¿Quien teme a un rebaño?

Hace tiempo escribí comparando el hundimiento del Titanic con la situación económica actual. De hecho repliqué que alguien me comentó que seguramente “estábamos viviendo algo parecido al preciso instante del choque del buque con el iceberg, que la tripulación informaba a los de primera que el barco en dos horas se iría al fondo del océano y que muy pocos de tercera se salvarían”. Sin embargo, años después sigo pensado que eso no es así, y que en realidad no había habido un golpe ni tampoco una grieta. El barco se hunde pero por viejo y que eso hacía mucho más lento el hundimiento. Concretamente más de un lustro. Vivimos exactamente en ese momento de la historia, justo en el que podemos interpretarlo mal o bien. Si decidimos quedarnos quietos o reaccionamos para construir algo mejor depende de nosotros. Lo trascendental realmente es entender el valor de ese colapso. Para mí, este terrible instante de una mal llamada crisis no es una oportunidad, es la opción. Entiendo que hay que pensar mucho, más que nunca, escudriñar como hacer mejor este mundo y lograrlo. Entre todo ello destaca la obligatoriedad de saltar del barco (del sofá social) y nadar (emprender). Rechazad las ayudas, aceptad los consejos. Ignorad las subvenciones, gestionad el capital inteligente. Escuchad a gente que se planta ante lo que no es correcto y se la juega.
Arturo Perez Reverte dijo en el video que os aporto hoy que “el ciudadano educado tiene mecanismos de defensa que pueden cambiar el mundo”. Aquí lo he comentado muchas veces, y hoy simplemente resalto lo que Reverte señala en una corta entrevista en el programa Sálvados (por el que tuve la suerte de pasar hace algún tiempo) junto a mi amigo Jordi Évole. Disfruten.


Seguimos combustionando cuatro tipos de pobrezas. Por un lado una primera que proviene del desempleo medio. Una segunda compuesta de pobreza incipiente y que constituyen jóvenes trabajadores e inmigrantes sin contratos cuyo sueldo es tan bajo que sería un insulto llamarlos mileuristas. No alcanzan las necesidades básicas y son atendidos también en la beneficiencia. Un tercer grupo de pobres es el de la pobreza estructural formada por ancianos y viudas con pensiones ridículas. Finalmente, la cuarta tipología de pobres proviene de una capa que se compone de gente muy joven que en estos momentos ni siquiera tiene idea de lo miserables que son. Bajo el amparo de sus padres y de la sociedad del consumo en rebajas constante, sus vidas transcurren en una especia de paraíso capitalista maquillado. Son los que ya hemos definido como microburguesía low cost.