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La humanidad podría no estar tan jodida

Hace años, cuando escribí que ‘una bola de estiércol se avecinaba por el horizonte y que lo hacía a velocidad uniforme y sin pausa’, no hice más que sintetizar datos y opiniones que unos pocos se atrevían a lanzar en un momento de bonanza como la se vivía en aquellos años. Era casi automático. Decías que todo se vendría abajo y te catalogaban de agorero o pesimista. Digamos que en eso de ver, interpretar o analizar la socioeconomía y lo que la rodea no hay un consenso aparente y de ahí lo apasionante que resulta. Probablemente ahora estamos ante algo parecido pero al contrario. Decir que vamos a mejor como especie tiene muchos detractores, que vivimos el momento y revolución más brillante desde el Renacimiento, muchos enemigos.
A la tecnología no se la interpreta bien muchas veces, se la considera enemiga de lo humano, cuya frialdad la convierte en un ‘agresivo’ método de selección que irá retirando a los humanos de los espacios de valor. Sin embargo parece evidente que, comparando con cualquier momento de la historia, la gente de este planeta actualmente es mucho más saludable.

En el informe ‘The World in 2025: 10 Predictions in Innovation’ que Thomson Reuters ha publicado recientemente se lanza esa teoría sobre la bonanza conceptual que nos espera como sociedad en los próximos diez años. Una lista de predicciones como la energía solar convirtiéndose en la fuente de energía predominante en el planeta, bebés recibiendo de manera rutinaria sus genomas asignados para evaluar riesgos de enfermedades en el futuro, y la transferencia de materia capaz de transportar cualquier elemento no humano.

Según ese estudio los problemas alimenticios en el mundo provocados por el acceso y la fluctuación de precios de los mismos será cuestión de muy pocos años. Al parecer ‘en 2025, los cultivos modificados genéticamente se cultivarán rápidamente y de forma segura en el interior de cualquier lugar a la vez que ya empiezan a hacerse capaces de resistir cualquier daño o enfermedad, logrando así rendimientos específicos tal y como sean necesarios en cada caso’.

En esto tengo alguna diferencia de impresión. Estoy de acuerdo en que los precios y sus altibajos podrán controlarse debido a que el riesgo de malas cosechas se reduzca, pero lo que no tengo tan claro es que la especulación derivada en otros elementos como la escasez voluntaria o forzada no sea un factor que modifique tanta buena voluntad. Hay otros informes que detallan un aspecto llamado ‘hambre oculta’.

:::A pesar de que la proporción de personas en el mundo que pasan hambre se ha reducido de más del 30 por ciento desde 1970 al 15 por ciento hoy en día, la FAO estima que el 30% (2.000 millones de personas) sufren de ‘hambre oculta’. Así se conoce el hecho de que aunque la ingesta de calorías es suficiente, la cantidad de vitaminas y minerales no lo es, puesto que la agricultura industrial reduce el contenido de nutrientes de los cultivos’.

En el informe ‘The World in 2025: 10 Predictions in Innovation’ las conclusiones reflejan cómo la tecnología y la empresa vinculada a esos avances determinarán claramente el mundo de nuestros hijos. Tengo claro que los modelos de negocio y la capacidad como sociedad para adaptarnos a esas nuevas funcionalidades nos exigirán de un compromiso que como ciudadanos aun no hemos logrado entender. Lo tremendo, y de eso seguiremos hablando otro día, es como gobiernos y poderes fácticos se esforzarán en retrasar algunos avances debido a que cada paso por un escenario social más horizontal y equilibrado genera ‘descontrol’ y pérdida de poder (casi feudal) de algunos de ellos. A mi modo de ver, destacan para mi las siguientes:

1. Todo digitalizado, en todas partes, con todo.

Ya lo hemos comentado aquí antes, pero no está de más señalarlo por lo trascendente que va a ser. Desde los objetos personales más pequeños hasta los más grandes, todo el mundo estará conectado digitalmente, y muy pendiente de cada una de nuestras necesidades y gustos.

