Depende de nosotros

Escribo esto desde la sala Velázquez de la Terminal Internacional de la T4 de Madrid. Como cada mes, vuelvo a Latam y a Estados Unidos. Esta vez es un viaje con premio. Me permite tener una excusa formal para no ver el debate electoral de esta noche y también para, durante este tiempo, alejarme de una campaña electoral de escaso valor, tanto técnicamente como en aspectos de fondo. Los asuntos que ocuparán el mundo estos días no serán muy distintos a los de los últimos meses. Una amalgama imperfecta de personas intentado que se les escuche, otro cúmulo preguntando que hacer con sus vidas para no perder todo cuanto tienen, los mismos tertulianos de siempre retocando sus discursos según convenga y un selecto equipo de gestores determinando una y otra vez acciones que no sirven apenas para retrasar el desenlace.

Italia seguirá su curso hacia el abismo porque nadie se ha atrevido a ejecutar un plan de rescate serio, Grecia, en cuanto se diluya el efecto vaporoso y la transferencia ingente de dinero sea absorbida por la seca economía helena, volverá a poner contra las cuerdas el euro, España, tras las elecciones recibirá los ataques de todos los ejecutivos de mercado que verán en nuestro país una presa mucho más fácil y sin cortafuegos. España vive el desmantelamiento total y el robo organizado.

A cambio seguiremos pendientes de lo que somos capaces de hacer. Os aseguro que, lejos de campañas como “estoloarreglamosentretodos” que rozaban el insulto en el pasado y de las que ahora nadie habla ni nadie pide responsabilidades, lo que debemos hacer es estudiar el escenario, en todos sus ángulos, deducir y tomar decisiones. Aquí nos vamos a dedicar a eso en los próximos meses. Seguiremos analizando lo que pasa pero desde la distancia, desde el valor objetivo y tranquilo que nos otorga a todos el que durante los últimos siete años ya lo llevamos haciendo. Deduciremos gracias a la aportación de los nuevos colaboradores de este espacio y daremos las claves. Emprender, redes, nuevos escenarios, nueva economía y aprendizaje invisible. Sólo nos queda eso. Como dije, cuando la cometa vuela es porque el viento sopla en su contra.

En el tiempo que trabajé como broker aprendí que el talento y la capacidad no suele ser un aliado en esos entornos. Es difícil vencer, por muy bueno que seas, a un aprendiz con muy mala sangre, sin escrúpulos ni ética. La criba que se hace en ese territorio es de tal calibre que no vale como punta de análisis en ningún estudio. Sin embargo si que permite entender que el salto, a veces, incluso en los momentos más extraños hay que ser capaz de darlo. No sirve quedarse quieto pensando que todo va bien. Si no te gusta lo que ves, a mi me pasó, lo mejor es abandonar y hacerlo a tiempo. Si las circunstancias te vencen, puede que te veas en el peor de los juegos.

Tras escoger un centenar de clientes y dividirlos en dos, a unos asegurarles que una acción subirá y a otra mitad que bajará, llamar al día siguiente a los que hipotéticamente creen que acertaste y volverlos a dividir con el mismo criterio y hacerlo hasta que sólo queda una persona que confía ciegamente en un agente de cambio y bolsa que lleva siete aciertos consecutivos, descubres que manipular a quien quiere ganar fácilmente es fácil. Eso lo viví de cerca, lo hacían algunos brokers y lo dejé a tiempo de no tener que hacerlo. Tras una de mis quiebras como emprendedor no pude más que trabajar en lo que sabía y hacerlo como asalariado. Por suerte pude huir sin intoxicarme demasiado, pero aprendí mucho, de mercados, sobre la avaricia, los sofás y las tormentas. Gran parte de lo que ahora somos como sociedad depende de esa actitud mediocre que muchos hemos tenido alguna vez de la vida. La misma que tiene muchísima clase dirigente. Cuando digo dirigente me refiero a todos los estamentos, no sólo político sino también empresarial, social, cultural y, si me apuran, nacional.

Ahora hagan un esfuerzo de imaginación. Piensen en un montón de empresarios de primer nivel. Reúnanlos todos en un foro, en un salón de actos de una escuela de negocios muy prestigios. Pongan en la sala los responsables de las cámaras de comercio, asociaciones patronales, juntas directivas y otros elementos de juguete como esos. Escojan un tema reivindicativo como por ejemplo la solicitud de un aeropuerto como dios manda para una ciudad importante. Una ciudad que siendo un enclave estratégico, no deja de ser una segundona en el país que conforma. No abran aun los ojos, sigan imaginando el acto. Críticas a una hipotética organización centralista que ha apartado a la sociedad en cuestión del éxito y derecho a tener un aeropuerto como Dios manda, alegatos a un futuro empresarial que debe levantarse en armas para lograr lo que merece y aplausos reiterados a los discursos manidos de siempre.

Imaginen que tras ese soporífero evento, meses después se inaugura un aeropuerto fastuoso que deja inservible otro que ya funcionaba a menor capacidad. Piensen en el dispendio que supone dicha idiotez, cavilen sobre el evento y las caras de todos esos señores que debían poner en marcha el país. Gentes que no parecían darse cuenta que el aeropuerto que exigían estaba a punto de ser acabado y que, en lugar de pedir y pedir, debieran de hacer y hacer.

Dejen de imaginar, eso ha pasado aquí hace apenas un año y medio. Un mastodonte aeroportuario medio vacío frente a otro monstruo vacío del todo. Ese es el gran escenario logístico del futuro para los catalanes. Y no hablo del resto de barbaridades que se han hecho en ese campo de las infraestructuras aeroportuarias.

Los de la reunión aquella, quietos y callados, ya parece que lograron lo que esperaban y se acabó. Ahora que toca hacer de verdad algo, resulta que lo que tenemos es una línea aérea que pagamos entre todos pues en realidad, en lugar de eliminarla como se eliminan las empresas inservibles o sobrantes, es imprescindible para llenar unas cuantas puertas de embarque de ese aeropuerto infrautilizado.

Hagámoslo entre todos, sobretodo entre los que tenemos mucho que jugarnos. Si esperamos que otros lo hagan por nosotros vamos dados. Todo ese grupo de prohombres de bien siguen sentados en su cómodo social de alcántara esperando que las cosas cambien a su ritmo, por entonces ellos ya habrán pensado algo para que parezca que lo impulsaron ellos.  Que maravilla.