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¿Y si España se convirtiera en el centro de pruebas de los coches autónomos?

¿Y si España se convirtiera en el centro de pruebas de los coches autónomos?

El World Economic Forum hizo una reflexión reciente acerca del futuro de los trasplantes. Según éstos, a medida que el coche autónomo se generalice y los accidentes vayan reduciéndose, el número de órganos disponibles para trasplantes que provienen fundamentalmente de accidentes de tráfico descenderán de manera notable. Al parece esto es algo que ya se presupone y se tiene en cuenta hace unos cinco años y se calcula que el problema será muy importante en apenas una década. Para ello hay programas de desarrollo e investigación con gran cantidad de recursos destinados a fin de mejorar la creación de órganos artificiales con tecnologías de impresión 3D. Una tecnología que se acopla a las consecuencias de otra. Esa es la natural definición de una Revolución Industrial. En economía llamamos a esto desacoplamiento y tiene mucho que ver en como la sociedad es capaz de digerir los avances. La política y los gobiernos son los responsables de marcar líneas estratégicas y acciones políticas para que ese desacople sea el menor posible.

Una pequeña voltereta para un robot, una gran voltereta para la humanidad.

Una pequeña voltereta para un robot, una gran voltereta para la humanidad.

Que un robot con estructura humanoide con una especie de extremidades humanas que se comportan de manera similar a las nuestras camine, ya no es novedad. Sucede desde hace unos años y lo hace sin caerse. Si le molestas o le empujas, o bien aguantan el equilibrio o se levantan una y otra vez sin mostrar ningún tipo de contrariedad. Que un robot salte y mantenga su verticalidad empieza a ser un avance muy relevante, pero que se convierta en una especie de gimnasta olímpico haciendo ‘backflips’ resulta extraordinario.

Crear empresas tecnológicas para cambiar el modelo económico

Crear empresas tecnológicas para cambiar el modelo económico

En Estados Unidos, durante la explosión de la burbuja financiera en 2008, a la vez que millones de activos se esfumaban, cerraban empresas, se despedían personas y todo el sistema quedaba en el aire, centenares de miles de empresas se fundaban sobretodo en la zona de California y Massachusetts. Es una manera de afrontar la crisis que ya fue adoptada en el pinchazo de las ‘puntocom’ hace ahora 14 años. 

Robot de compañía entre la IoT, la domótica y el M2M.

Robot de compañía entre la IoT, la domótica y el M2M.

Antes del video que acompaña este post, permitidme una reflexión previa. Mientras nos informan que el paro baja, la brujas se peinan y la vida se arregla a marchas forzadas, el lugar donde pasan las cosas cada vez está más lejos. Los datos del paro de ayer en España por buenos que son a primera vista son un desastre monumental en cuanto a lo que significa.

Dejar de ser la especie más inteligente del planeta

El pasado sábado mantuve una conversación ‘telefónica’ muy animada con un robot. Fue durante una presentación para inversores que se hizo en la zona del Silicon Docks de Dublín en conexión con el MIT de Boston. Participaron un buen número de sorprendidos amantes de la inversión tecnológica. En mi caso, el engendro, bromeó con alguna palabra en castellano incluso. Te descoloca a la vez que te emociona. Te la impresión que estamos cerca de dejar ser la especie más inteligente del planeta.
No era el caso de este, pero en algunos especímenes, componen música en un minuto, hablan como nosotros con errores que generan confianza, bromean pues eso abraza la humanidad y tienen su propia ética que se compone del análisis de la nuestra mientras no puedan, o quieran, ir pariendo la suya.

Hablando con los técnicos que hicieron posible la conexión, éstos afirmaban tomando el café, que si nos confesaran lo que ahora mismo ya son capaces de hacer algunos de sus desarrollos en materia de inteligencia artificial nos asustaríamos. Te dicen, sin mirarte a los ojos y removiendo la cucharilla del café, que no estamos preparados para dar el relevo a otra especie superior, a un símil de post humanidad inminente. De momento, dicen, les vamos a ir dando trabajo. Luego ya veremos que hacemos.

La mayoría de los últimos avances en inteligencia artificial, como aplicaciones móviles que convierten la voz en texto son el resultado de aprendizaje de una máquina con enormes conjuntos de datos para buscar patrones. Sin embargo, el avance actual radica en hacer que las aplicaciones de aprendizaje se basen en lago llamado ‘lenguajes de programación probabilísticos’, que permiten a los investigadores mezclar y combinar técnicas de aprendizaje automático.

Investigadores del MIT han demostrado las máquinas están aprendiendo a aprender. En un lenguaje de programación probabilística, el trabajo pesado se realiza por el algoritmo que reajusta continuamente probabilidades sobre la base de nuevas piezas de datos del entrenamiento previo. Digamos, para entendernos que esa rama de investigación tiene como objetivo resolver todas las tareas que precisa un ordenador para entender el mundo tal y como nosotros lo vemos, sus dimensiones, complejidades y relaciones.

El 19 de febrero de este mismo año fue presentado en España un tal Watson, el ordenador más inteligente del mundo. En aquella ocasión, en la sede de IBM se hizo una demostración que consistió en una conversación en lenguaje natural sobre la adquisición corporativa sugerida por parte del robot a un hipotético consejo de administración.

Nada nuevo sin embargo por muy rebuscado que parezca. Como aquí dijimos, ya hay diversos ‘robots’ dirigiendo alguna empresa del mundo. Ya están sentados en los consejos de administración tomando decisiones y no tanto ayudando a tomarlas como se creería en un primer instante.

Vamos a tener que convivir con ellos. Seguramente habrá de muchas formas y modelos, unos simplemente serán brazos armados que prepararán el almuerzo, otros simplemente un software que ‘hablará’ con nosotros paseando por tu casa acerca de cómo ha ido el día en tu ausencia, otros conducirán taxis, otros llevarán tus encargos de la compra a tu casa, otros darán las noticias en televisión sin presentadores, otros limpiarán los despachos y, finalmente, llegarán los que tendrán un aspecto más o menos humanoide con los que será más fácil interactuar en situaciones más cercanas.

Y no es algo tan lejano. Ya llega. La inteligencia artificial está mucho más avanzada de lo que el público en general piensa. Si supieramos donde se encuentra todo esto, no daríamos crédito. Como en todo, nos llegará, será disruptivo y lo digeriremos con cierta naturalidad. De ver a ese tal ‘Watson’ ganar un concurso televisivo en 2011 a lo que ahora es capaz de hacer hay años luz.

Ya no es tanto que sea capaz de analizar datos, es factible observar en su funcionamiento un cierto grado de ‘razonamiento’. De hecho pocos saben que Watson ya no es una máquina gigantesca que está en algún lugar para uso y disfrute de sus programadores. Ahora es un rentable trabajador multitarea de la multinacional IBM. Empresas del Ibex35 españolas y 25 empresas más de otros países utilizan a Watson como tecnología comercial accesible pues ahora está ‘en la nube’.

https://www.youtube.com/watch?v=WFR3lOm_xhE

Watson habla varios idiomas, delicados y modernos por cierto. Es la primera computadora capaz de aprender a medida que trabaja y acumula información que puede interactuar con el ser humano en un lenguaje natural. Es decir, un paso desde ‘el mundo de los ordenadores que sólo entienden el lenguaje de programación, hacia un nuevo paradigma en el que las máquinas pueden alimentarse de lenguaje hablado’. Este ‘bicho’ se siente cómodo hablando como los humanos. Lee libros, centenares al día. Escucha la televisión, conversaciones, películas. Tiene datos de cómo somos y como nos gusta ser tratados. Aprende de ello y se adapta.

Según el MIT, estamos a muy poco de dar el salto definitivo. De momento las máquinas ‘inteligentes’ sólo analizan datos como lo hace un humano, se basan en estructuras de datos que gestionan, ordenan y procesan. El salto se producirá cuando técnicamente sean más inteligentes que nosotros. Ahora son como nosotros pero más rápidos. Nada más. El eterno debate sobre si ‘piensan o no’ cada vez es más obsoleto pues pensar no deja de ser un proceso gigantesco de datos y un cruce de probabilidades, por lo que a la pregunta, ¿el ordenador más inteligente del mundo piensa? La respuesta ya es sí.

Pero, ¿para que queremos ordenadores que piensen? En todo caso lo que queremos es que hagan algo que nosotros no podemos hacer o hacemos mal. Es lo mismo que un brazo armado, un robot físico. Lo queremos para que haga cosas que nosotros ya no podemos alcanzar.

Cuando estos ordenadores inteligentes, pensantes, entren en Internet e interactúen con los usuarios aprenderán aun más de ellos. Son insaciables, les encanta saber cada vez más. Watson, sin ir más lejos, no da la misma respuesta a la misma pregunta siempre pues en realidad no la busca en una base de datos ni en el cruce de estos, los grandes computadores pensantes, lo que hacen es aprender y hacerse cada vez más inteligentes y modificar, si es necesario, sus respuestas a la misma cuestión. Incluso, si lo ve preciso, mentir.