El mundo digital como lo conocemos hoy en día parecerá algo ridículamente sencillo y rudimentario en apenas una década, en 2025. Piensa como era la red hace apenas diez o quince años. Si tienes la sensación de que estamos ahora muy avanzados, no obstante, tengo claro que seguimos en los albores, en la antesala de la mayor revolución sufrida por la humanidad en toda su historia.

Gracias a la mejora de los semiconductores, los nanotubos de carbono, el grafeno, las redes de células, la tecnología 5G, las comunicaciones inalámbricas dominando nuestro entorno, la inteligencia artificial difícilmente diferenciada de la natural, los robots, los datos a velocidades imposibles, la retirada de intermediarios y elementos en las cadenas de valor (a pesar de los esfuerzos de gobiernos y gremios), la automatización de coches, barcos y aviones y la emergencia de un modelo empresarial basado en otro concepto menos conservador y mucho más arriesgado como las ‘startups’.

El mundo que según este informe habla de vehículos y viviendas que respondan a nuestros deseos, de aparatos que piensan por sí mismos y de geografías interconectadas, desde tierras de cultivo remotas a las ciudades superpobladas, todos, ya es perceptible, viviremos a ritmo digital. El estudio habla de una África completamente conectada digitalmente. Ese día tendrá lugar durante el año 2025.

2. Una sociedad con más memoria y capacidad de análisis, más sabia.

La comprensión del genoma humano y de mutaciones genéticas permitirá mejorar la detección y los métodos de prevención de enfermedades neurodegenerativas como la demencia y el Alzheimer. El análisis y comprensión del genoma humano tendrán efectos de largo alcance en el año 2025. Los Baby Boomers van llegando a los 80 años. El acceso a la memoria infinita que supone la red nos permitirá pensar independientemente de nuestros recuerdos y sus conexiones, la gestión de los datos y la información se trasladará entre modelos sintéticos y naturales sin problemas y la interacción mental entre máquina-humano se irá estandarizando.

3. La energía solar se convertirá en la principal fuerza energética del planeta.

Los métodos para la recolección, almacenamiento y conversión de energía solar son tan avanzados y eficientes que se convertirán en la principal fuente de energía en nuestro planeta. Gracias a las mejoras en la tecnología fotovoltaica, enlace químico y fotocatalizadores a nanoescalas tridimensionales, el uso del sol como fuente primaria del mundo de la energía será de uso masivo.

4. Será una norma la realización del mapa del ADN al nacer.

La evolución de los sistemas de microanálisis (análisis de una sola célula) y los avances en la nanotecnología, junto con las tecnologías más extendidas sobre Big Data, provocarán que se ejecuten automáticamente mapas del ADN como norma en todos los recién nacidos como parte del examen médico inicial. A medida que el volumen de la materia que puede ser manipulado en el laboratorio se hace más pequeño, mayores posibilidades de reconocimiento médico emergen. Los análisis de sangre potencialmente serán cosa del pleistoceno.

5. Y finalmente, el teletransporte será realidad.

Técnicas cinemáticas utilizarán las partículas de Higgs Boson. La cinemática es una forma de la mecánica clásica que estudia el movimiento de los puntos, los objetos y grupos de objetos independientemente del ímpetu para el movimiento. Estamos en el punto de inflexión y, actualmente, es un campo de investigación emergente. Los primeros indicadores apuntan a una rápida aceleración de la investigación que conducirá a la prueba de teletransportación (no humana) cuántica aproximadamente en 2025.

Pensar que lo mejor está por llegar es una buena manera de vivir. Le llaman optimismo, esperanza o vitalidad. A mi me gusta definirlo como ‘pasión por explorar’. Mientras vivo el presente, ya estoy deseando que llegue el futuro.

