Los Angeles

La filosofía del #nonstop

Uno de mis restaurantes favoritos del mundo es el ink de Melrose Avenue en Los Angeles. Bocadillos elevados a la categoría de arte. A Michael Voltaggio, su fundador, deberían beatificarlo. Y más cuando este hombre decidió abrir uno de sus restaurantes en la Edge Lounge del Aeropuerto de los Angles (LAX). La verdad debo reconocer que comerse el ‘bánh mi’ de cerdo con vegetales en una mesa mirando de manera panorámica la pista número dos es como si se detuviera el tiempo. Cada uno es como es.
En febrero estuve ahí como cada tres o cuatro meses. Sin embargo el agotamiento que recuerdo de ese día era algo superior, mi ánimo menos intenso y mi capacidad para superar un ‘bajón’ mucho menor. Fue hacía el final del bocata que un improvisado compañero de mesa y mantel me lanzó un ‘where you go?’

Me pasa a menudo, será que parezco accesible en según que países, pero es frecuente eso de que la gente me pregunte cosas. En este caso mi respuesta fue algo así como ‘where I want‘. Me dijo que eso era imposible, que nadie viaja donde quiere, que solemos fantasear con nuestra libertad de elección, pero que en realidad mi viaje no era más que otra obligación ubicada en mi ‘schedule’. Eso dijo el tío.

Me dispuse a iniciar una discusión épica. Le dije que me sentía bien haciendo lo que hacía, contactando con mucha gente a través de la tecnología, escalando mis propias montañas y viviendo como quería vivir. Que mi cansancio evidente no era más que la fachada de mi satisfacción. Se partía.

Le aseguré que yo vivía en libertad. Se descojonó de mi. Me dijo riendo que mi libertad no era más que una sensación motivada por el hecho de haber elegido ‘mis cadenas’. Únicamente. Me quedé pensando. El hombre se despidió y me deseó suerte. Se perdió entre la gente de la sala VIP y nunca supe ni quien era.

Recordé un texto, del que no recuerdo su título, donde Coelho definía los tres motivos por los que perdemos nuestros propios sueños y que eso nos adelantaba la muerte. El escritor genial aseguraba que eran la paz de los festivos, el confort que nos exige la prudencia y la falta de tiempo. En aquel escrito ensalzaba la lucha, el sacrificio y la conquista para sentirse pleno. De hecho decía que se empieza a morir si tus sueños se desvanecen.

En esa ciudad de California, finalizando una semana frenética e intensa, aquel escrito rebotaba en mi cabeza y lo hacía en todas direcciones. ¿Era cierto eso de que la guerra continua, la batalla constante y la conquista ilimitada eran el secreto de una vida completa y feliz? Hay días que uno lo pone en cuarentena.

Hoy os dejo con el debate que me surgió y que ‘superé’ pero que en ocasiones regresa. Estoy seguro que hay un equilibrio pero hay quien asegura que la paz es la ausencia de lucha y que la lucha persigue un deseo insatisfecho lo que al final no es más que frustración.

Hoy, camino de mi despacho en Thomas Street, junto al distrito Guiness, a eso de las 5:30 AM, cuando el aroma a cebada fermentando invade el airecillo fresco y húmedo de la mañana irlandesa, pensaba que ‘al final de todo esto siempre llegamos solos‘. Que la lucha es solitaria y compleja. Que el riesgo está en todas partes y que tenerlo no es ni divertido ni aburrido, es vida.

Hoy no escribo desde un aeropuerto o un hotel, hoy lo hago desde mi territorio natural. Tranquilo, con la rabia intacta. Emprender es probar, intentarlo. Intentar motivo de errores. Equivocarse es aprendizaje. Me equivoqué, me equivoco y me equivocaré. Elijo mis cadenas, seguirán siendo emprender, deprisa, como los exploradores que acumulaban continentes.

Hace cuatro décadas que empecé a correr. Unos días después de que empezara a andar. Siempre corro solo. Esto es cuanto tenemos. Kilómetros y a nosotros mismos. No me gusta parar a tomar aliento, me gusta notar que me queda la fuerza justa para llegar al siguiente reto. El agotamiento es gasolina. Respeto quien no lo comparte, pero esas son mis cadenas. Me quedo con las del #nonstop, ¿cuáles son las tuyas?

https://twitter.com/marcvidal/status/465963771509624833

Silicon Valleywood.

Ayer pude ver el primer episodio de una nueva serie de HBO llamada Silicon Valley. Es cierto que eso de la televisión no es algo que me ocupe demasiado tiempo en mi día a día pero a veces a uno le flojean las defensas. La cosa en cuestión gira a partir del universo complejo, apasionante y pocas veces llevado a la pantalla de las startups en el estado de California.
Desconozco los detalles e historias de protagonistas, directores o productores. No tengo datos que me aporten nada al respecto y no es este un blog donde esas cosas puedan aportarse con criterio. Sin embargo parece ser que está repleto de ‘importantes’ del mundillo. Me interesó por lo intocable que parece ser en el cine y televisión el ecosistema de Silicon Valley y de las empresas que lo conforman. Solo había visto algún intento como las películas sobre Facebook o la biografía de Steve Jobs.

Como sabéis trabajé cerca del valle hace unos años. Durante veinte meses estuve vinculado en el proyecto que me llevaba de Boston a Los Ángeles cada mes y, aunque técnicamente eso no es el Silicon, pillaba cerca. Pude ver, sentir y saber muchas cosas que ahora en esa serie se caricaturizan pero que tienen visos de realidad. La serie habla de un chaval llamado Hendrix y que trabaja en algo parecido a lo que sería Google como ingeniero. Por las noches desarrolla un software que comprime datos de manera casi milagrosa. A partir de ahí lo que busca el argumento es explicar cómo nace y se mueve una startup en ese escenario, como pactan vivir en casa de un millonario a cambio de un porcentaje, el business plan, las relaciones sociales, los grupos de poder y todo lo que tiene que ver con un entorno tan sofisticado como ese.

A parte de toda la fauna prevista, razas, clases, millonarios y lo que se precie, me ha quedado la sensación de que representa bien lo que allí ha pasado y como, al más puro estilo Hollywood, se ha exportado un modelo cultural, en este caso, empresarial. Otra cosa es que lo estemos haciendo igual de bien. Es cierto que cuando estás en Silicon Valley lo primero que notas es que no existe como tal y que la ubicación de las empresas dista mucho de lo que en Europa entendemos por un ecosistema. En el resto del mundo llamamos ‘silicon valle lo que sea’ a cualquier polígono industrial venido a menos que deciden reconvertirlo en un hervidero de incubadoras y aceleradoras con muy poco criterio y mucha publicidad política. Luego pasa lo que pasa.

La computación en la nube, los dispositivos móviles, las redes sociales y otras tecnologías de acceso rápido a Internet, están produciendo oleadas de nuevas start-ups, pero para muchas de estas jóvenes empresas, el capital riesgo es la respuesta equivocada, por lo menos al principio

En alguna conferencia, cuando me preguntan si considero Silicon Valley como cartón piedra (hay críticos que así lo definen) mi respuesta es un no rotundo y solo hay que revisar las cuentas de resultados de esa comunidad, las patentes que se registran y el producto interior bruto que representan. California llegó a ser la quinta potencia económica del mundo por si sola y, aunque el valle de silicio no es su motor principal, si participa de su definición.

El problema viene cuando hablamos de ‘los otros sillconsvalleys’. Es para echarse a llorar por no otra cosa. Un universo como ese no nace de la decision puntual y voluntarista. El modelo se larva, crece, se estimula y, sobretodo, se arriesga desde todos los ámbitos, privados y públicos.

Los graduados universitarios de hoy deben ser conscientes de que la tendencia al alza en el Silicon Valley es la evaluación de los empleados cada tres meses, ya no es anualmente. Debido a la globalización y la revolución de los productos nuevos se están eliminando las valoraciones de gestión de un modo tan rápido que las empresas no pueden permitirse el lujo de esperar hasta el final del año para saber si un jefe de equipo está haciendo un buen trabajo.

Lo que allí pasa no es perfecto, pero lo que sabemos la gente que como Xavier Verdaguer, Eneko Knorr, Miguel Díez Ferreira y tantos otros europeos que hemos pasado por allí, es que alli se respira dedicacion, pasion, talento, mucho talento, competitividad, retos y que, de un modo u otro, la historia inmediata se escribe en parte destacada desde ese lugar. Un enorme lugar ideal para los que desean poner ideas innovadoras en marcha. Otra cosa será como lo estan exportando y como medio planeta ha decidido administrarlo

Las ciudades del conocimiento o también llamadas ciudades compactas surgen como un nuevo modelo de espacio para la innovación y espero que para emprender. Si se mezcla el entorno urbano natural reformado para la acomodar un modelo de vida más abierto y actualmente cultural con la estrategia económica en pools empresariales conectados internacionalmente y además con los canales que permitan la investigación para la innovación se propicia una nueva actividad económica capaz de atraer talento y empresas de todo el mundo para facilitar el nacimiento de tecnoemprendedores.

La serie es interesante en cuanto a la crítica que hace de esa intocable y casi milagrosa fórmula por la cual un desarrollo de un año y medio, que no vende nada, puede valer miles de millones al ser ‘adquirido’ por uno de los grandes que en si son los que mantienen el macrovalor del lugar. Sin embargo detecto que se plantea la idea de que la primera startup que debes potenciar cuando emprendes tecnología eres tú mismo, en concreto ‘the startup of you’

Desconozco si la serie entrará en la que, para mi, es el mayor defecto del lugar. La gestión de lobbys y familias, el poder derivado de esas fórmulas de relación y que suponen que el éxito de cualquier proyecto pase por estar en el lugar adecuado, en el momento correcto y con la persona que conviene. Es una comedia y como tal se debe entender no obstante.

De la emisión del primer episodio me quedo con un detalle. Exponen bastante bien la presión que se establece sobre la idea y el desarrollo pendiente, sobre la aventura que supone lanzarse al reto de crear una startup y la de abandonar tu trabajo seguro en una gran compañía. Lo que transmite también es que Silicon Valley ha iniciado un camino de no retorno donde las cosas se precipitaran tarde o temprano y que el coste y valor de las cosas ya no responde a ningún criterio lógico.

Si la quieres ver tienes dos opciones de momento. Los domingo noche por HBO o a través de tu site de descargas favorito.

