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Soñadores, habilidades y empleo

Hoy hemos sabido que en España hay menos parados que hace un trimestre. Lo que por desgracia no parece fruto de ninguna política activa pues si así lo fuera, también lo tendría que ser que ahora, también, hay menos gente trabajando. ¿Dónde se han ido unos y otros? Hemos hablado muchas veces de que las cifras y la realidad no concuerdan cuando salen de la boca de un tecnócrata pagado por su partido.
Ayer un miembro de mi equipo me decía que prefería trabajar conmigo en Irlanda porque se había dado cuenta que estaba potenciando alguna de sus habilidades que consideraba más importantes para el futuro. Me aseguró que el tema del paro y de la falta de oportunidad no tiene que ver solo con la situación económica, que tal vez el asunto iba de no haber entendido bien el momento histórico y laboral que tenemos. Me habló de oportunidad, no de problema.

Recordé haber estado leyendo hace pocas semanas acerca de los empleos del futuro, de las habilidades que se exigirán en el futuro inmediato y de cómo los empleos que están dando más oportunidades también relatan nuevos modos de acción y relación. Hablamos de conectar empleos que no existían hace apenas cinco años con habilidades que no eran determinantes tampoco en esos momentos.

A pesar de que las habilidades que más me interesan están fuera de él y detallo al final del post, os quiero mostrar algunos fragmentos del informe ‘future Works skills 2020’ describe algunas de estas habilidades y que muy bien relata Ignasi Alcalde en un resumen publicado recientemente.

La primera es la síntesis objetiva. Cuando estableces un modelo de gestión que no es vertical, que se basa en la flexibilización de la propia compañía y sus posiciones, es evidente que lograr una acción coordinada exige determinar la síntesis de los puntos clave que nos ayuden a crear una visión unificada antes de tomar decisiones.

La segunda es la inteligencia social argumentada en la capacidad de conectar con tu entorno para estimular interacciones tal y como esperamos. Comportarse de manera flexible y adaptativa permite que los que nos rodean permitan la construcción de grupos eficientes y colaborativos.

La tercera es para mí la más importante. El pensamiento adaptativo. Una habilidad que surge de la superación de barreras o rutinas, que innova y crea y que se convierte en algo novedoso, atractivo y fundamentalmente divertido.

La cuarta, según el informe, trata de equiparar entornos culturales y habilidades lingüísticas y saber tratarlos sin problemas. Obviamente no se trata solo de hablar varios idiomas, cosa que es imprescindible hoy en día, sino que en el futuro inmediato lo determinante será combinar edades, culturas, lenguas y contextos en la propia empresa y reproducirlo a escala.

La quinta competencia que marcará el modelo de empresa en breve será la capacidad para el procesamiento de datos. Una especie de derivada computacional de nuestro modo de razonar. Entender los conceptos abstractos y razonarlos para poder traducir su significado y aumentar las funciones para sintetizar la información requerida.

La sexta no es opcional. Se trata de la alfabetización digital extrema. Pero el informe no habla de un entorno epidérmico de los medios digitales sino que asegura que en el futuro los trabajadores deberán tener fluidez en varios formatos para evaluar información de forma crítica y comunicarla a través de diversos canales que ahora mismo más parece vinculados a las cosas que a las pantallas.

La séptima nos indica que el conocimiento de nicho no será competente. Se espera que los trabajadores de nueva generación sean capaces de entender conceptos a través de múltiples disciplinas. Deberán poseer un profundo conocimiento de al menos un área, pero deberán tener la capacidad de conversar en los idiomas de otras materias.

La octava indica que en el futuro inmediato los trabajadores se vincularán de manera virtual a grupos y equipos. Está claro que eso ya es una evidencia, pero hablamos de naturalizarlo en el sentido más físico del término. La batalla moral al respecto va desapareciendo y otorgando valor a las relaciones digitales entre las empresas.

