Política

La verdadera 'recuperación' es asunto de todos

Sabemos que se crean más empresas, pero que se hacen con menos capital. Aunque hablo de España, es algo que se repite en algunos de países de nuestro entorno. Obviamente el primer elemento a tener en cuenta es que no hay financiación, por lo menos no la que nos prometieron cuando dijeron que ‘todos los sacrificios de la banca por sanearse repercutirán en una apertura del grifo’.
De momento, lo único que sabemos es que en términos generales es que ‘el grifo’ sigue goteando y para nada ha aparecido el chorro y lo que va trascendiendo sobre los motivos de la denostada mala salud (anterior) del sistema es pura basura. La recuperada buena salud (que pagaremos todos) resulta que no acaba de trasmitirse donde es urgente que se traslade. O se estimula la financiación o será imposible tratar ‘face to face‘ contra los competidores asiáticos, americanos y, pronto, africanos.

Es muy preocupante, utilizando datos nacionales, que sean 170 millones de euros menos invertidos en la creación de empresas según el informe de Axesor. El mismo estudio asegura que en los 30 días del mes anterior, se necesitaron 263 millones para poner en marcha 6.147 empresas, mientras que el promedio anual en esta partida es de 531,4 millones. La anunciada ‘recuperación’ no llegará si las empresas no tienen capital para invertir por muchas que se funden. Hablamos de la gasolina para competir, para investigar, para crear compañías de la nueva era que nos ha tocado vivir.

¿Dónde está la explicación? En tres campos. Uno bueno y dos malos. El bueno es que a medida que pasa el tiempo, la economía digital permite fundar empresas, startups, modelos de negocio que requieren menor capital inicial y mucho de talento, dedicación y métricas que luego pueden lograr inversión. A esto, sin embargo, habría también que sacarle punta pues, mientras que en Israel, Estados Unidos, Irlanda, Eslovenia, Chile, Corea, Nigeria, Sudáfrica, Reino Unido, Polonia, Rumania, Canadá y dos docenas de países más que se están comiendo el pastel del futuro inminente, a pesar de generar empresas de esta índole, la capitalización inicial supera año con año al anterior.

Pedir que la Nueva Economía, la sociedad del conocimiento, la empresa tecnológica y el cambio de modelo en el crecimiento de un país se apoye en compañías sin dinero, sin financiación y sin capacidad para lograrlo, a expensas de que todo dios se dedique a poner horas y talento, es mucho pedir. Competir en este nuevo escenario requiere de talento, de una buena formación, de políticas dirigidas a estimularlo, de implicación, de liderazgo ejecutivo y, sobretodo, de dinero. Mucho dinero.

En eso de conquistar el futuro deben jugar todos. La lástima es que unos están preocupados en sus cosas pequeñas, en sus líos de juguete que dan lástima y otros en las grandes epopeyas que no sabemos a que responden visto lo visto. En eso de ser competitivos y tener empresas que sepan trasladar a riqueza cuanto crean y exploten, a ser líderes en impresión 3D, en conducción automatizada, en big-data, en gestión de la realidad virtual, en robotización de sistemas y procesos o en cualquier paisaje similar, hay que implicarse.

Políticos, que deben consultar a los que saben de esto, en cómo diseñar políticas a largo plazo capaces de reconducir este desastre mayúsculo y dejarse de dar porciones de un pastel infecto a grupos de presión con ‘cánones’ que son totalmente ilógicos.

Banqueros, que deben hacer un ejercicio sano de aceptar que son culpables en gran medida de haber dispuesto un crédito barato y soez durante años para que todo se aguantara en ladrillos de mentira. Que deben ser capaces de invertir y permitir la inversión para cambiarlo todo. Que no sirve que una entidad (y son varias) que obtienen beneficios netos de miles de millones de euros al trimestre, dediquen 10 de ellos a un fondo de inversión tecnológico. Que eso no es justo ni válido, de hecho no es nada en sí mismo. Y no pido que inviertan, cómo mínimo que concedan crédito. Sería suficiente.

De la sociedad ‘emprendedora’, que no puede ser que tras el desastre vivido, de la bola de estiércol que nos pasó por encima a todos, aun considere que el mejor proyecto empresarial que se puede montar es el inmobiliario. Una cuarta parte del capital invertido en la creación de nuevas empresas en España se ha destinado a la industria inmobiliaria. Has leído bien, 61 millones en un mes para nuevas sociedades vinculadas a la ‘recuperación’ del modelo, no a la ‘renovación’ del mismo.

Lo más grave no es el dinero aportado a la industria inmobiliaria, lo duro es ver que ese sector invierte como dios manda. El 23% del capital aportado a nuevas empresas representa sólo el 8% del total de éstas. De nuevo, el dinero, busca ‘lo seguro’ olvidando que la seguridad es algo más complejo. Se trata de construir algo de valor, un ecosistema en una economía cambiante, tecnológica y competitiva que en muchos lugares se está creando con valentía y decisión y en otros se está dejando al lento modelo de la inercia que el voluntarismo de algunos proporciona. Si esperamos conquistar el futuro, el de nuestros hijos, el de nosotros mismos atendiendo a la velocidad de todo, es preciso que todos lo quieran hacer.

Todavía queda algo de tiempo. La gran oportunidad de despertar de un letargo de fango y tocho depende de políticos, de la prensa, de los bancos y, por supuesto de la propia sociedad. Despertar una economía que no fabricaba nada. Que basaba la riqueza en el hecho comparativo sobre plano atendiendo a un valor especulativo del ‘los pisos no bajan jamás’, de la acumulación de apartamentos y casitas con sueldos duplicados a horas extras. A tiempo estamos de sonrojarnos de nuevo por haber considerado que una hipoteca a 75 años era una gran inversión. Quedan minutos para darle la vuelta al camino que parece que vuelve a iniciarse. Minutos para tomar otro tren pues en el que parece que vamos resulta ser que es de vuelta y ya no de ida. De vuelta al pasado en lugar de ida al futuro. Estamos a tiempo, pero depende de todos.

El liderazgo ya no depende (sólo) de los líderes

Tengo una manía secreta. Se trata de identificar en cualquier periódico o publicación general el lugar que le conceden a la tecnología. Me gusta saber en que punto exacto de la relación medio y lector considera la dirección del primero que debe situarse todo aquello que tenga que ver con la tecnología. En la mayoría de los casos es ‘sociedad’.
La sección ‘tecnología’ rara vez la puedes encontrar en economía por ejemplo. Tampoco en deporte, cultura o política. Debo admitir que tras años observando este hecho he llegado a la conclusión que una sección sobre tecnología no debería de existir realmente y, su aparición, debería ser transversal al propio medio.

Sin embargo y teniendo en cuenta que la visión integral de todo lo que tenga que ver con tecnología digitalizada, esperar que ésta aparezca en todas partes como elemento consustancial a la existencia de una sociedad es impensable en términos actuales y, si sucede, será en publicaciones muy concretas, innovadoras y enfocadas al futuro.

Todavía leo en papel. Cuando tomo el primer café del día a las 6:30 de la mañana, ojeo el Irish Times que suele estar en la mesa donde me siento unos minutos. A partir de ahí no regreso al ‘papel’ excepto para anotar alguna cosa a lo largo del día. Precisamente, éste, es uno de los medios que relacionan economía, tecnología y futuro de manera natural y cotidiana. En Irlanda se respira, en algunos lugares, una tremenda comunión entre lo que representan los cursos tecnológicos y la fiabilidad económica del país.

Cuando un medio titula su sección económica en papel ‘Business+ Technology’ es que ha entendido el momento actual, las implicaciones que para la economía real tiene todo ello y, sobretodo, el papel evangelizador que se le presupone a fin de que, la sociedad en general y los políticos en particular, se direcciones hacia ese punto de encuentro tan potente y nutritivo como es ‘la Nueva Economía’.

En términos generales vivimos en una Europa retrasada y lenta. Exceptuando algunos lugares, el escaparate político es pura ‘telerealidad’ y debate desnutrido. Además, España va en el grupo de cabeza de ese pelotón de la pena. Por eso cuando exigimos un liderazgo que sea capaz de incorporar esta revolución histórica a la forma de entender los nuevos negocios, los desarrollos económicos, lo hacemos bajo la desesperación de ver como el tiempo pasa y nada pasa.