Sociedad Aumentada

El pasado domingo mi columna en el ABC no salió en la versión digital, únicamente en versión papel. Por ello replico aquí el post que como sabéis, por exigencias del medio no puede sobrepasar una extensión determinada. Para mi gusto este tipo de artículos no permiten el análisis, son simplemente un esbozo, una pequeña línea de apertura del debate que considero que se puede mantener en el blog. Os dejo con lo que para mí va a determinar en gran medida los tiempos y los procesos en la economía productiva inmediata.

En el Logan Airport de Boston un anuncio luminoso al fondo de la terminal desde la que suelen salir los vuelos con destino a Los Ángeles dice “aumenta tus expectativas con nosotros” y aparece un teléfono inteligente desde el que se ve el rostro de un adulto y una serie de datos sobre impresionados encima de su imagen. El fotograma intenta mostrar el futuro y lo enlaza con una empresa que desarrolla aplicaciones para “smartphones”. Parecía impensable tan solo hace unos años que alguna de las startups que ahora diseminan sus programas por millones de dispositivos fueran capaces a estructurar la vida cotidiana de tanta gente. Una docena de estos engendros me simplifican la vida, la hacen más eficiente y me permiten relacionarme en lo personal y en lo profesional como hace apenas un lustro no hubiera imaginado. Mi agenda es un algoritmo inteligente que se estructura automáticamente y mis enlaces sociales se ordenan gracias a un modelo compartido que depende de este tipo de herramientas. Siempre he preferido Massachussets a California. El ecosistema inteligente en Boston sobrevuela la rentabilidad de Sillicon Valley. Es ahí donde tuve contacto por primera vez con lo que se denominaba “realidad aumentada”. Ahora estamos descubriendo como se pueden sumar expectativas personales, dispositivos con aplicaciones aumentadas y sus enlaces sociales provocando la emergencia a la superficie de un nuevo concepto: la sociedad aumentada.

El futuro premio Nobel, Lazslo Barabasi, me dijo que estamos ante una evidente “sociedad aumentada”, que en ella se cimenta todo ese valor aparentemente desorbitado de algunas empresas vinculadas a las redes sociales. Parece evidente que algo de eso está pasando con el fracaso de la salida a bolsa de Facebook por ejemplo. Sin embargo también me confesó que lo cotidiano de vivir enlazado, socializado, entre múltiples plataformas y en constante flujo bidireccional informativo, nos concedía un valor desconocido que demostraba la enorme diferencia de la “crisis” actual y cualquiera de las anteriores. Se refería a que una sociedad que es capaz de nutrirse de todos estos elementos, digerirlos con cierta tranquilidad y dinamizar su uso en planos genéricos, es una sociedad aumentada y en pleno tránsito a una nueva era. Este y otros elementos no hacen más que demostrar que vivimos el paso complejo y el ilusionante salto a un nuevo mundo, más horizontal, complejo, inteligente, abierto y humano. Es curioso ver como cada máquina que interiorizamos, nos facilita el difícil escenario de las relaciones humanas. A más tecnología, más humanidad. A más sociedad aumentada, más inteligencia compartida, más experiencia social y más oportunidad global. Vamos bien aunque a veces cueste verlo.

Depende de nosotros

Escribo esto desde la sala Velázquez de la Terminal Internacional de la T4 de Madrid. Como cada mes, vuelvo a Latam y a Estados Unidos. Esta vez es un viaje con premio. Me permite tener una excusa formal para no ver el debate electoral de esta noche y también para, durante este tiempo, alejarme de una campaña electoral de escaso valor, tanto técnicamente como en aspectos de fondo. Los asuntos que ocuparán el mundo estos días no serán muy distintos a los de los últimos meses. Una amalgama imperfecta de personas intentado que se les escuche, otro cúmulo preguntando que hacer con sus vidas para no perder todo cuanto tienen, los mismos tertulianos de siempre retocando sus discursos según convenga y un selecto equipo de gestores determinando una y otra vez acciones que no sirven apenas para retrasar el desenlace.

Italia seguirá su curso hacia el abismo porque nadie se ha atrevido a ejecutar un plan de rescate serio, Grecia, en cuanto se diluya el efecto vaporoso y la transferencia ingente de dinero sea absorbida por la seca economía helena, volverá a poner contra las cuerdas el euro, España, tras las elecciones recibirá los ataques de todos los ejecutivos de mercado que verán en nuestro país una presa mucho más fácil y sin cortafuegos. España vive el desmantelamiento total y el robo organizado.

A cambio seguiremos pendientes de lo que somos capaces de hacer. Os aseguro que, lejos de campañas como “estoloarreglamosentretodos” que rozaban el insulto en el pasado y de las que ahora nadie habla ni nadie pide responsabilidades, lo que debemos hacer es estudiar el escenario, en todos sus ángulos, deducir y tomar decisiones. Aquí nos vamos a dedicar a eso en los próximos meses. Seguiremos analizando lo que pasa pero desde la distancia, desde el valor objetivo y tranquilo que nos otorga a todos el que durante los últimos siete años ya lo llevamos haciendo. Deduciremos gracias a la aportación de los nuevos colaboradores de este espacio y daremos las claves. Emprender, redes, nuevos escenarios, nueva economía y aprendizaje invisible. Sólo nos queda eso. Como dije, cuando la cometa vuela es porque el viento sopla en su contra.

En el tiempo que trabajé como broker aprendí que el talento y la capacidad no suele ser un aliado en esos entornos. Es difícil vencer, por muy bueno que seas, a un aprendiz con muy mala sangre, sin escrúpulos ni ética. La criba que se hace en ese territorio es de tal calibre que no vale como punta de análisis en ningún estudio. Sin embargo si que permite entender que el salto, a veces, incluso en los momentos más extraños hay que ser capaz de darlo. No sirve quedarse quieto pensando que todo va bien. Si no te gusta lo que ves, a mi me pasó, lo mejor es abandonar y hacerlo a tiempo. Si las circunstancias te vencen, puede que te veas en el peor de los juegos.

Tras escoger un centenar de clientes y dividirlos en dos, a unos asegurarles que una acción subirá y a otra mitad que bajará, llamar al día siguiente a los que hipotéticamente creen que acertaste y volverlos a dividir con el mismo criterio y hacerlo hasta que sólo queda una persona que confía ciegamente en un agente de cambio y bolsa que lleva siete aciertos consecutivos, descubres que manipular a quien quiere ganar fácilmente es fácil. Eso lo viví de cerca, lo hacían algunos brokers y lo dejé a tiempo de no tener que hacerlo. Tras una de mis quiebras como emprendedor no pude más que trabajar en lo que sabía y hacerlo como asalariado. Por suerte pude huir sin intoxicarme demasiado, pero aprendí mucho, de mercados, sobre la avaricia, los sofás y las tormentas. Gran parte de lo que ahora somos como sociedad depende de esa actitud mediocre que muchos hemos tenido alguna vez de la vida. La misma que tiene muchísima clase dirigente. Cuando digo dirigente me refiero a todos los estamentos, no sólo político sino también empresarial, social, cultural y, si me apuran, nacional.

Ahora hagan un esfuerzo de imaginación. Piensen en un montón de empresarios de primer nivel. Reúnanlos todos en un foro, en un salón de actos de una escuela de negocios muy prestigios. Pongan en la sala los responsables de las cámaras de comercio, asociaciones patronales, juntas directivas y otros elementos de juguete como esos. Escojan un tema reivindicativo como por ejemplo la solicitud de un aeropuerto como dios manda para una ciudad importante. Una ciudad que siendo un enclave estratégico, no deja de ser una segundona en el país que conforma. No abran aun los ojos, sigan imaginando el acto. Críticas a una hipotética organización centralista que ha apartado a la sociedad en cuestión del éxito y derecho a tener un aeropuerto como Dios manda, alegatos a un futuro empresarial que debe levantarse en armas para lograr lo que merece y aplausos reiterados a los discursos manidos de siempre.

Imaginen que tras ese soporífero evento, meses después se inaugura un aeropuerto fastuoso que deja inservible otro que ya funcionaba a menor capacidad. Piensen en el dispendio que supone dicha idiotez, cavilen sobre el evento y las caras de todos esos señores que debían poner en marcha el país. Gentes que no parecían darse cuenta que el aeropuerto que exigían estaba a punto de ser acabado y que, en lugar de pedir y pedir, debieran de hacer y hacer.

Dejen de imaginar, eso ha pasado aquí hace apenas un año y medio. Un mastodonte aeroportuario medio vacío frente a otro monstruo vacío del todo. Ese es el gran escenario logístico del futuro para los catalanes. Y no hablo del resto de barbaridades que se han hecho en ese campo de las infraestructuras aeroportuarias.

Los de la reunión aquella, quietos y callados, ya parece que lograron lo que esperaban y se acabó. Ahora que toca hacer de verdad algo, resulta que lo que tenemos es una línea aérea que pagamos entre todos pues en realidad, en lugar de eliminarla como se eliminan las empresas inservibles o sobrantes, es imprescindible para llenar unas cuantas puertas de embarque de ese aeropuerto infrautilizado.

Hagámoslo entre todos, sobretodo entre los que tenemos mucho que jugarnos. Si esperamos que otros lo hagan por nosotros vamos dados. Todo ese grupo de prohombres de bien siguen sentados en su cómodo social de alcántara esperando que las cosas cambien a su ritmo, por entonces ellos ya habrán pensado algo para que parezca que lo impulsaron ellos.  Que maravilla.

Ecosistema de ideas

Hace unos meses escribí: “En esta nueva era, en este nuevo ecosistema plagado de ideas, en ese nuevo mar en el que deberemos navegar, los que antes entiendan que deben impulsarse con vientos desconocidos, los que sepan que es tiempo de veleros y no de lanchas motoras, esos sobrevivirán, crecerán y serán mucho más felices. Los que escuchen a sus mandatarios, a esos dirigentes aparentemente perdidos, a esos que cambian sus previsiones una y otra vez, los que esperen de ellos que les ayuden a sobre volar este momento crucial de la historia sufrirán mucho más.“ Hoy toma mayor actualidad atendiendo a como se están poniendo las cosas.
En estos días de campaña electoral en España a los políticos se les llena la garganta de la palabra “emprendedor”. La realidad paralela en la que viven estos tipos es de vergüenza ajena. Mientras algunas comunidades autónomas como la murciana emiten bonos que no podrán pagar, otros resumen sus programas electorales en un centenar de medidas que parecen sacadas de un cuento de Disney. Les juro que es para darse de baja de todo esto. Estoy convencido que una vez acabe todo esto sólo quedarán las voces de los emprendedores solicitando el cumplimiento de las promesas. De momento, lo único que recibimos son revisiones tributarias.