El momento de las 3:00 AM

513201Hace años que en mi entorno utilizamos (desconozco si viene de algún lugar externo) una expresión que define ese instante en el que no puedes más y, aquello que tienes que resolver, lo haces de cualquier manera, sin ponerle el último gramo de energía brillante que te queda, y lo haces así por agotamiento. Le llamamos “el momento de las 3 AM”. Es un duro punto de encuentro pues es asumir la derrota temporal, la extenuación que te lleva a la desidia y poco después a la aceptación de que, tal y como estamos, el tiempo que nos queda y la hora que es, el asunto en cuestión no es mejorable. Suelen tomarse decisiones estructurales que pueden llevar al fracaso más absoluto a un proyecto, es precisamente cuando todo parece desmoronarse y se adecua la mente de un emprendedor innovador para pasar a ser algo mucho más gris y plano. Además, sucede inmediatamente después de cuando alguien pronuncia la frase maldita: “eso no se puede hacer”.
Si algo he aprendido en estos años de poner en marcha empresas, dirigirlas, impulsarlas, padecerlas, cerrarlas, perderlas o comprarlas es que no hay nada imposible, todo es factible, sólo es preciso ponerse con una serie de herramientas, actitudes y aptitudes. Me encantan las personas que se desconectan del mundo unos instantes tras escuchar ese “es imposible” y encienden sus ojos, de repente diciendo mi frase favorita: “es difícil, pero hay una manera de hacerlo”.

En un reciente artículo publicado en el WSJ hablando del espíritu emprendedor se comenta que fomentar el espíritu emprendedor precisa de buscar, localizar y organizar a quienes tienen ese valor innovador, de retorcer los problemas, de agrandar el espacio de las respuestas y reducir el de los “imposibles”. Yo veo así la vida. Me gusta rodearme de personas innovadoras, con ganas de superar retos, de afrontar cada problema con el espíritu de sacrificio y valor que yo dispongo en la conquista de mis sueños.

Soñar no es un extraño verbo que representa lo imposible, sino todo lo contrario, es la cristalización de la esencia humana. Como especie no hubiéramos abandonado las cavernas sino fuera por ese sentido conquistador del espacio del saber, de preguntarse, de valorar lo desconocido como territorio y no como vacío. Ese perfil inconformista, que se revela y que no se acomoda es el que tanto molesta a los que nos pretenden “dirigir”, ese modelo de vida es el que no teme fracasar, no siente dolor y escucha, no dice no, no dice imposible sino ¡vamos!, no piensa en si va solo o acompañado, solo decide ir. Esos son los míos.

A las 3 de la madrugada quedan muchas luces encendidas, son ingentes manadas de corredores de fondo que siguen preparando sus proyectos, que dejaron de dormir pues sueñan despiertos. Cuando no puedas más, mira por la ventana, observa, en tu ciudad, en tu país, en el mundo, hay millones de luces abiertas, de pantallas, de bombillas pequeñas, de alógenas, blancas o tibias, todas dan luz a un rostro cansado pero repleto de ilusiones, una hora tras otra, un día tras otro, una vida tras otra, todos tecleando, dibujando, en el aire, en la computadora, todos, pensando: “es posible”.

La innovación es la clave de esa manera de ver la vida. Según Darren Francis una tercera parte de nuestra capacidad creativa está en el ADN. Así que, según él, “hay cosas que se puede hacer para fomentar en los niños esa capacidad creativa, innovadora y, por consecuencia, emprendedora”.

He hablado alguna vez del ADN del emprendedor y sigo pensando que tenemos una morfología particular. Se diferencia de otros individuos por ser creativo en mayor o menor medida, disponer de una gran intuición, incluso si fracasa, de un grado de optimismo patológico que puede perfectamente mezclarse con un espíritu crítico y analítico de la realidad, un emprendedor no es un iluso, es un valiente que decide tirarse por un acantilado sin saber, muchas veces, que le espera allí abajo.

El emprendedor tiene un ADN compuesto por empuje, decisión, observación y energía para soportar los temporales que se encontrara en su camino. En España, además, el emprendedor suele tener dos caracteres más: la paciencia para tolerar la pesada administración pública y su burocracia e inconsciencia bien entendida para sobrellevar el riesgo de exclusión si te arruinas en este país.

Os dejo una gráfica interesante sobre el valor de la innovación y la capacidad emprendedora y que Francis publicó durante su exposición en el foro Economía, Creatividad e Innovación auspiciado por el WSJ hace pocos días.