No nos van a esperar. No porque no lo merecemos. Durante decenios nos hemos dedicado a acumular ladrillos inservibles en cualquier esquina, sobrevalorando a los diez minutos de colocarlos mal y con algo de mortero para revenderlos un sinfín de veces. La especulación económica no es mala en si misma, ni tampoco debe borrarse todo lo que significa una economía apoyada en la construcción. Lo grave es que cuando el dinero circulaba de manera bíblica, nadie quiso pensar en que algo de eso podía ser útil para invertir en un nuevo modelo de crecimiento, pues el de los ‘tochos’ tarde o temprano se vendría abajo.

Escuchar las ruedas de prensa de la mayoría de políticos evidencia una de dos cosas. O bien no hay nadie con criterio o los que tienen criterio no salen. No se puede decir en los medios que ‘estamos ante una de las noticias más alentadoras que ha recibido la economía española en decenios’ apuntado a los datos de paro de ayer. Datos buenos, si, pero que se pueden tomar con mucha cautela. Viven en una realidad paralela. No se puede aprobar con el apoyo de todo Dios una ley restrictiva en el mundo digital y pensar que has logrado controlar lo incontrolable. Están de médico.

Se necesita liderazgo y no lo tenemos. Se necesita con urgencia pues los dirigentes actuales ni tan siquiera se han enterado de lo que estamos viviendo y de lo que va todo esto. El nuevo escenario ellos lo contemplan como si fuera una versión del actual pero con ‘twitter’. No se lo huelen. Siguen pensando que la ‘crisis’ es un bache coyuntural y que ‘estamos saliendo’. Siempre estamos saliendo.

No saldremos de nada pues no entramos en nada. No ven que esto es el epicentro de una revolución en todos los aspectos de la vida. Este tsunami va tomando fuerza y poco a poco va engullendo a todo y a todos. Hay que adaptarse, establecer espacios donde valorar los cambios y ganar el futuro. Quienes lo hagan, quienes lo están haciendo, tomarán una ventaja definitiva.

Políticos, banqueros, periodistas y otros no ven que esta revolución se lo ‘comerá’ todo. Ya lo hace. Devora el transporte, la logística, la energía, la distribución, las decisiones, el manejo de datos, la política, la oligarquía bancaria o el propio análisis de la realidad. Por cierto, todos esos modelos de negocio ‘tan actuales’ se verán engullidos por mínimos detalles, por pequeños procesos tecnológicos que se desarrollaran en la palma de la mano de millones de ciudadanos.

Los que abusaron de su espacio y condición de poder no entienden que está pasando y ejercen el poder de la represión. Sin embargo Internet y la tecnología digital es como el agua: circula, y si la quieres atrapar cerrando la mano, se te escapa pero te moja.

Podemos incluso detallar. Los grandes bancos son empresas del Pleistoceno. También las grandes cadenas de retail físico. Es cuestión de tiempo. Hay quien asegura que los grandes del negocio pueden estar divisando el final de sus modelos de gestión. Intocables tocados. De estos gigantes también es obligación estimular los cambios, ponerse en manos de expertos y solicitar mecanismos para entroncar con el futuro inminente.

Y ante todo este cambio ¿que piensan hacer las ‘clases dirigentes’? ¿La casta seguirá malgastando el dinero público? Hace unos años se llamó Plan E, ahora se llama ‘aumentar licitaciones a todo trapo’. Falaz y peligroso. No se enteran de la misa la mitad y por eso siguen con los mecanismos de siempre. Lo que hacen es grave. Conducen a una sociedad a la pobreza y a la miseria. Le niegan las opciones de progresar y de ser protagonistas del futuro, empujan a que la gente se vaya. Son unos irresponsables con coche oficial. Están demostrando no sólo ser incapaces, sino un obstáculo contra unos cambios que finalmente barrerán lo que ellos mismos representan.

Una vez se analiza ‘qué’ y ‘cuánto’ se usa para potenciar negocios determinados te das cuenta del daño irreversible que puede estar haciendo un grupo de ‘líderes’ alrededor de ellos mismos, debatiendo entre ellos mismos, con sus mismas risas de lata y sus mismas frases pueriles sobre el bien y el mal, con sus mismos millones de euros repartidos entre los suyos y con los mismos focos que les alumbran irremediablemente. Estamos a tiempo, pero viendo lo visto, y sabiendo que los representantes son reflejo de los representados, el murmullo del futuro lo hablaremos todos. Por eso construirlo es obligación de todos, de los que mandan, de los mandados, de los que se quedaron y de los que nos fuimos.

La deuda soberana, la pública y los emprendedores

Me preguntaba un amigo economista ayer en el aeropuerto de Bogotá como veía España. Le dije que sino ganaba a Chile pintaba mal. Se rió y me volvió a preguntar en detalle ‘me refiero a lo de la deuda que dicen se está solucionando‘. Se refería a la deuda soberana, obviamente no a la deuda pública. Esta última seguirá subiendo hasta que el crecimiento en España roce el 3%. La conversación fue entre didáctica y apasionada pues a mi modo de ver se han perdido muchas oportunidades de cambiar cosas y ahora tampoco se está cerrando bien la herida.
Confieso que la confianza sobre la deuda soberana en la zona euro en su conjunto es positiva. A pesar de que hay riesgos de mantener la sostenibilidad de la deuda pública, la verdad es que estamos ‘técnicamente’ mejor. Sin embargo nada está resuelto y hay ‘otras deudas’ que deben preocuparnos.

El BCE alertaba hace un par de días que tanta relajación no era buena aunque lo decía en otro campo, el de la deuda pública que no quiero mezclar con la deuda soberana. No tienen enlace directo pero se mueven con patrones parecidos. Es más, si los intereses subieran debido a la búsqueda de rentabilidad de los inversores, se iba a liar parda. Lo que pasa es que seguimos, como unidad económica, precisando de una financiación importante. Los bancos lo saben y están incrementando sus carteras con deuda soberana no sea que el cambio de intereses ponga en pérdidas a las entidades financieras.

Resulta que no tienes bastante con enfrentarte a mil dificultades cada día como emprendedor que tienes que preocuparte de una losa plomiza que sobrevuela tu cabeza por la mala política de otros. Si no hay crédito tiene mucho que ver con esta terca modalidad de disfrazar la situación del sistema bancario.

Pero, ¿que es eso del mercado de la deuda que podría volver a poner en peligro tantas cosas? El mercado de la deuda existe porque estados, administraciones, bancos y empresas buscan financiar sus propias inversiones o, lo que suele pasar con los primeros y segundos, taponar sus déficits. Lo que pasa es que como no suelen tener fondos suficientes se embarcan en la emisión de cupones fijos o variables que se deben remunerar en meses o años.

¿Dónde se compran esos bonos? En una cosa que unos llamamos subasta y otros mercado primario. Las cantidades de deuda emitida en Europa ha superado a veces en dos veces el PIB español para hacernos una idea del volumen. La diferencia entre el precio que establecen los emisores y el que desean pagar los inversores es la rentabilidad.

Cuando trabajé en bolsa y compra venta de activos podía ‘asistir’ a ese mercado primario pero obviamente es un ‘lugar’ reservado a los institucionales, los estados, fondos o bancos. Allí no hay particulares salvo cuando al emisor le interesa como fueron algunas emisiones autonómicas hace unos años.

¿En que se basa el mercado para valorar una deuda u otra? En las agencias de rating. Si, esos bichos malos que tanto se equivocaron hace siete años. Posiblemente la fastidiaron y bien, pero ellas solo señalan en base a los datos que se ofrecen. Marcan el perfil de riesgo y en base a eso unos pagan más o menos a la vez que se determina el tipo de interés de esa deuda.

¿Qué es el mercado secundario? Los bonos, las letras del tesoro, las obligaciones de un estado o cualquier tipo de deuda, valen durante su vida útil y reembolsan al vencimiento una rentabilidad determinada. No obstante durante ese período su valor puede ir oscilando por lo que se puede especular, ganar o perder antes de que venza. Eso sucede y se produce en un casino gigantesco llamado ‘mercado secundario’. Es el lugar de la liquidez. Sin él el asunto se quedaría seco. Lo normal es que un inversor particular se acerque a este mercado a través de la renta fija.