Todos los malabaristas que se presentan a las elecciones son de cartón piedra. No van a hacer nada de lo que prometen. No por que no sean capaces, que es una opción, sino porque lo imposible no se puede hacer. Las hipotéticas ayudas a los emprendedores y a la economía productiva, en cualquiera de las opciones políticas que se presentan supondrán exclusivamente una subida de impuestos, especialmente el iva, los servicios energéticos y sociales, sequía definitiva del crédito, estancamiento de ayudas, retraso o suspensión de pagos en la administración y modificaciones constitucionales que nos enlacen con la realidad de un país con una prima de riesgo cercana a los 500 puntos y una rentabilidad de su deuda por encima del 7%, lo que, obviamente y una vez rescaten Italia, supondrá la fallida de nuestro país. ¿Alguien piensa que la falacia del valor nominal de la vivienda que se contabiliza en los balances de los bancos de este país se va a poder mantener eternamente? ¿Acaso es factible que a cada nueva revisión del agujero contable de esos bancos aparezca una nueva ampliación de algún fondo de rescate le llamen como le llamen? ¿Es posible que Mariano Rajoy tenga contactos directos con San Pedro y así la ciencia económica afecte a España como la gastronomía al parchís?

La realidad es la que es y no voy a comentar mucho más. Ya lo hace todo el mundo. Ayer estuve ultimando algo nuevo para este blog. Un buen amigo y gran experto en economía financiera y de inversión, cuya visión sobre lo que ha pasado ya la compartía con clientes hace muchos años, incluso comentando en este blog, dirigirá un post semanal con el que esperamos hablar de “como combatir este escenario”. No va a ser el típico artículo bonachón e iluso sobre “entre todos saldremos de esto” como si la realidad económica puediera obviarse por arte de magia. Estamos donde estamos y no hay mucho que analizar, aunque si algo que aportar. Vamos a intentar, con vuestra colaboración, establecer consejos crudos sobre como sobre volar esta merienda. A nivel financiero, profesional, privado y público. En unos días os daré más detalles.

La realidad es la que es y ya comenté en su día como creí que sucedería todo esto. Hoy toma relevancia algún artículo para explicarlo. Sin querer recordar exhaustivamente todo aquello, ni asustar a nadie, si quiero comentar lo que estoy viviendo y conociendo en los últimos dos meses. Tanto colaboradores, amigos en diversos bancos o agentes de inversión ya comentan los movimientos en el campo de los depósitos.  Incluso algunos clientes de una de las empresas en las que participo societariamente, que se dedica a asesorar financieramente a particulares y empresas, sólo recibe peticiones de información de como sacar del país dinero. Por lo que me cuentan, aun asumiendo todo el aspecto legal asociado a dicha operativa, el número de personas que así lo ejecutan no para de crecer. Independientemente del valor de lo que supone secar de liquidez el sistema, algo que ya es más o menos evidente pues la falta de crédito es abrumadora, cabe detectar otra fuga que me parece aun más preocupante si cabe: la de personas que emigran buscando oportunidades en modelos de gestión y negocio que España no ofrece. No voy a hablar del estancamiento de la economía, de la recesión inminente, de la falta de ingresos fiscales, de la subida de impuestos, de la caída en el consumo, de la reducción en la facturación del turismo para el próximo ejercicio, del aumento del paro, de la previsible explosión social a mediados de año o de cualquiera de esos elementos, pues lo hace todo el mundo. Poco a poco aumentan los discursos y ponentes apocalípticos. ¿Quien los vio y quien los ve? Sin embargo son tan cobardes la mayoría y desconocen tanto lo que comentan de “oídas” que van introduciendo los términos más dramáticos a medida que son incontestables.

Espero por el bien de Europa que se vayan por el desagüe la mayoría de sus gestores públicos y sus voceros a sueldo. Si algo bueno trae todo esto es que la voz es colectiva y el gobierno cada vez representa menos en un modelo de nueva economía dependiente de factores colectivos. Hablaremos de esto en breve. Permitidme que finalice con un fragmento que me acaban de premiar en un certamen de textos para emprendedores tecnológicos y que va como anillo al dedo para afincar mi visión sobre el momento actual:

Sin creatividad no hay escapatoria y el Estado no la fomentará. Tampoco ningún escenario educativo lo intenta. Si no se inspira a la juventud, mediante un sistema educativo que genere el deseo de crear difícilmente se conseguirá que se innove y si no se innova no hay empresa. Sin empresa nueva no hay innovación tampoco. Es un maldito pez mordiéndose la puta cola.

¿Se imaginan al estado advirtiendo a los empresarios pequeños que el modelo económico está cambiando y que ellos son fundamentales en esa transición? Yo si, pero acompañado de un montón de promesas de ayudas que no llegarán justo en el instante que las transferencias de estímulo se dirijan a las grandes corporaciones que habrán pedido amparo y protección al gobierno por un “desplome de las ventas” de su sector. ¿Recuerdan lo que pasó con el sector en el que trabajaba Vicente?

(...)

El nivel de la política en este país es de todos sabido: indigencia intelectual generalizada. Si le das una patada a una piedra, de debajo salen diez inútiles dedicados a la política corriendo en todas direcciones. Hay muchísimas cucarachas ejerciendo de concejal. El valor de la chapa y el salvoconducto para aparcar donde quieran concede pretensiones a personas que en la vida civil tendrían serios problemas para comer cada día. Hay miles de excepciones, no lo dudo, pero el modelo político que evita tener gerentes en los ayuntamientos es un terrible lastre. Que diferente en otros países como en Alemania o Suecia, que unos directores generales dirigen las corporaciones como empresas, que impulsan políticas y activan procesos, a cambio que un cortacintas haga de alcalde. Allí pocas son las bromas. 

Nadar a contracorriente es divertido

Me vais a permitir que replique un fragmento del último capítulo de uno de mis libros. En concreto el que da pie al que estoy escribiendo ahora. Hace unos minutos dejé el procesador de textos donde avanzo día a día en un contenido que simula una conversación entre emprendedores que no se han cruzado jamás, y al parar, me vino a la cabeza que, antes de iniciar una crítica a los acontecimientos que la economía actual vive y a los hecho que se precipitarán sin remedio, sería bueno dejar en la huella digital cuanto pienso sobre “tomar las riendas de nuestra propia vida”. Se avecina el mayor de los desastres conocidos a nivel económico y nada ni nadie parece hacer nada por evitarlo. Seguramente ya nada se puede hacer, pero no por ello debemos abandonar. Hace unos días vendí otra de mis participaciones en una empresa y algunos de vosotros me propone que “coja el dinero y corra”. No os miento si digo que lo he pensado, pero al final siempre me viene la misma ilusión: ¿porque no poner en marcha otro proyecto? ¿porque no ahora que todo parece que se pone del revés? Cuanto más difícil más divertido.

Cuando leí que Martín Varsavsky (Fon), Anill de Mello (Mobuzz), y Michel Jackson (Skype) desestimaron utilizar Alcobendas a cambio de ir a Suiza, como sede central de una compañía nueva que estaban montando llamada Spotnik, una especie de operador móvil virtual para conectar todo tipo de chismes, pensé que era normal. ¿Pero porqué puede parecernos normal algo así? ¿Qué sucede en gran parte del mundo civilizado que nosotros no sabemos (o no queremos) reproducir?

Mientras que en Irlanda se dispone de programas dotados en su conjunto con más de 300 millones de euros aquí las ayudas brillan por su ausencia. No quiero decir que, al contrario de lo que titula este libro, ahora solicite subvenciones a los emprendedores, no, lo que digo es que en este país se está llevando una política de ayudas y programas de tipo subsidiario a acciones que nada tienen que ver con impulsar a la sociedad a tomar una actitud activa en su propia vida y en sus propios proyectos. A diferencia de cómo en Suiza, Varsavsky y sus socios pudieron activar un modelo de negocio imponiendo 50.000 euros. El gobierno suizo entregó medio millón, las oficinas y aportó personal para llevar a cabo el crecimiento inicial de ese proyecto. Las subvenciones públicas suizas encaminadas a la parálisis o a pagar el té y las pastas no existen. Han sustituido los subsidios por ayudas, el empujón para emprender ha enterrado las limosnas para sobrevivir.

Hay modelos sociales como en Irlanda que el gobierno se hace cargo del coste del despido en las empresas de nueva creación. En España, una start-up media suele fracasar por culpa del coste laboral de renovar sus estructuras. Un despido suele ser el fin.

Hace un par de años, durante la fiesta de celebración de la victoría electoral de Barack Obama, en una sala reservada y apartados del bullicio, en el Circulo de Bellas Artes de Madrid, Martóin Varsavsky me confesó que cuando él decidía apostar en un territorio cualquiera a la hora de montar un nuevo proyecto su pensamiento era siempre el mismo: “voy, llevo dinero, tecnología y empleo, si sale bien, perfecto y si sale mal no perjudico a nadie, lo importante es probar. Las ayudas en esos países permiten que muchas cosas acaben funcionando, creando empleo y, en gran medida, tecnología y modelos de crecimiento más cualitativos”. Está claro que en gran medida el hecho de que España tenga estructuralmente el doble de parados que el resto de Europa, siempre, está motivado por esa falta de capacidad para entender el “fenómeno emprendedor”, un aspecto que va mucho más allá del mero hecho de impulsar negocios tecnológicos o de “catalogar créditos ICO”, es generar tendencias de opinión y flujos presupuestarios hacía el valor fundamental de poner en marcha proyectos innovadores, que en la jungla de la economía actual, son los que acabarán perviviendo.

Si se potencia la cultura emprendedora de un país, si se le inyecta la obligación de no esperar los subsidios, la innovación llega tarde o temprano. A medida que los proyectos arrancan, estos se hacen cada vez más innovadores y las ayudas ofrecidas cada vez son más rentables. Poco a poco se genera una economía productiva de mucho más valor y de mayor competitividad. Apoyar la emprendeduría es más que aportar dinero a proyectos de Internet, es intensificar el estrato económico con la más alta tasa de cambio económico. Para ello, cuando hablamos de emprender lo hacemos desde el punto de vista de todo lo que tiene que ver con intensificar el movimiento de toda una sociedad que se ha adormecido creyendo ser (o estar) en la cúspide del bienestar, un bienestar ficticio proveniente de haber vivido en una especie de limbo diseñado por otros y que se la ha venido a llamar “clase media”. Un fragmento social que cada vez está compuesto por menos personas.