Hay varias más en ese informe pero yo quisiera incorporar tres que me parecen imprescindibles y que tienen que ver más con mi propia experiencia y en lo que yo detecto en el día a día. No me sirven esas competencias anteriores sino son bien mezcladas con modos y actitudes, con maneras de ser.

Una primera que habla de sueños como motor vital en un trabajador. Si no se estimula la necesidad de soñar para trabajar lo datos, las habilidades, las competencias y las obligatoriedades no valen un pimiento. Esto va de subir montañas, de vivirlas con intensidad en la subida, en relajarse un momento al llegar y de bajar a toda prisa para subir otra. La habilidad más importante para mi es la que tendrán aquellos que comprendan que no hay ‘empleo’ o ‘proyecto’ definitivo o para toda la vida, que lo que hay son miles de pasos y sucesos estimulantes, de errores y caídas, pero que lo importante, el ‘skill’ definitivo será saber disfrutar, cambiar y levantarse si toca.

Reclamo el derecho a ser un soñador, a creer que todo es posible. Es demasiado sencillo asumir la derrota y hacerlo sin mover un dedo. 

Una segunda que evidencia la necesidad de saber tratar con objetos hiperconectados y entender que en ellos se está reproducieondo la nueva revolución digital y tecnológica, que el nuevo escenario está repleto de datos pero también de cosas conversando.

Esperar que algún proyecto de base tecnológica resuelva problemas o situaciones que tienen que ver con lo cotidiano es muy estimulante. En ocasiones esto es realmente muy relativo y superficial pero pueden esconder grandes expectativas.

Y la tercera trata de conquista emprendedora, de abandono del ‘todo es culpa de otros’. El ‘worker’ del futuro debe tener unas competencia técnicas como las que hemos dicho pero también debe ser alguien que comprenda el momento y el escenario actual, que entienda que esto va de divertirse, de conquistar tu propia existencia, de determinar lo que quieres ser, de buscar tu destino y de que, ya que vas a pasarte la vida haciendo básicamente una cosa llamada ‘trabajar’, que sea exactamente como lo habías soñado.

A veces pienso que el emprendedor tiene una composición molecular peculiar. Se diferencia de otros individuos por ser creativo en mayor o menor medida, disponer de una gran intuición, incluso si fracasa, de un grado de optimismo patológico que puede perfectamente mezclarse con un espíritu crítico y analítico de la realidad, un emprendedor no es un iluso, es un valiente que decide tirarse por un acantilado sin saber, muchas veces, que le espera allí abajo.

SIN MANIPULAR SON 5.436.637

Lo he dicho en mi twitter. Empieza a ser desagradable ver como, día tras día, no hay ningún medio capaz de leerse este documento, llegar a la página 19 y descubrir que el propio Ministerio del Trabajo admite que hay 5.436.637 demandantes de empleo. Este dato nunca lo incluyen en la nota de prensa, sólo reflejan diversos factores territoriales y cifras sobre seguridad social asociada, pero nada de esos casi cinco millones y medio de españoles que buscan empleo. Desde esa tasa hasta la "oficial" la diferencia estriba en casi 1,4 millones de personas. La cábala responde a colocar el excedente social en diversos epígrafes: 932.299 ocupados en formarse, es decir, gente que el ejecutivo considera tan inútiles que no están ni en condiciones de considerarse parados, puesto que ser pardo conlleva el hecho de poder trabajar si encuentra un empleo. Estos no están en paro, sólo pueden formarse. Otros 202.697 demandantes no son parados oficiales pues su disponibilidad es limitada. Es decir, gente que tiene una ocupación de dos o tres horas a la semana haciendo cualquier tema (clases de inglés en una academia) no son parados técnicamente pero la verdad es que tienen poco de ocupados. Los otros 253.148 que faltan para equilibrar esta macabra ecuación son los "TEASS", es decir gente que está tramitando algo y que la EPA considera parados en toda regla. 


