competitividad

El cambio de modelo económico no depende sólo del gobierno. También es asunto tuyo.

El cambio de modelo económico no depende sólo del gobierno. También es asunto tuyo.

Cuando ponemos en análisis quién y cómo se debe iniciar el cambio de modelo de crecimiento económico de un país como el nuestro, normalmente apelamos a directrices políticas que no se llevan a cabo y que sí se deberían de tener en cuenta. Lo comparamos con otros países del entorno para comprobar hasta que punto no estamos en la senda correcta. Aunque no debemos abandonar los requerimientos a quienes tienen funciones políticas para facilitar los negocios, modificar el modelo productivo y hacerlo más competitivo, hay una gran parte de responsabilidad del asunto en la otra parte, la de las empresas y, por derivación, de sus empresarios, directivos y trabajadores.

¿Que somos, leopardos o gacelas?

La diferencia entre un leopardo y una gacela es que el primero puede equivocarse una y otra vez, la segunda no. Por ejemplo, durante siglos la banca se ha equivocado en innumerables ocasiones, pero sin embargo no ha permitido que sus fieles lo hicieran. Unos son gacelas y otros leopardos en esta vida. Durante decenios el sagrado sistema financiero ha permitido sin que le temblara el pulso que miles de personas fueran embargadas por cometer un error en el mejor de los casos. En el peor, por no cometerlo.
¿Y si la relación que muestra la metáfora estuviera cambiando también? Acabo de llegar a USA. Este es un país donde el uso de la moneda de plástico es masivo y donde la deuda se genera para superponerse a un déficit personal anterior. Los ricos a crédito no son exclusivos de América, están por todas partes, especialmente florecieron en la España enladrillada. Muchos de estos individuos que estructuran su vida en base al pago a crédito, para abonar todo su consumo cotidiano en términios que ya se han convertido en un “retainer” a perpetuidad, son “expertos” financieros que consideran estar amortiguando sus gastos gracias al mal llamado “cómodos” plazos. Esos son las gacelas. Poco o nada pueden hacer con su destino. Lo deben.

¿Quienes están pues en condiciones de cometer errores? Los soñadores, los que apuestan a sabiendas que sin arriesgar no se innova. Yo reclamo el valor y derecho a ser un #dreamer y exijo mi derecho a equivocarme cada vez mejor. En definitiva los leopardos de la Nueva Economía deberían ser los emprendedores, especialmente, los que desarrollan proyectos digitales por su especial materia y menor fricción.

En definitiva, un emprendedor es un soñador, alguien que se pregunta todo y que se muestra crítico con aquello que le molesta, estorba o despista, pues se juega el patrimonio, la vida y el futuro. Es muy distinto ver lo que va mal cuando te afecta de verdad a cuando le afecta a otros.

Por eso, cuando se impone el terror al fracaso lo que realmente se logra es asfixiar la vitalidad  económica. La gestión del fracaso en España y en Europa en general es contraria al estímulo empresarial. No se valora como factor de aprendizaje sino todo lo contrario, no se entiende que tras un error hay un aprendizaje. Nuestra sociedad está acomplejada, mínima, incapaz de enfrentarse a ese miedo a fracasar, la cantidad de gente que emprende es menor que en otros países y en gran medida está provocado por ese siniestro círculo cerrado. Cuanto menos intentos menos éxitos, cuanto menos éxitos menos innovación, cuanto menos innovación menos competitividad. Es una regla que asusta de lo simple que es y que conduce a la parálisis.

Hay millones de personas que no ven los goles de la vida porque tienen miedo o por mantenerse seguros en la “zona de confort”. Pero oyen el rugido del público e interpretan que ha habido un gol. El modelo social en el que vivimos intenta con todas sus fuerzas a que vivamos de espaldas a lo que sucede y muchos se resignan y se toman su tazón de cloroformo matinal para no sentirse mal. Es gente que en muchas ocasiones saben mucho, leen mucho, escuchan mucho y seguramente conocen tantas cosas que podrían llamarse “sabios”. Se puede ser sabio pero a la vez se puede no estar viviendo.

Ya no sólo es cuestión de cambiar modelos de crecimiento, de impulsar políticas activas, de renovar acciones complementarias, de estimular la emprendeduría, de mejorar las tasas tributarias o de impulsar la exportación y la internacionalización, ni siquiera es tema de tecnología sólo o de entender los tiempos que corren. Lo que realmente toca es un cambio de actitud, un gesto global y entendible, la composición de un sueño colectivo que sea capaz de disolver en la nada tanta pesadumbre y tristeza. Es la hora de los soñadores, de los valientes, de los que ven en cada dificultad una aventura y en cada ruina una lección.

Es la hora de los que saben que no son gacelas, que como los leopardos pueden cometer errores y volverlo a intentar. Si vas a intentarlo y temes equivocarte, no te preocupes, hay muchas opciones de que así sea. Luego te queda el resto de tu vida para poner en práctica todo lo que hayas aprendido.

"Descompetitivos"

Leyendo el informe Ranking Mundial de Competitividad 2013e del International Institute for Management Development se descubre que lo previsible al final se cumple. España el año pasado ocupaba el puesto 39 y ahora ya va por el 45. Hace 25 años estábamos el 26. En apenas una generación, la que se aguanta sobre la orgía de tochos con el que se ha consagrado un modelo económico que estalló, España se ha convertido en el país del mundo civilizado que mayor margen de competitividad ha perdido si exceptuamos alguno que entró en guerras o divisiones abruptas. Los años se van mal gastando y eon ellos una generación se pierde.
Para ser competitivo, como por ejemplo algunos de los principales protagonistas del informe como Estados Unidos o Suecia, es preciso diversificar la economía y vincular el modelo de crecimiento a las nuevas tecnologías. En España la industria española está en búsqueda y captura. La de mayor eficiencia es la ensambladora, dependiente de grandes corporaciones internacionales cuya transferencia en tecnología se la tenemos que pagar.  El turismo peligra si no modula su oferta, la distribución precisa de generar procesos de mayor contenido digital y una pyme que está sufriendo el abandono absoluto y el ataque indiscriminado de la administración.

El reto para lo competitividad no está en las palabras, está en los hechos. Cuando el discurso se llena de frases hechas sobre el apoyo a los emprendedores y de reuniones con foto final que permiten mantener el circo expectante unos meses más, entonces no vamos a ningún lugar. Yo sigo pensando que es mejor que un grupo de inversores privados se pongan en marcha para apoyar empresas tecnológicas a que un fondo de ayuda llegue algún día.

Cada vez es más evidente que hay que tener una hoja de ruta. No se puede mantener por más tiempo el plan a golpe de impresiones. Que no hay dinero es cierto, que no se puede prentender sacar todo esto adelante por arte de magia por supuesto, que se deberán quemar a los responsables indudable, pero ¿y si mientras tanto no lo complicamos todo más y apoyamos a los que se la están jugando cada día? ¿y si vamos tomando conciencia que los tiempos han cambiado y que parte de ese cambio supone incluso que los que dirigen acepten el reto? Estimular la Nueva Economía no es una pose, es algo más consustancial, mucho más intenso e incluso tiene que ver con la transparencia, creerse eso de “las redes” y aceptar que ya nada volverá a ser igual. El cambio en el modelo de crecimiento de un país pasa también por el cambio en el modelo de gobernarlo.