¿Por qué en España no hay esa mentalidad de cambio de manera más extendida? Fundamentalmente porque es una directiva inconsciente. Bernardo Hernandez (Google) nos comentaba a un grupo de analistas de inversión extranjera como se había comportado el gobierno español con Tuenti. Decía que, mientras que con la red social española líder las cartas y requerimientos eran continuos acerca del tema de la protección de datos, regulaciones, fotos y la manía de colgarse monedas que no se habían ganado, con Facebook Europa las cartas y solicitudes se morían por silencio administrativo ya que ni tan siquiera había un seguimiento de las mismas.

Hace un año conocí a Elisabet de los Pinos, una emprendedora seleccionada por el Foro Económico de Davos. Durante una cena tuvo el detalle de explicar el modelo de puesta en marcha de su empresa Aura Biosciences. La había instalado en Boston. Elisabet me comentó que “cada vez conocía más gente que, viendo que en España no hay opciones, se va fuera”.

En mi caso, en este preciso instante de internacionalización de dos empresas en las que participo plenamente, ese escenario lo reconozco como mío. Está claro. Incluso ahora, que he decidido emprender otro proyecto vinculado a un tema de aeronáutico, mis socios están en Boston y se relacionan a partir del Massachussets Insititut of Technology ya que aquí nadie me está ayudando a saltar los obstáculos tecnológicos, técnicos y legales para afrontar ese proyecto: un modelo de negocio que, si las cosas van medianamente bien, aportará empleo a mucha gente innovando a la vez.

No me rindo, espero que la alteración del ecosistema laboral y económico español se produzca hacía el camino que he pedido en este libro y que, con el tiempo, ese curso nuevo influya en la mutación de todo un espíritu social que ahora mismo está narcotizado.

Hay casos muy esperanzadores de cómo el “capital riesgo” español es capaz de impulsar proyectos. Softonic, Idealista, Infojobs, eDreams, Privalia, Atrápalo y un centenar de empresas de las cuales más de la mitad están fuera de Internet y tienen que ver con innovaciones en otros campos como el de procesos o el de la logística. Esto y que los jóvenes españoles que no se han pateado el año de Erasmus entre cervezas, están preparados para establecerse en otros países, puede ayudar a un retorno a medio plazo de una generación dispuesta a afrontar el reto de mejorar nuestro entorno económico y social.

Para ello hace falta perseverancia. El emprendedor que sabe que depende de si mismo el espíritu de sacrificio y la confianza es fundamental. Y en eso estamos. Imagina que estás en medio del desierto, sin nada. La certeza de que nadie vendrá a rescatarte es obvia y que la dirección correcta de escape la desconoces. Sólo puedes hacer dos cosas: o te quedas allí esperando un milagro o empiezas a andar en rumbo desconocido. Esa es la gran decisión. Yo siempre tomo la segunda, es la que recomiendo y la que las sociedades más prósperas suelen adoptar en su conjunto.

Cuando inicies el camino buscando un oasis, una salida, un lugar habitado que te permita sobrevivir a ese desierto, la opción tomada será siempre la buena pues en el mero hecho de ponerse en marcha está el éxito. A medida que el trayecto vaya aumentando podrás admitir dos posibilidades: la de admirar las dunas, el sol, el horizonte, la de disfrutar del propio recorrido o la de quejarse continuamente de la mala racha que llevas y de lo fastidioso de la situación. En ninguna de las dos estará la clave para llegar al final, el elemento fundamental será el tesón, la insistencia, el empeño, la constancia, la tenacidad y la firmeza que le pongamos al asunto. Intentarlo será el premio, no lo olvidemos.

Cuando te pongas en marcha poco importará la tipología de emprendedor que seas, pero bien irás definiendo tu propio estilo a medida que las ayudas y los subsidios se alejen irremediablemente de tu curso. Puedes ser un emprendedor soberbio, magnífico, ese vigoroso proyectista de empresas sin límite. Suelen pensar en grande y no temen a nada. Su vocación y su pasión van al unísono. Otros tipos en los que puedes verte reflejado son los exploradores, aquellos que antes de tomar decisiones analizan todo. Estos emprendedores tan racionales suelen venir de empresas grandes o de un mundo laboral muy seguro.

El emprendedor que invierte es el que pone el dinero y apoya relativamente el proyecto. Suelen acabar implicándose más de lo previsto y eso es bueno la mayoría de las veces. El emprendedor activo es el que más innova pues, habiendo tenido éxito habitualmente en todo tipo de negocios, sabe que hay que innovar continuamente y aportar nuevos elementos  para afrontar nuevos retos. Estos tienen la habilidad de “estar en todo”. El emprendedor “starter” es otro espécimen. Se dedica a montar negocios, muchos, y su estrategia de éxito es la de tener pequeños fragmentos en diversos proyectos. Suelen equilibrar los desajustes por mayorías de inversión y en un momento u otro les proponen el “gran negocio” que suelen rechazar puesto que lo que les interesa es estar en el principio de las cosas y no en el crecimiento final de las mismas. El emprendedor persistente es el que no desiste. Suelen ser muy sistemáticos y acotan bien las posibilidades pero insisten hasta lograrlo. Son directivos más que emprendedores pero responden al criterio de la apuesta personal bajo un plan de Negocios exhaustivo.

Hay tres tipos más de emprendedores a mi entender. El que sagaz, el desarrollador y solucionador. El primero suele visualizar muy rápido el proyecto pero le cuesta focalizarlo, el segundo es un “artista” en desarrollo tecnológico pero le cuesta modelar una empresa y el tercero es un experto en dar soluciones a problemas existentes.

En definitiva, si eres un emprendedor o quieres serlo verás que no es una especie uniforme y adoctrinada, es muy heterogénea y depende en gran medida de las casualidades y de las causalidades. Lo importante es levantarse y poner pies sobre el tartán.

No todo el mundo debe ser un “emprendedor que monta empresas”. Sería absurdo, como tampoco podemos reducir todo esto a un mensaje de que “para salir de la crisis es preciso que todo Dios se ponga a emprender”. No tendría ni pies ni cabeza. Lo que si tenemos que procurar es incentivar que la mayor parte de gente que está en condiciones de ser emprendedor lo sea”. Sean cien o mil, pero buenos serán. Ese nuevo curso deberá impulsar otros cambios y entre ellos el de una generación aburguesada en la nada y que peligra como clase.

¿Te has preguntado si eres uno de esos emprendedores de antes? ¿Te has preguntado previamente si tienes los rasgos de un emprendedor? ¿Estas dispuesto a arriesgar tiempo y dinero tuyo y de otras personas? ¿Estas en condiciones de enfrentarte a las dificultades que supone ese desafío? ¿Has inventado algo? ¿Estás dispuesto a que tu empresa deje de funcionar sin ti algún día? ¿Has entendido que significa que la sociedad está aletargada, adormecida, insensible,  y somnolienta?

Si has aceptado que tanta analgesia social no es buena ni para ti ni para los que vengan en el futuro, que existen opciones para cambiar el mundo que nos rodea desde una actitud crítica pero activa, de disposición al cambio y de puesta en marcha del motor colectivo, entonces este libro habrá servido de algo.

Habrá servido para interpretar un método, uno más de tantos, pero que sin lugar a dudas puede ser efectivo. Sigo intentando situar el escenario, hablar de un ecosistema que se resiste a morir pero que se regenera poco a poco hasta el punto que pronto parecerá otro. Es imprescindible buscar nuevos modelos de creación económicos, de territorios de conquista para los nuevos emprendedores y de que podemos hacer para padecer lo mínimo posible como sociedad que despierta de su largo letargo.

Durante un viaje en el Tren de Alta Velocidad francés, entre Bruselas y París, Loic Lemeur y yo estuvimos listando las oportunidades que considerábamos nos ofrecía el futuro: “es preciso que hablemos de talento global, de pensar diferente, de pensar compartiendo, de conectar cerebros, de cuenta de resultados de las ideas, del efecto contagio de la colaboración, de la garantía de la exclusividad como valor del compartir, del caudal de pensar conjuntamente y no tanto en equipo, de cambios inevitables, de gestión del conocimiento en las organizaciones del futuro, de modelos y razones de las comunidades virtuales, de alianzas de éxito como valor democrático de las empresas más débiles, de sociedades dinámicas, de las ventajas de esta crisis, de los negocios transparentes y de la recesión permeable.

Al llegar a Chatelet pensé que en eso debía ponerme y por ello nació este libro. Tuve claro que los que entendieran que esos conceptos son los vértices de un polígono repleto de ventajas, tendrían muchas más herramientas para decidir. Cuantos más seamos más sentido tendrá llevar ese brazalete, esa pulsera de la verdad que decíamos hace unos cuantos capítulos, del conocimiento, del pensar por nosotros mismos. Es momento de razonar, de emprender, de construirnos de manera individual a partir del conocimiento y no tanto del discurso oficial, para entre todos ir estimulando nuestro entorno en modelos económicos nuevos.

Estamos a las puertas de una revolución como ya lo estuvieron otros antepasados, sólo que esta vez es digital, orgánica, distribuida y global. Hace algún tiempo, al confluir diversos factores se reprodujeron sistemáticamente otros grandes cambios. La revolución industrial y tecnológica fueron grandes elementos de cambio, y  convivieron con una crisis sistémica que adelantaba una mutación real y evidente en todos los estadios de la economía. La manera de traducir aquellos cambios siempre condujo a mejores escenarios pero también con una fractura notable del propio sistema. El modelo financiero actual que se sustenta en un crecimiento del valor del dinero por encima del coste real del capital, ha provocado un desajuste insalvable a estas alturas, pero considero que más que una causa, no deja de ser una consecuencia de algo mucho más transversal y que la tecnología de la información ha acelerado, en definitiva es la gran oportunidad que unos pocos, espero que miles, sepan aprovechar para cambiar el mundo de otros muchos, espero millones.

La revolución del conocimiento surgirá del valor de las cosas y no del coste de las mismas, será el momento de las grandes factorías de ideas, de pensamientos, de dudas, de estructurar la fabricación en base a su precio esencial y no tanto al especulativo, de emprender para convertir los sueños en realidad. En esta nueva era, en este nuevo ecosistema plagado de ideas, en ese nuevo mar en el que deberemos navegar, los que antes entiendan que deben impulsarse con vientos desconocidos, los que sepan que es tiempo de veleros y no de lanchas motoras, esos sobrevivirán, crecerán y serán mucho más felices. Los que escuchen a sus mandatarios, a esos dirigentes aparentemente perdidos, a esos que cambian sus previsiones una y otra vez, los que esperen de ellos que les ayuden a sobrevolar este momento crucial de la historia sufrirán mucho más.