En definitiva, que el gobierno se rie a calzón quitado de todos estos periodistas incapaces de leer un documento adjunto, de los que leyéndolo no lo entienden y de los que entendiéndolo dependen de una subvención que peligraría si se ponen recios. Peor para todos, la realidad pesa como el plomo y se nos caerá encima tarde o temprano, en eso, la manipualación estadística no sirve. Prefiero estudiar mis opciones con los verdaderos datos por muy duros que sean, es el método que tengo para salvarme yo y los mios. ¡Buena suerte!

Pd. Aquí no están los autónomos que se dan de baja por no tener nada que facturar. 

MAQUILLAJE, DEFICIT Y DEUDA

Como sabéis colaboro con varios medios económicos. Este mes he iniciado una nueva en Euribor. Cada primer lunes de mes intentaré analizar de modo técnico algunos aspectos de la economía y de los mercados. Hoy os copio aquí el primero de este año pues ha generado más de 200 comentarios y seguirlo allí sería dificil. En este primero intento descifrar la metodología del gobierno para manipular algunos datos económicos, en este caso hablo de como lo hace con el déficit y con la deuda pública. Espero que os parezca didáctico. Leedlo a continuación.

Hay quien certifica oficialmente que la deuda pública francesa es muy superior a la española. Al parecer la gala se situó en el 75,8% del PIB y en España no se supera el 66%. A partir de ahí se desencadena la locura. En plena euforia, el Secretario de Estado español en materia de hacienda aseguró que, de momento, el déficit de nuestro país no alcanza el 7%. Pues si lo primero es un cuento para niños malos, lo segundo es una broma de mal gusto. Vayamos por partes y analicemos cómo se puede maquillar hasta la mona más fea.

Primero debemos asumir que el concepto déficit es muy restrictivo y no responde a la diferencia exacta entre gastos e ingresos del Estado. Hay muchísimos consumos públicos que no van a déficit sino a deuda. Algo que no pasa en Francia por ejemplo y que permite entender como en un mismo espacio económico europeo hay diferentes agentes de análisis que no ayudan mucho a comparar adecuadamente las cifras. Por eso debemos entrar de lleno en este modelo que ofrece una gran complejidad para establecer el gasto total del Estado. Eso es algo imprescindible a fin de establecer con exactitud cual es la verdadera diferencia entre lo que se gasta y lo que se ingresa. De momento sólo podemos guiarnos por los datos publicados el 24 de noviembre sobre la deuda contraída hasta la fecha por el conjunto de las administraciones públicas. Sabemos que hasta esa fecha el endeudamiento neto ya ascendía a casi 110.000 millones de euros, a los que se deberán sumar los de diciembre para tener un dato anual cercano a la realidad. Teniendo en cuenta que en el último tramo del año el Estado es cuando más gasta y menos ingresa, el cómputo neto final de deuda adquirida rondará los 130.000 millones, ligeramente superior al 13% aproximadamente.

Pero aun hay más. Si el tema se quedara en esto, aunque grave, no sería nada irremediable, no estaríamos en un espacio de no retorno. El problema se torna muy feo cuando aplicamos otros elementos que son determinantes. Las casi 5000 empresas públicas municipales y autonómicas, donde el déficit se esconde sin pudor, representan un agujero negro en la contabilidad del Estado. En este punto exacto suelo recibir acusaciones de no comparar interesadamente nuestro déficit o deuda con la de otros países de nuestro entorno. A veces hay quien asegura que estamos mucho mejor que potencias como Francia o Alemania en ese tema.

No es cierto que estemos mejor. Para saber el grado exacto de deterioro debemos atender a un factor que no se repite en esos países. Las empresas públicas que se montan para acometer obras y gastos que no pueden asumir por el tope de endeudamiento permitido por la ley, representan un incierto destino de las obligaciones totales. Como detalle decir, además, que la mayoría de esas empresas públicas no lo son formalmente pues están compuestas por 3 o más organismos diferentes y ninguno de ellos poseen más del 50% de las mismas, lo que las convierte en híbridos públicos no sujetos al control de auditorias automáticas.