De todos los elementos donde la inteligencia artificial tiene un aspecto para mí más interesante es en la medicina. La idea es utilizar la inteligencia artificial para poder mejorar los diagnósticos y ofrecer mejores terapias a cada paciente, de una forma personalizada. El caso de Watson concretamente es también un ejemplo. El figura se ha leído más de 20 millones de publicaciones científicas y ha establecido conexiones entre todo ello. Si le damos a ese, u otros ordenadores toda nuestra información genética a título personal, podemos estar ante curas hasta la fecha totalmente inalcanzables.

Hace mucho, desde que a finales de hace dos siglos Ada Lovelace creara una cosa parecida a un programa informático, hemos puesto rumbo la post humanidad y nos hemos preguntado siempre cómo lograremos hacer pensar, si es que es factible, a una máquina. Ese estadio posterior a que el género humano no sea la especie predominante en esta tierra de ‘reyes’ efímeros. Al fin y al cabo, hace muy poco que estamos aquí y nos creemos los reyes del mambo.

Estuve pensando que le podía preguntar a un robot durante días. Sólo podía hacer una o dos. Finalmente el pasado sábado le cuestioné: ‘What do you think about the human race?’ su respuesta fue, ‘sometimes I think that you aren’t intelligent’. Se refería a noticias que ‘lee’ acerca de decisiones que tomamos los humanos que nos llevan a desastres o que, incluso, por ser demasiado ‘humanos’ dejamos que pase. Tal vez se refería a eso, o tal vez no. ¿Quien sabe lo que hay en la mente de un ordenador?

Las amenazas al negocio de Google

En principio, Amazon y Google no tienen mucho que ver. Por lo menos es lo que aparentaban hasta hace bien poco. Pero esa percepción está cambiando y lo hace de manera rápida. Si como empresas tienen estructuras de negocio bien distintas, hay elementos de las mismas que convergen. En concreto Amazon Prime y Google Express podrían solaparse en algunos aspectos. No son el mismo servicio, cierto, pero sus similitudes aumentan y sus diferencias se reducen.
Es evidente que en esto de los negocios tecnológicos, la competencia es algo líquido, para nada estático y que, a pesar de que tu teórico competidor no hace nada que te afecte, en realidad si lo hace. No es diáfano el campo de batalla, es complejo, sofisticado y tremendamente permeable. Es la nueva economía y sus duras reglas.

Cuando pensamos en los competidores de Amazon nos viene a la cabeza un tipo de empresa donde no suele aparecer el gigante de Mountain View. Al pensar en Google, aparecen gigantes tecnológicos más vinculados tecnológicamente a desarrollos que a otra cosa. Google y Amazon no son rivales en esencia. Google está en el negocio de la venta de anuncios, Amazon en el negocio de la entrega de bienes.

Pero esto está cambiando últimamente. Ambas empresas se han tocado en la curva. Resulta que Google se está metiendo en el mercado de los bienes a la carta. De hecho puso en marcha un modelo de entrega que garantiza que un cliente de su Google Shopping Express pueda recibir su compra durante el mismo día en que la hizo. Esto sucede en el área de Manhattan y en el oeste de Los Ángeles. Además, Google ya garantizó que a estas áreas se sumarían en breve Chicago, Boston, y Washington. El naming elegido para este proyecto a partir de ahora ya es oficialmente Google Express.

A la vez que Google explora el mercado de la logística, Amazon, como vimos ayer, aprieta el acelerador en los beneficios del servicio tecnológico donde sólo había productos. Amazon Premium ya incluye música ilimitada y streaming de vídeo a partir de colecciones de Amazon Kindle.

Lo más interesante a mi modo de ver es como van a definir los espacios de competencia cada uno de ellos sin repetir al contrario. Es decir, si estamos hablando de dos de las empresas más destacadas del planeta en esta revolución sin precedentes, probablemente será apasionante ver como se adaptan, generan un mercado y solucionan expectativas.

Por ejemplo, Google no va a tener sus propios almacenes masivos como si tiene Amazon, pero en cambio trabaja ya con los comerciantes locales de un modo directo para recoger y entregar mercancías a los clientes. Ha convertido los comercios vinculados a Google Express en ‘hubs’ logísticos descentralizados gracias a una gestión tecnológica masiva. Recordemos que Amazon se está esforzando en crear una red de entrega y recogida similar. El propio Eric Schmidt dijo que ‘mucha gente piensa que nuestra principal competencia es Bing o Yahoo, pero en realidad, nuestro mayor competidor de búsqueda es Amazon’.

Es habitual pensar que Amazon no es un buscador, de hecho no lo es, pero si estás buscando algo ‘para comprar’ el flujo racional y tecnológicamente cada vez más habitual es irte a Amazon directamente. Es una búsqueda sin ruido y mucho más centrada en lo que deseas. Es como buscar en Twitter el impacto a tiempo real de una noticia que Google News aun no puede entregar. No hay imperios eternos que decía el emperador.

La vertiente comercial del algoritmo de Amazon lo convierte en si mismo en un buscador, pero, realmente eso lo hacen en algo muchísimo más peligroso para Google. Es un incalculable depósito de datos sobre gustos y búsquedas comerciales. Además, para Google, el problema picha especialmente en su ‘core business’. Cada vez que alguien busca un producto en Amazon en lugar de Google, el gigante de las búsquedas pierde la oportunidad de servir anuncios junto a los resultados de búsqueda. Algo que cada vez más pasa en otros escenarios. Te vas directamente a Kayak, para reservas de líneas aéreas, a Airbnb para alquileres a corto plazo, y a Yelp para obtener información de un restaurante. Cada una de estas búsquedas es un usuario, un cliente, menos que Google puede utilizar para servirle anuncios focalizados.

Google podría convertirse a medio plazo en el intermediario de todo o de nada. Una investigación realizada por el grupo Forrester explicaba que el año pasado casi un tercio de las personas que buscan comprar algo buscaron directamente en Amazon sin pasar por Google y esa cantidad era el doble que en el año anterior. Parece evidente que estamos en la antesala de una batalla muy interesante. Tal vez, el negocio de Amazon aun no ha sido detectado en su complejidad.

Amazon es el mayor competidor de búsqueda de Google, por lo tanto es su mayor competidor como decía Schmidt, puesto que Google vive de las búsquedas y estas se están traspasando al gigante del comercio electrónico. Un enorme desafío en el firmamento de la economía digital que va a trastocarlo todo. Si ademas a esto, Google, le suma que Facebook es sin duda su mayor competidor en términos de publicidad móvil, la cosa se va a poner muy interesante en eso de ganar dinero a base de clics.

Cuando los robots nos pidan ayuda

Ayer estuve en un laboratorio de robots. Me costó dormir. Se acerca algo nuevo. Le llaman la nube robótica. La verdad es que es una suerte poder ver estas cosas de primera mano. En el conocido Sillicon Dock de Dublin hay varias empresas que tratan estos temas conectadas directamente con laboratorios científicos y empresariales de otros lugares como el MIT de Boston. El tema que les ocupa ahora mismo va más allá de la Internet de las Cosas, el Big data, el periodismo robótico o los coches sin conductor. Esto va de todo ello y mezclado. Sin anestesia. Hablan de memoria sin límites, de una nube robótica que lo enlazará todo, pero también de cómo nos relacionaremos los humanos y los robots, y como los robots se relacionarán con sus ‘semejantes’.
Digamos que en tiempos donde la memoria empieza a ser algo menos fácil de definir pues, independientemente de nuestras capacidades biológicas y de los límites que podamos tener como humanos, la memoria añadida y la gestión de la misma ya no está en nuestras manos, depende en gran medida de nuestras habilidades digitales. Pero ahora imaginemos que nuestra memoria se enlazara a la inteligencia artificial y a los objetos conectados. Imaginemos un mundo en el que, cuando perdemos la memoria, un robot, un software o el conjunto de objetos conectados en nuestra vida inminente nos proporcionaran todo cuanto es preciso para normalizar una vida sin recuerdos.

Muchos dicen que esto es ciencia ficción y que los robots nunca podrán descartar o reconocer cosas que ni tan siquiera han visto antes, aportar valor con datos que le son inéditos o tomar decisiones cuando se enfrenten a imprevistos. Los robots de tipo doméstico con los que ya se está experimentando tienen una conexión wifi que les permite acceder a tiempo real a cada vez más información y así proporcionar respuestas y soluciones a problemas que vayan surgiendo en el inmenso universo de lo imprevisto. El big-data tiene la respuesta y la gestión de todo ello desde la nube es el camino para que, lo que no sea posible almacenar, sea accesible a tiempo real.

Ayer y hoy he estado con unos jóvenes que están desarrollando un proyecto sobre la Internet de las Cosas y su vinculación con la nube. Me ofrecieron ser mentor durante esta fase inicial de definición del proyecto y, a pesar de que me siento como un niño y a años luz de lo que estos tipos saben hacer, he aceptado pero para aprender yo más de lo que pueda enseñarles yo mismo. Es una startup irlandesa muy interesante que ha logrado un fondo enorme para trabajar tranquilamente en este proyecto y darle viabilidad a través de un modelo de gestión robótico.