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Emprendeduría en la sangre

A veces pienso que el emprendedor tiene una composición molecular peculiar. Se diferencia de otros individuos por ser creativo en mayor o menor medida, disponer de una gran intuición, incluso si fracasa, de un grado de optimismo patológico que puede perfectamente mezclarse con un espíritu crítico y analítico de la realidad, un emprendedor no es un iluso, es un valiente que decide tirarse por un acantilado sin saber, muchas veces, que le espera allí abajo. Lo hace porque disfruta. A pesar de que vivimos momentos de incertidumbre, de cambio de modelo y de que, en gran medida, muchos emprenden por que no hay más remedio, la verdad es que algunos de ellos, en ese tránsito cercano al acantilado descubren que su condición natural, su ADN, era el de emprendedor.
El emprendedor tiene un ADN compuesto por empuje, decisión, observación y energía para soportar los temporales que se encontrara en su camino. En España, además, el emprendedor suele tener dos caracteres más: la paciencia para tolerar la pesada administración pública y su burocracia e inconsciencia bien entendida para sobrellevar el riesgo de exclusión si te arruinas en este país. Me gustaría destacar que no sólo de emprendedores es la tarea de mejorar nuestro entorno, tiene que ver con muchos otros elementos sociales. La multitud es el todo y es quien debe poner en marcha los resortes del cambio. Los gobiernos y los poderes políticos, públicos, financieros y privados, todos son la clave, pero la sociedad en su conjunto, emprendedores y emprendidos, todos adeudan ese impulso hacía un futuro más equilibrado y activo, donde ser concursante de Gran Hermano no sea el objetivo de millones de jóvenes por que consideran que siendo famoso la vida será más fácil.

En este sentido leí este artículo en Bloomberg Business que os transcribo y traduzco sobre algunas de las consideraciones de nacer, ser o crecer como emprendedor o empresario y que nos viene a cuestionar si eso de ser emprendedor es algo que se lleva en la sangre.

“Se nace empresario. El resto es sólo una cuestión de revelar tu talento oculto”.  Eso, al menos, fue la opinión expresada por la empresaria francesa Aude de Thuin durante la aceptación del galardón de la “Mujer Empresaria del Año en el World Entrepreneurship Forum en Lyon”. Dijo que ese es un viejo debate, por supuesto, cuando se trata de tener éxito en su campo elegido, lo que realmente cuenta solo pueden ser dos aspectos: la naturaleza o la educación. Yo no creo que haya mucha discusión que Usain Bolt nació para correr, o que Miguel Ángel era un genio con un pincel. Al parecer cada vez que aportamos un argumento en uno u otro sentido aparece el contrario para equilibrarlo.

Pero ¿qué pasa en el negocio? Para mí, el empresario es un producto de sus valores de educación, sociales, momentos cruciales de vida y, por supuesto, la buena fortuna de estar en el lugar correcto en el momento adecuado. Después de todo, ¿no es así en la universidad de la vida que se desarrolla nuestra actitud frente a la toma de riesgos, nuestro deseo de emular a otros empresarios, a ruina momentos de pérdida, o aprovechar los destellos de inspiración, o simplemente la necesidad de encontrar una manera de pagar las cuentas al final de cada mes?

A pesar de la dislexia como elemento diferenciador que mostraría algún elemento biológico pues es una condición compartida por muchos empresarios exitosos-como Steve Jobs, Walt Disney, Charles Schwab y Ingvar Kamprad de Ikea, es cada vez más corriente pensar que la educación es la clave. Incluso si nacemos con ciertos talentos es imprescindible educarlos para explotarlos adecuadamente. Esto da una oportunidad sin precedentes para las escuelas de negocios para ayudar a desarrollar la próxima generación de creadores tanto de la riqueza y de la justicia social.

Dado que es difícil encontrar una escuela de negocios que no pretenda enseñar el espíritu empresarial en estos días, ¿podrían realmente ser los catalizadores para crear la próxima generación de Zuckerbergs, Bransons, o pioneros como Muhammad Yunus? Echemos un vistazo a la India, por ejemplo. En los últimos 20 años ha habido una proliferación de la educación empresarial en el país, hasta el punto que ahora tiene una de las mayores poblaciones de MBAs en el mundo. Y al mismo tiempo, el prestigio de las carreras tradicionales en el derecho, la medicina y la administración pública parece estar disminuyendo. Los empresarios indios son ahora las nuevas estrellas de Bollywood. ¿Podrían las dos tendencias, posiblemente, estar conectadas?

