De la Inteligencia Artificial a una Humanidad Aumentada.

El debate acerca de que ‘límites’ se le deben poner a los sistemas expertos capaces de llegar a ser artilugios pensantes es siempre el mismo. Se trata de incorporar barreras éticas. El problema es que la ética y las leyes no siempre van de la mano. En ocasiones, lo que se considera aceptable en un entorno, es inasumible para otro. Derechos de privacidad, derechos de las minorías u otras no son fácil de equilibrar. Otro aspecto complicado trata de quién va a liderar esta transición. De hecho, aunque nos pongamos a definir quién, cómo y qué sobre el modelo de uso y convivencia con la inteligencia artificial del futuro, resulta que llegamos tarde a muchas cosas. El control de los datos de las personas en muchos países ya está en manos de sistemas inteligentes que ignoran la ética y la privacidad en la mayoría de los casos. A eso va a costar ponerle límites.

En esto de limitar éticamente el futuro tecnológico nos encontraremos con legislaciones muy diferentes que va a costar cohesionar. En casi todo el planeta se tiene claro que la edición genética de seres humanos está prohibida, pero en China, por ejemplo, no hay ninguna ley que prohíba la edición de genes y, de facto, los ensayos en ese sentido están haciéndose hace tiempo. Los avances en Inteligencia Artificial van, como diría aquel, a buen ritmo. Sin embargo está muy lejos de lo que se vende en algunos entornos. En la mayoría de los casos, aquello que algunos presentan como cerebros sintéticos capaces de discernir, pensar o deducir de un modo brillante, no son más que sistemas expertos capaces de solucionar problemas por la suma de pruebas ejecutadas y aprendiendo de ello. Habrá quien diga que Sophia ya piensa, pero no es verdad. Estamos muy lejos aún de todo eso, pero no por ello no es importante empezar a razonar acerca de algo que, eso sí, con toda probabilidad va a pasar en los próximos años aunque no como nos lo presentan.

Si ves los informativos generalistas, si lees los titulares de los medios escritos o escuchas tertulias de radio abarrotadas de 'expertos de todo', seguramente recordarás que ya te han presentado avances en IA que parecen ‘humanos’ y que eso ya está aquí. No es cierto. No. De hecho, ahora mismo básicamente, lo que tenemos son preguntas y esta es precisamente la razón por la cual es importante empezar a analizar el futuro en el que convivamos con ella. Lejos del alarmismo incomprensible de algunos ‘popes’ de la tecnología y la ciencia.  Probablemente la respuesta no esté en poner límites a los desarrollos de Inteligencia Artificial. Posiblemente la cosa vaya de ‘aumentar’ al género humano. Estaría bien no olvidar que la IA no es nada más que una nueva herramienta que está para ayudar y beneficiar a los humanos. ¿No? Y si no lo apartamos del análisis veremos que puede ser utilizada para ‘aumentar’ a los humanos. Si hablamos de realidad aumentada, ¿por qué  no hablar de humanidad aumentada?

No es ningún disparate. Hace tiempo que utilizamos la IA para mejorar nuestra actividad y ‘aumentar’ nuestro trabajo. Cuando agarras eso que llamas ‘teléfono’ y con el que haces de todo menos hablar, pulsa el icono de Facebook por ejemplo. Ahí vas a ver como la IA está currando duro para que veas lo que ‘tienes’ que ver y no pierdas el tiempo en otros asuntos. Abre Google y ¡ahí va! Resulta que tienes que escribir muy poco, el formulario se adelanta a tus ‘intenciones’. Compañías como LawGeex, que usan algoritmos de Inteligencia Artificial para revisar automáticamente los contratos ahorra costes a los clientes, pero el beneficio real es el ahorro de tiempo. De manera similar, la IA se está convirtiendo rápidamente en un recurso imprescindible en medicina. Se utiliza para clasificar qué tipo de lesión cutánea es cancerosa, para diagnosticar el cáncer en una etapa muy temprana con una prueba de sangre, para predecir enfermedades cardiacas, para determinar los componentes en los humanos y los animales que podrían extender la expectativa de vida y para muchas otras cosas. La U.S. Food and Drug Administration aprobó recientemente un algoritmo para predecir la muerte. Como suena. Ejemplos de cómo la IA ya se están utilizando para aumentar nuestro conocimiento y nuestra capacidad de buscar y encontrar respuestas, de cómo están transformando la forma en que trabajamos y vivimos nuestras mejores vidas.

¿Es esto una humanidad aumentada? Probablemente sí, pero nos queda mucho por aumentar y, seguramente, tendrá que ver con ‘hasta donde aumentarnos’ y no tanto ‘hasta donde limitar’ la Inteligencia Artificial. De momento nos queda ver como cambian los negocios y pensar como adaptarnos para ser una sociedad aumentada, una empresa aumentada o un consumidor aumentado. Cuando pensamos en la IA aumentando a los humanos, frecuentemente pensamos en modo ‘ciencia ficción’. Error. Pensamos en implantes cerebrales como los de mi amigo Neil Harbisson. Imaginamos un auricular del futuro que será un chip intracraneal traduciendo a tiempo real idiomas extraños que no entendamos en una conversación. Esa es la evolución prevista, por lo que, como demuestra la historia, no será exacto. Es aquello de la innovación real y la propuesta y lo que dijo Henry Ford acerca de innovar entre un coche de caballos y uno de motor.

No se trata de adivinar el futuro. Se trata de deducirlo. No creas que hay alguien en este mundo capaz de imaginar tu vida o la de tus hijos en 50 años. Si lo hay, está encerrado en un laboratorio y no lo conoce casi nadie. La tecnología que va a cambiar todo, absolutamente todo lo que hacemos, nuestros modelos de gestión social, cultural, política, económica y de distribución del conocimiento serán modificados de un modo completo en los próximos años y no tenemos ni pajolera idea de cómo será nada. Nadie podía imaginar el futuro como ha sido el presente hace 30 años. De hecho hace una década y algo, el 90% de las interacciones que intervienen en tu vida cotidiana no las hacías con dispositivos que ahora son cotidianos.  De ahí que me interesa más saber como vamos a ‘aumentar’ a la humanidad y no tanto como vamos a ‘limitar’ a la inteligencia artificial, pues no dejará de ser, por muy sofisticada que parezca, una herramienta. De ahí que toca un debate ético profundo y un plan para crear una humanidad más completa. Ser más humanos gracias a la tecnología y que esta llegue a todos sin distinción es el gran reto.