Resulta, y esto me lo han contado ellos, los robots están empezando a utilizar un enfoque estadístico conocido como ‘el espacio de creencias’. Hay películas que hablan de ello y que, guardando sus distancias podemos tomarlas como inspiración. Recuerdo las repercusiones de la película Her por aportar ese género de un mundo donde un sistema operativo casi humano te aportaba elementos gracias a la conexión constante a la nube.

Estamos, como he dicho antes, en la antesala, en pañales de todo cuanto va a pasar en apenas diez años. Ahora mismo sabemos que la búsqueda de soluciones por parte de una máquina requiere una enorme cantidad de potencia de cálculo. Algo que ya sabemos que no es un problema. Capacidad y velocidad quedan superados por la tecnología existente. Además, los humanos estamos cada vez más conectados y el intercambio de información no hace más que crecer de manera exponencial. Pero lo tremendamente disruptivo de verdad será cuando los robots se relacionen entre si.

Considera la posibilidad de que un market place como Amazon, que tiene que llenar rápidamente miles de pedidos y cajas de embalaje disponga de decenas de robots interactuando entre ellos. De hecho eso ya pasa. Una compañía llamada Kiva vende unos robots que hablan entre sí y se organizan de manera inteligente. Trabajan en equipo y se estructuran automáticamente. El hombre, el técnico que los dirige, sólo incorpora factores que modifican algún aspecto. Lo impresionante del tema es que los ‘equipos’ de robots llegan a aprender como un solo individuo y cuestionan algunas de las decisiones ‘directivas’ del humano en cuestión.

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Me contaban estos desarrolladores que cuando un robot encuentra un inconveniente alerta inmediatamente a los otros para evitarlo. Digamos que el aprendizaje del software y los robots es la escala inminente. Diseñar y proponer aplicaciones para este tipo de proyectos es una apuesta segura aunque difícil. Imagino un programa a incluir en estos robots que permita que compartan datos de un modo sustancial y que permita que en la entrega de códigos entre ellos mejoren su rendimiento colectivo y a su vez el de cada artilugio en particular.

Es algo así a como será el mundo de los coches autopilotados. Cuando los robots determinen cómo y por donde se debe ir a un destino con nuestro automóvil y nosotros solo podamos observar y asumir que vamos por el mejor lugar posible, entonces, estaremos ingresando en la conducción socializada y compartida. Digamos que estaría bien diseñar un software capaz de comunicarse con todos los vehículos autopilotados en marcha o pendientes de salir. Una vez detectado la ruta y el tiempo el software (como un gran hermano universal) decidirá la ruta definitiva, incorporando variantes en base a factores como el tráfico, las obras, etc. Suena raro, puede que de respeto o moleste, pero es lo que viene. Mejor pensar que podemos hacer para mejorarlo, trabajar en ello o lo que sea, que mostrarse impasible y esperar que nos supere.

Finalmente podemos encontrarnos el modo error. El robot en modo ‘not found’. Estos de Kiva contaban que los robots a veces se ‘aturullan’, fallan, se quedan como en blanco. Buscan información y no la encuentran y deciden parar. Es una metáfora de la vida humana tremendamente simpática. Ahí, hay quien está trabajando en un modelo de respuesta, aplicaciones que permitan que ese robot acabe en brazos humanos. Si no encuentras la respuesta, si esta exige algo que los códigos y datos no te dan, tal vez, y digo solo talvez, debería hablar con un humano.

Aquí se están diseñando cosas como lo que podría ser el teléfono de la esperanza de los robots. Un software que incorpora la posibilidad de que un robot nos pregunte. Tremendo. Se abren mil dudas. El nivel de confianza del robot, el modelo de conversación, etc. De momento las pruebas se basan solamente en una conversación escrita y en lenguajes informáticos pero, como todo, la realidad futura está tras la puerta de entrada de lo que ya va llegando.

A estos chicos les pregunté ayer mismo como se combina esto con el comercio electrónico. Su respuesta la reservo para otro post, pero adelanto que es increible cuanto se está trabajando para que la compra ‘de la nevera’ no sea un hecho aislado y que el ‘personal shopper’ del futuro no es una ‘blogger de moda’ andando entre tiendas, sino más bien un artilugio conectado esperando un dron de un ecommerce cualquier, tal vez el tuyo.

Silicon Valleywood.

Ayer pude ver el primer episodio de una nueva serie de HBO llamada Silicon Valley. Es cierto que eso de la televisión no es algo que me ocupe demasiado tiempo en mi día a día pero a veces a uno le flojean las defensas. La cosa en cuestión gira a partir del universo complejo, apasionante y pocas veces llevado a la pantalla de las startups en el estado de California.
Desconozco los detalles e historias de protagonistas, directores o productores. No tengo datos que me aporten nada al respecto y no es este un blog donde esas cosas puedan aportarse con criterio. Sin embargo parece ser que está repleto de ‘importantes’ del mundillo. Me interesó por lo intocable que parece ser en el cine y televisión el ecosistema de Silicon Valley y de las empresas que lo conforman. Solo había visto algún intento como las películas sobre Facebook o la biografía de Steve Jobs.

Como sabéis trabajé cerca del valle hace unos años. Durante veinte meses estuve vinculado en el proyecto que me llevaba de Boston a Los Ángeles cada mes y, aunque técnicamente eso no es el Silicon, pillaba cerca. Pude ver, sentir y saber muchas cosas que ahora en esa serie se caricaturizan pero que tienen visos de realidad. La serie habla de un chaval llamado Hendrix y que trabaja en algo parecido a lo que sería Google como ingeniero. Por las noches desarrolla un software que comprime datos de manera casi milagrosa. A partir de ahí lo que busca el argumento es explicar cómo nace y se mueve una startup en ese escenario, como pactan vivir en casa de un millonario a cambio de un porcentaje, el business plan, las relaciones sociales, los grupos de poder y todo lo que tiene que ver con un entorno tan sofisticado como ese.

A parte de toda la fauna prevista, razas, clases, millonarios y lo que se precie, me ha quedado la sensación de que representa bien lo que allí ha pasado y como, al más puro estilo Hollywood, se ha exportado un modelo cultural, en este caso, empresarial. Otra cosa es que lo estemos haciendo igual de bien. Es cierto que cuando estás en Silicon Valley lo primero que notas es que no existe como tal y que la ubicación de las empresas dista mucho de lo que en Europa entendemos por un ecosistema. En el resto del mundo llamamos ‘silicon valle lo que sea’ a cualquier polígono industrial venido a menos que deciden reconvertirlo en un hervidero de incubadoras y aceleradoras con muy poco criterio y mucha publicidad política. Luego pasa lo que pasa.

La computación en la nube, los dispositivos móviles, las redes sociales y otras tecnologías de acceso rápido a Internet, están produciendo oleadas de nuevas start-ups, pero para muchas de estas jóvenes empresas, el capital riesgo es la respuesta equivocada, por lo menos al principio

En alguna conferencia, cuando me preguntan si considero Silicon Valley como cartón piedra (hay críticos que así lo definen) mi respuesta es un no rotundo y solo hay que revisar las cuentas de resultados de esa comunidad, las patentes que se registran y el producto interior bruto que representan. California llegó a ser la quinta potencia económica del mundo por si sola y, aunque el valle de silicio no es su motor principal, si participa de su definición.

El problema viene cuando hablamos de ‘los otros sillconsvalleys’. Es para echarse a llorar por no otra cosa. Un universo como ese no nace de la decision puntual y voluntarista. El modelo se larva, crece, se estimula y, sobretodo, se arriesga desde todos los ámbitos, privados y públicos.

Los graduados universitarios de hoy deben ser conscientes de que la tendencia al alza en el Silicon Valley es la evaluación de los empleados cada tres meses, ya no es anualmente. Debido a la globalización y la revolución de los productos nuevos se están eliminando las valoraciones de gestión de un modo tan rápido que las empresas no pueden permitirse el lujo de esperar hasta el final del año para saber si un jefe de equipo está haciendo un buen trabajo.

Lo que allí pasa no es perfecto, pero lo que sabemos la gente que como Xavier Verdaguer, Eneko Knorr, Miguel Díez Ferreira y tantos otros europeos que hemos pasado por allí, es que alli se respira dedicacion, pasion, talento, mucho talento, competitividad, retos y que, de un modo u otro, la historia inmediata se escribe en parte destacada desde ese lugar. Un enorme lugar ideal para los que desean poner ideas innovadoras en marcha. Otra cosa será como lo estan exportando y como medio planeta ha decidido administrarlo

Las ciudades del conocimiento o también llamadas ciudades compactas surgen como un nuevo modelo de espacio para la innovación y espero que para emprender. Si se mezcla el entorno urbano natural reformado para la acomodar un modelo de vida más abierto y actualmente cultural con la estrategia económica en pools empresariales conectados internacionalmente y además con los canales que permitan la investigación para la innovación se propicia una nueva actividad económica capaz de atraer talento y empresas de todo el mundo para facilitar el nacimiento de tecnoemprendedores.