¿Qué tiene que ver el ‘riesgo país’ en todo esto? Esto es lo que al BCE le trae por el camino de la amargura. La evolución del mercado secundario que combina tipo de interés y cotización de toda la deuda en circulación oscila y lo hace en base muchos factores. Cuando la percepción de que un país va bien o irá mejor el rendimiento baja pues es menos arriesgado. Sin embargo, el abuso de intereses bajos puede ir ‘dopando’ el modelo por lo barato que sale endeudarse. Técnicamente es lo que le pasó a millones de ciudadanos que se hipotecaron pensando en lo ‘bajo que estaba el tipo de interés’. Cuando subió se rompió todo.

Y los mercados, ¿qué son? Mi amigo Daniel Lacalle me dijo bromeando un día que ‘los mercados son monstruos de dos cabezas siempre al acecho’. Obviamente los mercados no son más que lo que nosotros mismos somos. Los movimientos, las correcciones y cualquier cambio brusco se produce en base al miedo, a la credibilidad y a mil factores ‘humanos’. Aludes de ventas por miedo a suspensiones de pagos dispararon rentabilidades en el pasado y eso, cuando pasó, propulsó los costes de esos mismos países para financiarse.

Que lejos queda eso ya. Parece que la tormenta pasó pero recordemos que hemos vivido rescates de países enteros. Vivo en uno de ellos, Irlanda, y si bien es cierto que nadie quiere hablar de ello, los efectos se han dejado ver claramente en muchos aspectos de la vida cotidiana.

A mi me preocupa como se va a revertir tanto gasto que se fue a bancos e ‘intereses’, para que acabe en manos de proyectos, de innovadores, de emprendedores. El dinero para la innovación, el cambio de modelo, eso de digitalizar y transformar Europa en lo que no es. Como se pretende ser competitivos tecnológicamente con Asia o Estados Unidos.

Estaría bien que el Banco Central Europeo contribuyera a ese cambio de modelo y a ese crecimiento económico real. El empleo es el motor y se le daña cuando en lugar de facilitar el crédito o el coste del dinero se les obliga a pagar el triple de lo que cuesta. Si en algún momento aparecen dificultades en la capacidad de los deudores la cosa puede ponerse otra vez fea y afectar a los de siempre.

Política de luces largas

De la política me quedo con lo de que es necesaria pero desestimo a la gran mayoría de los que la hacen. Por lo menos por ahora. El lenguaje pueril y maniqueo que se maneja en cualquier evento de partido no se distingue demasiado de las soflamas ridículas y carentes de sentido que se ven en las instituciones. Cuando comparas la calle con ‘su calle’ dan ganas de llorar. A estos lodos ellos le llaman salida de la crisis. Unos se agarran a cualquier dato retorcido a su gusto para construir un discurso de pena por lo débil y de asco por lo falaz.
Luego tienes el resto. Un grupo de aspirantes que dicen tener la fórmula mágica y para ello discursean sin conocimiento económico alguno, o lo que es peor, con conocimiento. Desconfío de los que sin haber estado en órganos directivos de nada aseguran poder dirigir un país. Es imposible que políticos con experiencia profesional dudosa, escaso interés por la innovación o nula capacidad para entender el escenario socioeconómico actual, puedan ser los líderes que marquen las estrategias del futuro inminente. Estoy seguro que son, más de lo mismo pero de juguete.

Hay otros, casi peor que los anteriores. Los que ya estuvieron, se lo cargaron todo, no vieron venir nada y ahora dicen que ellos son los que mejor lo harían. No tienen ni la decencia de admitir errores, asegurar que de ellos han aprendido y que, por lo menos, les demos otra oportunidad para recomponer el rompecabezas que desmontaron por incapacidad. Es de risa y de llanto a la vez.

El problema del liderazgo político es sistémico. No tiene que ver con lo que hay o pudiera haber, tiene que ver con quienes lo convalidamos. El asunto se corrige a base de reformas políticas imponentes que la sociedad debería exigir antes que, incluso, saber por quien va a votar. La sociedad debe entender que significa Europa, para que sirve y que las frontera se están difuminando en un etéreo escenario económico que ya no podrá nunca más respirar de manera no equilibrada y sin unión. Toca entender que los países darán paso a las ciudades capital, las ciudades que funcionarán como reclamo y como estado en si mismas. Las marcas país dependerán de la marca ciudad. Eso hay pocos políticos que lo entienden, y de los pocos que lo entienden, menos lo aceptan. La minoría es tan minoría que no sirve ni como planteamiento.

Esto tiene que ver con cambios de modelo en cuanto al pensamiento sociopolítico y socioeconómico. Tiene que ver con lo que significa el concepto ‘un político’, a quien sirve realmente, como se le controla, a que patrón se dirige y quienes pueden serlo. No es lógico que quienes determinan el curso del futuro de mi hijo de ocho años sea gente con tan poca visión objetiva de la realidad y su curso futuro. No es bueno que la estrategia de un país, con sus derivas y asuntos que le afectan, esté en manos (dedos) de un puñado de diputados y asesores cuyo interés sea tan evidentemente cortoplacista, partidista y alejado de la realidad.

Pero de todos es culpa. A lo que se llego y a lo que, sino se hace una diagnosis correcta, se volverá a llegar. Recuerden cuando todo era fiesta mayor y gastar era deporte nacional. Si no se hace un análisis realista y nos dejamos llevar por el interés y el discurso trucado de los que tienen altavoces para emitirlos, podemos volver a jugar a los dados de un modo infantil y peligroso.

Se perdió la oportunidad de invertir en conocimiento en su día, en innovación y en tecnología. Se malgastó todo en ladrillos, preferentes, meriendas, kilómetros de vías inservibles y aeropuertos innecesarios. No nos dejemos engañar, si no aprovechamos la oportunidad que nos brinda la historia la cagaremos otra vez. Algunos nos pasamos el día empujando, procurando que los negocios y los proyectos sean modernos, de vanguardia, que sirvan y que lo hagan desde cualquier parte del mundo para que en mi país eso sea valorado y valorable. Pero no es fácil, seguimos en manos de gente sin capacidad para interpretarlo. De momento solo podemos actuar por nosotros mismos y revolucionarnos íntimamente pues por mucho que lo intentemos no hay manera de que lo vean, lo interpreten o lo estimulen.

¿Recuerdan? ¿Quién iba a pensar hace seis años cuando nos garantizaban el importe global de la última letra del coche con el valor del mismo que no íbamos a tener líquido para cubrirlo? El optimista tipo de hace tres años ahora vive a las puertas del infierno. Su coche se lo quedó la financiera del concesionario, él no tiene liquidez para la entrada de uno nuevo, el banco no refinancia hipotecas ni ejecuta nuevas tasaciones. Lo mismo ocurre con aquellas vacaciones que se resolvían con la superposición de créditos de garantía hipotecaria, la ropa de marca con créditos al consumo, el nuevo mobiliario, la secadora, el colegio privado del pequeño, los fines de semana en el apartamento en venta que no se vende, etc.

Ahora toca olvidar ese lodo, ese barro infecto y procurar un nuevo escenario. Lo digital no es más que una excusa inmensa que la historia nos ha puesto en bandeja para cambiar el mundo. Internet permite no olvidar, recorrer la historia reciente y poder corregir. La Nueva Economía exige de líderes políticos con visión y luces largas.

La política y la tecnología

IBM, en una de las campañas publicitarias más curiosas de la historia, logró exponer que su ordenador Deep Blue era capaz de vender al campeón mundial de ajedrez, el gran Garry Kasparov. Parecía que eso de ‘ganar’ a un humano se tuviera que referir a una ‘cualidad’ extra que la máquina hubiera sido capaz de desarrollar, como si de ese modo estuviera ‘pensando’, cuando en realidad lo que hacía era un cálculo de probabilidades y análisis matemáticos en los movimientos de las piezas de manera totalmente aséptica. Calculaba tanto y tan rápido que la mente del gran campeón soviético no era capaz de igualarla.