¿Por qué son un boquete contable esas empresas? Muy fácil. Los ayuntamientos tienen un tope de deuda de riesgo. Si necesitan más dinero (años electorales) en forma de más crédito montan una empresa de estas y adquieren la deuda a partir de esa plataforma de nuevo cuño. Como sólo requieren una carta de intenciones de que la administración en cuestión piensa apoyar a la empresa la obtención es sencilla. Apoyándose en la ejecución de presupuestos el banco tiene suficiente. No se precisan avales la mayoría de las veces.

Sabemos que la deuda es mucho mayor de lo que parece. El control que se puede ejercer sobre esas empresas públicas se diluye en la infinidad de mecanismos derivados que los soportan al no ser organismos estructuralmente simples. Intuimos que el déficit es mucho mayor. Sospechamos que la deuda total es mucho más grande por un detalle que no se nos puede escapar. En la deuda pública no entran las obligaciones comerciales, es decir, las facturas que debieran afectar esa deuda, no están en el balance contable del debe a cuenta. Tampoco están las obras públicas puesto que sólo se certifica que ya se han hecho poco más. Como estos no son documentos financieros, la deuda no aumenta. Documentos financieros son los bonos, los créditos sindicados y las disposiciones presupuestarias aplicadas.

Otro detalle que complica más la credibilidad del modelo de ajuste de la deuda en España está  ubicado en los tiempos de cobro. Aquí se está pagando mucho más tarde las facturas que en otros países. En la administración española muchas facturas permanecen meses en una especie de limbo financiero pues no se declaran como pendientes de pago. Se almacenan en cajones y oficialmente se retrasa la incorporación en la deuda que el interventor puede interpretar. En ese elemento de pago pendiente está la trampa. Mientras que en Francia, por ejemplo, el período de pago público no supera los 24 días en casi ningún caso, aquí la media de cobro en la administración local ya supera los 180 días. Son obligaciones de deuda que se borran del sistema mientras no se incorporan a los resúmenes de remesas a pagos. Es incalculable la cantidad de déficit que puede estar oculto en ese territorio perverso. Lo sabremos durante este año 2010 y durante el que viene cuando las arterias del sistema público sufran colapsos en el pago generalizados.

Con respecto a la metodología del análisis, habitualmente se niega que el gasto público esté desbocado y que se esconda algo en las cifras publicadas puesto que, aseguran las fuentes oficiales, el gasto público asignado a endeudamiento creciente acaba en el capítulo 6 del presupuesto. Eso no sólo no es cierto, es imposible. El modelo de aplicación sobre el presupuesto en materia de deuda, si ésta es inversión puede acabar en ese capítulo, pero en este caso no es así puesto que el Plan E y los paquetes de estímulo que han disparado el déficit no se han dispuesto como inversión. Si se revisa adecuadamente la Ley de Presupuestos de 2009 e incluso la de 2010 se puede identificar que esa inversión no aparece como tal y no se identifica como estructura de déficit ya que no se asigna sobre gasto pendiente sino sobre otras partidas finalistas por designar en cada administración derivada.

No niego que las cosas puedan mejorar algo este año pero si las tasas ofrecidas por los editores públicos siguen manipulando la realidad de este modo la credibilidad de esa bonanza venidera es mínima. De momento, por si acaso, cuando nos merendemos según que cifras, hagámoslo con cuidado, pueden estar envenenadas en el mejor de los casos. 

¡Ah! Se me   olvidaba, Merry Crisis and a Happy New Fear!!

¿Quieres ser funcionario?