La serie es interesante en cuanto a la crítica que hace de esa intocable y casi milagrosa fórmula por la cual un desarrollo de un año y medio, que no vende nada, puede valer miles de millones al ser ‘adquirido’ por uno de los grandes que en si son los que mantienen el macrovalor del lugar. Sin embargo detecto que se plantea la idea de que la primera startup que debes potenciar cuando emprendes tecnología eres tú mismo, en concreto ‘the startup of you’

Desconozco si la serie entrará en la que, para mi, es el mayor defecto del lugar. La gestión de lobbys y familias, el poder derivado de esas fórmulas de relación y que suponen que el éxito de cualquier proyecto pase por estar en el lugar adecuado, en el momento correcto y con la persona que conviene. Es una comedia y como tal se debe entender no obstante.

De la emisión del primer episodio me quedo con un detalle. Exponen bastante bien la presión que se establece sobre la idea y el desarrollo pendiente, sobre la aventura que supone lanzarse al reto de crear una startup y la de abandonar tu trabajo seguro en una gran compañía. Lo que transmite también es que Silicon Valley ha iniciado un camino de no retorno donde las cosas se precipitaran tarde o temprano y que el coste y valor de las cosas ya no responde a ningún criterio lógico.

Si la quieres ver tienes dos opciones de momento. Los domingo noche por HBO o a través de tu site de descargas favorito.

Cilenis rumbo al MIT

Update 22 de noviembre: Cilenis logró una mención de honor que nos hace sentir más ilusionados y motivados para lograr nuestros objetivos y ratifica que cuando IDODI apostó por entrar en la desarrolladora del producto Avalingua hizo una apuesta de las ganadoras. En breve abriremos mecanismos para buscar socios estratégicos si fuera preciso. Un reto para Smart capital y Business Angels que quieran entrar en un sector de alto valor y de tecnología aplicada con gran futuro. Felicidades a todo el equipo.

Hace algún tiempo estuve en Boston con uno de mis proyectos emprendedores más complejos. Ya participé en su programa UPOP y descubrí que lo que allí sucede y como sucede poco tiene que ver con el ritmo y modelo que sufrimos en otros lugares del mundo. Es otra dimensión. De allí salen los mejores porque los mejores les enseñan y les proponen. Puesto que la tecnología es el motor de mi vida profesional, cuando alguien me propone algo que se adentra en el modelo MIT me apunto.
Hace unos meses informaba que una de nuestras participadas más interesantes, Cilenis, había llegado a la semifinal del Building Global Innovators, una iniciativa del MIT de Boston. En concreto lo lograron con uno de esos productos tecnológicos que me ilusionan profundamente, no sólo por lo que ya hacen, sino por lo que pueden llegar a hacer. Avalingua es un software que evalúa automáticamente el nivel lingüístico de documentos escritos, pero puede llegar a funcionar como plataforma Saas en métricas linguísticas para la mejora de competencias y desempeños, logrando así acercarse a modelos predictivos e incursionarse en el big-data semántico e inteligente.

MIT

Este concurso de emprendimiento con base tecnológica y de escala global tiene como principal objetivo asesorar e incentivar proyectos con alto potencial tecnológico y de innovación, particularmente en la etapa de búsqueda de inversiones. Los candidatos, en su mayoría Start-up y Spin-off con menos de cinco años, buscan acceder al reparto de un millón de euros en apoyo financiero. La tercera edición sumó al millón de los premios, 14 millones en inversión privada para los diferentes proyectos semifinalistas.

Cilenis y nuestro proyecto Avalingua se ha preparado a conciencia para durante el día de hoy dar el paso definitivo y resultar una de las cuatro ganadoras. Estar hoy en Lisboa ya es un mérito y un honor. Durante los últimos meses se han preparado a conciencia gracias a haber sido invitados por el MIT a hacer un curso en el Business School, Instituto Universitario de Lisboa y recibir formación específica y coaching a través de catalizadores de negocios, participación en Boot-camps e investor’s Pitches. Contará también con el apoyo de mentores del ecosistema MIT.

Hoy es el día. En Cilenis Language Technology, estamos preparados para convencer en MIT PORTUGAL de que Avalingua, el software que mejora el aprendizaje de las lenguas y monitoriza de manera eficaz y precisa la calidad lingüística pudiendo evaluar todo un sistema educativo, es el proyecto tecnológico e innovador que estaban esperando. Deseen suertes a nuestro equipo.

https://twitter.com/MITPORTUGALIEI/status/403614045804445696
https://twitter.com/marcvidal/status/403615959371366400

Soy digital y me siento bien

Soy digital y me siento bien, por lo menos más vivo. Soy amante de la tecnología porque me ha hecho más humano y porque gracias a ella, mi epidermis se estremece con todo cuanto ve y siente. Como hoy. Un día en el que te despiertas a golpes de metralla y piensas que los sueños de tanta gente siguen desparramados por el suelo de una avenida de Boston. Es el mismo día que todo demuestra la mutación de nuestro entorno y de cómo llegamos a saber de él. Llegamos a la información de un hecho tan despreciable de otra manera. Antes de que muchos medios supieran que estaba sucediendo, en la red y de la mano de una aplicación que subía videos de 5 segundos de manera automática desde un móvil ya lo habíamos podido deducir. (El vídeo que enlazo es anterior a los atentados, quien quiera ver el resto de desagradables imágenes las puede localizar fácilmente).
Las cosas pasan por que deben pasar, pero también empiezan a pasar irremediablemente. No vivimos una época de cambios, vivimos un cambio de época. Estamos en medio de una erupción gigantesca que lo cambiará todo. Vivimos en un mundo líquido, complejo y al que o te adaptas e innovas o te devora. La globalización avanza sin descanso y permite que los más flexibles y rápidos se acomoden antes a sus beneficios. El poder económico se está moviendo de manera radical a Asia fundamentalmente diseminándose el conocimiento por lugares no previstos.

A medida que avanza este escenario complejo una nueva clase media aparece en ese entorno. En apenas quince años una sexta parte de la población mundial, más de mil millones de personas, serán miembros de esa clase media acomodada y consumista al extremo. Para satisfacerlos nacerán industrias nuevas y segmentadas. En ese escenario ilógico las grandes compañías se concentrarán y se despedazarán las unas a las otras hasta llegar a la atomización absoluta. Sin embargo aparecerán nuevas industrias, nuevos modelos de negocio desconocidos a fecha de hoy, y surgirá una nueva percepción de la realidad.

Hoy en día consideramos que estamos en la más absoluta ruina o en “crisis” cuando perdemos algunos elementos vitales que consideramos imprescindibles. Si comparamos ese listado con el que mantenían como necesario en apenas unas cuatro o cinco décadas se nos caería la cara de vergüenza. Ni siquiera compararé con un siglo o más. En este tiempo aumenta la desconfianza en las instituciones que representan lo viejo y lo estático. La falta de transparencia repercutirá en la necesidad de cambiarlas, de rebuscar en el exterior de ellas para renovar su esencia. Seguramente el cambio no ha hecho aun ni acto de presencia pero en los próximos años viviremos cosas que hasta hace apenas una década eran impensables absolutamente.

En ese mundo inminente cada vez se precisa un personal más especializado y con un conocimiento y habilidades de mayor firmeza. A medida que los años avancen ese bien será el más escaso. En un mundo robotizado el ser humano será imprescindible. Pero lo será en áreas de conocimiento. En ese campo también se producirán grandes cambios. En el mundo denominado subdesarrollado hay ya el doble de universitarios que en el primer mundo y esa proporción va en aumento.

En apenas quince años, también, la expectativa de vida en muchos países rozará el siglo. Evidentemente la población envejece y precisa de nuevos recursos, modelos fiscales, conciencia vital y generosidad. Nuevos “targets” comerciales aparecerán y con un modelo de consumo muy concreto y adaptable. La tercera edad se dedicará a interpretar el momento y a digerirlo. La tecnología en la mano de los abuelos es algo ya visible. La cuarta y quinta edad harán acto de presencia y nos mostrará que jubilarse es algo voluntario y casi un lujo. No parece sostenible una sociedad con personas que empezaron a trabajar (decentemente) a los 34 (media sur de Europa), se jubilaron a los 62 (media europea) y murieron a los 98.

La tecnología modificará la manera de hacer las cosas. Todos estamos interconectados en todo momento y lugar, las redes son el oxígeno y el aire y es a partir de todas las interacciones en las redes que lo rutinario se automatiza. Parece evidente que la tecnología y lo digital cuando está al alcance de todos mejora la vida pero amenaza los recursos. Por eso vivimos una época donde crece la conciencia y la responsabilidad sobre nuestro entorno, sobre este planeta mal herido.

Tenía ganas de escribir algo así, un resumen desordenado y sin pretensiones. Simplemente quería relatar que en un día triste como hoy el hecho evidente de que la hipersociedad quiere ya otras cosas. La falta de trabajo, de expectativas o de futuro en muchos casos no puede tumbar las necesidades vitales como especie. Una cosa es quedarse sin trabajo y otra es quedarse sin propósito. Que no le pase a nadie y que si no tiene empleo no se sienta parado, que si no encuentra trabajo y no está en condiciones de emprender o inventárselo pues los cantos de sirena de muchos le ensordecen, que se lance a la lucha íntima y revolucionaria para cambiar la vida, la de todos, no sólo la suya. En ese activismo personal, digital y emocionante se conectará colaborativamente. Le llaman cerebro global, inteligencia colectiva, sociedad expandida o mil cosas más que en realidad solo quieren decir “transparente”.