No es momento de subsidios sino de purgas, no es momento de alargar agonías sino de amputar aquello que está podrido. El sistema es demasiado duro y robusto como para permitir un parto sin dolor, pero el sistema no es inmune. El momento está cerca y me ilusiona enormemente que así sea. Deseo un mundo mejor para mi hijo, mejor que este. 

Emprendedor en crisis

Dos meses después de cumplir 30 años, el 11 de febrero de 1963, Sylvia Plath acomodó en la cuna a sus dos hijos de tres y un año. Cuando verificó que dormían, metió su cabeza en el horno y cocinó su último poema. El mundo civilizado está gobernado por un sinfín de Sylvias. Una vez han comprobado que dormimos como niños, han decidido abrir la llave del gas y que sea lo que Dios quiera. Los ministros de economía de este mundo ya respiran tranquilos. Saben perfectamente que aunque le pidan a la gente que se sacrifique aun más, nadie ni nada se opondrá. La crisis es culpa de todos dicen. Tienen la certeza que nadie se dio cuenta que esta crisis se cimentó por su irresponsabilidad manifiesta. Por eso ahora dicen que está todo solucionado: 135.000 millones de papel impreso en color añil a retornar su valor hipotético a tres décadas. Representa que esto hará que amaine el temporal. Es cómico, o mejor dicho, tragicómico.
Aunque no será en todas partes igual, el repunte económico se estancará cuando se retiren los estímulos o esta alegria impresora se diluya y la evidencia que otras burbujas se han ido alimentando también. Sabemos que lo de hace unos años no eran brotes verdes, era una burbuja de deuda. Las crisis que se suceden tras una explosión de una burbuja sólo se pueden combatir con la paciencia o con la gestación de otra burbuja. Por ejemplo, en Estados Unidos se ha intentado generar riqueza de un modo insensato para paliar lo antes posible una recesión gigantesca. El único modo de que eso se pueda producir es fabricando un globo de tamaño similar. Ya pasó antes. Cada vez que ese dispone liquidez a miles de millones para limitar los efectos de la tensión de la deuda, es como si se drogara el mercado. La cuestión es que como con la droga, a medida que aumentas las dosis estas cada vez hacen menos efecto.

Las Thermodesulfobacterias que penetraron en el sistema y provocaron la crisis financiera que vivimos lo hicieron de modo imperceptible a partir de 2002, cuando la FED bajó los tipos durante mucho tiempo al 1%. Ese dinero barato se canalizó en mercados inmobiliarios de medio mundo. Se hizo para generar consumo y valor en un escenario de crisis bursátil derivada de la explosión de la burbuja puntocom y a la vez se iba gestando la nueva burbuja inmobiliaria. En definitiva, podemos decir que en aquel momento los agentes responsables de la economía norteamericana se colocaron medallas inmerecidas por sacar a medio planeta de una crisis de un modo muy rápido. Nadie les ha pedido cuentas por colocarnos seis años después en un escenario siniestro. Ahora vuelven a parecer héroes de cartón que aseguran habernos sacado de la encrucijada con el “brillante” mérito de meter paladas de dinero-deuda en el sistema.

En aquella ocasión, en 2003, una oportunidad llamada burbuja inmobiliaria se cruzó en el momento justo. No hay método de salir rápido de una crisis si una burbuja no sustituye a otra. Está por ver que la burbuja de deuda que mantiene el tibio impulso de este mundo sea lo suficientemente generosa como para que logre su cometido a corto plazo. Da igual pues está claro que a medio plazo reventará como lo hacen los huevos cuando caen desde un quinto piso. Las burbujas duran lo que duran y benefician muy poco tiempo. Luego la parada técnica.

Bien, pues ya sabemos que no podemos contar demasiado con la gestión de los que deberían de sacarnos de este puré pues son parte de él. Lo engordan y lo desinflan según convenga, pero cada vez el control sobre lo que hacen se les antoja más complejo. Mientras tanto, el ciudadano de a pie con ganas de prosperar ve como se alejan sus opciones. Pues queda alguna: emprender. Tomar las riendas, dejar de lamentarse y empujar.

Que estamos y estaremos en crisis ya lo sabemos, previsiblemente esto ya no es una crisis en si misma sino un estado, no es preciso seguir informando de la obviedad. Pero me pregunto yo ¿qué emprendedor no ha estado sus primeros años en crisis? ¿cómo se puede sobrellevar esa muralla? Pues no pensando demasiado en lo que pueden hacer por mí y empezar a hacer lo que tú puedes hacer. Si llego a poner la palabra “América” parecería que os estoy incentivando a alistaros en los “marines”. Nada más lejos de mi intención.

Para lograr dar el paso, para afrontar ese paso de asalariado subvencionable, futuro parado o subsidiado perenne, nos queda el salto al vacío que lleva de la nómina a la declaración de ivas. El empleo bajo salario se está estrechando y seguir aferrado a ello es un error estratégico que puede provocar deterioro en muchos potenciales emprendedores. Está desapareciendo el empleo asalariado en masa producto de un modelo industrial, concentrado y cuyo valor competitivo era la cantidad. Esos sueldos se han implementado de un modo perverso en toda la estructura funcionarial, derivando en empresas que casi parecen instituciones por su dependencia política del régimen de turno.

Se acaba el sueldo fijo o por lo menos se debilita porque la globalización está alejando la gran producción industrial de baja calidad o de procesos mecanizados. En otros países lejanos emergentes el tema de la mano de obra es clave. Además, en España, el sector inmobiliario ya no genera empleo y gran parte del asalariado vinculado a la construcción está buscando trabajo de cualquier cosa. Otros sectores como el de servicios se va debilitando también pues el consumo se reduce y con él la contratación. Sin contratación no hay salarios. El régimen a base de verduras de la administración para reducir el déficit también adelgazara el nominal público. Es decir, el salario como lo entendemos ahora está en riesgo de ser una reliquia.

Ha llegado otro modelo de emolumento. Ahora la economía es mucho más dinámica y se basa en estructuras de productividad enlazadas con el capital tecnológico. La economía del conocimiento está avanzando y poco a poco generará espacios laborales sólidos pero con un tipo de repercusión salarial mucho menos estanca. El emprendedor y el autónomo dependiente da respuestas mucho más elementales a una economía flexible y dinamizada, donde lo que hoy es evidente, mañana es opaco y donde lo que ahora funciona perfectamente, mañana precisa de una metamorfosis brutal.

Una de las opciones para enfrentarse a un panorama complejo en lo laboral es inventarse el oficio, el puesto de trabajo y el modelo de negocio. Observar las necesidades y buscar el nicho. A partir de ahí ofertar una capacidad multiplataforma del emprendedor que sea capaz de autocrearse la actividad para crear valor añadido a otras existentes. En esa prestación de servicios inmediatos puede estar el origen de una empresa. ¿Por qué no? El puesto de trabajo del futuro es el que te inventes tú, no el que te ofrezcan. Piensa que hace falta y fabrícalo, piensa que hace tu vecino y mejóralo.

Pero no nos equivoquemos, emprender por el mero hecho de emprender no lo soluciona todo, a veces nada. Lo que nos va a dar es la energía necesaria para adoptar los cambios vitales y personales que nos permitirán ser más libres, estar más en sintonía con nuestro propio destino y nuestros propios anhelos.

Considero que no quedan muchas alternativas. O nos ponemos o el cloroformo nos llegará a las orejas. La cultura emprendedora no se enseña en las escuelas, ahora parece que empiezan algunos postgrados al efecto pero dudo de su voluntad real de cambiar modelos y no tanto de mostrar un catálogo con palabras que ahora pegan y de las que este libro está “plagado” por cierto.

Tardaremos en girar la colcha pero la giraremos y una de las razones es que no hay otro remedio. Me niego a aceptar que esto ya no se moverá. Si se potencian redes de conocimiento, si se impulsa la proliferación del capital riesgo, si las administraciones reducen la fricción en los trámites, si el impulso a la innovación crece en lugar de menguar como en los últimos dos años, si la cultura emprendedora se transmite en las escuelas de secundaria y en las universidades, tal vez, si todo eso pasa, un asalariado que pasa a ser emprendedor lo tenga algo más fácil y con ello, un país como el nuestro, esté más cerca de la cabeza económica del mundo civilizado.

Emprender para muchos será la única salida, para otros no. Puede que muchos tengan otras opciones, pero, por higiene intelectual recomiendo ponerse en la piel del primero. Imaginemos que no tenemos más remedio que emprender. Poco a poco, conozco algún caso de emprendedores sobrevenidos, que llega el primer cliente, la primera factura, el primer empleado y el primer cobro. Esos momentos son gloriosos. Encajar la emoción que supone tocar la superficie de los sueños que hace unos meses desconocías tener es maravilloso.

Los que hemos puesto en marcha nuestros sueños, sin saber si era posible tan siquiera, sabemos que es eso de pasar noches en vela, redactando, corrigiendo, trabajando en la soledad de las noches y los días que se amontonan unos encima de las otras. Vivir es ese domingo por la tarde, exhausto pero ilusionado, viendo desde la ventana del despacho como las familias pasean, las parejas hacen cola para el cine y el mundo no se detiene en su curso sinuoso de fin de semana. Obsesiones y retos, momentos duros que a veces no producen más que disgustos pero que cuando se reproducen con todo su brillo y belleza son la entrada perfecta a un club diferente, el “club de los soñadores”. Soñar y emprender van juntos, juntos en la búsqueda, tal y como están las cosas, de la única salida a parte de internacionalizarse.

Apple+

En Los Angeles se habla de dos cosas. De Apple y de Apple. Por un lado por que hoy presenta sus beneficios del segundo trimestre y por otro porque, la compañía que fabricó el computador desde el que os escribo, el teléfono desde el que os llamo y el tablet desde el que me zampo películas en los viajes transatlánticos, ha decidido meterse en medio de la guerra abierta entre Facebook y Google con el tema de las redes sociales y el territorio a conquistar.
En el primer tema se cree que la empresa californiana superará con creces sus propios pronósticos, que establecían unos ingresos en los últimos tres meses en torno a 24.750 millones de dólares con un incremento que podría estar cerca de un cien por ciento en términos interanuales.