En definitiva, el artículo habla de talento, genética y poco de situación y coyuntura. Creo que hay que tener en cuenta que hay momentos que provocan la proliferación de emprendedores, estos tiempos pueden ser evidentemente uno de ellos. Sin embargo un consejo: ni caso a los hipotéticos planes para apoyar a emprendedores y simulacros parecidos, no existen, son más de lo mismo, discursos vacíos para fanboys de partido que no han montado una empresa en su vida, y lo peor, no tienen intención de cambiar.

Optimismo inevitable

Desde hace algunos meses algunos de los lectores de este blog critican, estoy seguro que de buena fe, mis artículos “optimistas“ y “alejados de la realidad“. Con mi propia hemeroteca podemos detectar que no fue precisamente mi característica principal esa de la que ahora dicen que hago gala. Lo que sucede es que uno no está para “anunciar el fin del mundo constantemente“. Ya pasó, ya lo hice, ya lo dijimos. Cuando participé junto a Niño Becerra al programa “Singulars”, donde ya había estado antes y donde estaré en pocas semanas de nuevo, recuerdo lo que nos diferenciaba: yo señalé culpables, dije que se podía salir de esto si se asumía que era un nuevo sistema en todos los ámbitos humanos y sociales, él aseguró que era inevitable y que era una crisis económica de tipología sistémica. Seguimos pensando distinto. De hecho es normal. Mi buen amigo Santiago es un académico que puede patinar por el escenario de las hipótesis por calibrar, pero yo soy emprendedor y no me puedo permitir esos excesos. Ahora toca seguir viviendo. Seguir viviendo. Elegí hace 16 años hacerlo constantemente viajando, recorriendo el mundo y descubriendo territorios. Lo convertí en mi modo de vida, supervivencia y, ahora, gracias a un sofisticado network de colaboradores, compañeros y socios en todo un reto constante ayudando a emprender a otros. Siento ser optimista, pero no tengo más remedio. Estamos viviendo una especie de fin del mundo, lo sé, pero quiero ser testigo y partícipe, cueste lo que cueste, del nuevo.
Mis amigos me escuchan y callan. Lo hacen desde hace lustros. Saben que cuando me arruiné por completo (prometo describirlo en breve), y eso sucedió dos veces, lo pasé fatal. Algo que se explica en 4 minutos se tarda en digerir 4 años. Sin embargo, cuando les cuento un nuevo reto, un nuevo proyecto en el que voy a depositar toda mi energía y patrimonio, ni se inmutan, saben que no va a ser posible evitarlo. Esperan y observan. Si me va bien, lo celebran, si me va mal, me apoyan.

Las dudas sobre el perfil de un tipo que se dedica a montar empresas y casi ni a disfrutarlas es algo difícil de cristalizar. Es posible que esté tatuado en alguna especie de versión molecular de su organismo. No lo sé pero suena siniestro que así fuera. Es como si el resto de la sociedad, esa que duerme la siesta en el sofá social sin inquietarse, no tuviera ninguna función más que esperar a que les despierten puesto que los “emprendedores con ADN de emprendedor” ya se encargarán de poner patas arriba esta sociedad. Pues no.

Creo que todos tenemos esa titularidad. Plantearse un objetivo y un plan para lograrlo es algo que ha hecho todo el mundo en algún momento de su vida. Calcular como se logrará, que exactamente, quien nos ayudará, cuanto costará y desde donde lo haremos son las preguntas que cualquier individuo se plantea ante un reto personal. Lo mismo que los negocios, pero al igual que en lo cotidiano, las empresas requieren que arriesguemos, que nos la juguemos. En esas preguntas hay alguna que va implícita como ¿qué me va a pasar si no lo logro? Precisamente esa última cuestión es la que frena muchos proyectos. Pero si algo frena el progreso desde siempre es la constante presión sobre quien quiere intentarlo. Los pesimistas gozan de una buena reputación, pero también se equivocan. Eso no fue lo que pasó, pero esta vez pudiera ser.

