 335.000 dólares. Y claro está que, mientras se abre el camino a nuevos empleos y formas de interactuar con la tecnología, muchas otras profesiones quedarán obsoletas. Todo lo que no pueda ser automatizable pasará a tener un valor incalculable y esta es una de ellas. Ese nuevo contrato social que llamamos empleo tenderá a ser un espacio de consulta, aprendizaje y preguntas a una tecnología en el futuro. 

Y la pregunta que deberás hacerte en esta era de la humanidad será la de ¿cuán computerizable eres? Pero no bajo un prisma técnico, sino en uno que combine tu capacidad de gestión de una tecnología incontrolable y exponencial. Cuan de capaz eres de ser complementario a esa tecnología. Los que dirigen todo este decorado son gente que busca como generar sociedades dependientes y controlables. El clima, los subsidios, las crisis, la emisión de dinero mágico, todo crea una inflación social que supone un riesgo a tu libertad. Ellos no quieren tu identidad, quieren tu capacidad de decisión. Si les haces caso estás perdido. 

De ahí que la inteligencia artificial avance tan rápido. Pero la idea no era dejarla en tus manos y que hicieras lo que quisieras con ello. El tema era mucho menos romántico. Querían tener mayor conocimiento de tus capacidades y saber mas de tus dudas. Si responden tus dudas, te tienen a ti. De eso va. 

Pero se han dado cuenta que todo está fuera de control. La inteligencia artificial no es controlable. Tiene demasiados patrones que se rigen por el individuo que interactua con los datos. De ahí que ahora quieran pararla. Desconfía de quien te diga, desde lo más alto, paremos que la humanidad está en juego porque no es verdad. Lo que está en juego es su capacidad de control. Por eso, aprende de la inteligencia artificial existente, desarrolla habilidades y libérate. 

En la mitología griega, el Titán Prometeo robó el fuego a los dioses y lo entregó a los hombres para que hicieran uso de él. A partir de ahí empezamos a hacer uso de esa energía, a comprender su funcionamiento y a usar herramientas, de ahí pasamos a la edad de bronce, luego la del hierro, la edad media, moderna y actualmente estamos en la edad de la era digital.

Si nos fijamos, todos los grandes avances que se han ido consiguiendo por la humanidad se han dado gracias al uso de herramientas y unos conocimientos aplicados que nos han hecho evolucionar durante cientos de años.

Apenas estamos rozando el tremendo potencial de la inteligencia artificial pero empresas como la creadora del chat GPT, Open AI, publicaba un artículo "GPTs are GPTs: An Early Look at the Labor Market Impact Potential of Large Language Models" en el cual se centraba en el impacto potencial de los modelos de lenguaje grandes (GPT, por sus siglas en inglés) en el mercado laboral.

Los autores analizan cómo la creciente automatización de tareas que requieren habilidades lingüísticas podría afectar a los trabajadores y las empresas en el futuro. Conceptos como la renta básica universal se empiezan a escuchar como la posible solución a un mundo con menos empleo humano.

Habrá una parte de la humanidad afectada por la automatización y la robotización en cuanto al empleo. Por lo tanto se plantea un sistema capaz de garantizar el bienestar en un espacio gestionado automáticamente. Una de las claves según diversos análisis es que las denominadas personas electrónicas (los robots), paguen nuestras pensiones o rentas de subsistencia. En realidad hablamos de generar impuestos a las empresas las cuales, al destruir puestos de trabajo y sustituirlos por una inversión tecnológica, deban pagar cánones individuales por algunos de esos desarrollos.

Menos personas, menos ingresos para los sistemas de seguridad social. Esto plantea serías dudas sobre la viabilidad de los sistemas de seguridad social si se mantiene el actual sistema, además de entreverse un potencial aumento de la desigualdad. 

A las personas se les hiela la sangre al pensar que una máquina será la que pague sus pensiones, no nos imaginamos cómo seremos capaces de gestionar un sistema así y todavía no estamos preparados para ello.

Está claro que tendemos a trabajos más cualificados y gran parte de las cosas que hace una persona a día de hoy se dejarán de hacer. Y la cuestión no es si una calculadora te va a quitar el trabajo, o si un sistema de inteligencia artificial te lo va a quitar. Tan siquiera es relevante el grado de afectación que tendrá en tu empleo a medio y largo plazo. El asunto es cómo imaginamos el espacio laboral del futuro inmediato, un lugar donde mucho de lo que hacemos ahora no lo haremos nosotros, un lugar donde la pregunta real será como te decía antes ¿cuán de computerizable eres?