Si no ves esa luz, haz otras cosas. La ética no precisa de ayudas públicas ni de planes de negocio. Hay quien me pregunta en ocasiones, y de ello escribiré en breve, cómo pude salir de dos fracasos emprendedores y de que calibre fueron. Puedo decir que el primero con apenas 24 años fue devastador y me dejó con una deuda olímpica tras la Barcelona’92. Miré hacia fuera en lugar de hacia dentro. Pagué mis deudas y retomé la energía. Puedo decir que la palabra “arruinarse” se pronuncia en apenas 2 segundos pero se sufre durante por lo menos 4 años. Sin casi ayuda familiar (mi familia sufrió igual destino) tuve que enfocar hacia lo que “venía” y en como sería el mundo inmediato en el que yo, seguro, tenía algo que ofrecer.

La segunda fue aun más dura en lo emocional pero menos en lo económico y la verdad, salvo en el valor que cada uno le de a la amistad y a los socios, no hay mucho más interesante que contar. Sólo puedo decir que correr me dio vida y volví a estar bien conmigo mismo.  Sentirse bien física y emocionalmente ayuda a entender, a cada kilómetro, el mundo de cambios que se nos viene encima.

Sociedad Aumentada

El pasado domingo mi columna en el ABC no salió en la versión digital, únicamente en versión papel. Por ello replico aquí el post que como sabéis, por exigencias del medio no puede sobrepasar una extensión determinada. Para mi gusto este tipo de artículos no permiten el análisis, son simplemente un esbozo, una pequeña línea de apertura del debate que considero que se puede mantener en el blog. Os dejo con lo que para mí va a determinar en gran medida los tiempos y los procesos en la economía productiva inmediata.

En el Logan Airport de Boston un anuncio luminoso al fondo de la terminal desde la que suelen salir los vuelos con destino a Los Ángeles dice “aumenta tus expectativas con nosotros” y aparece un teléfono inteligente desde el que se ve el rostro de un adulto y una serie de datos sobre impresionados encima de su imagen. El fotograma intenta mostrar el futuro y lo enlaza con una empresa que desarrolla aplicaciones para “smartphones”. Parecía impensable tan solo hace unos años que alguna de las startups que ahora diseminan sus programas por millones de dispositivos fueran capaces a estructurar la vida cotidiana de tanta gente. Una docena de estos engendros me simplifican la vida, la hacen más eficiente y me permiten relacionarme en lo personal y en lo profesional como hace apenas un lustro no hubiera imaginado. Mi agenda es un algoritmo inteligente que se estructura automáticamente y mis enlaces sociales se ordenan gracias a un modelo compartido que depende de este tipo de herramientas. Siempre he preferido Massachussets a California. El ecosistema inteligente en Boston sobrevuela la rentabilidad de Sillicon Valley. Es ahí donde tuve contacto por primera vez con lo que se denominaba “realidad aumentada”. Ahora estamos descubriendo como se pueden sumar expectativas personales, dispositivos con aplicaciones aumentadas y sus enlaces sociales provocando la emergencia a la superficie de un nuevo concepto: la sociedad aumentada.

El futuro premio Nobel, Lazslo Barabasi, me dijo que estamos ante una evidente “sociedad aumentada”, que en ella se cimenta todo ese valor aparentemente desorbitado de algunas empresas vinculadas a las redes sociales. Parece evidente que algo de eso está pasando con el fracaso de la salida a bolsa de Facebook por ejemplo. Sin embargo también me confesó que lo cotidiano de vivir enlazado, socializado, entre múltiples plataformas y en constante flujo bidireccional informativo, nos concedía un valor desconocido que demostraba la enorme diferencia de la “crisis” actual y cualquiera de las anteriores. Se refería a que una sociedad que es capaz de nutrirse de todos estos elementos, digerirlos con cierta tranquilidad y dinamizar su uso en planos genéricos, es una sociedad aumentada y en pleno tránsito a una nueva era. Este y otros elementos no hacen más que demostrar que vivimos el paso complejo y el ilusionante salto a un nuevo mundo, más horizontal, complejo, inteligente, abierto y humano. Es curioso ver como cada máquina que interiorizamos, nos facilita el difícil escenario de las relaciones humanas. A más tecnología, más humanidad. A más sociedad aumentada, más inteligencia compartida, más experiencia social y más oportunidad global. Vamos bien aunque a veces cueste verlo.

Ecosistema emprendedor

Desde hace unos meses participo en uno de los programas de innovación impulsados por el BCIE que vincula el territorio con la innovación. Obviamente las diferencias entre Europa y Guatemala, por ejemplo, son enormes y las características de la llamada smart city de vanguardia y los proyectos de desarrollo para generar territorios inteligentes son todavía muy distintas. Sin embargo pienso que hay una génesis que iguala espacios y políticas, voluntades y experiencias y sobretodo espíritu emprendedor con acción pública. Cuando hablo de administración lo hago desde el punto de vista que es ella la que debe facilitar los mecanismos para lograr que un espacio concreto se convierta en un ecosistema de innovación y emprendeduría tecnológica. Las hiperciudades se fomentan desde todos los ámbitos.
Al hablar de ecosistemas me refiero a algo más que un barrio super cool en la parte norte de una ciudad o un saco de empresas desarrolladoras de software replicado que ocupe tres edificios pintados con letras gigantescas. En el reto latinoamericano lo que prima es la voluntad de estimular ciudades que generen proyectos. En Europa eso podría bien establecerse como entornos urbanos con vocación innovadora que por ahora son demasiado puntuales y no responden a una verdadera explosión creativa.

Escenarios como Boston, Sillicon Valley, Singapur, Bangalore y Shanghai son ejemplos de lo que sería un ecosistema para la innovación. Son ciudades que no hacen más que atraer talento pues son tremendamente creativas y donde lo público y lo privado se mezclan en las fases de investigación de manera natural y donde los incentivos fiscales y administrativos sólo hacen que facilitar los procesos.

En Europa es más complicado encontrar territorios amplios que puedan entenderse como ecosistemas por si mismos, es más habitual concretar en edificios que se denominan parques tecnológicos o de investigación. Por supuesto son destacable e imprescindibles, de hecho IDODI tiene una de sus sedes, concretamente la que se dedica a incubar empresas, en el Parc Científic i Tecnològic de la UDG. En Toulouse, Dublín, Londres, Helsinki, Goteborg, Estocolmo, Heidelberg, Munich o Berlín se están desarrollando modelos más complejos y que pueden dar por válido que las fronteras de un Valley tecnológico no son definibles de modo sencillo.

El futuro de Europa en general, de cada uno de sus comunidades, dependerá de la capacidad de evolucionar el sistema económico hacia actividades cada vez más intensivas en los elementos del conocimiento. Ya sabemos que pasa cuando un modelo económico se centra en actividades de baja cualificación. Lo peor no es haber simulado un estado económico irreal, lo duro es comprobar como ahora no hay nada bajo nuestros pies que sea capaz de soportar la cimentación de un nuevo mundo.

El desarrollo de actividades que se centren en el talento surge en entornos urbanos muy concretos y que podemos denominar de muchos modos. Pueden ser ecosistemas y pueden ser innovadores, pero a mí me gusta vincularlos con el estímulo emprendedor pues considero que es el gancho propicio para que esos espacios sean realmente volcanes de creación y que ayuden a estructurar un nuevo modelo de crecimiento. Los llamaré ecosistemas tecno emprendedores.

El trabajo en el que participo y que estamos elaborando sobre las ciudades tecno emprendedoras se centra en la digitalización productiva pero también en la modernización del concepto de ciudad tal y como la entendemos ahora. Trabajan sociólogos, arquitectos, emprendedores y agentes públicos en el diseño de un territorio mucho más estimulante y que estoy seguro puede ser inspiración para otras partes del mundo.

Las ciudades del conocimiento o también llamadas ciudades compactas surgen como un nuevo modelo de espacio para la innovación y espero que para emprender. Si se mezcla el entorno urbano natural reformado para la acomodar un modelo de vida más abierto y actualmente cultural con la estrategia económica en pools empresariales conectados internacionalmente y además con los canales que permitan la investigación para la innovación se propicia una nueva actividad económica capaz de atraer talento y empresas de todo el mundo para facilitar el nacimiento de tecnoemprendedores.

Hace varios años, fui invitado por un Conseller de Innovación de la Generalitat para que tratáramos este tema. Cuando le expliqué lo que yo veía al respecto el hombre me dijo que “no me entendía”. Le agradecí la sinceridad pero obviamente fue el detonante para que me levantara y dejara la reunión de un modo educado. Yo no tenía tiempo que perder, al parecer él si. Hace unos días me citó un Director General de otro departamento pero del nuevo gobierno catalán. A parte de relatarme como Messi se convertirá en el mejor jugador de fútbol del universo conocido me hizo la relación de los motivos por los que no dedicarán un centavo a este tipo de iniciativas, además, como dijo “cuando venga Eurovegas todo esto no tendrá importancia, hay que aceptar lo que somos y lo que tenemos”.

