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Digitaliza tu vida, será más real

A medida que la vida se fue digitalizando se hizo más real. O por lo menos la información tiene un criterio social y compartido que la hace más auténtica. Fijaros sino en lo que ahora es noticia en cualquier medio ‘analogico’, u oficial y lo que es en el mentidero de las redes, blogs y comentarios de los medios digitales que no existían hace apenas tres o cuatro anos. Hay ejemplos de cómo el mundo respira independientemente a lo que se nos dice que sucede.
Este mapa del Frontex European Commission publicado en el Wall Street Journal que hoy acompaña este post muestra los flujos y el aumento de los emigrantes que llegan a la UE. En concreto los que han sido detectados sin documentación adecuada aumentó un 48%. Más de cien mil personas ‘sin papeles’ que prioritariamente utilizan la ruta marítima que va de Libia a Italia.

Parece mentira que cuando el foco hiriente de la televisión en directo se apaga, pareciera que los problemas se diluyen con las sombras. Sin embargo la realidad es de plomo y pesa, permanece allí y es el espejo de nuestra vergüenza y egoísmo. Las cifras son espeluznantes y, por ejemplo, la crisis no ha frenado la avalancha. Italia afirma que ha rescatado a unos 25.000 inmigrantes en esta ruta desde comienzos del año. La ‘primavera árabe’ no hizo más que agravar el éxodo en lugar de limitarlo. El resto de países que recibían históricamente la inmigración africana y asiática seguimos siendo receptores. Cada dia se lanzan en un intento suicida centenares de subsaharianos esperando ser, irónicamente, como nosotros.

La asignatura pendiente no es sólo la modernización del mundo, también es la de equilibrarlo. Podemos hablar de ‘cambio de modelo’, de socieadad de la información, de big-data y de todo cuanto nos parezca ‘cool’ y estimulante, pero el planeta seguirá siendo tremendamente injusto con quienes les tocó habitarlo en algún lugar donde no se goza de las ventajas que otros si tenemos.

La tecnología debe servir para eso, para equilibrar. Invertir en la sociedad del conocimiento desde la empresa privada y que ella llegue a territorios donde merece la pena hacerlo y donde con muy poco se logra mucho. Si no hacemos nada seguiremos igual. Pasará como cuando la ‘crisis’ se nos llevo por delante, permanecieron los responsables y sufrieron los de siempre. Todos participaron del desastre mirando hacia otro lado durante mucho tiempo. Muchos se creyeron ricos por tener concedida una hipoteca inmensa.

Hace unos años, el The Economist dijo que España y en gran parte ‘Europa regresaría a su innegable mediocridad’. Lo dijo cuando se derribaban los primeros pilares de una burbuja inmobiliaria que no era más que la fachada de todo el desmantelamiento general que viviríamos en breve. Ahora, esa mediocridad, permanece. Ahora si que es culpa nuestra. Ahora si que tiene que ver con que la sociedad civil ha elegido desayunar cloroformo. Ahora si puedes ponerte en marcha y procurar los cambios desde tu propia revolución íntima.

La falta de vergüenza y decoro se ha trasladado por todas las cañerías y ha derivado en un consumo generalizado de analgésicos sociales.

Desde territorios en conflicto o donde comer es una epopeya diaria llegan personas con la desesperación bajo el brazo. Seguimos ignorando que pasa y seguimos pensando que cuanto tenemos, lo merecemos por algún tipo de suerte divina. Pensemos donde estan las reglas, los límites y las oportunidades. A veces, revisar lo que pasa no es mirar el telediario. Digitaliza tu vida, será más real.

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España es budista

La línea que separa a los políticos de la legitimidad para decidir en nombre del pueblo soberano es muy delgada, tanto que, incluso en las democracias, en ocasiones se rompe o se difumina y acaba por desaparecer. Es necesario que en los Estados democráticos permanezcan engrasados los sistemas que vacunan de vicios de los que suele adolecer el poder. Cuando estos mecanotransmisores no funcionan correctamente el mal se hace crónico.
La corrupción, ahora urbanística y política, se ha instalado entre nosotros. Y lo ha hecho en gran medida por la desgana y la miopía social de nuestro tiempo. No hay día que no aparezca un nuevo caso y sin embargo lo observamos con naturalidad. Nuestra sociedad posee un extraño mecanismo por el que consigue olvidar las cosas negativas o que le sonrojan con una velocidad espantosa. Por ejemplo: ¿Siguen llegando cayucos a las costas canarias?, ¿ha muerto ahogado algún inmigrante en busca del dorado últimamente?, ¿los jóvenes que fueron abandonados a su suerte en las calles de Barcelona ya han podido regularizar su situación? Las respuestas las conocemos, pero ahora solo aparecen en las paginas interiores y en algún dominical con remordimientos. La verdad es que siguen llegando barcazas atestadas de personas sin nombre, solo que ahora tienen menos posibilidades de alcanzar la costa canaria. Aun se lanzan en un intento suicida centenares de subsaharianos esperando ser, irónicamente, como nosotros. Los abandonados en la moderna Barcelona recibieron en agosto un bocadillo y un papel donde podía leerse: “disculpe, pero usted no existe”.

Ese mecanismo humano y moderno que facilita olvidar lo que duele o sabe mal, pero sin embargo permite recordar con exactitud los nombres de la puta que dice haberse acostado con un conde cualquiera, es al que me refiero. La corrupción es uno de los elementos que nos lleva al choque de trenes, al colapso económico más que previsible y, sin embargo, muy pocos están reaccionando. Vivimos en un país budista donde los problemas se presentan relativos, como de otro estado o dimensión. En navidad a comprar, en enero a aguantar, en febrero a pagar los recibos de la visa y en marzo a preparar la salida de semana santa. Siempre igual. Nunca para. Sin embargo nuestro mundo ya no gira como antes, el sentido está cambiando y nadie habla de 2008. Las empresas y los directivos hemos establecido lo que parece una barrera que se presenta insalvable. El año 2008 y 2009 aparecen sombríos en el horizonte.

Cuando la crisis llegue, que llegará, habremos concluido que los mangantes se metieron como piojos en las costuras del sistema, medraron a costa del contribuyente y nos devolvieron un país expoliado. No será cierto. Por lo menos solo lo será en parte. Todos habremos participado del desastre mirando hacia otro lado tanto tiempo, creyéndonos ricos porque nuestros pisos valían 4 veces mas que hace unos años. Los pesimistas gozan de una buena reputación, pero también se equivocan. Espero equivocarme pero nos esperan años grises de puré de guisantes manoseado, de fango y meadas por las esquinas, de ultraderecha populista y de chivatazo, de falta de oportunidades y de aterrizaje forzoso. España, como dijo ayer el “Wall  Street Journal” pronto volverá a su mediocridad estructural.

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