Hay otro juego, el Jeopardy, que es más complejo porque precisa de que se hagan preguntas sin respuesta directa y repletas de metáforas, lo que hace muy difícil que una máquina venza a un humano. Sin embargo el sistema que inventó otra vez IBM llamado Watson era capaz de vencer a cualquiera, combinando algoritmos genéticos, redes bayesianas y cadenas de Markov. Resultó ser una maravilla. Sin buscar la respuesta correcta avanza hacia la probable y el propio sistema va aprendiendo de cada aparente error y de cada éxito haciéndose mejor con el tiempo.

Hablamos de tecnología que asume que el mundo no es simple. Parece una obviedad pero hasta ahora el software y las máquinas que lo hacen funcionar no se habían percatado de este pequeño detalle. El mundo es tremendamente complejo y las variables que se utilizan no pueden ser sólo basadas en la simpleza de reglas y bases matemáticas, pues precisa de un complicado ecosistema de enfoques capaces de dar perspectivas nuevas a la resolución de problemas.

Eso es exactamente lo que le pasa a empresas, políticos y organizaciones que deben, pero no quieren, aceptar que el enfoque ya es otro, que el escenario no se parece en nada al anterior y que lo que antes era abrir una oficina a las 8 de la mañana para cerrarla a las 6 de la tarde se desvaneció hace ya mucho para dar paso a un mundo en el que no se cierra y cuyos adversarios están computerizados bajo dinámicos modelos de gestión financiera que se adapta en milésimas de segundo a los comportamientos del mercado.

Esto vale para todos. La política entra en conflicto con un mundo que no entiende ni quiere, al parecer entender. El mundo reacciona sin esperarlos, y la sociedad avanza, esta vez si, mucho más rápido que ellos. Fíjense en todo cuanto nos rodea, en como se transforma sin remedio. Aun a temor de parecer insistente, me permito advertir que avanzamos sin descanso hacia la desilusión de los que nos gobiernan. Se acerca el momento de que su control se disipe, se diluya entre las personas, las empresas distribuidas y las acciones líquidas.

Miremos tres ejemplos que marcarán la segunda parte de esta década: por un lado el incipiente reto que supone al sistema monetario establecido la aparición de una moneda alternativa. El bitcoin será o no será, da igual, pero su presencia establece por fin que fuera del hormiguero que es la economía global hay vida.

Por otro lado, las caídas encadenadas de diferentes modelos políticos y la adaptación obligatoria de los que dirigen el mundo a las ‘tendencias’ sociales que se instalan. Hay países que se resisten con leyes antiguas o con reposición de dictámenes que nos devulven a otros siglos, pero cada una de esas decisiones les explotará frente a sus narices con la fuerza de la tecnologíaa social y la capacidad de organizarse, actuar y distribuir su fuerza.

El tercer ejemplo es el que tiene que ver con el modelo de compra, con la relación comercial, con la diferida y extravangante modulación en la que se ha convertido un hecho sencillo y básico como el de comprar. Ahora afecta todo: opinión del comprador, de la competencia, del proveedor, la interacción del vendedor, la cadena de valor sin fricción y la representación de la marca por encima del producto. Todo es disitinto y se transforma rápidamente como cuando las nubes sufren las envestidas violentas del viento.

Pero la política sigue estando por todas las esquinas intentando medrar y detener lo que el hombre hace en la dirección correcta. A la política en términos genéricos y maniqueos le molesta el conocimiento pues la hace vulnerable y aquellos que viven de ella temen por sus sillones de alcántara, sus visas oro y sus liposucciones pagadas por todos.

La industria de la tecnología produce miles de millones en ganancias cada año y, de acuerdo con al menos un informe, está aumentando tres veces más que los del resto de la economía en Estados Unidos por ejemplo. Allí la industria tecnológica se interesa por la política, participa de ella y quiere determinar como se hará en el futuro. Suelen ser consultados, solicitados y se les permite participar. No solo a las grandes empresas, no solo a consultores o profesores universitarios, en California, emprendedores con ganas de cambiar el mundo también lo hacen en el escenario de colaboración de la política. Muy distinto de lo que pasa en Europa por cierto.

Os dejo con un increíble video de como un pájaro es capaz de, a través de la gestión de datos cruzados, análisis de los errores y de la gestión inteligente de los intentos (y supongo que el instinto) hacer algo que algunos humanos serían incapaces de procesar. No miro a nadie.

No me ayudes, déjame como estoy

La política económica de apoyo al emprendedor, al autónomo o al empresario en España es de detención sin leer los derechos. En España el sol se pone al revés y los que deberían estimular la economía desaniman y los que tienen la obligación de atemperar la estrangulan. Estos que han logrado convertir en fango los sueños de una generación desahuciada a diario merecen un castigo. Los que han humillado a miles de adultos que ahora se arrastran por el comedor de sus padres, ya jubilados, esperando no molestar como mendigos de su pensión, merecen un bofetada con la mano abierta.

Y es que somos herederos de banqueros que siguen riéndose de todos los llantos y toda la mierda que han acumulado en la puerta de sus despachos porque a ellos el ambientador emocional les funciona que ni hecho a medida. Somos responsables de haber elegido a quienes siguen otorgando favores a éstos pero es que ni avisados hubiéramos podido pensar que la inutilidad manifiesta y la incapacidad mental para gobernar podía llegar a ser tan tóxica.

Durante las fechas de recogimiento y turrón indigesto, el gobierno ha aprovechado para subir cuatro impuestos que, sumados, suponen una patada en los ventrículos inferiores de muchos emprendedores y autónomos. Con nocturnidad navideña y la alevosía del que sabe que hace algo malo, estos tipos que llevan media vida amamantados por la plata pública, asumiendo privilegios como derechos y cuya preocupación por el futuro socioeconómico es la misma que la que tiene un cactus, han aumentado un 2% la base mínima de cotización para los autónomos y un 5% de la base máxima, una insultante subida del 22% a los autónomos societarios y con empleados y se pasa a cotizar por todo lo que no deja de ser derivadas del trabajo que no puedes ahorrarte como la comida, el transporte, la guardería y otros. Este delicado decreto ley también ha incluido como elementos cotizables algunos que hasta ahora no se incluían en la base de cotización, como las ayudas de comida, los seguros médicos, los complementos de transporte o los propios planes de pensiones, entre otros.

La medida afecta a los autonomos societarios y a los que tengan contratados al menos a 10 trabajadores. Esto supone el 43% de todos los autónomos de España y no afecta (de momento) a los otros. Pero creo que el volumen de personas a las que nos toca la medida es suficientemente amplio como para suscitar este debate.

Sigo pensando que, o no tienen puta idea de lo que hacen o les da igual lo que suceda. Su periplo vital no ve más allá de 3 o 4 años por lo que no se esfuerzan en mucho más por que tanto emprendedor, en el fondo, es incómodo. Su visión global se limita a las estadísticas y a los sondeos de opinión. Estaría bien que quien hace esos sondeos se pasara por casa de alguno de esos autónomos ahogados por la realidad, quebrados familiarmente a pesar de currar más que un burro y no tener ni para comer. El sondeo se lo iban a dar a más de uno en plena cara.

Todo esto sucede mientras, además, se congela el salario mínimo interprofesional en 645 euros cuando en Irlanda por ejemplo es de 1462. Tengamos en cuenta que una factura emitida por un autónomo tiene un 42% ya del importe que no es del él. Un 21% es IVA y otro 21 es retención. De cada 100 euros facturados, 42 se los lleva el Estado.