Ese porcentaje estaría en sintonía con los números presentados por Apple en su segundo trimestre fiscal, cuando tuvo un aumento de su ganancia neta de un 94,7 % con respecto al mismo período de 2010, y sus ingresos se elevaron un 82,7 %.

La demanda de teléfonos iPhone en todo el mundo impulsó las ganancias de Apple en el arranque de 2011 y esa tendencia habría continuado entre abril y junio con la venta de casi 20 millones de unidades, aproximadamente el doble de terminales que un año antes, según los cálculos de JP Morgan.

Apple habría despachado casi ocho millones de iPad 2 entre abril y junio pasados, a pesar de los problemas iniciales de abastecimiento ante la fuerte demanda.

Además del iPhone y del iPad, se prevé que la empresa de Steve Jobs, quien está ausente de la gestión diaria por encontrarse con una baja médica desde principios de año, continúe ofreciendo buenas cifras de negocio para su división de computadoras Mac, aunque seguirá el paulatino declive de las ventas de reproductores iPod.

En cuanto al segundo tema, según el International Business Times resulta que varios empleados de la compañía Google sostienen que Apple está retrasando el lanzamiento de la aplicación de Google+ para el sistema operativo iOS “de forma intencionada”, debido a que la aplicación fue enviada para su aprobación hace dos semanas y todavía no está disponible para los dispositivos móviles de la compañía de Steve Jobs.

A principios del mes de julio, una desarrolladora de Google Erica Joy anunció que la aplicación para iOS de la nueva red social de los de Mountain View, Google+, ya estaba lista, había sido enviada a Apple y estaba pendiente de aprobación para ser publicada en la App Store y estar a disposición de todos los usuarios.

Sin embargo, una serie de informes a los que ha tenido acceso Business International Times aseguran que algunos empleados de la compañía Google sospechan que el retraso en el lanzamiento de la aplicación no tiene nada que ver con la calidad o los procedimientos exhaustivos que Apple sigue para lanzar las aplicaciones sino por el “recelo” que tiene la compañía de Steve Jobs de lanzar aplicaciones de Google para su sistema operativo.

Apple es conocida por las rigurosas pruebas a las que somete a las aplicaciones que quieren entrar a formar parte de la tienda de apps de la compañía, rechazando la mayoría que según Apple no se ajusta a sus normas.

Por el momento, la compañía de la manzana no ha hecho declaraciones al respecto de estos comentarios ni sobre cuándo lanzará definitivamente la aplicación de Google+ para iOS.

Tengo la impresión que la guerra entre redes sociales, atendiendo que Microsoft también ha lanzado su candidatura a reinar ese modelo de negocio, es el símbolo de su inminente transformación. El tiempo dará y quitará la razón pero parece evidente que la publicitodependencia no va a ser un buen negocio a largo plazo. Parece evidente que o bien facebook o bien Google+ se convertirán en el sistema operativo de la inteligencia social de la gestión colectiva.

El modelo de gestión de esas plataformas demuestra que el uso social y vertical de sus estructuras si permite otros modelos mucho más interesantes.Apostar por generar comunidades y entornos a partir de intereses proporciona un éxito en la complicada amalgama de compuestos de la reputación digital, la biografía social y la presencia integral en los entornos sociales y digitales.

Desde el punto de vista de un antiguo gestor financiero intuyo que los activos de la red están en cuarentena aunque no lo reflejen sus cifras y tasas. Excepto Apple y Google con un claros modelos de negocio, otras empresas vinculadas al nuevo orden digital pueden estar teniendo incipientes síntomas de pérdida de oportunidad. La salida a bolsa de las llamadas empressas social networks no ha sido todo lo brillante que se esperaba. No ha habido destellos y con el tiempo puede haber apagones. Esto no quiere decir que no se deba atender a su importancia, sino que se debe asumir su espacio real.

Las estrategias en la red, sea social o no, ya no pueden limitarse a la expectativa, a la gestación de perfiles o a la estructuración básica de presencia distribuida. A través una nuevo grupo de trabajo en el que me han invitado a pertenecer y que, seguramente se convierta en un proyecto empresarial muy innovador, estamos investigando como se conforman estrategias integrales de identidad social para compañías e instituciones. En todo caso, las redes sociales jugarán su papel, pero las grandes empresas que componen los pilares en los que se sustentan le quitan un enorme glamour a eso de la inteligencia social, la sociedad aumentada y otras definiciones brillantes que esconden realidades mucho más oscuras.

The Start-Up of You

En Los Angeles estos días se habla de un artículo de opinión de Thomas Friedman titulado “The Start-Up of You”. Hace referencia al valor de emprender por uno mismo, de lanzarse a mejorar y de hacerlo con un sentido estratégico, pero sobretodo explica lo importante de encontrar la oportunidad en la desidia de otros, el camino del éxito en el fracaso global y la opción del triunfo en la caída de la eficiencia de los sistemas del pasado. Define el valor de innovar y de hacerlo por uno mismo como elemento diferenciador y estratégicamente a fin de aportar lo necesario para ser “lo que buscan las empresas”. Es algo más que formarse, es una actitud, un modo de entender el mundo de la empresa hoy en día.

Facebook es ahora una empresa de un valor cercano a los US$ 100 mil millones, Twitter está valorado en US$ 8 mil millones, Groupon en US$ 30 mil millones, Zynga en US$ 20 mil millones y LinkedIn en US$ 8 mil millones.

Las compañías de este tipo, situadas en Sillicon Valley son las de un crecimiento más rápido en Internet. Son redes sociales que aprovechan elementos analógicos.

La clave es que ellos no emplean a mucha gente en relación con sus valoraciones contables. La verdad es que lo que hacen es  contratar de ingenieros con talento. Es curioso pero lo que más sorprende hoy en día de este tipo de empresas es que la mayoría han aprovechado la presión de la recesión económica para ser más productivos mediante la implementación de tecnologías de la automatización como software, outsourcing, robótica o cualquier cosa que se pueda utilizar para mejorar y rentabilizar procesos.

Todos ellos están buscando el mismo tipo de personas -las personas que no sólo tienen la capacidad de pensamiento crítico para hacer los trabajos de valor añadido sino también gente que pueda inventar, adaptar y reinventar su trabajo todos los días, en un mercado que cambia más rápido que nunca.

Los graduados universitarios de hoy deben ser conscientes de que la tendencia al alza en el Silicon Valley es la evaluación de los empleados cada tres meses, ya no es anualmente. Debido a la globalización y la revolución de los productos nuevos se están eliminando las valoraciones de gestión de un modo tan rápido que las empresas no pueden permitirse el lujo de esperar hasta el final del año para saber si un jefe de equipo está haciendo un buen trabajo.

¿Puede esta persona agregar valor a cada hora, cada día y hacerlo más que otro trabajador de la India, un robot o un ordenador?  ¿Puede ese trabajador adaptarse a todos los cambios que mi empresa necesita implementar a tiempo real? En el mundo hiperconectado de hoy en día, más y más compañías no pueden y no van a contratar a personas que no cumplan esos criterios.

Esta es precisamente la razón principal de empleabilidad para el fundador de LinkedIn, Reid Garrett Hoffman, uno de los principales estímulos en el origen de Silicon Valley (además co-fundador de LinkedIn, está en el consejo de Zynga, fue uno de los primeros inversores en Facebook y se sienta en el consejo de Mozilla) y tiene un libro llamado “The Start-Up of You” en coautoría con Ben Casnocha. Su subtítulo bien podría ser: “¡Eh, recién graduado! Aquí te muestro cómo construir tu carrera en la actualidad.”

Para empezar, dice Hoffman, hay que erradicar el plan de negocio de 100 páginas y pasar a ejecutar una idea de una vez, a través de la experimentación y de la adaptación sobre la base de lo que aprenden. También nos habla de utilizar la red para sacar  la información a partir de la inteligencia social para averiguar donde están las oportunidades de crecimiento para luego invertir en ti mismo y desarrollar habilidades que te permitirán tomar ventaja de esas oportunidades.

Ya no se puede decir “Tengo un título universitario, tengo derecho a un trabajo, ahora otra persona debe encontrar la manera de contratarme y capacitarme”. La verdad es que “tienes que saber en que están trabajando las empresas y lo que está sucediendo dentro de ellas para luego encontrar una manera de agregar valor de un modo que nadie más pueda hacerlo. Si para los empresarios la clave es diferenciarse o morir, ¿porque no lo debe ser para el empleado o el emprendedor interno?”.

El artículo acaba con un suceso que yo viví en primera persona. Antes de poner EBNT Media y venderla al grupo de inversión alemán Nagerman BG, la idea de crear una plataforma empresarial capaz de integrar móvil y televisión que acabó resultando ser el chatTV que durante años reinó en las televisiones italianas, alemanas y españolas, estuvo precedida por centenares de ideas, bocetos, hojas arrugadas y papeleras llenas. Tras ese ajuste creativo llegó la clave que otro día explicaré.

El ADN emprendedor

Dicen que las crisis son tiempos para las oportunidades. Eso es demasiado genérico como para aceptarlo como norma. Una época de dificultad como la actual no deja de ser un escenario de dificultad añadida al ya difícil mundo de la emprendeduría. El coste de poner en marcha una empresa o un proyecto cualquiera es muy alto en tiempo, esfuerzo y sacrificios. Se debe asumir desde el principio el enorme reto que se te presenta en frente justo en el instante en el que decides arrancar.
El emprendedor tiene una morfología particular. Se diferencia de otros individuos por ser creativo en mayor o menor medida, disponer de una gran intuición, incluso si fracasa, de un grado de optimismo patológico que puede perfectamente mezclarse con un espíritu crítico y analítico de la realidad, un emprendedor no es un iluso, es un valiente que decide tirarse por un acantilado sin saber, muchas veces, que le espera allí abajo.

El emprendedor tiene un ADN compuesto por empuje, decisión, observación y energía para soportar los temporales que se encontrara en su camino. En España, además, el emprendedor suele tener dos caracteres más: la paciencia para tolerar la pesada administración pública y su burocracia e inconsciencia bien entendida para sobrellevar el riesgo de exclusión si te arruinas en este país.

Me gustaría destacar que no sólo de emprendedores es la tarea de mejorar nuestro entorno, tiene que ver con muchos otros elementos sociales. La multitud es el todo y es quien debe poner en marcha los resortes del cambio. Los gobiernos y los poderes políticos, públicos, financieros y privados, todos son la clave, pero la sociedad en su conjunto, emprendedores y emprendidos, todos adeudan ese impulso hacía un futuro más equilibrado y activo, donde ser concursante de Gran Hermano no sea el objetivo de millones de jóvenes por que consideran que siendo famoso la vida será más fácil.

