Marc Vidal Marc Vidal

Forbidden Phrases

There are three shunned sentences in my life. “This is the way this has been always done”, “That’s not possible” and, the worst, “Be careful, you’ve never been there”. The first one is typical in discussions on business innovation. The second is typical in economic fields where the parameters outside of conventional logic are not examined. The third refers to going to unknown places to gather momentum and working on projects from the unknown. This last one is especially stimulating to me. To be an entrepreneur is something more than defining an economic model; it has to do more with an attitude and with the will to take control of your own destiny. Is not always doable, but we have an obligation, as a species, to not be annihilated. I only know one way, though there are others; mine is to embark.
Every one of the thousands of entrepreneurs that banish their fears and disregard apparent limitations are the ones that will wake up a sedated society that has idiotized itself to the extreme. The representatives of that anesthetized social body, incapable of facing the challenge of taking control of its own existence, but aware of the fact its life is a socio-economical privilege that no other generation before has enjoyed, I call the “low cost micro-bourgeoisie”.

Starting right now, we are delving into the values of a society that will decide in coming years if this is a “glorious opportunity or a “situation without opportunities. Once a society lets itself be dragged by the tide, then it’s a dead society.

A few years ago, during winter, I used to have the pleasure of giving a lecture to a thousand students from different Andalusian schools of economics in the auditorium of La Cartuja in Seville. They were usually students in their last year. Each year, halfway through the talk I asked the same question:

How many of you intend to undertake something — a project, a business, or whatever — within the next five years? Their response was worse every year. Normally, barely a dozen students would raise their hands. Then I came back at them with another question:

- So, How many of you want to become public servants?

More hands go up, but it still isn’t exactly a forest of arms I see in front of me. Finally I pose the question to the rest (which is well over half of the students left) whether they want to be prostitutes, arms dealers, contestants on Big Brother, or football players. The laughter that usually creates leaves me speechless.

It’s not their fault; the fault belongs to the environment we have created which numbs the desire to get moving. Life seems to be extremely easy these days and the middle class lifestyle has become so accessible that you don’t even actually need to be middle class to enjoy it. Unbridled consumerism does not require having money; all you need is someone to lend it to you.

At the end of that annual conference in Seville, five or six students would approach me at the end. On one memorable occasion, a girl walked towards me with tears in her eyes, extremely moved. She told me that she was one of the few that understood me; that she was now looking forward to take “the reins of her own existence.” I do not deny that left me with my face twisted, unable to respond. It just so happens that it’s necessary to address and act on the problem: the passivity of a society that takes sleeping pills before starting up each morning to numb away criticism towards anything that surrounds it, and with much less ability than those previous societies that passed down to us most of the privileges we now enjoy and manage so badly.

For the first time since World War II, this new batch of youngsters will live worse than their parents. Spurious improvements in travel, higher education and media have generated an illusory sense of wealth for contemporary young people, as it arises from a model of parasitic dependency on one’s family. The number of young people in Spain that enjoy full economic independence decreased from 26% in 2004, to 11%  2011, and that tendency is spreading throughout Europe. When these students mature and enter the labor market they are only going to find temp jobs for the rest of their days. They are people who could enter the labor market at age 35 and then face being laid off at 50.

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Startups, 'hubs' y futuro

Advierten mis amigos que eso de viajar tanto no puede ser bueno. Que un poco vale, pero que esa necesidad compulsiva no da para toda una vida. No sé, puede que si o que no. Lo que tengo claro es que viajando se aprende, se vuelve uno más intuitivo y es capaz de detectar aromas que antes no sabías ni que existían. En lo que respecta a lo que hoy quiero aportar, viajar fue determinante y lo sigue siendo.
Hace unos días apareció un informe que destacaba algunas ciudades del mundo como de alto interés en asuntos de Startups o como hubs tecnológicos. Se trataba de una aproximación a lugares donde no es habitual recabar o tener conciencia de que eso sucede. No aparecen San Francisco, Berlín, Nueva York, Miami, Santiago de Chile, Dubai, Singapore, Tokio u otras. Sin embargo son señaladas otras como Ámsterdam, Bangalore, Bogotá, Dublín, Lisboa, Nairobi, Sant Petersburgo, Estocolmo o Toronto. Todas ellas con un clarísimo camino a recorrer y en paralelo a sus crisis locales, todas ellas pendientes de concentrar talento, digitalización y esperando globalizar sus productos.

https://twitter.com/marcvidal/status/329534602739855362

En esa lista hay tres ciudades donde IDODI y sus “spinoffs” están ya ubicadas y trabajando duro hace tiempo. Bogotá, Lisboa y Dublín. Cada una por una razón distinta pero con un tronco común. No es fácil, quien lo crea gastará dinero y energía pues tremendamente retorcido todo el asunto, pero es factible. Lo importante es saber donde y con quien vas, perseverar, prepararse para sentirse solo a menudo y a comer de todo. Me gusta pensar que llevar tanto tiempo dando tumbos, conociendo de primera mano quien y como lo hace, que trámites, modos y contactos hay que tener para entender el momento de cada lugar, me ha dado ventajas objetivas para haber apostado por destinos con potencial en el futuro inmediato, a pesar de que muchos indicativos decían lo contrario.