Pero no se vayan todavía que aun hay más. El lucimiento no es sólo el que se ha señalado en muchos medios sobre lo que acabo de describir. No es sólo que suban las cuotas, si no que, además, la Agencia Tributaria no va a admitir ningún aplazamiento o fraccionamiento de retenciones ni pagos a cuenta de los modelos 111, 115, 123 y 124. Aseguran que la Agencia Tributaria actuará rechazando por inadmisibilidad todos los aplazamientos que se soliciten, generando desde hoy un recargo del 20%. Es decir, me equivoqué cuando dije que ‘La ley del Emprendedor’ era papel mojado, no, era algo peor, era papel higiénico. Todo cuanto se plantea para estimular la emprendeduría es de suicidio colectivo. Si acaso que nos dejen como estábamos y no nos ayuden más. Haber vivido en varios países permite comparar como se entiende el apoyo a la gestión económica privada, emprendedora o autónoma, como se le dirige o no y como se vende ese estímulo. En Reino Unido no se exige que tributes mientras no tengas beneficios claros o factures más de 40.000 euros. A partir de ahí los tramos son diversos pero está claro que se relaja mucho el peso fiscal al iniciar un proyecto empresarial. Igualito que en España. Bajad los putos impuestos, por Dios, que no hay manera de recuperar una economía a la que se la estrangula en cuanto te despistas. Si no os veis capaces, os ruego nos dejéis en paz, ya vamos tirando nosotros mismos, mejor casi seguid con vuestras meriendas y sin molestar. Que nadie vea en todo esto una crítica al PP, es algo genérico de la peor clase política de la historia de España, incapaz de entender el momento, la problemática y de asumir los criterios para aprovechar la oportunidad que supone esta revolución absoluta. El PSOE también esclavizó a los autónomos cuando pudo. Ahora mismo la administración pública pretende salvaguardar un modelo de Estado que se aguanta a base de recortes, subida de impuestos y realidades disfrazadas en los informativos. Saldremos de esta, a finales de año las cosas pintarán mejor pero no será por la gestión de estos tipos, sino por que el peso de inevitable también juega su propia partida. No nos equivoquemos. El esfuerzo que hacen empresarios, emprendedores, autónomos y trabajadores es titánico, pagando impuestos y teniendo cada vez menos servicios disponibles. Todo para salvar bancos que desahucian personas, para pagar festines de partidos políticos y organizaciones de dudoso criterio, para soportar un tinglado de otra época. Todo eso nos lo vamos a cobrar tarde o temprano. Esto no puede salir gratis. Cuantas medidas se podrían tomar en cuenta y ni se escuchan. Así ha sucedido siempre y costará que deje de pasar por arte de magia. Pero pasará que sin mediar palabra la sociedad se alzará y causará un destrozo considerable, eso es ya casi una apuesta segura. Nada puede mantenerse como sigue, ni por cansancio ni por ineficiencia. Sin embargo, mientras llega ese momento, los que nos jugamos a diario todo cuanto tenemos, seguimos atados de pies y manos a la inservible maquinaria de los hombres de piedra.

Inminente final de época

Que los seres humanos utilizamos un porcentaje muy bajo de la capacidad de nuestro cerebro es una teoría científica que goza de un enorme consenso. La verdad es que cuando analizamos el barrizal en el que nos han conducido banqueros, hipotecófagos, pisitofilos y políticos no queda otra. Tómenlo como quieran pero estoy convencido que una buena parte de esa tontuna general en la que hemos vivido en los últimos años no es más que la evidencia de ese defecto de fábrica.
Estamos rodeados de inservibles. Pobres personas capaces de vender a su madre por un escaño por falta de ímpetu en hacer algo de provecho. Estar en una lista una vez te ayuda a verte distinto al resto, te da tranquilidad, chapa y acceso libre al puente aéreo. Dos legislaturas ya te elevan del suelo, sientes que el menú debe costar la mitad que al resto de los mortales y que todos deben genuflexionarse a tu paso. Tres legislaturas ya te acercan a la aurora boreal. En casos crónicos como los de cuatro o cinco legislaturas, la total lejanía a las críticas y enfado social es evidente. La empatía desaparece y se convierte en una especie de indignación aristocrática similar a la que algún futbolista que llora por no recibir aplausos fogosos los todos los domingos. Que gravedad.

No son todos, pero son muchos. Se sorprenden de que la gente salga a la calle, que se atreven a retorcerse de indignación por lo que consideran un allanamiento a su intocable estatus de personas ilustres. Algunos llevan tanto tiempo retozando en lo público que no tienen ni idea de lo que está pasando ahí fuera. No voy a entrar en las razones, las he descrito durante años, ni la dirección que tomará todo, ya lo dije también y además no es interesante esperar que otros determinen, pero lo que si voy a señalar un aspecto que si me parece importante.

Ya poco importa si unos son violentos (intolerable) o si la policia ha tomado una actitud chulesca y agresiva (intolerable), lo que realmente es determinante es que ya no hay vuelta atrás. El modelo ha cambiado, o mejor dicho, está cambiando. Esto son los efectos residuales del gran cataclismo. Esto son fuegos artificiales de un nuevo escenario. No ha hecho más que empezar, todo lo que se avecina es hierro y en barra.

La metáfora con la que suelo explicar lo que ha pasado y estamos viviendo la refiero a un volcán. Imaginemos un cráter calentando motores, apenas quedan días para la enorme explosión que nos espera. Normalmente esa erupción no suele venir acompañada de grandes indicios pero si de algún pequeño terremoto que indica que algo va a pasar. De repente, como de improviso, una lengua de fuego y lava es expulsada con una enorme fuerza hacia el exterior sin miramientos. Así fue el principio de la crisis. Así lo hemos vivido: una tremenda explosión de luz y fuego que apenas pudimos interpretar previamente. Sin embargo luego viene lo importante. La masa que proviene del interior de esa montaña viva se esparce por todas partes, se desplaza y procura un cambio en la fisonomía de toda la ladera. Podemos compararlo con el tiempo actual.

La crisis ya pasó, hace mucho, nada de lo que cegó nuestros ojos era importante si lo cotejamos con lo que supone un cambio de sistema. A medida que el magma se solidifique y termine por conformar una nueva superficie debemos saber como gestionar este cambio gigantesco. La crisis se fue pero ahora toca entender como queda todo, cual será el nuevo modelo económico, social, cultural y de participación política. Este nuevo paisaje se basará en una sociedad hiperconectada donde las relaciones ya no son son lineales sino transversales y donde la suma de las individualidades dentro del colectivo conformarán como una especie de gran cerebro digital.

La nueva economía implica una serie de cambios disruptivos a todos los niveles. Desde cambios en la cadena de valor, ya que las ideas son las que tienen importancia y no el soporte como en muchos de los modelos tradicionales, hasta cambios en los procesos y en la gestión de las organizaciones. Aceptar que este nuevo modelo implica nuevas condiciones y sólo aquellos capaces de inventarse un nuevo entorno laboral vinculado al nuevo modelo, te acerca al éxito.

Tenemos un problema, uno más. En concreto la falta de políticas dirigidas a la innovación empresarial y al estímulo que en al cambio de modelo de crecimiento eso supondría. Ninguna empresa española aparece entre las 100 más innovadoras del mundo, según Thombosn Reuters por ejemplo.

Y si queremos acpetar que el fin de una etapa está próximo y que ese nuevo punto es mejor, mucho más eficiente y vinculado a la modernidad, la innovación debe ser omnipresente. Este nuevo modelo, esta nueva etapa, implica apostar por la innovación, siendo ambiciosos y pensando en global (tanto para ofrecer el producto a cualquier pais del mundo como para ser capaces de conceptualizar un producto global para ofrecerlo a nivel local),  siendo capaces de trabajar en equipos y en organizaciones complejas, dinámicas, atemporales y aterritoriales y entender la empresa como un gran ser vivo. Todo es una cuestión de actitud, tenemos que estar en “beta” constante para afrontar los nuevos tiempos y no tener miedo al cambio y al fracaso.

En España en concreto el tiempo se detuvo hace años. El PIB per cápita en 2012 de los españoles se situaron en el mismo nivel que en 2004. Es como si el reloj se hubiera detenido, o peor aún, como si trabajara marcha atrás. La economía española parece una goma de la que se ha estirado demasiado y, una vez llegó al máximo de elasticidad, no ha hecho más que recular. Ahora sabemos que, tras este tránsito complejo por una hipotética crisis que nos llegó de “improviso” y que era “mundial” el destino no es mejor que el punto de partida.

Muchos siguen lejos de la realidad, continúan asegurando que “la crisis pasará” ignorando lo sustancial de estos tiempos que nos toca vivir. El festival especulativo y ridículo que se vivió durante años, sin apoyar la iniciativa emprendedora de alto valor, sin estimular el cambio del modelo de crecimiento hacía el conocimiento y la dinamización de la producción industrial para hacerla competitiva, nos ha llevado a la casilla de salida, como si la historia quisiera darnos otra oportunidad.