Tu trabajo no te lo va a quitar un robot, en todo caso quien te lo pueda arrebatar en el futuro, será una persona que se lleve mejor que tú con un robot, y ahí es donde está la clave.

Pero temer a los robots es no conocerlos, o por lo menos no comprender el papel que la historia les tiene reservado (ni el que nos tiene reservado a nosotros). El papel que jugaremos las personas será relevante siempre y cuando entendamos el cometido que vamos a tener que jugar.

Tendemos a una “naturalización” donde la gente no se fijará en los robots que nos rodearán, serán parte de nuestro estilo de vida. El problema es como siempre el punto de vista que encaran los medios, exponiendo estos casos de la forma más sensacionalista posible: un fast food informativo que el gran público debe devorar sin digerir. Esa es la excusa que nos ofrecen, y así nos va.

Ahora toca divulgar la versión oficial de que el mundo se acaba y que llegan los robots. Han descubierto otro gran tema para amedrentar al pueblo y tenerlo enganchado a esa televisión de reportaje-show o tertulia-espectáculo. Los robots no reemplazarán a los humanos, trabajarán con nosotros. Será el uso de una nueva herramienta. Lo que se viene es la convivencia obligada entre avances inéditos y nuestro modo de vida tradicional, entre chatbots capaces de simular nuestro lenguaje y clientes humanos, entre recepcionistas digitales y clientes que precisan servicios, entre robots que sustituyan personas en trabajos repetitivos y seres humanos que exigen servicios rápidos, eficientes y baratos. 

La hibridación entre hombre y máquina será menos romántica y cinematográfica de lo que nos muestran. Tendremos que aprender a tratar con un chatbot, pero será eso, tratar con…, 

Nos ubicamos en fronteras desconocidas, pero serán eso, fronteras. Vienen tiempos apasionantes. Debatiremos sobre el papel del ser humano en muchos tipos de trabajos, y será bueno hacerlo, ya que, como siempre ha pasado, nos toca conquistar espacios que la tecnología nos va a entregar, no eliminarlos. 

La clave de todo esto no se sitúa en lo que ahora sucede, sino en lo que seamos capaces de identificar dónde se va generar nuevos tipos de empleo, para quienes va a ser, cómo van a desarrollarse y qué los va a estimular. 

Vamos por partes:

uno, En el futuro, las ciudades competirán por el talento, ya que las personas vivirán en ciudades que ofrezcan opciones de vida atractivas en entornos tecnológicos amigables

dos, En diez años, la mayoría de la fuerza laboral será freelance, liderada por la generación millennial que ha decidido no depender de ninguna empresa, aunque se alíen con ellas. Actualmente, más de 57 millones de trabajadores en EE. UU. trabajan por su cuenta, lo que representa alrededor del 36% de la fuerza laboral. La combinación de grandes compañías buscando ciudades talentosas y la tendencia hacia el trabajo no dependiente generará un cuerpo laboral distinto, freelance, compuesto por personas comprometidas con el aprendizaje de nuevas habilidades y con un nuevo modo de entender el empleo.

Tres, La educación actual no es suficiente para preparar a las generaciones futuras y se necesitan cambios en la forma en que se enseña, como una educación más flexible y orientada a proyectos en lugar de asignaturas separadas. También se destaca la importancia de la acción política para cambiar los programas educativos y las leyes necesarias para implementar estos cambios.

Y cuatro, La inteligencia artificial y la robótica crearán más empleos de los que destruirán, siempre que se ejecute bajo la responsabilidad y la innovación socioeconómica. Países con alta automatización, como Alemania, tienen mayor contratación cualificada, mientras que países con menor automatización, como España y Grecia, tienen mayores tasas de desempleo.

Fíjate, Arthur C. Clarke fue un visionario en muchos aspectos, incluyendo la inteligencia artificial. En su libro de 1968 "2001: Una Odisea del Espacio", Clarke imaginó una supercomputadora llamada HAL 9000 que era capaz de hablar, pensar y tomar decisiones por sí misma. Aunque HAL se convierte en un villano en la historia, Clarke no creía que la inteligencia artificial necesariamente sería mala o peligrosa.

En una entrevista con la BBC en 1972, Clarke habló sobre su visión de la inteligencia artificial y cómo podría afectar al mundo. Según él, la inteligencia artificial eventualmente superaría a la inteligencia humana, pero eso no necesariamente sería algo malo. En cambio, dijo que la inteligencia artificial podría ser "una especie de mentor" para la humanidad, ayudándonos a resolver problemas complejos y tomar decisiones difíciles. 