Seguimos pendientes de abrir en junio una ronda de inversión sencilla para casi una decena de diferentes compañías del “pool” que gestionamos o mentorizamos y que ya tienen finalizados sus desarrollos y en algunos casos incluso ya están en producción. Ahora bien, lo curioso es que habiendo recibido peticiones de entrar en estas startups que superviso, la mayoría de ese interés proviene de países como los citados en este enlace, muy por encima del que surge de inversores españoles. El desarrollo necesita ideas, emprendedores, tecnología y estímulos, pero sobretodo precisa de capital. Si no circula en un lugar lo hará en otro y en ese tránsito todos irán ubicándose adecuadamente para alivio de unos, gloria de otros y desgracia de la mayoría que viven en el sofá social.

Llevo casi dos décadas viajando a Latinoamérica por negocios. He visto de todo y un día lo relataré espero. Recuerdo como era Bogotá hace 18 años por ejemplo y el riesgo que suponía en pleno centro de la ciudad asistir a cualquier evento. Don Álvaro Uribe me explicó, siendo aun presidente de Colombia, que su sueño era cimentar el futuro Sillicon Valley de Latinoamérica. Él sabía que dependía de mucho más que de su propia labor y concentró sus esfuerzos en vincular a diferentes agentes que ahora están siendo claves para que ese modelo tecnológico se afiance y se expanda.

Hay indicios que el modelo socioeconómico está en juego a nivel planetario. Miremos como entornos alejados históricamente de ese escenario tecnológico y digital se ha ido permeabilizando. Ya no es preciso tener sofisticados laboratorios de investigación para desarrollar tecnología disruptiva. Ahora una conexión permite viajar a miles de kilómetros formarse sin moverse de Dakar y empezar a parir una idea que, aunque puedan ser réplicas de otras en países más avanzados, se adapta a la idiosincrasia local y a los usos tecnológicos del momento.  Atentos a las startups más potentes del continente africano.

Os dejo con el enlace otra vez a la selección de ciudades a tener en cuenta titulado “Emerging Tech: 9 International Startup Hubs to Watch”. He aquí los nueve centros para startups de tecnología internacionales que podrían estar bajo el radar de cualquier emprendedor con vistas internacionales. Estas comunidades vibrantes son más que lugares donde se instalan startups. Son puntos de acceso completos a la innovación y al apoyo, donde la inspiración y la transpiración se mezclan con los planes de negocio para ser incubados.  Surgen oportunidades e incluso, seguramente, nacen mercados enteros en sí mismos. Quien crea que internacionalizar tecnología no requiere focalizar destinos se equivoca en un buen número de negocios, hacerlo de cualquier manera es el segundo error. Hablaremos de aventuras que estamos viviendo con mi equipo en otros posts por si interesa.

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Harakiri

Hace algo más de un año me invitaron a dar una conferencia en Extremadura. Recuerdo que me sorprendió la grandilocuencia del evento y el gigantismo que lo rodeaba. Se trataba de unas hipotéticas jornadas sobre la emprendeduría. La inauguración estuvo a cargo del presidente local de entonces, Guillermo Fernández Vara. Lo hizo frente a un auditorio con cerca de 2.000 emprendedores durante un martes a las 10 de la mañana. Les dijo que “estaba orgulloso del cambio social y económico que había impulsado en su comunidad, que era el momento de todos ellos: los emprendedores”.
Cuando me tocó, y era el ponente económico inicial con una conferencia que versaba sobre la “oportunidad que nos tocaba asumir“, pensé en ejecutar mi propio suicidio público. Comenté, mirando la cara desencajada de aquel político, de su vicepresidenta y de varios consejeros, a la vez que señalaba a todo el auditorio, que “lo peor no era mentir, lo realmente terrible era creerse las propias mentiras y que si ya era duro escuchar a un político simulando que estaba hablando a emprendedores, era mucho más dramático observar las caras de satisfacción y los aplausos de todos ellos, cuando no eran más que funcionarios descontando tiempo de asuntos propios”.

Tras aquel harakiri, un silencio, un minuto y finalmente un aplauso. No dije nada que la mayoría no supiera. Había emprendedores, pero el auditorio estaba plagado de una amalgama de trabajadores públicos. Emprender es mucho más que asistir a congresos y charlas. Así les ha ido. El error de poner al mando de proyectos de estímulo de la emprendeduría a quienes jamás emprendieron nada al final sale caro.

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