Esperar que un político u otro ponga en marcha políticas de generación de empleo o de innovación es un error que debería de estar penalizado. Recuerdo que a mis alumnos les digo que “inventen su puesto laboral”, que no lo esperen, en el futuro inmediato, el nuevo paradigma creará pocos de los tradicionales. La oportunidad está en la creatividad y en la capacidad de pensar todos en común adaptando las ganas de impulsar negocios a los deseos de estimular la sociedad, una nueva sociedad mucho mejor que la actual, mucho más independiente y con mayor voz a pesar de los esfuerzos contrarios. Si deja de soplar el viento, ¡rema!

El nível de la política

Una de las razones por las que seguramente no hay una buena adopción por emprender (de manera fiable y real) en la administración, es que la mayoría de esos gestores públicos no saben en que consiste. Muchos políticos locales (que deberían ser estimulantes para este proceso) son dignos de museo cuando no de circo. Algunos técnicos que conozco en ayuntamientos importantes me comentan que tiene muchos problemas para hacer entender a sus responsables políticos la gravedad de la situación actual y que suelen estar más preocupados en simular una acción que en demostrar una afección. Está claro que cuando lo que peligra es el culo de uno mismo, el de los otros importa mucho menos.
Hay un rumor que se va confirmando: el nivel de la política es de indigencia intelectual generalizada y de miedo orgánico a perder el estatus que, a un montón de cargos, una lista incestuosa les concedió por lo que ellos ya saben. Si le das una patada a una piedra, de debajo salen diez inútiles dedicados a la política corriendo en todas direcciones y sin mirar atrás. Hay muchísimas cucarachas ejerciendo. El valor de la chapa y el salvoconducto para aparcar donde quieran concede pretensiones a personas que en la vida civil tendrían serios problemas para comer cada día. Hay miles de excepciones, no lo dudo, pero el modelo político que evita tener gerentes en los ayuntamientos y que impulsa la dedocracia por encima de la meritocracia es un terrible lastre. Un sistema que prima el subsidio y la dependencia y retira los apoyos a los que arriesgan los últimos euros de sus cuentas por montar un pequeño negocio. Por no decir que con tan solo poner en marcha algún modulo de exención fiscal como en otros países sería suficiente. De verdad que es mucho más fácil de lo que parece. Vamos a explicarlo para dummies y me van a perdonar la licencia y el juego de significados metafóricos:

Si yo gano diez, me dejan de pagar dos, me piden por diversos temas dos más, pago a mi equipo cuatro y devuelvo el apoyo financiero con uno más, me queda uno para pagar impuestos que según la última subida de tasas, impuestos y tributos rozaría los cinco. Total que tras todo ese riesgo asumido pierdo y cierro el negocio.

Otra opción. Me dejan de pagar dos pero no pago impuestos por ellos hasta que los cobre. Pago a mi equipo cuatro y les concedo un bonus de uno por su buen trabajo y porque me lo puedo permitir. Esto seguramente estimularía algún consumo cíclico. El apoyo financiero me permite una carencia que destino a inversión en bienes de equipo. Lo mejor es que los tributos se me retiran durante los primeros dos años en su base imponible por lo que me queda algo para empezar a pensar en hacer más grande mi negocio.

Que diferente en otros países como en Alemania o Suecia, que unos directores generales dirigen las corporaciones como empresas, que impulsan políticas y activan procesos, a cambio que un corta cintas haga de alcalde. Allí pocas son las bromas.

Si poco se hacía desde algunas estructuras políticas por cambiar el dado circuito para emprender en España, menos lo veremos ahora. Ayuntamientos, diputaciones y derivados deben olvidarse de esos ingresos que no volverán. La economía no se recuperará pues no hay nada que recuperar y el proceso nos lleva a otro escenario donde esas dinámicas se reproducirán de otro modo menos eficiente.

Los ingresos por impuestos inmobiliarios y de la construcción serán piezas de museo y las transferencias del Estado seguirán adelgazando. La mayoría de impuestos dependen del consumo y de los beneficio de las empresas que llevan más de 4 años cayendo y eso repercutirá en las transferencias de los próximos años todavía. Es decir, van a tener que asumir la situación real a corto y a medio plazo, pero también en plazo indefinido pues de ellos ya no depende este tinglado. La merienda terminó y no han dejado nada. O nos ponemos nosotros o nadie lo hará. 

Ponte el despertador

Y llegó el infierno. Pero solo la puntita. Aun dolerá más sino hacemos algo. Todo sigue su impoluto camino hacia la parálisis. Depende de nosotros cambiar ese destino, de nadie más. Si alguien piensa que alguno de los que dicen liderar el asunto va a tomar alguna decisión acertada va muy equivocado. No están pensados para eso. Su tarea es mantenerlo todo como está aunque sea algo terrible. Estamos en manos de la generación política mejor preparada de la historia moderna para ese cometido: asegurarse que los cambios no les retiren privilegios. Partidos de siempre con los de siempre. Los que nos trajeron y nos acomodaron en el estiercol. Los mismos que ahora sin apenas sonrojarse se anuncian sabedores de la solución. Los “nuevos” que dicen ser diferentes pero que sus líderes ya estaban en política cuando yo estaba haciendo la comunión. Deben pensar que no tenemos memoria y tal vez no la tengamos. Atendiendo al desfile infecto de tertulianos y asalariados de la opinión genérica parece que así sea. Se han olvidado incluso de lo que ellos mismos decían no saber, no ver o, lo que es peor, de las acusaciones que vertieron sobre otros.
Me dicen mis amigos griegos, (ex directivos de empresas muy importantes) que fuera de Grecia no nos llega nada de lo que se está viviendo. Al parecer nos quedamos con la anécdota a trozos. La pobreza, la miseria y la indigencia se han apoderado de las calles y los conflictos de seguridad e higiene aumentan por día. El desastre es de tal calibre que la huida es absoluta. Me cuentan que las calles de Atenas están inundadas de vagabundos, drogadictos de una nueva sustancia que por dos euros la dosis te lleva directamente al otro barrio en seis meses y de humanos en venta. Me describen algo terrible que no vemos en otros países. Y me cuentan mis amigos griegos, que en Chipre, están peor aunque parece que la isla se la tragara el mar pues ya nadie habla.

Obviamente, en España cerraremos las televisiones y radios públicas, autonómicas y estatales, eso es cuestión de unos pocos años. Las reducciones de plantilla y los EREs que ahora protestan muchos son inevitables. Seguramente muchos siguen pensando que los medios públicos, como otras cosas, son derechos y no servicios. Posiblemente, tanto tiempo dando anestesia a terceros hizo que alguna dosis se la acabaran tomando ellos. Si yo fuera un trabajador de TVE o de TV3, en lugar de pasarme la mañana frente a las instalaciones de éstos gritando en defensa de un puesto de trabajo amenazado, me iba ordenando cajas, vaciando cajones y ganando tiempo sobre lo inevitable.

Y es que vivimos desnutridos culturalmente. Nos dan comida basura. Sino como se entiende que nadie se sienta “un poco mal” al emitir anuncios en sus medios (aunque sean privados) de parte de los que han masacrado las vidas de mucha gente. ¿Como se puede mantener una tertulia de radio teóricamente libre veinte segundos despúes de que se emitiera un anuncio de una entidad bancaria que ha robado miles de millones de euros a ancianos y familias sin cultura financiera?

El engaño consistió en mantener a una sociedad mantenida en una ilusión que los alejaba de la crítica social y el valor de tomar las riendas de tu propia existencia. Es absurdo, cuando no una actitud de pardillo, pensar que la clase gobernante establecerá mecanismos de información que permitan a los gobernados detectar claramente la estafa y humillación a la que se les somete a diario. Por lo tanto, no tiene sentido seguir pendientes de las decisiones políticas, de los medios de comunicación o de sus derivados, no vamos a ver nada más que píldoras que se evaporan rápido. Todo pasa pues nada permanece.

El tiempo se agota. Como sociedad no tendremos muchas más oportunidades de aprovechar un punto como este. Es hora de despertar, nadie nos va a llamar temprano para que lleguemos pronto a algun lugar. No hay lugar, sólo hay camino, el tiempo que cada uno le dedique es cuestión particular. Unos lo hacemos emprendiendo y persiguiendo sueños.

