DETERIORO VERTIGINOSO

No me digan que no es preocupante el modo en como se van digiriendo las noticias y datos que llegan por todas partes casi sin masticar. Hemos pasado de rescatar bancos a rescatar países y de las quiebras al derrumbe de las mayores entidades crediticias del planeta. Sin embargo parece que esto no va con nosotros, que España no tiene nada que ver con todo ello y que aquí pasará de largo la tormenta eléctrica que vaticinan unos cuantos economistas esquizoides. The Economist publica esta semana que la Gran Depresión de Estados Unidos del año 1929 es el escenario más adecuado para encontrar aspectos en los que podamos referenciarnos.

En concreto cuando hace referencia a elementos de ocupación y paro. Si bien comenta que los brokers de Wall Street tambien sufrirán, los que se llevan la palma son todos aquellos profesionales vinculados a la construcción en nuestro país y asegura que nos queda por ver imágenes que no pensábamos que en nuestra sociedad garantista y acomodada podríamos llegar a ver. De hecho asegura que “nada evidencia mejor la pobreza del paro masivo que las fotografías de aquella época”.

Al igual que el The Economist, aquí sabemos que “vista la rapidez con la que las economía europeas se están encogiendo, nadie duda que lo peor aún está por llegar“. Sabemos que el proceso de deterioro, aun hay mucha gente que lo pone en duda, básicamente por el valor que le conceden a la observación de restaurantes llenos, terrazas atestadas y consumo suficientemente estimulado por los neoricos en paro y los indigentes de visa precancelada.

Entramos en la burbuja del déficit público, esa que permite que el Estado aumente hasta lo inadmisible el gasto, que mantenga artificialmente el sistema y procure circulante que, tarde o temprano, los beneficiarios deberan retornar. Ese error de cálculo, esa morosidad no resuelta, llevará al Estado a la bancarrota, a la quiebra y a la imposibilidad de pagar a aquellos que se sienten muy seguros. Los funcionarios consideran que esto no va con ellos, los cargos públicos creen que sus dietas o corren peligro, que sus privilegios también serán útiles en época de fallida del sistema. Que se preparen.

Por hacer historia, una vez finalizó por agotamiento la fase de expansión económica del siglo XVI, la economía española entró en su famosa depresión del siglo XVII. Esta tendencia, común a todos los países del occidente europeo, fue mucho más acusada en España por el pésimo ejercicio en política exterior que llevaron a cabo los Austrias y por la escasa planificación para cambiar modelos de intercambio y valor. Para entender que pasó, por si alguien quiere adentrarse en los espejos de la historia, se deben tener como punto de apoyo teórico las sucesivas crisis financieras y las bancarrotas estatales españolas de 1607, 1627, 1647 y las más graves de 1652, 1662 y 1666. Todas ellas significaron una pérdida generalizada de credibilidad de la monarquía entre los banqueros españoles y europeos. Cualquier parecido es pura casualidad, pues obviamente la España de 2009 no tiene nada que ver con aquella, ahora, teniendo en cuenta la dependencia formal del capital y sus derivados financieros, estamos mucho peor.