No sólo de emprendedores va esto, también de todo lo que conlleva estimular cambios de conducta para tomar las riendas de tu propia vida, seas o no empresario, joven o anciano. No hablamos de estereotipos, pero si de actores. Hay personas que han nacido con una actitud en la vida que los posiciona como agentes de cambio, otros que se ven impulsados a ello.

La crisis debería despertar en muchos ciudadanos su inquietud por emprender. Este momento, aparentemente poco propicio para poner en marcha proyectos, es uno de los más complejos por los que pasará la mayoría de las generaciones que les tocaron vivir. Con un endurecimiento del crédito, sin dinero público para invertir en reflotar la economía, con el consumo cayendo y sin expectativas de mejora, el horizonte no parece el más brillante para los que han decidido arriesgarlo todo por una empresa.

El emprendedor no deseo feliz 2010 la nochevieja de 2008. La broma por aquellas fechas era no desear un buen año 2009 ya que todo hacía presagiar que sería un año lleno de calamidades en lo económico. Así fue no obstante, pero los que tenían en su mente emprender o hacía poco que se habían puesto en marcha con un nuevo proyecto (como era mi caso), desearon un 2009 lleno de éxitos. Eso no sé si está en el ADN, pero donde seguro reside es en el deseo de impulsar cosas, de no acomodarse a un mundo cada vez más incierto y donde no es preciso hacer nada para vivir puesto que “alguien” se encarga de borrar tu voluntad a cambio de que tus necesidades mínimas queden cubiertas.

Tengo claro que sembrar en tiempos de crisis repercute en una empresa mucho más robusta posteriormente. Enfrentarse al paro estructural de países como España sólo se podrá hacer a partir de la creación de negocios nuevos y eso si que tiene que ver con una manera de interpretar la vida y la existencia por parte de los que nos sentimos emprendedores.

Las dudas sobre el perfil de un tipo que se dedica a montar empresas y casi ni a disfrutarlas es algo difícil de calibrar. Es posible que esté tatuado en alguna especie de versión molecular de su organismo. No lo sé pero suena siniestro que así fuera. Es como si el resto de la sociedad, esa que duerme la siesta en el sofá social sin inquietarse, no tuviera ninguna función más que esperar a que les despierten puesto que los “emprendedores con ADN de emprendedor” ya se encargarán de poner patas arriba esta sociedad. Pues no.

Creo que todos tenemos esa titularidad. Plantearse un objetivo y un plan para lograrlo es algo que ha hecho todo el mundo en algún momento de su vida. Calcular como se logrará, que exactamente, quien nos ayudará, cuanto costará y desde donde lo haremos son las preguntas que cualquier individuo se plantea ante un reto personal. Lo mismo que los negocios, pero al igual que en lo cotidiano, las empresas requieren que arriesguemos, que nos la juguemos. En esas preguntas hay alguna que va implícita como ¿qué me va a pasar si no lo logro? Precisamente esa última cuestión es la que frena muchos proyectos.

Fragmento que aparece en el libro “Contra la Cultura del Subsidio”

Emprendedores alemanes

Hablando ayer con un emprendedor alemán durante el vuelo de Los Ángeles a Panamá entendí me reafirmé en algunos de los elementos que reflejé en mi último libro sobre el modo en que otros países afrontan el modelo de emprendeduría y acción social en todo su conjunto. El germano en cuestión resultó ser uno de los fundadores de Zusammen. Eso me ha hecho recordar lo que considero de ese espíritu emprendedor alemán, el modo en que se implica la administración y, sobretodo, como se contempla socialmente su ecosistema natural con el resto de layers.

Si atendemos al modelo alemán veremos que en lo administrativo los esfuerzos han ido encaminados a reducir la fricción a la hora de montar un negocio. Allí, por ley, una empresa debe estar disponible en dos días. Eso ayuda a que grupos de emprendedores sin grandes recursos y mucha prisa puedan adoptar sus modelos de negocio con mucha más facilidad. Sin embargo el cambio en Alemania con respecto a otros entornos es que ese proceso está liderado por un cóctel informal de capital riesgo, proyectos audaces y charlas de bar. Las conversaciones ahora en algunos centros de desarrollo tecnológico de las principales ciudades alemanas gira en torno al número de usuarios únicos y de audiencias digitales. En España es cierto que hay una efervescencia en ese sentido pero parece responder más a una salida calculada a la imposibilidad de montar negocios con infraestructura compleja y que la digitalización de todo permite reducir costos e implementar el teletrabajo como sistema inicial. Luego ya se verá. En Alemania nada es improvisado. La burbuja puntocom también se cebó allí hace una década y lo saben bien.

Al contrario de lo que pasa por estos lares, los patrocinios son mucho más heterogéneos. Son muchas las empresas que están dispuestas a apoyar proyectos y a emprendedores en sus eventos o en sus productos más radicales. Aquí eso sólo pueden llevarlo a cabo las grandes empresas de siempre, coaccionando el desarrollo de nuevas iniciativas a las del gusto del patrocinador, y este siempre acaba siendo el mismo. El resultado: poca variedad emprendedora.

Leí a Rodolfo Carpintier en cierta ocasión describir ese modelo de apoyo a la emprendeduría digital. Se trataba de que un grupo de emprendedores alemanes que se habían hecho de oro gracias a Internet se organizaran en Berlín fundamentalmente para apoyar como Business Angels a otros emprendedores germanos. El resultado fue impresionante y algunos de esos apoyos se han convertido en verdaderas multinacionales que operan en medio mundo.

Se debe decir que, guardando la diferencia, precisamente están intentando lo mismo en España. Hay decenas de encuentros, citas, reuniones, clusters, que dinamizan los mecanismos que permitirán ayudar a emprendedores noveles a triunfar. Todavía la diferencia entre países, y eso lo conozco bien, es cuando el apoyo limita el territorio. Me explico, mientras que el inversor o ‘angel‘ empieza a examinar tu proyecto y se toma unos días o semanas para analizar la viabilidad de entrar en tu empresa, en España te impone muchas veces “focalizar en este país y luego ya veremos si salimos fuera”, en Alemania eso es completamente al revés. La filosofía y el valor emprendedor de los alemanes va directamente ligado a su voluntad por exportar. Ser la primera potencia exportadora del mundo es algo que se lleva en el modelo estructural y el emprendedor lo sabe, por ello afronta sus proyectos en ese sentido.

En términos generales, podemos decir que hay países que la emprendeduría es un estado de ánimo. Algo que va en paralelo a la manera de afrontar la vida. El caso es que no siempre ese “estado” es el que esperamos o creemos. Hay mucho tópico que viajando se curan. En Estados Unidos es evidente que lideran lo de ponerse manos a la obra, en Alemania su voluntad de exportar y en otros países el enfrentamiento al cloroformo social se interpreta de muchos modos.

Cortocircuito social

Escribo camino a Los Ángeles para cerrar un importante acuerdo. Lo hago pensando en lo que se avecina. Hace años comenté que por el horizonte se avecinaba una enorme bola de mierda. Poco después hablé de quiebras bancarias, cierres de empresas y aumento de paro que multiplicarían por cinco los que había entonces. Más tarde empecé con lo de que la cosa se ponía fea en los circuitos bancarios, en los ayuntamientos y derivados. Ahora todo eso es ya una evidencia y el peso de lo cotidiano es tan alto que no podemos ni respirar. Hoy no voy a hablar de emprender, ni de huir, ni de internacionalizar, ni de redes sociales, ni de nada. Lo volveré a hacer mañana, hoy estoy bajo de moral.
Esta noche he hablado con un amigo en Grecia que dirigía una de las empresas más importantes de Tesalónika. Ahora se dedica, tras desayunar en casa de su madre, a tirarle piedras a cualquier coche oficial que pase frente suyo. Lo hace en equipo y rodeado de parados y embargados cada día durante cuatro o cinco horas. Como uno tiene amigos en medio mundo a veces hago la ronda para ver como andan. Ayer hablé con otro amigo, este portugués que vive en Oporto. Me describía su vida. Nadie mueve dinero, crece el trueque y los parados no se ocupan por no tener que facturar con el 24% de IVA que ahora les imponen. Quien sabe cocinar cocina a quien sabe cortar el césped, y éste se lo corta a quien tiene ropa que vender. Poco a poco se está desintegrando el modelo tradicional del capital y el valor asignado. Resulta que como no se puede pagar a los funcionarios, éstos se están convirtiendo en inspectores que lo inspeccionan todo para generar multas que subvencionen sus propios puestos públicos. Una cadena que sólo conduce al desastre.

En España las cosas no serán muy distintas me temo. Ahora ya sabemos que las elecciones serán en noviembre. No lo serán por un aspecto político, ni tan siquiera por que la evidente pérdida de sintonía entre el PSOE y la ciudadanía sea insoportable, que tampoco es para tanto, sino porque la segunda fase y definitiva del deterioro del modelo económico español se acerca irremediablemente. De acuerdo que “no nos dejarán caer”, seguramente no veremos la evidencia de la suspensión de pagos de la mayoría de organismos públicos, pero si notaremos la estrechez financiera.

Que hay que emprender, fijo, que hay que pensar en hacerlo fuera, lo recomiendo, pero que independientemente de eso vamos a asistir a la deconstrucción de una sociedad que se alimentaba de sus propia desidia y de sus márgenes comisionados también. Emprendiendo uno se enfrenta al sistema e incomoda al establishment también. Bienvenidos a la era de los recortes y de los pagos tributarios.

Hace unos días me confesaba un directivo de una entidad financiera española: “si la gente supiera la verdadera liquidez que tiene el sistema no se lo creería”. Y a todo eso la gente salió a la calle y se habló mucho de ello. Ahora algunos regresaron a sus ordenadores, otros a sus reuniones de barrio y la mayoría a un limbo líquido donde se regeneran las pasiones. Veremos en breve como todo esto del 15M y ahora 19J no era más que una mota de polvo que empezó a matizar un modelo social que va a tener que escuchar si o si a grupos sin portavoces ni líderes. El nuevo modelo requiere a los de dirigentes de siempre aunque ahora muchos digan que “han escuchado al pueblo“. Los indignados sólo es gente harta, exhausta de tanta humillación y en pleno proceso de recuperación de sus sueños.