¿Nazis?

El 5 de agosto de 1940 Janusz Korczak se levantó de la litera que presidía la sala principal del Orfanato de la calle Krochmalba de Varsovia. Sembró su cara de proyectos con el agua de seda que tapizaba el suelo de verde viejo.  Poco después fue arrestado. Aquel médico polaco, conocido por sus cuentos infantiles, y director del centro para huérfanos, fue deportado junto a 196 niños a Treblinka. Cuentan que ningún niño lloró. Ninguno trató de huir. Tragando su dolor se aferraron a su maestro y un testigo describió el paso.  Desfilaron despacio como en procesión, tan lenta y silenciosamente que fracturaba el alma. Korczak marchó al frente de todos ellos.
Los nazis no eran afectados por la hipoteca, ni directivos de alguna compañía aérea, ni periodistas críticos con un gobierno, ni tan siquiera eran demócratas venidos a menos.  Nunca hablaban de manifestantes contrarios ejerciendo sus derechos, ni de rodear congresos fura más o menos razonable, ni de manifestarse frente a la vivienda de alguien aunque pueda parecer incómodo. No obligaban a saber catalán, ni castellano, ni les iba o venía ninguna de las cosas que ahora se dicen. Hoy no puedo hablar de empresa, ni de sueños, ni de nada. Empieza a ser ridículo por no decir cosas peores que cada matinal, al mirar la prensa española (y otras) desde la lejanía anglosajona como la clase política ibérica se ha vuelto esquizofrénica. Lo peor es que parece que actuar en esa constancia dialéctica de bar tiene seguidores. ¿Cómo puede una dirigente política decir que en España hay actitudes “nazis” y que no se levante el auditorio de inmediato y la dejen con esas cinco letras tatuadas en su boca? Será porque lo ven crudo y la mayoría de esos aplausos son bonos en la cola del paro inmediato.

Los nazis no eran nadie de los que ahora son tachados de serlo. Lo que la historia nos recuerda es que los nazis enviaban, a diario, centenares de seres humanos a las cámaras de gas. Diseñaron métodos para matar personas en serie del modo más productivo posible. Con el gas Zyklon-B perfeccionaron el sistema de eliminar razas, pensamientos y opciones sexuales. Con el fin de fundamentar terroríficas teorías raciales, científicos psicópatas en nombre del nacionalsocialismo, inyectaban cloroformo en el corazón de personas de diferentes razas para comprobar los efectos en los órganos una vez muertos.

Korczak murió en Treblinka, junto a casi dos centenares de niños pocos meses después de llegar al campo de exterminio. Su recuerdo, y el de los millones de polacos judíos, civiles eslavos, prisioneros soviéticos, disidentes, gitanos, discapacitados, homosexuales y testigos de Jehová que murieron en ese siniestro recinto se pierden en la historia junto a los seis millones que aniquilaron los nazis en el resto de campos de exterminio.

Tenemos la obligación moral de mantener intacto el recuerdo de las victimas de aquella terrible matanza. Las torturas de los nazis no pueden ahora quedar en la metáfora. No es justo, para los que fueron aniquilados, utilizar el nombre de sus verdugos para definir al contrario político cuando este tiene una actitud intolerante o cuando a un pobre imbécil ex diputado se le ocurre cubrirse de mierda hasta la garganta. No podemos llamar nazi, y ya esta, a quien no piensa como nosotros, por muy violento que parezca, por mucho que grite, por mucho que nos zarandee, por mucho que interprete erróneamente una situación lingüística o una ley hipotecaria. ¿Nos hemos vuelto locos? Es un insulto a la capacidad mental de los seres humanos mantener esa idiota manera de hacer discursos populistas, fáciles y perversos.

La intolerancia fue el germen, junto con otros factores, del exterminio y de los campos de concentración. Por suerte, ahora la intolerancia, en el peor de los casos y como mucho, los llevará ante un juez. Espero que la “clase” política rectifique, que no se comporten como abanderados del ridículo más absoluto y dejen estar este asunto en manos de la obviedad y de la lógica.

Pero no seamos ilusos, pues hablando de historia entenderemos precisamente que busca tanto discurso retorcido. Recordemos a Paul J. Goebbels. Era delgado y cojo. Tenía una pierna más larga que la otra. No se parecía en nada al arquetipo de raza aria que él mismo obligaría a imprimir en millones de carteles. Sufrió humillaciones de niño e incluso fue rechazado por el ejército cuando se presentó para combatir en la Primera Gran Guerra. Pero a nivel intelectual era inteligente, brillante, radical y cínico.

En un manual, Goebbels escribió: “No hay necesidad de dialogar con las masas, los eslóganes son mucho más efectivos. Actúan en las personas como lo hace el alcohol. La gente no reacciona como lo haría un hombre, sino como una mujer, sentimental en vez de inteligente. La propaganda es un arte, difícil pero noble, que requiere de genialidad para llevarla a cabo“. Cuando fue nombrado Ministro de Instrucción para el Público y Propaganda pasó a ser el responsable del mensaje oficial en todos los medios de comunicación. Para dar credibilidad al movimiento nazi mantuvo la moral militante en alto. No requería de grandes esfuerzos debido a las exitosas campañas de guerra por parte de los nazis. No fue hasta la segunda parte del conflicto que demostró ser un maestro en esto de manipular la opinión pública. A pesar de los intensos bombardeos y que las ciudades hermanas estaban convertidas en ruinas, la propaganda invitó al pueblo alemán a no desfallecer, a no perder el espíritu y, incluso, a reforzar la confianza en Hitler.

Cuando Alemania estaba a pocos días de caer bajo el peso del ejército aliado, inventó armas secretas y fortalezas impenetrables para que la gente, aún con una bayoneta entre pecho y la espalda, siguiera creyendo en la gloria militar que tarde o hora llegaría. El primero de mayo de 1945, después de envenenar a sus seis hijos, Joseph Goebbels se pegó un tiro en la cabeza. Para bien o para mal, la propaganda del Tercer Reich enseñó a los políticos y agitadores del mundo que más vale una mentira creíble que una verdad inverosímil.

Intelectuales brillantes, propaganda manipulando la opinión pública a fin de mantener la moral militante en alto, invitación a no desfallecer en el intento aunque haya que inventar “brotes verdes”, “finales de la crisis”, informes financieros falsos y sobretodo  políticos de tertulia y periodistas agitadores dando prioridad a un buen número de mentiras creíble por encima de verdades inverosímiles. Es tan actual e identificable que asusta.

En Cnn Chile

El pasado viernes, durante esta entrevista para CNN, hablé de política y redes sociales. Como sabéis dirijo una empresa que se dedica a gestionar de forma profesional la taxonomía de esos entornos. Hace muchos años que me dedico a ello. Empecé en Francia y luego en otros países, ahora con Cink gestionamos la presencia y estrategia de modernización de un buen puñado de partidos europeos y americanos. A diferencia de lo que algunos piensan, la estimulación de entornos de redes para beneficiar un candidato u otro no es un ejercicio de manipulación, puesto que cuando es así fracasa, sino que es un excelente motor de participación popular y de activación de voces que permanecían silenciadas por el escaso valor de su opinión en los escenarios tradicionales. Con esta actitud influenciamos en la medida de lo posible en la acción de cambio que requiere la política en muchos campos.