Para los que se mantienen informados por los mecanismos tradicionales la noticia del día es la rinoplastia de alguna famosa, para los que utilizan los medios digitales lo más destacado es que la crisis ha tocado punto y final, para los económicos que el Ibex va y viene y, en ese territorio de libertad y crítica llamada blogosfera, la cosa que ocupa más espacio es el asunto del manifiesto y su cortina de humo. En resumen, que seguimos lejos del debate real y cada vez quedan menos dispuestos a no pasar por el aro. La noticia que ayer saltaba por los aires y que referenciaba el primer susto importante que se le da a la credibilidad de la deuda pública española pasó sin pena ni gloria. Afecto a la bolsa lo justo y a otra cosa mariposa. Ese es el miserable problema de este embrollo. Pase lo que pase aquí no pasa nada.
Si se finiquita la opción de deuda o ésta es mucho más cara como parece que así será, se acaban el cheque en blanco para subsidios y matapenas. Por ejemplo, se irán retirando las prestaciones esas de la indigencia subvencionada que oscilan entre los 386 y 712 euros y que se conceden entre seis y doce meses. El número real de parados en España ya supera los 5 millones de personas, pero lo peor está por llegar. La orden encubierta del gobierno central a fin de poder garantizar la “paz social” ha sido la de suministrar somníferos sociales a todas las comunidades autónomas garantizando el soporte a cualquier plan diseñado para permitir un peligroso escenario de ayudas económicas de protección social a los parados que hayan finalizado el periodo de cobro por desempleo.

Lo han hecho con el “Salario Social”, la “Renta Mínima de Inserción”, la “Renta de Integración Social”, las “Ayudas de Inclusión Social” y la “Renta Básica Asignada”. En general se obtienen por diversos mecanismos y tienen que ver con aspectos aritméticos confeccionados a partir de las unidades familiares. Lo grave es que esas ayudas tienen cláusulas que prevén el derecho a la continuidad de la percepción en periodos sucesivos de seis meses, mientras persistan las circunstancias que motivaron su concesión. Es decir, el gobierno y sus derivados autonómicos no tienen claro cuando vamos a salir de esta y consideran que, a mejor propuesta, seguirán pagando una cuota insultante a colectivos que no serán ocupados en nada probablemente nunca más. Hay personas de más de 50 años que ya no volverán a trabajar jamás. De su “ayuda social” pasarán a la jubilación en precario y mínimo que resulta de un cociente perverso obtenido de los últimos quince años “cotizados”.

Y es que en España el problema es estructural. Pongamos cifras obtenidas del propio Instituto Nacional de Estadística. En España trabajan 18.872.932 personas de un total de 46.661.950 habitantes. De esos trabajadores 3.029.511 son funcionarios públicos. De los 15.843.421, 2.923.988 perciben su salario por trabajos vinculados en exclusiva con las administraciones públicas. Es decir de los 18.872.932, sólo 12.919.433 pueden abstraerse de las ayudas públicas y de sus cuentas. No puedo incorporar en este resultado aquel asalariado y autónomo que depende de contratos públicos mixtos, lo que aun empeoraría la estadística.

En España hay 15.449.210 jubilados o ciudadanos no activos, 4.123.300 parados según el INEM y 8.219.450 estudiantes. En total, y haciendo la demagogia justa, podemos decir que hay 12.919.433 de trabajadores que aportan todo lo que precisan 46.661.950 en términos de presupuesto público. Obviamente no es un análisis al milímetro pero que si se mira de modo objetivo demuestra lo que si es cierto: parece difícil de soportar este otro déficit, el déficit socioeconómico, pues esos 12 millones son los encargados de establecer los cambios estructurales para modificar el modelo de crecimiento de este país y no parece que se pueda hacer cuando la preocupación máxima será lograr que esos paguen lo que necesitan los otros para subsistir. Queda poco margen para las aventuras.

Ahora bien, mientras nadie ponga coto a nuestra fábrica de dependientes de la cosa pública, esto no va a mejorar. Hace unas semanas en una charla que di en Sevilla ante centenares de universitarios cuestioné quienes de todos ellos pensaban ser emprendedores o montar un negocio en los próximos cinco años. La respuesta fue siniestra: sólo levantaron la mano dos jóvenes. Luego pregunté cuantos querían ser funcionarios y la respuesta fue masiva. Un grupo importante no levantó la mano. No se que es peor.