Los robots te pagarán la jubilación. La UE estudia que la 'persona electrónica' cotice a la seguridad social.

El mes pasado un proyecto inédito fue presentado al Parlamento Europeo. Se trataba de la solicitud de un informe que sugiere abordar un tema realmente interesante y que tan sólo hace un lustro hubiera parecido un fragmento de alguna novela o película de ciencia ficción. La idea giraba en torno al cada vez más intenso debate acerca de si los robots van a ir sustituyendo a los seres humanos en determinados puestos de trabajo.

A la Unión Europea, tan lenta en ocasiones, de vez en cuando se le encienden las alarmas y deciden abordar temas que no aparecen en la agenda de ningún gobierno, pero que sin duda deberían estar encima de la mesa. En este caso se trata de la reflexión y estudio sobre el impacto de los robots que trabajan bajo el criterio de beneficios sociales o la responsabilidad social. Por primera vez en una administración pública se debate acerca de los derechos de una especie de ‘ser electrónico’ derivando la propiedad intelectual de estos artefactos (incluyendo software), así como el hecho de ser vistos como ‘agentes laborales’. También, por supuesto, si a medio plazo contribuirán a las pensiones de los seres humanos.

Llevo años sugiriendo que la Renta Mínima Universal no es de derechas ni de izquierdas. Se suele mezclar todo en este tema. Unos se apoderan del concepto y otros lo rechazan cogiéndolo por la epidermis y no por el fondo. La Renta Mínima Universal se basa en un análisis de un mundo sin empleo humano, no de un mundo ocioso. Tampoco se basa en la ‘uniformidad’ de nada ni en la pérdida de la iniciativa privada, sencillamente es el mecanismo con el que la humanidad irá interpretándolo cómo único sistema para garantizar el bienestar en un espacio gestionado automáticamente.

¿Quién puede imaginar un mundo sin fracturas si en apenas 20 años más de cincuenta millones de empleos desaparecerán en Europa por ejemplo? Lo sabe la UE y es fácil de calcular. Casi un millar de oficios están en la cuerda floja. Algunos totalmente sorprendentes. Ante esa realidad inminente hay que pensar distinto y, aunque parezca increíble, hay estamentos que lo están haciendo al descubrir que algunos países han empezado a analizar los riesgos de la incapacidad para crear empleo o de su destrucción generalizada a medio plazo.

La clave según este grupo de analistas es que las denominadas ‘personas electrónicas’ paguen nuestras pensiones o rentas de subsistencia. En realidad hablamos de generar impuestos a las empresas, que al destruir puestos de trabajo y sustituirlos por una inversión tecnológica, deban pagar cánones individuales por algunos de éstos desarrollos.

Los legisladores de la UE están considerando las preguntas que examinan el aumento de los robots que sustituyen a los seres humanos en el trabajo y, si con ello, se puede buscar una fórmula imaginativa y sin precedentes para seguir ingresando capital destinado a la seguridad social o servicios públicos. En este sentido, una cuestión que se plantea el estudio es el efecto sobre la seguridad social. Con menos empleados humanos cotizando, las empresas pagarán menos en los sistemas de beneficio de cualquier gobierno. Esto plantea dudas sobre ‘la viabilidad de los sistemas de seguridad social si se mantienen con la base actual de los impuestos, creando un potencial aumento en la desigualdad y en la distribución de la riqueza’ por ejemplo.

El informe sugiere que se piense en crear un censo de robots inteligentes que se utilizan en empresas y que se les asigne a éstos una cotización social que pueda tener consecuencias fiscales. Pero, si este plan pudiera llegar a desplegarse, a legislarse incluso, pienso que también se deberán atender otras derivadas. ¿Quién es el responsable de las acciones de un robot (incluido software inteligente)? ¿qué tipología de seguro deberán tener o cómo diferenciaríamos entre humanos y máquinas en los espacios de una estructura empresarial?

En general, la idea que ya está en el debate político es crear un marco ‘legal y específico para los robots’. ¿Te suena raro? Pues no debería. Por lo menos no en cuanto a los robots autónomos más sofisticados, pues estos podrán verse en condiciones de tener derechos como ‘personas electrónicas’ y módulos de ‘responsabilidad civil’. Esto para los robots más autónomos podría pasar mucho antes de lo que nos imaginamos.  

La idea de la elaboración de una legislación en torno a los trabajadores robóticos no está siendo bien recibida por todos en la industria de la robótica por cierto. Patrick Schwarzkopf, director del departamento de robótica y automatización de la VDMA, dijo que un marco legal para las ‘personas electrónicas’ es algo que sucederá muy tarde, no en la próxima década. Aseguran que 'imponer este tipo de legislación sería muy burocrático y podría impedir el desarrollo de la propia robótica’.

Esta claro qué a quién fabrica robots no le interesa que se regulen demasiado, ni que nazcan con impuestos bajo el brazo. El estudio y el trabajo no es vinculante pero demuestra que ha nacido una creciente preocupación. Ya no sólo está en las ‘páginas’ de algunos bloggers y escritores ‘futuristas’ que indagamos en la que se nos viene encima y que pedimos algún movimiento de precaución y estrategia al respecto. Los robots van a ‘robarle’ el empleo a los humanos. La innovación es exponencial. La humanidad ha vivido en 150 años tanto progreso como en los 50.000 años anteriores. En una década tanto cómo en los últimos 150. En los próximos 20 el ser humano innovará tanto cómo lo ha hecho en toda su historia completa.

Entiendo que es difícil imaginar nuestro mundo en apenas dos décadas y, por supuesto, lo único que podemos hacer es ir preparando el terreno y los amortiguadores. El golpe lo vamos a recibir igual. Vivirlo con entusiasmo o con dramatismo dependerá de cuando nos pongamos las protecciones. Un mundo automático, tecnológico y robótico será un mundo más humano, creativo y social si lo vamos preparando ya. Sino será un monumental desastre y desequilibrio. Démosles derechos a los robots, tarde o temprano serán quienes nos pagarán la jubilación.