Millones de hormigas

Dicen que las crisis son tiempos para las oportunidades. Eso es demasiado genérico como para aceptarlo como norma. Una época de dificultad como la actual no deja de ser un escenario de dificultad añadida al ya difícil mundo de la emprendeduría. El coste de poner en marcha una empresa o un proyecto cualquiera es muy alto en tiempo, esfuerzo y sacrificios. Se debe asumir desde el principio el enorme reto que se te presenta en frente justo en el instante en el que decides arrancar. Si añadimos que esto no es una crisis si no algo mucho más complejo y sofisticado, más trascendental y menos anecdótico, entonces aun me lo pones más claro.

Algo está pasando en el mundo, como decíamos hay un cruce de revoluciones en marcha: la de los modelos de producción y los de la transmisión del conocimiento. Eso es inédito que ocurra a la vez y está repercutiendo en el modelo emprendedor y en la capacidad de hacerlo. Algo está pasando en el mundo y tiene que ver con el hartazgo y la evidencia mostrada millones de veces en la red. Ahora una cacerola es mucho más que un objeto, es una voz global en video, es el Global Noise. Recordemos que hace 15 años una fotografía se hacía con una cámara analógica cuyas instantáneas dependían de un comercio especializado. Luego fueron las fotos digitales y las impresoras, más tarde los teléfonos con cámara y ahora los smartphones que no sólo hacen fotos, las distribuyen de inmediato por las redes sociales, ya no fotografiamos, ahora compartimos momentos, sentimientos y sucesos. Tienen mucho que ver los que se enfrentaron a los saltamontes. El vídeo que acompaña fue enlazado por un buen amigo de este blog y le agradezco la analogía con la realidad. Me gustan estos símiles metafóricos. Me hizo pensar en el valor del trabajo en común, del talento global y de la capacidad de ser uno sólo cuando entre todos nos sumamos en un modelo propio. Pensé en aquellas sequoias.

El emprendedor tiene una morfología particular. Se diferencia de otros individuos por ser creativo en mayor o menor medida, disponer de una gran intuición, incluso si fracasa, de un grado de optimismo patológico que puede perfectamente mezclarse con un espíritu crítico y analítico de la realidad, un emprendedor no es un iluso, es un valiente que decide tirarse por un acantilado sin saber, muchas veces, que le espera allí abajo.

El emprendedor tiene un ADN compuesto por empuje, decisión, observación y energía para soportar los temporales que se encontrara en su camino. En España, además, el emprendedor suele tener dos caracteres más: la paciencia para tolerar la pesada administración pública y su burocracia e inconsciencia bien entendida para sobrellevar el riesgo de exclusión si te arruinas en este país.

Me gustaría destacar que no sólo de emprendedores es la tarea de mejorar nuestro entorno, tiene que ver con muchos otros elementos sociales. La multitud es el todo y es quien debe poner en marcha los resortes del cambio. Los gobiernos y los poderes políticos, públicos, financieros y privados, todos son la clave, pero la sociedad en su conjunto, emprendedores y emprendidos, todos adeudan ese impulso hacía un futuro más equilibrado y activo, donde ser concursante de Gran Hermano no sea el objetivo de millones de jóvenes por que consideran que siendo famoso la vida será más fácil.

No sólo de emprendedores va este post, también de todo lo que conlleva estimular cambios de conducta para tomar las riendas de tu propia vida, seas o no empresario, joven o anciano. No hablamos de estereotipos, pero si de actores. Hay personas que han nacido con una actitud en la vida que los posiciona como agentes de cambio, otros que se ven impulsados a ello.

La mal llamada crisis debería despertar en muchos ciudadanos su inquietud por emprender. Este momento, aparentemente poco propicio para poner en marcha proyectos, es uno de los más complejos por los que pasará la mayoría de las generaciones que les tocaron vivir. Con un endurecimiento del crédito, sin dinero público para invertir en reflotar la economía, con el consumo cayendo y sin expectativas de mejora, el horizonte no parece el más brillante para los que han decidido arriesgarlo todo por una empresa.