Intenté hacerle ver que este tipo de ecosistemas desde una perspectiva local pueden ser un ejercicio interesante para definir las acciones a tomar en el futuro inmediato. El buen hombre, debido a tantos años desayunando naftalina en su despacho municipal, me dijo “ya tenemos parques y sitios donde la tecnología se desarrolla y además nos cuesta un dineral que nos iría muy bien para otras cosas”. Obviamente no entendió que muchos de los parques científicos y tecnológicos que existen hoy en día en nuestro entorno no están diseñados para evolucionar hacia ecosistemas innovadores que bien pudieran dinamizar la tecnoemprendeduría. La consecuencia es que sus resultados son más que previsibles y su contribución al proceso de cambio ineficiente.

La inversión en investigación y desarrollo no se traslada a la competitividad. Seguramente se debería de trabajar de otro modo y así lograr pulir esas diferencias con otros entornos que si lo están consiguiendo. ¿Por qué no intentarlo? En lugar de anunciar recortes, subidas impositivas y programas de juguete para apoyar hipotéticamente a emprendedores con un puñado de euros, deberíamos pensar como vinculamos la universidad y el mundo emprendedor desde un punto de vista tecnológico y con voluntad de generar ecosistemas tecnoemprendedores de una vez.

¿Ayuda? No gracias

Hoy en Cotizalia publico una columna titulada “El síndrome Carod Rovira“ que hace referencia a la gestión pública ineficiente. La personifico en el antiguo Conseller de la Vicepresidencia de la Generalitat por ser significativo el lío en el que nos metió con el Circuit de Catalunya. El artículo habla también de algunos elementos personales que me hacen pensar que es mejor montártelo tú mismo que esperar que algún estamento te ayude. Pongo como ejemplo un sonado aporte a la internacionalización que me ofrecieron desde un estamento público.

Me pregunto que es la política. ¿De que va? ¿En que la están convirtiendo quienes la magrean y la ensucian con sus manos grasientas todos los días? Unos piensan en ser sucedidos y otros en ser los sucesores, algunos en reinar a dedo y otros a montar un nuevo partido cuando no le dejan jugar en el suyo. Aquí nadie se preoucupa de los sustancial: impulsar que todo esto vuelva a ponerse en marcha, y que poco a poco, atendiendo al agujero existente, nos pongamos a arrancar la cisterna que se paró hace unos años ya.

La crisis ya pasó y no va a haber recuperación alguna. Este es el escenario que nos queda. Lo que llamaron recesión no era más que la puerta de entrada a un nuevo modelo económico basado en la estrechez y en el pago de la deuda contraída durante tanto tiempo fabricando cosas inservibles que nadie quería. Todo se debe pagar, se debe abonar el insulto a la inteligencia que suponía comprar pisos sin apenas ingresos por el mero hecho de que te concedieran un crédito inasumible en un sociedad equilibrada. Pagarlo como se pagan los pecados, con penitencia y resignación. Resignación para los que se metieron en ese lodazal, no para los que no lo hicimos. Me niego a encerrarme y a pagar las miserías de los que ahora ven como les embargan Cayennes, Visas y caloncillos de marca. A mi y los que pueda ayudar, las arenas movedizas no nos pillarán quietos.

Lo peor de todo es que la confianza se ha venido abajo. Nadie se fia de nadie. La quiebra sustancial de la banca no es una quiebra financiera, es una quiebra moral, como moral lo es en la política. Quiero emprender y que me dejen emprender. Es difícil hacerlo en este país a pesar de los discursos manidos a favor de la emprendeduría. Hay bancos que montan “concursos” para ayudar a jóvenes a emprender y luego te crujen desvalorando tus activos. No hay ayudas y cuando las hay son pura intervención, puro inconveniente. Prefiero que no me ayuden, que me dejen en paz, ya me lo monto yo, ya me busco el mercado yo mismo. Yo solito, como Juan Palomo.

Hace algún tiempo, cuando decidí internacionalizar algunos de mis proyectos empresariales me encontré con una de esas situaciones que ni el mejor guionista cómico. Me presenté en una de esas oficinas que se presentan como “servicio público” de impulso y estímulo a la internacionalización de pymes. Lo que obtuve fue un presupuesto de cinco cifras por una agenda de entrevistas con posibles clientes. Obviamente no firmé, de hecho memoricé algunos de los que previsiblemente debían ser mis “mentores” en el exterior. Consulté y descubrí que si lo llego a aceptar hubiera tirado el dinero. Venía de un fracaso por lo que no andaba para bromas. Al final, cogí mi poca pasta y mis sueños y me fui yo mismo solito por mi cuenta y riesgo.

Golpeé puertas y ventanas, solicité entrevistas, di conferencias a grupos que se podían contar con los dedos de una mano, atendí medios de comunicación que no leían ni los que trabajan allí, conocí ladrones y burócratas, aprendí que era eso de la mordida, lo de “yo conozco a la que se acuesta con el viceministro y te puedo ayudar” y otros capítulos varios que no te explican en la escuela de negocios. Piqué piedra y pasé días y noches que no se los deseo ni a mis enemigos. Sin embargo me fui saliendo y con el tiempo llegaron las charlas de nível, las entrevistas, la acción comercial efeiciente, la gestión de proyectos y la gestación de lobbys de interés. Hoy en día, más de un lustro después, uno tiene una agenda americana formal, serena, legal, aceptable y bien gestionada, que me permite ayudar a quienes me lo piden, pero sobretodo me permite olvidarme de la política y de sus herramientas de intervención e inconveniente

Hemos dejado atrás la mayor crisis económica que ha vivido este país en los últimos cincuenta años, hemos entrado en un nuevo territorio que deberá asumirse y aceptarse con resignación o con ánimo por emprender, que cada uno haga lo que considere como he dicho, pero entiendo que no es de recibo seguir escuchando ciegamente a estos tipos que siguen con el “y tu más”.

Las excepciones confirman la regla, y procuro que sean estos para los que trabajar cuando me piden mis servicios aquí o en cualquier parte del mundo, pero la gran mayoría de políticos ya no son políticos, son individuos que se guardan las cartas para cuando interese sacarlas. Me pregunto, ¿dónde está la política de verdad? ¿Que significan las amenazas a uno y otro lado de la contienda?, ¿que es eso de pedir un sacrificio a la ciudadanía para salir de la crisis en unos años?, ¿qué significa decir no a todo donde no se gobierna para aceptarlo donde si? ¿por qué tengo que pagar yo su ineficiencia y su obsesiva manera de verlo todo desde el filtro de la táctica electoral?

Se han comportado como niños midiéndose los penes. A los presidentes de los clubes de fútbol se les abren expedientes cuando generan crispación, pero a estos tipos, que se les supone educación y principios, valores y responsabilidad, se les debería de abrir expedientes cuando en su acción política lo único que logran es crispar, enfadar, provocar conflictos y perjuicios reales y mesurables. Hay políticos que en su ejercicio público han generado pérdidas que se pueden cuantificar por el mero hecho de ser unos inútiles. A estos les llamo “los del síndrome Carod Rovira”. Les voy a explicar un caso, de tantos que hay:

Hace unos años, se estaba barajando el hecho que el circuito de Montmeló perdiera la carrera anual de Formula 1 que tiene asignada desde los años noventa, en beneficio del circuito de Valencia. En aquel momento, hace varios años, el Presidente del Circuit era el por aquel entonces Vicepresident de la Generalitat Josep Lluis Carod Rovira. Lo era por un tema estatutario y vinculado a que ésta es una intalación gestionada por un patronato público y pagado con dinero idem.

Cuando el bueno de Carod, que no lo hizo de mala fe, se apresuró por hacerse la foto que garantizaría la renovación hasta 2016 del contrato que unía a Bernie Ecclestone y su circo automobilístico al circuito en cuestión, a fin de que el bueno de Bernie no se llevara la prueba española a Valencia, logró que algo que era rentable pasara a deficitario. Así fue. Cuando la noticia saltó a los medios, Ecclestone comunicó que Valencia tendría su prueba en circuito urbano y que el contrato con los catalanes subía unos cuantos millones de euros más que el anterior. Carod creyó que hacerse una foto era firmar un contrato en las mismas condiciones que el anterior y además evitaba lo de la prueba valenciana.

Obviamente, Carod descubrió que era un soplagaitas profesional y todavía se hace pequeño cuando le nombran el suceso. Sin embargo el asunto era de sistema. Que un profesor de bachillerato sin formación empresarial ni capacidad gerencial, decidiera liderar ese asunto nos ha costado que la prueba catalana de formula 1 pasara de ser un negocio rentable a un gasto más que alimenta el déficit público. A eso me refiero.