Blogs y bluffs

Por mi trabajo estoy acostumbrado a vender las propiedades positivas de los productos. A veces, incluso, las que no tienen. Para lograrlo con cierto éxito hay que decirle al cliente, cuyo artículo es un soberana mierda, que su producto es una soberana mierda. Por eso se que es contraproducente decir que los blogs con contenido político pueden ser los principales causantes de una muerte lenta y angustiosa de la propia blogosfera. Alguien tiene que hacer el trabajo sucio y advertir que si no conseguimos desenredar el infecto sistema endogámico que la mayoría de partidos que con la excusa de la e-democracia están utilizando esto no va a tener muy mal final.
A pocos meses de unos comicios municipales se nos presenta una nueva oportunidad para que los agentes políticos cambien la dinámica actual en la blogosfera política hecha por políticos. Los partidos ayudan a sus dirigentes a crear blogs, les enseñan y educan en la maravillosa herramienta que supone la bitácora. Les recomiendan disfrutar del magnífico instrumento que tienen entre sus manos. Les explican que la interacción con el militante, el votante y el ciudadano va a ser algo que los acercará al cielo. Montan seminarios y encuentros supermodernos de fin de semana. Sin embargo el resultado final es una montaña de blogs generados de forma automática que sirven para amplificar el discurso oficial de partido durante una campaña electoral. Los blogs transvertidos en sofisticadas pancartas que dicen lo que sus lectores quieren oír. Anécdotas que permiten a secretarios de formación de las ejecutivas de los partidos llenar un informe de gestión de más de 100 paginas y apuntarse un puntazo modernísimo de cara al próximo comité de jefazos que con dificultad saben que es el método “qwerty, pero que saben lo bien que quedan esos blufs de cara a su imagen de acercamiento y vanguardia.  Si uno es crítico con el poliblogger de alto standing y se le ocrurre la desfachatez democrática de depositar un comentario, puntualmente puede recibir un desconcertante “lo tomaré en consideración”, pero en la mayoría de las ocasiones, su “comment” se traduce en un silencio ensordecedor y obsceno. Las excepciones las hay, en todos los partidos. Hay ministros que están construyéndose una reputación e-democrática muy interesante y bloggers en la oposición en diversas instituciones que también están significándose muy positivamente.

La blogosfera política respira con dificultad pero aun nadie se ha percatado de que está enferma. La red de blogs hecha por políticos por bloggers alineados en un territorio de partido serán los responsables de la crisis cardiorrespiratoria que se avecina. Los blogs no dejan de ser un tablero donde dejar un posit y esperar la reacción ciudadana. La diferencia que juega a favor de la blogosfera es que en ese tablero de un millón de almas, otras miles enfocan sus espejos y multiplica el efecto del primer posit. En el mundo real un posit puede ser clavado en el tablero del concejal de urbanismo de tu pueblo. Ese señor pasa por delante del posit diez veces al día pero nunca hace caso al papelito amarillo. Un día ese papelito se cae y una secretaria se da cuenta que iba dirigido a su jefe. Se lo deja en su mesa. Después de dos meses el concejal lo lee, lo arruga y lo tira a la basura. Copia la dirección del remitente y le contesta “lo tendré en consideración, gracias”.

Sería tan bonito que los ciudadanos pudieran dejar sus opiniones libremente y que sus líderes las leyeran y las tomaran en consideración y si las respuestas fueran escritas por el propio candidato sería algo insuperable. Que lejos estamos de Italia, Estados Unidos y ya no digamos de Francia. Cuando digo que la distancia que nos separa es enorme no me refiero a la difusión, número o audiencia de los blogs. Me refiero al uso y servicio que se les concede. Cabe decir que el “síndrome Alicia” que está propagando por la red no es algo local en nuestro país. De los 260 millones de blogs creados en el mundo hasta hoy, “solo” están operativos 56 millones, únicamente el 2% de los internautas visitan blogs frecuentemente.

En los próximos dos años las cybercampañas francesa, americana y española marcaran la evolución de la blogosfera política mundial. En concreto, en nuestro país, durante las municipales de mayo aun no sufriremos ninguna erosión significativa, pero a medida que la clase política se de cuenta que es más efectivo un buen spot en youtube que una respuesta en su blog semimuerto, el camino tendrá un mal destino. Es por eso que apelo a todos los que desde sus propias filas se niegan a ser críticos con sus partidos, apelo a los que tienen la obligación moral de abrir puertas y acercar la democracia participativa de verdad y no de pega,  increpo a aquellos ciber demócratas a sueldo de las instituciones publicas, que no permiten comentarios en sus blogs, a todos ellos les digo que en sus manos está la defensa de todos los que día a día utilizamos nuestra bitácora para exponer un razonamiento, una idea, una crítica y un anhelo. Es nuestra responsabilidad que podamos construir una democracía particiapativa y real, la que da hace libre y da voz a la gente por igual.

No jueguen con nosotros, que es muy fácil añadir sacarina a este café amargo. Es preciso darnos cuenta ahora porque de momento hay remedio. Por ahora todo es crecimiento. Según un estudio de Nielsen/NetRattings la cifra de lectores de blogs ya supera a los lectores de periódicos online. El internauta prefiere contrastar percepciones y conformarse la noticia con el conjunto. Los blogs son instrumentos revolucionarios y en algunos países como EUA algunos cuadernos de bitácora tienen una influencia similar a los noticieros de comunicación tradicionales. En Francia los blogs económicos son verdaderos gurus de inversión, Loic Le Meur es omnipresente en los medios galos, y en Italia los debates entre candidatos se suceden en blogs ínter partidistas a tiempo real.

A mi modo de ver, la blogosfera política española y catalana van a cámara lenta. En Catalunya, sin embargo, hemos tomado ventaja y de momento se puede percibir en una cierta repercusión en los medios de comunicación. Parte de responsabilidad sobre una campaña de desprestigio subterránea hacia la blogosfera es la de tildar de “periodistas aficionados” a los bloggers. Algunos periodistas tradicionales obvian los blogs porque interpretan en ellos una amenaza más que un aliado, otros ven una obligación y montan el suyo con más pena que gloria y unos pocos lideran proyectos interesantes. Poliblocs, en Catalunya, intenta remover la quietud en la que esta entrando la catosfera. Es una novedad que, para devenir un referente, deberá ir más allá del portal sectorial de blogs y transformarse en el generador de opinión política más importante de Catalunya, algo, por otra parte, exportable.

Es catalán pero es buen tio

Circula la idea de que el Partido Popular consiguió engullir en sus filas a la extrema derecha. En algunos ámbitos de opinión se da por cierto que gracias a esa digestión y a toneladas de bicarbonato, los grupos ultras de este país no pudieron construir un partido político serio como en otros países europeos. De hecho al PP se le ha agradecido que durante muchos años haya logrado moderar a la inmoderable ultraderecha española.
Sin embargo la realidad ha sido muy distinta. La extrema derecha es la que impide que en España haya un partido conservador moderado y europeo. Los populares han sido obligados a abandonar el centro con el insostenible discurso actual de algunos de sus representantes más destacados. La deriva ideológica y política resulta patética. Lamentablemente los catalanes sabemos que el Partido Popular ha establecido como acción política el suicidio en Cataluña. Los dirigentes populares de la calle Urgell han asumido que su resultado electoral será el fruto del votante más resentido con el sentimiento catalanista y que les mantendrá como grupo minoritario en Cataluña. Están convencidos que no les queda alternativa y aunque realicen quiebros al estilo Piqué la verdad pesa como una losa y les aplasta una y otra vez en cada nueva brillante intervención de los que más mandan.

La dirección nacional y sus estrategas han decidido edificar un discurso sobre un gran engaño: “el castellano esta perseguido en Cataluña”. Expertos como son en beber de los charcos, se olvidan interesadamente que la inmersión lingüística fue votada a favor por todos los partidos políticos de Cataluña durante el mandato de Pujol, incluida Alianza Popular. Ese odio que los fecunda les obligó entre el 11 y el 14 de marzo a hacer lo mismo, primando lo que podía ser probable sobre lo que sabían que era cierto. Ahora con el catalán priman los tópicos sobre lo que saben que es verdad. Sobrevaloran lo probable, que en Cataluña se habla catalán y además se agradece que se quiera aprender, pero esconden lo que saben que es cierto, que aunque no hables la lengua catalana puedes circular por todas las carreteras y pagar sus peajes, puedes tomarte un café en las terrazas de las Ramblas y además, sin pedir permiso a nadie, puedes abrir una cuenta en una sucursal de la Caixa. Lo que pasa es que tarde o temprano, cuando llevas tiempo viviendo en Cataluña lo normal es que acabes entendiendo e incluso hablando catalán. No es justo y además sabe mal que algunos, desde el partido que hizo ida y vuelta al centro, alimente el odio entre comunidades.

Hace pocos días, en la flamante nueva T4 de Barajas alguien me presentó a unos amigos suyos diciendo: “es catalán, pero es buen tío”.