Os dejo con el video que emitió hace pocos días France 2 sobre todo esto. Lo han subtitulado, pero os recomiendo que escuchéis el tono y la frecuencia de la voz en Off. Mañana volveré a intentar dar las claves de cómo tirar para delante, pero hoy no he sido capaz. Por mucho que hagamos el agujero es tan profundo y oscuro que nos engulle inapelablemente. Les pasa a irlandeses, griegos y portugueses y nos va a pasar a nosotros, a los italianos, belgas y derivados. En ese planteamiento de incerteza siniestra hay que poner los tacos y preparar el punto de partida.

Aprender emprendiendo

Ayer estuve en una mesa redonda que giró entorno a las nuevas profesiones. El tema principal era determinar la importancia de la formación para ser “empleable”. Intenté en todo momento desvincular todo ello y apostar por la gestión del fracaso adecuadamente como el mejor modelo de aprendizaje y su vínculo con el modelo de emprendeduría que yo defendí. A mi modo de ver, la economía digital permite atender con eficiencia ese valor. Aprender emprendiendo y emprender aprendiendo no dejan de ser las características principales de las start-up tecnológicas o de tipo digital que cada día nacen.
Apoyé el esfuerzo de emprender como el escenario único para algunas personas. En concreto hablé de que cuando con cincuenta años te quedas en paro lo más probable es que no vuelvas a trabajar por cuenta ajena en la vida y por lo tanto, una formación continua de reciclaje y una apuesta por la experiencia pueden ser los elementos que, emprendiendo un proyecto personal, ese pálido futuro no lo sea tanto.

Me tocó hablar de negocios digitales y, precisamente comenté algo que irá apareciendo en un futuro próximo y que explicaré más detenidamente a partir de septiembre. Una de las compañías en las que puse todas mis energías durante meses ha sido participada por una compañía tecnológica norteamericana. El método ha sido el que últimamente impera en esas latitudes. Cuando tu desarrollo tecnológico ya es una realidad, pero aun no está en el mercado, un gigante te hace una oferta que garantiza el desarrollo al más alto nivel y mucho más rápido pero pierdes la marca y el control.

Te quedas como “observador” de los que, con tu empresa, deciden que hacer. Es un logro, dicen, algo que no esperas cuando empiezas, pero sin embargo el anhelo de ver el logo de ese proyecto que has parido en todos los ordenadores del mundo se desvanece. Tras un acuerdo de este tipo te quedan unas relaciones y un networking impresionante a la vez que un aprendizaje interesante de cómo funciona el mundo por allí. No digo que sea mejor ni pero, sólo que allí hay oportunidades que aquí cuesta alcanzar. En tan solo 11 meses hemos transformado una idea original, en un software que ha interesado a una de las centenares de compañías participadas por Innovative Travel Tech.

¿Lo hacemos?

Muchas veces en este blog comentáis que un mundo lleno de emprendedores es inviable. Cierto. Alguien debe emprender (negocios) y otros deben ayudar a que sean prósperos. Pero me gustaría aclarar algo que en mi último libro (y en el que viene) reflejo. No todo el mundo debe ser un “emprendedor que monta empresas”. Sería absurdo, como tampoco podemos reducir todo esto a un mensaje de que “para salir de la crisis es preciso que todo Dios se ponga a emprender”. No tendría ni pies ni cabeza. Lo que si tenemos que procurar es incentivar que la mayor parte de gente que está en condiciones de ser emprendedor lo sea”. Sean cien o mil, pero buenos serán. Ese nuevo curso deberá impulsar otros cambios y entre ellos el de una generación aburguesada en la nada y que peligra como clase.

¿Te has preguntado previamente si tienes los rasgos de un emprendedor? ¿Estas dispuesto a arriesgar tiempo y dinero tuyo y de otras personas? ¿Estas en condiciones de enfrentarte a las dificultades que supone ese desafío? ¿Has inventado algo? ¿Estás dispuesto a que tu empresa deje de funcionar sin ti algún día? ¿Has entendido que significa que la sociedad está aletargada, adormecida, insensible y somnolienta?

Si has aceptado que tanta analgesia social no es buena ni para ti ni para los que vengan en el futuro, que existen opciones para cambiar el mundo que nos rodea desde una actitud crítica pero activa, de disposición al cambio y de puesta en marcha del motor colectivo, entonces sigue leyendo…

Seguiré intentando situar el escenario, hablar de un ecosistema que se resiste a morir pero que se regenera poco a poco hasta el punto que pronto parecerá otro. Es imprescindible buscar nuevos modelos de creación económicos, de territorios de conquista para los nuevos emprendedores y de que podemos hacer para padecer lo mínimo posible como sociedad que despierta de su largo letargo.

Durante un viaje en el Tren de Alta Velocidad francés, entre Bruselas y París, Loic Lemeur y yo estuvimos listando las oportunidades que considerábamos nos ofrecía el futuro: “es preciso que hablemos de talento global, de pensar diferente, de pensar compartiendo, de conectar cerebros, de cuenta de resultados de las ideas, del efecto contagio de la colaboración, de la garantía de la exclusividad como valor del compartir, del caudal de pensar conjuntamente y no tanto en equipo, de cambios inevitables, de gestión del conocimiento en las organizaciones del futuro, de modelos y razones de las comunidades virtuales, de alianzas de éxito como valor democrático de las empresas más débiles, de sociedades dinámicas, de las ventajas de esta crisis, de los negocios transparentes y de la recesión permeable”. Aun hoy sigo pensando en todo aquello.

Al llegar a Chatelet pensé que en eso debía ponerme y por ello nació el libro “Contra la cultura del subsidio”. Tuve claro que los que entendieran que esos conceptos son los vértices de un polígono repleto de ventajas, tendrían muchas más herramientas para decidir. Cuantos más seamos más sentido tendrá llevar ese brazalete, esa pulsera de la verdad que comento en el libro en cuestión, del conocimiento, del pensar por nosotros mismos. Es momento de razonar, de emprender, de construirnos de manera individual a partir del conocimiento y no tanto del discurso oficial, para entre todos ir estimulando nuestro entorno en modelos económicos nuevos.

Estamos a las puertas de una revolución como ya lo estuvieron otros antepasados, sólo que esta vez es digital, orgánica, distribuida y global. Hace algún tiempo, al confluir diversos factores se reprodujeron sistemáticamente otros grandes cambios. La revolución industrial y tecnológica fueron grandes elementos de cambio, y  convivieron con una crisis sistémica que adelantaba una mutación real y evidente en todos los estadios de la economía. La manera de traducir aquellos cambios siempre condujo a mejores escenarios pero también con una fractura notable del propio sistema. El modelo financiero actual que se sustenta en un crecimiento del valor del dinero por encima del coste real del capital, ha provocado un desajuste insalvable a estas alturas, pero considero que más que una causa, no deja de ser una consecuencia de algo mucho más transversal y que la tecnología de la información ha acelerado, en definitiva es la gran oportunidad que unos pocos, espero que miles, sepan aprovechar para cambiar el mundo de otros muchos, espero millones.

La revolución del conocimiento surgirá del valor de las cosas y no del coste de las mismas, será el momento de las grandes factorías de ideas, de pensamientos, de dudas, de estructurar la fabricación en base a su precio esencial y no tanto al especulativo, de emprender para convertir los sueños en realidad. En esta nueva era, en este nuevo ecosistema plagado de ideas, en ese nuevo mar en el que deberemos navegar, los que antes entiendan que deben impulsarse con vientos desconocidos, los que sepan que es tiempo de veleros y no de lanchas motoras, esos sobrevivirán, crecerán y serán mucho más felices. Los que escuchen a sus mandatarios, a esos dirigentes aparentemente perdidos, a esos que cambian sus previsiones una y otra vez, los que esperen de ellos que les ayuden a sobrevolar este momento crucial de la historia sufrirán mucho más.

Como digo al final de algunas conferenecias, acabaré con algo que me gustaría que fuera lo último que (si mañana muero) escucharais de mi:

No es momento de subsidios sino de purgas, no es momento de alargar agonías sino de amputar aquello que está podrido. El sistema es demasiado duro y robusto como para permitir un parto sin dolor, pero el sistema no es inmune. El momento está cerca y me ilusiona enormemente que así sea. Deseo un mundo mejor para mi hijo, mejor que este. ¿Lo hacemos?

Actitud Emprendedora

Un grupo de innovadores educativos están impulsado un proyecto denominado valores para triunfar“. Con el objetivo de aportar factores para que los adolescentes puedan construir su mejor futuro y eviten repetir errores de sus mayores se han propuesto llevar a los jóvenes españoles los valores, desde un punto de vista emprendedor, del triunfo. Éxito y triunfo no son lo mismo. Competitividad y ganar no son consustanciales. En el fragmento de mi aportación que podéis ver en este video intento ajustarme a la idea de lo importante que será que toda esta gente joven asuma el reto de generar nuevas maneras de invertir, trabajar, emprender y hacerlo en base a los nuevos escenarios económicos, más sociales, tecnológicos y equilibrados. Eso hará, en definitiva que el modelo productivo mejore a la vez que lo hace la sociedad.
En este video promocional del proyecto colaboran diversas personalidades del mundo empresarial, deportivo, cultural, social y científico para que cuenten el relato de su éxito y los valores que les han llevado a ello, para traspasárselos a esos jóvenes en un programa intenso que se debe enlazar en breve. Tuve el honor de ser uno de los que fueron propuestos para participar. Entre las actividades futuras está la de acceder directamente a esos chicos en sus propios espacios naturales de relación a fin de inyectar ese “veneno” de emprender.

Yo entiendo el triunfo como el ejercicio diario de la libertad personal. Hay muchas otras maneras, en mi último libro hablo de algunas experiencias en África que yo mismo viví y que nada tenían que ver con la empresa directamente y si con las relaciones humanas que luego me capacitaron para dirigir empresas. Sin embargo, en la actualidad estoy centrado en ejercer una de esas: emprender. Emprendiendo, y haciéndolo con valores sociales de justicia y equilibrio, se puede uno enfrentar directamente con el discurrir de tu propia existencia.

Fracasos, sueños rotos, dudas y, en definitiva, crecimiento, son los elementos que a mí me impulsan cada día a no pararme en el andén. Hoy os escribo desde la T4, a pocos metros de mi vuelo a Los Ángeles. Durante tres semanas volveré a proyectar en países diversos, diferentes proyectos y también volveré a estimular la acción empresarial de aquellos que me han contratado para internacionlizar sus compañías. Es una manera de vivir mi propia vida, seguramente no es la mejor, pero es la mía.