Pues el síndrome del gestor ineficiente se extiende. El gobierno actual rige en la inoperancia, pero la oposición mayoritaria y “moderada” se ha quedado dormida a espera que el tiempo, y su inercia, les conduzcan al poder. No existe memoria, no existe decoro ni conciencia, nadie recuerda cuando nos acercábamos y nadie avisaba, pero la carrera hacia una colina llena de estiércol ya ha terminado. Ya hemos llegado, ¿y ahora que? Ahora que cada uno coja sus herramientas y se ponga en marcha. Utilicen las redes, la web, las comunidades y organicense, vinculen su talento en lo colectivo, en la nueva economía, soliciten ayuda a quienes puedan ofrecerla, pero olvídense de la política y de sus cábalas. Del actual gobierno sólo recibiremos estancamiento, del próximo subida de impuestos.

La gestión del fracaso

Al parecer no todo el mundo está de acuerdo con que, entre otras aventuras, esté decidido a emprender en Boston. No he dicho que vaya a irme del todo. He optado por montar una compañía de base tecnológica en el lugar que considero más interesante para aprender fundamentalmente. En breve os explicaré como este proyecto fue rechazado por diversos centros tecnológicos en España. En Latinoamérica también estoy desarrollando proyectos que en España fueron desestimados. Uno tiene que ser consecuente con sus ideas, su discurso y sus valores y en mi caso considero que emprender es un estado de ánimo independientemente de donde te dejen llevarlo a cabo.
Aunque estoy pendiente de fijar mi residencia en Londres por un tema logístico, digo que no abandonado España porque seguiré teniendo proyectos en marcha aquí. Algunos de ellos verán la luz en breve también. Ahora estoy gestando una plataforma que gestiona fondos de manera alternativa y que va a gustar mucho a inversores medios. La presentaremos en Madrid a finales de febrero. Otra operativa en la que estoy metido es en ofrecer soporte a quienes, viendo como las cosas se estrechan aquí, quieran dar el salto a otros países e intentar crecer en un escenario tan difícil como el actual.

Lo más absurdo que me han dicho en los últimos tiempos sobre mi ímpetu por montar cosas es eso de “¿y si te sale mal?”. Todo los temas conllevan un alto grado de riesgo. Así me gusta sentir el día a día. Lo dije en mi libro, concretamente en el capítulo en el que hablo de “la gestión del fracaso”. Sin que sirva de precedente, os lo reproduzco a continuación:

La percepción de empresario en esta sociedad muchas veces está ligada a la de alguien que únicamente busca su beneficio, y que, si esto no fuera algo negativo, representa que es capaz de hacerlo a cualquier precio y a costa de lo que sea. Obviamente habrá alguno, pero estereotipar a un colectivo es simple, sea quien sea el grupo afectado.

Ahora bien, si hay algo que está mal visto en este país no es el ejercicio empresarial, sino el fracaso del mismo. En una sociedad de valores en crisis como la nuestra, el miedo al fracaso tiene su justificación puesto que el nivel de tolerancia hacia este hecho es cero. No hay transigencia ninguna en este asunto. Las familias actuales fabricamos ciudadanos narcotizados cuyo miedo al fracaso es supino.  Les ayudamos a conseguirlo todo y a evitar que se enfrenten al fracaso.

Vivimos en la sociedad del “todo me va bien”. No reconocemos los errores y si los transmites puedes estar en jaque social. Es mejor que nadie sepa de tus defectos o debilidades, mejor que no se conozca que tus proyectos no lograron sus objetivos y es prudente que tus hijos no vivan en ese circo del día a día. Que equivocados estamos apartándolos de la realidad.

Vivimos en la sociedad de “no lo intentes sino vas a lograrlo”. Para los bancos y profesionales afines, para el cuerpo social en general, los intentos no vales, el aprendizaje que se logra en el salto no es válido, lo que cuenta es conseguir el objetivo. Y no debería de ser así, sin tentativas no se puede saber si se logrará. No puedes saber si las cosas van a ir bien o mal.

Sabemos que van mal por un mero hecho darwiniano. Como nuestra sociedad está acomplejada, mínima, incapaz de enfrentarse a ese miedo a fracasar, la cantidad de gente que emprende es menor que en otros países. Cuanto menos intentos menos éxitos, cuanto menos éxitos menos competitividad. Es una regla de tres que asusta de lo simple que es.

Uno de los caracteres de los emprendedores mejor expuestos es que siempre están en crisis. Aceptan esa condición como un elemento básico. Un tipo que se pone en marcha con un proyecto que aun no está consolidado, que se enfrenta a mil obstáculos y que además está obligado a superar sus miedos y los estereotipos de una sociedad drogodependiente, es alguien que acepta la crisis como su estado de ánimo y su ecosistema natural. No recuerdo un solo proyecto de emprendeduría en el que alguien del equipo societario inicial cobrase un solo euro desde el principio.

La crisis está tatuada en cualquier proyecto emprendedor y eso lo debería hacer fuerte y dinámico. Aceptar que el fracaso es una posibilidad evidente ayuda a entender el proceso de emprender.

Montar negocios en este país es tóxico, especialmente para la clase dirigente. Les produce sarpullido. Prefieren las manadas sindicales bien estructuradas y controladas. Aquí todo el sistema gira alrededor de ajusticiar al emprendedor que fracasa y con ello se afianza el miedo al fracaso. Es el modo por el que se le quitan las ganas a los que pensaban ponerse al frente de algún proyecto. Para los que les haga zozobrar ese pánico, para los que el pavor a caer heridos en el intento de emprender les paralice, dejadme que os advierta que perderlo todo, una o dos veces es algo muy nutritivo. Yo he pasado por ello.

Aunque suene a locura, os aseguro que arruinarse es algo maravilloso. Enseña una barbaridad. Un emprendedor fracasado es un cadáver económico con un reto ante si de incalculable valor por estar obligado a poner en marcha toda la maquinaria de supervivencia, ese talento latente que no nos enseña nadie a activar.

Yo he fracasado más de una vez y me he levantado. Eso puedo decirlo con la voz bien alta pues para mí es algo consustancial al éxito que debiera llegar tarde o temprano. Y si no llega, da igual, lo divertido fue intentarlo.

Conozco otros que también fracasaron y empiezan a decirlo. Sé que decir esto ahora es duro y, en todavía algo contraproducente, pues el escenario actual es un lodazal profundo que no para de aumentar su extensión.

Y en esas estamos.  Eso es lo que tenemos, y las opciones son pocas cuando vienes del desierto laboral: emigrar o emprender.  El horizonte es siniestro, pero hay que seguir viviendo y, en medio de la tormenta, hay vientos favorables, sólo hay que identificarlos.

Me he dedicado algún tiempo a definir esos vientos favorables, o por lo menos a estimularlos para viabilizar empresas y os aseguro que están ahí, a veces ocultos. No son los que nos cuentan o presentan en campañas del tipo “esto ya se acaba” o “brotes verdes por todas partes”, nada tiene que ver con los camelos ya en el olvido como “estoloarreglamosentretodos” o derivados. No, ahora es diferente. No son evidentes, no hay muchos, pero hay territorios por explorar que ofrecen respuestas a momentos de crisis profunda como esta.

Que lo peor está por venir es factible, aunque sea solo por el hecho de que esto se va a quedar en línea plana durante muchos años, ni a peor, ni, sobretodo, a mejor. Está claro que ese es un elemento a tener en cuenta precisamente para arrancar, no para detenerse. Es el motivo por el que hay que ponerse en marcha. La parálisis se extiende como un virus si no te mueves.

Conozco muchos empresarios de éxito que fracasaron alguna vez. De hecho el 75% de los grandes emprendedores que han superado proyectos de éxito fracasaron alguna vez con anterioridad. Os pido que, cuando alguien os anuncie ilusionado que “va a montar una empresa” no le respondáis “¿estás seguro?, ¿Sabes lo complicado que está todo ahora mismo?”. Esto no lo vamos a arreglar entre todos por inseminación artificial, pero algo hay que hacer.

Por mi parte propongo no tragar, denunciar, no aceptar esas campañas buenistas y ayudar a emprender a otros, poner en marcha proyectos y dejar de mirar al horizonte con miedo. No asustar, dejar de poner palos en las ruedas incipientes de la gente con ilusión.

Si tenemos un proyecto que por si solo es muy complicado poner en marcha, asociémonos con aquellos que tienen proyectos similares, superemos esa tradición individualista de quien emprende. Hablad con la competencia, solucionad en común, investigad juntos. La clave es sumar y sumar sin miedo.

En estos tiempos complejos, lo sofisticado y la adición de voluntades proporciona energía. Recordad que la clase dirigente no quiere que nos reconozcamos entre nosotros. Si entre los emprendedores hubiera la opción de reconocernos, si entre los autónomos se generase un modelo organizativo eficiente, otro gallo cantaría.