De necesidades y retos

El pasado domingo, en mi columna del ABC, relaté una conversación con un “lustra botas“ colombiano acerca de lo importante que es creer en los sueños más que en los vehículos que los contienen.  Concretamente decía que la última vez que estuve frente a uno de estos confesores del día a día aeronáutico me dijo que “el problema de España era su falta de ideas”. Le cuestioné ¿de donde sacaba semejante conclusión? Su respuesta tuvo el aliento de la experiencia: “ustedes solo piensan en el avión, no en volar. Sin darle mayor importancia, el bueno de Eduardo continuó con su trabajo, sin tener conciencia de que había dado en el clavo del problema. Lo que escribí en esos días tiene mucho que ver en el como debemos ver eso de “emprender”. Tiene que ver con ilusionarse y con no errar en el objetivo. Es cierto que todo está crudo y que es más fácil poner en marcha negocios en tiempos de vacas gordas pero siempre hay quien se pone en marcha en contra de las probabilidades. Esos son los que me interesan, los que cambian el mundo. Sin apenas opciones, a veces aparecen los más intrépidos, esos que consideran que una crisis es un grato escenario pues limpiará de ineficiencia su entorno. Ese es el grado máximo de la confianza en sus propias aptitudes. Está claro que quienes toman ese camino son lo más fresco del panorama laboral en el que se mueve nuestra actualidad.
Sin embargo no todo es el ADN. No todo está gravado en la biología de las personas. Hay motivos diferenciados para emprender. Por un lado los que ven una oportunidad, pero también los que lo hacen por necesidad. Cuando no hay ninguna otra opción y todo queda a expensas de si tú mismo pones en marcha un proyecto, eso poco o nada tiene que ver con lo innato y pasa a ser la consecuencia. Retos

En Colombia o Perú, por citar algunos países, la emprendeduría es muy alta, los niveles de activación de negocios es de las más importantes del mundo. Se debe a que no hay prestaciones por desempleo prácticamente y el microcomercio es una opción laboral de autoempleo que cualquiera puede afrontar. Hay miles de paradas de mil productos. Son idénticos aparentemente los unos a los otros, todos parecen vender lo mismo, pero no es así. Ciertamente es la manera que tienen en esos países por salir de la exclusión, no hay otro modo. Lo curioso, como decía, es descubrir como de un día para otro, una parada que vendía hasta ayer mismo diferentes divertimentos fritos y publicaciones diversas, incluye en su catálogo algún nuevo servicio como la plastificación de documentos.

Es a partir de esa innovación e inversión, que consigue la atención de nuevos potenciales clientes.
Es muy destacable ver como algunos de los ejecutivos que han ido cayendo al lodazal del paro en los países de occidente, han tardado de media un mes en iniciar un nuevo proyecto, mientras que los trabajadores de esas mismas empresas, muchos de ellos, apuran el subsidio. El estudio que fijaba este dato pertenece a la propia administración y reseñaba la diferente actitud ante el mismo problema. Está claro que la cantidad obtenida por la paga por desempleo está en una de las implicaciones de dicha diferencia pero es significativo. Si el directivo ve mermada su capacidad adquisitiva hasta en un tercio o más en cuanto se queda en paro, el trabajador de escala inferior puede prácticamente quedarse en un estadio muy similar.

Podemos decir que el ADN del emprendedor no es tan claro ni evidente. Ponemos en marcha proyectos por otros motivos, atendemos en base a otros factores. Ahora bien, si las crisis generan oportunidades o no está por ver, pero que algunos de esos nuevos emprendedores que han afrontado la crisis como oportunidad si entran en el listado de los que han descubierto su aptitud y su innata voluntad por emprender.

Un emprendedor “de nacimiento” verá en una recesión como esta el momento ideal. Como el zapatero que detectó una necesidad en Africa, el que acomete una empresa en estos momentos ve un campo por abonar. Es cierto que hay compañías que han abandonado por necesidad o por estrategia algunos nichos de negocio que ahora podrían ser ocupados por otras mucho más eficientes por un tema de tamaño, pero las pymes y sus emprendedores suelen ser más directas en algunos modelos de gestión que una gran compañía que tiene que atender modelos productivos a gran escala. Los emprendedores siempre están en crisis al fin y al cabo, es su estado natural para afrontar cada día el reto de aprender.