Clarke también señaló que la inteligencia artificial tendría la capacidad de aprender y evolucionar, lo que significaría que eventualmente podría ser capaz de mejorar a sí misma de manera autónoma. Sin embargo, también reconoció que esto podría ser un problema si la inteligencia artificial decidiera que la humanidad no era necesaria o era un obstáculo para su propio desarrollo.

En general, Clarke fue optimista sobre la inteligencia artificial y creía que podría ser una herramienta valiosa para la humanidad siempre y cuando se implementara con precaución y se tomaran medidas para asegurarse de que no se saliera de control. 

La diferencia entre Clarke y Musk es determinante. ¿En que lado te quedas? ¿En el de un tipo que escribió "Las fuentes del paraíso" o con el que dice que va a crear una empresa que permitirá leer el pensamiento?

Pero volviendo a la Tierra. El mayor riesgo para la economía española o de cualquier país, es no enfrentar con valentía el reto de incorporar la automatización, la robótica y la inteligencia artificial en la estructura productiva del país, en lugar de seguir protegiendo el sistema económico. Si no se hace, el desempleo podría aumentar, las pensiones serían insostenibles y el equilibrio entre servicios públicos y aportaciones sociales se destruiría. Según la OCDE en España vamos a perder unos tres millones de empleos en los próximos 10 años.

Si no se ponen ya en esto, la guerra que hay estos días en las calles de París parecerán una tarde en Disneylandia comparado con lo que viene. Claro que otra cosa es si consiguen adormecernos a todos y tal

Por eso, para enfrentar este reto, se requiere una educación completamente diferente y sofisticada que coordine el papel relevante de los seres humanos y su colaboración con las máquinas inteligentes. La gran noticia es que sabemos que viene, que no se va a detener.

Pero lo más importante es que debemos exigirlo. Otros pretenden marcar el ritmo de su adopción para controlarlo. No quieren volver a cometer el error que cometieron con internet o con el dinero digital. Por eso ahora la red es una habitación donde las paredes se estrechan y el dinero digital está pendiente de las CBDC. Todo era por lo mismo. Para que dependamos de algo o de alguien. 

Pero nos ubicamos en un escenario distinto donde nunca antes alguien ha estado. Es apasionante pensar que tenemos herramientas como nunca antes. La inteligencia artificial puede utilizarse para muchas cosas: medicina, educación, o lo que sea, pero también para investigar, organizarse y crecer. 

Recordad que pasó con los bancos. Cuando se han dado cuenta de que la velocidad del dinero es absoluta están creando modelos de control. Todo se les ha ido de las manos. De ahí su emisión incontrolada de dinero. Se deben más de lo que jamás se podrá crear. Un billete no vale nada. Un dolar no vale nada, un euro no vale nada. Vale lo que tú confíes que vale. Y ahora no vale nada. Temen a bitcoin, no a las criptos, esas les da igual y por eso las potencian. Bitcoin les da miedo porque no hay nadie detrás identificable y depende de la comunidad. No pueden depreciarlo ni utilizarlo. Las redes sociales les dan miedo porque difunden sin límite y a una velocidad brutal las cosas. 

Hace tiempo se han dado cuenta que quienes se han dado cuenta de que es lo que pasa cada vez somos más. Por eso han cambiado de estrategia. En lugar de enfrentarse y defenderse, van a criminalizar aquello que pueda parecer una herramienta creada por ellos. Van a decirte que la inteligencia artificial es el enemigo. Pero te lo dirán ellos. Sospecha. ¿No te parece extraño que quienes consideran que tus datos son suyos te digan que quieren controlar la evolución de la inteligencia artificial por tu bien? 

Nos toca conquistar espacios que la tecnología nos va a entregar, no eliminarlos. Ahora van a limitar esos espacios. No quieren que tengas control sobre herramientas que eran para controlarte. En serio, pasó con Internet amplificando las redes sociales, con bitcoin creando las CBDC y ahora lo pretenden hacer con la inteligencia artificial lamentando que su desarrollo es incontrolable. Joder, todo lo incontrolable e imprevisible es bueno.

Como siempre, lee, dale la vuelta al discurso oficial y concluye. La libertad es nuestro único derecho fundamental.

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  1. Hsu, F. H. (2002). Behind Deep Blue: Building the Computer that Defeated the World Chess Champion. Princeton University Press.

  2. Brynjolfsson, E., & McAfee, A. (2014). The Second Machine Age: Work, Progress, and Prosperity in a Time of Brilliant Technologies. W. W. Norton & Company.

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  9. Standing, G. (2017). Basic Income: And How We Can Make It Happen. Pelican Books.