Emprender en Boston

Estos días estoy en Boston. He venido hasta aquí para poner en marcha una nueva compañía. Se llamará sit2sit como ya sabéis. Estructuralmente será una empresa de base tecnológica aunque también adoptará los modelos de gestión social vinculados al conocimiento aportado en comunidad. Todavía no podemos decir mucho pues, en gran medida, los acuerdos que estamos firmando estos días tienen mucho que ver con esa confidencialidad. Hemos venido a Massachusetts porque aquí está todo el talento en desarrollo que necesitamos.
Facebook nació aquí aunque acabara en California. Dicen que los proyectos se piensan en Boston y se desarrollan en Sillicon Valley. Lo desconozco pero lo que si sé es que esto es otro planeta. Las paredes de las decenas de universidades de esta ciudad están repletas de fotografías que pertenecen a Premios Nobel que, o bien estudiaron aquí, o bien están dando clases. Es brutal. Sin embargo lo mejor no es que se adapte un presupuesto interplanetario para todo esto, que también, sino que alrededor de la gestión educativa, que es completamente socializada por el ecosistema del conocimietno que se ha creado, nacen empresas dentro de las facultades. En base a eso, el MIT, por ejemplo, se dedica a integrar a sus mejores alumnos en proyectos de empresas como la que yo acabo de fundar junto a mi socio Ivan. Alguien, por cierto, que no tiene perfil en ninguna red social y que es un tipo excepcional, con energía e ideas brillantes.

Un nuevo reto, un nuevo salto que encaja con la estrategia personal que me propuse hace ya varios años y que en los útlimos tres he ido materializando. Depender lo mínimo posible de la economía española. Aunque no se hunda el país, nos van a crujir a impuestos a un nivel inimaginable. Mañana lo explicaré en Cotizalia y aquí por derivación. No estoy huyendo de España, por lo menos no en lo sustancial, pero os aseguro, como comentaré mañana, que la fase final, en lo que respecta a España y Europa, ya ha empezado a desencadenarse y no estoy dispuesto a vivirlo demasiado expuesto.

Como digo en uno de los capítulos finales de mi libro:

Tengo mil ideas, algunas son mías pero la mayoría me las han contado. Hay personas con ideas brillantes. Ideas, ideas e ideas. Ideas que nos deben llevar a pelear contra todo eso despropósito y esa parálisis, a buscar la oportunidad, a buscar valor, a diseñar modelos de negocio inexistentes, a versionar los que tenemos, a darle la vuelta a la caja y dejar que caiga lo ineficiente, a pactar con los socios, trabajadores, amigos, competencia, proveedores, universidades, administraciones, agentes, con quien sea para sobrevivir en este puñetero barrizal en el que se está convirtiendo emprender en España.

Como emprendedor que se juega su patrimonio cada cierto tiempo, llevo en crisis toda la vida. Lo he hecho sin quejarme como otros miles. Emprender es estar en crisis constantemente, pues cuando tienes algo, lo inviertes, cuando por fin un proyecto está maduro, generas otro.

Pero emprender no significa enmudecer. Bajo ningún concepto debemos callar, no aceptemos que nos condicionen las críticas y avisos sobre los responsables de una mala gestión. Para que un emprendedor se calle suelen acusarte de “catastrofista” o de ser “el quinto jinete de la Apocalipsis”. Eso es una trampa, un cepo de mal tertuliano. Justifica y ampara a los que debieron hacer algo y no lo hicieron, permite que la gente siga en la inopia empujados hacia una miserable oferta de recortes en las capacidades de cada uno de sentirse libre de decir lo que piensa. Como emprendedores debemos adoptar una actitud crítica y demoler esa barrera social, anestesiada, que se bebe el cloroformo para desayunar como si fuera un baso de leche caliente y responder con proyectos y con contundencia. Ponerse en marcha es el mejor mecanismo para responder a una estructura de poder diseñada para el silencio social.

Hay cuatro maneras de ver el vaso. Medio lleno si eres optimista, medio vacío si eres pesimista, medio vaso que sobra si eres un tipo racional y medio vaso por llenar si eres un emprendedor. La primera es la manera en como ven el recipiente algunos de los que están apunto de perder su trabajo o pagar más impuestos que nunca. La segunda forma es la de los que la situación les ha vencido ya. La tercera es la modalidad menos arriesgada y suele adoptarse por aquellos que se huelen que lo peor está por llegar. La última es la buena. Lo debemos llenar con agua de cualquier parte, pero el vaso tiene que rebosar de agua.

No dejaré de ser crítico, pero ahora me queda menos tiempo para evidenciarlo. El espacio en Europa se estrecha y mis proyectos actuales precisan que esté lo más despierto posible. Sit2Sit en Boston, Creative en Panamá y alguna cosa más que estoy montando en Latam, me ocuparán lo suficiente.

El final de una etapa

Hoy he despertado en Sevilla. Estoy a unas horas de dar una conferencia llamada “el club de los soñadores“. Hoy mejor que nunca para hablar de como vivo el día a día mis proyectos. Ayer alguien en el Encuentro digital que tuve en RTVE me preguntaba ¿cuantas noches he dejado de dormir por ser emprendedor? Le respondí que yo no necesitaba dormir demasiado, soy insomne, seguramente porque sueño despierto. Ese es el valor del emprendedor.
Hoy hago público y oficial, que mi etapa como Director General de Cink se termina. A partir de ahora mi vinculación con la compañía que fundé será accionarial, como miembro titular del Consejo de Administración. Han sido dos años y medio vibrantes, llenos de problemas, lágrimas, noches largas, días eternos y, como no, momentos que no podré olvidar jamás por lo emocionantes y gratificantes que fueron. Hemos ido desde una esquina de un despacho compartido en el Born hasta las múltiples sedes actuales, desde los primeros proyectos gestionados entre mi amigo y socio Sergio y yo mismo, hasta la casi centena de personas que trabajan actualmente con Cink, y desde los problemas de liquidez puntual hasta la entrada de inversores de referencia. Aunque seguiré gestionando la marca en Latinoamérica en un sentido representativo, lo cierto es que mi vinculación con el proyecto finaliza a finales de mes. Para entonces Cink estará en manos de alguien excepcional al que le deseo lo mejor y le pido que me haga rico ;-).

Cink ahora precisa de un director mucho más ingenieril, capaz de gestionar con estrategia un modelo nuevo de explotación, más relacionado con lo tecnológico y mucho más dotado de desarrollo. En esa posición es mucho mejor jugador Sergio Cortes. Ahora toca convertir Cink en algo muy grande y esa ya no es mi tarea. Dicen que soy un buen successful startup por haber arrancado varios proyectos y ponerlos de 0 a 100 en pocos años, luego, a la hora de coger velocidad punta no estoy tan cómodo. Ya estuve en empresas grandes y no es mi sueño repetir ese proceso. Deseo seguir soñando despierto y lo voy a hacer con nuevos proyectos.

Durante unos meses voy a estar metido en la gestación del Sit2Sit, una compañía que he fundado en Boston y de la que no puedo hablar mucho pues ahora mismo estamos en el desarrollo de la macroaplicación con apoyo del MIT.

En definitiva, que se cumple una etapa y empieza otra repleta de ilusión. Suerte a Cink, allí dejo a un montón de buena gente, de grandes profesionales y de colaboradores leales. Me irán viendo de tanto en tanto, pero para lo que precisen, ya saben donde estoy… “up in the air”.

¿Expectativa Aumentada?

Pronto podré informaros de algo que me llevará a Boston a corto plazo. Esa ciudad es donde el Massachusetts Institute of Technology tiene su sede. Mientras acabo de rematar lo temas que me vinculará con ese espacio hub tecnológico y del conocimiento, os dejo con el enlace del review que publica el propio MIT. Es brutal. Siempre aporta datos frescos y de primera mano pues en gran medida todo lo que allí se cuece acaba siendo un modelo de negocio a medio plazo. Hoy me hago eco de un artículo que cuestiona que las empresas que están trabajando los primeros aplicativos en Realiad Aumentada no logran obtener ningún tipo de mejora empresarial en sus negocios.
Según se desprende del informe de Kristina Grifantinicon esta tecnología, y su creciente popularidad en los teléfonos inteligentes equipados con sensores, provoca que los responsables de marketing estén tratando de usar la RA para vender de todo, desde comida hasta entradas para conciertos”. Sin embargo, de momento no logran aumentar su realidad contable.

Es cierto que por muy “cool” que parezca la Realidad Aumentada, si no aporta valor real no generará beneficios, aunque si lo consideramos como lo que es, un experimento en fase inicial para ir descubriendo lo que es factible y lo que no, podremos adaptar su viabilidad dinámicamente. Hay algunos ejemplos interesantes como el uso de Disney para promover La Nouba, una función de Cirque du Soleil, con una aplicación que captura el “factor sorpresa“ del espectáculo acrobático.

En la actualidad, los espectadores de algunos centros comerciales selectos en Florida pueden usar sus teléfonos para hacer que aparezcan cinco imágenes de los artistas. Pueden ver a un bailarín virtual saltar a través de la fuente de agua del centro comercial, o caminar sobre una cuerda floja por encima de sus cabezas.

La campaña es demasiado innovadora y reciente como para saber si ha aumentado la venta de entradas, sin embargo uno de los responsables de Disney ya ha dicho de que “la página de ventas por Internet del espectáculo experimentó un número significativo de visitas adicionales”. ¿Realidad o Expectativa aumentada?