creatividad

Nunca es demasiado tarde

Le pregunté que le pasaba. Me respondió que le dolía la cabeza por que estaba viejo. Le dije que eso no tenía relación directa. Mi amigo me confesó que le dolía la cabeza por la edad, pues con la suya, la cantidad de ideas, sueños por cumplir, anhelos y retos por completar se juntaban en una orgía de colores irrefrenable que le provocaba esa jaqueca. Lo decía alguien con decenas de empresas y triunfos, y que a cada minuto que pasaba, sus ojos se encendían con mayor intensidad. La palabra jubilación, dice, significa ‘tiempo para explorar, pero para hacerlo con más prisa’.
Que los emprendedores de éxito son gente casi recién salidos de la adolescencia es un mito al que no me sumo. Representan una anomalía aritmética que tiene su importancia y valor, pero que para nada se ajustan a la realidad y, además la distorsionan. Vivir con el peso de la edad es un error que paraliza. Cuando era agente de bolsa, jefe de equipo antes de los treinta, y uno de los que más activos colocaba en mi empresa ya se me consideraba viejo. Entendí que eso de la edad y la tribu debía pasarlo por alto. Había que aprender y descubrir los elementos que a uno lo mantienen joven de espíritu pero con mayor experiencia y conocimientos.

Hace poco escribía sobre los estudios que desmontan eso de que a partir de los cuarenta somos menos creativos, y que defendía todo lo contrario. La creatividad es la gestión de las ideas existentes con las nuevas percepciones y por eso es bueno un sedimento para lograr los mejores resultados. Y no solo eso, creo además, y es fruto de la experiencia en primera persona, que a los cuarenta estamos capacitados mejor que nunca para montar un negocio, para poner en marcha un reto, un sueño, un proyecto de vida. Una vida que aun queda por vivir y que me niego a ponerla en la vía de la inercia cuando aun no ha llegado ni a su mitad estadística.

Nunca es tarde. No lo es para amar, para saltar en paracaídas, para descubrir el amigo que ya no esperabas conocer, para aprender un nuevo idioma, para recorrer ciudades que pensabas quedaban lejos de tus posibilidades, para pasar una noche de frío en el bosque, para correr una maratón, para superarte a ti mismo en cada instante, para tachar deseos de esa lista mágica que te mantiene vivo y con anhelos inalcanzables aparentemente. No lo dudes, nunca es tarde.

No lo es porque hay muchos que hemos puesto en marcha la cisterna que arranca el mundo por la mañana, lo hicimos hoy bien temprano, dispuestos a utilizar la experiencia para fabricar la incertidumbre. Así vive mi entorno y así vivo yo, desenredando mi mundo inmediato, casi improvisando, pero con esa inteligencia extraña e imperceptible que te entrega tu propia historia.

Aprender cada día con los sucesos, con los errores y con la textura fina y sensible de los sueños es lo que nos queda tras mucho tiempo sintiendo el frío y el calor de lo que es haber sido emprendedor siempre. El éxito llega a veces pronto a veces tarde, pero la gestión del mismo tiene mayor importancia que tenerlo. Errores he cometido muchos, y sigo cometiendo una barbaridad, pero lo que si sé ahora, es que cada uno de esos agujeros compone un espacio nuevo, más grande, más intenso y mucho más divertido.

Cuando percibes el olor que tienen las huellas en esa aventura de abrir las puertas de tu propio futuro, todas las voces callan y el silencio reina en tu camino. Suelo correr de madrugada en las ciudades del mundo por donde paso. Este año lo hice en algunas ciertamente increíbles. Correr por las calles de Boston o de Lugo, cuando apenas circula nadie por ellas, es extraordinario. Sólo escuchas tus ideas amontonándose en tu cabeza, pidiendo a gritos una oportunidad. Con la edad he descubierto que las pongo en la pista de despegue con mayor acierto que en el pasado.

Si te sientes mayor para empezar piensa que con 35 Jan Koum fundó WhatsApp, Michael Arrington TechCrunch, Tim Westergren Pandora y Jimmy Wales Wikipedia. Con 41 Mark Pincus puso en marcha Zynga y con 42 Robert Noyce Intel. A esa misma edad, 42, Robin Chase inauguró ZipCar y al llegar a los 52 Ray Kroc abrió el primer McDonald’s. Incluso hay casos más extremos. John Pemberton inventó la Coca Cola a los 55 y el General Sanders fundó KFC cuando la mayoría de personas se jubila, a los 65.

Mientras algunos se lamentan de ‘la crisis de los 30’ o de ‘los 40’ o de ‘los nosecuantos’, otros nos ponemos en crisis constructiva, en revolución íntima para disfrutar de ese momento extraordinario que supone completar ciclos para empezar otros. Yo he fundado e impulsado muchas cosas en estos años, pero ahora me gusta que cuando alguien me nombra lo haga diciendo ‘Marc Vidal, que entre otras cosas, a los 42 fundó Openshopen. Nunca es tarde.

Más creativo a partir de los 40

Cada tres días corro catorce kilómetros. Suelo hacerlo de manera exhaustiva e intensa aunque nunca tengo prefijado el recorrido ni ruta que haré. Improviso. Los que corren saben esa sensación vibrante por la que las endorfinas se ponen en punto de ebullición y las ideas se amontonan mientras mantienes el ritmo constante de las zancadas. Desde los últimos años he notado que cada vez son un mayor número y más radicales dichas ocurrencias, las conexiones mentales y la envergadura de las consecuencias.
Vivo con cierta sorpresa la percepción de que mi creatividad y mi capacidad para reinventar procesos esté ahora en su cumbre vital. Haciendo running lo visualizo de manera rápida pero es en el día a día, viajando más que nunca, emprendiendo más que nunca y conociendo y aprendiendo más que nunca que se hace mucho más claro y perceptible. Hoy vivo con mayor intensidad conjugando con la experiencia, lo que convierte cada proyecto actual en un apasionante reto íntimo y sin límites aparentes. Todo sigue siendo campos enormes de experiencia por acumular.

Leyendo en The Atlantic un artículo titulado ‘Big Breakthroughs Come in Your Late 30s compruebo que existen teorías y estudios al respecto basadas en un nuevo documento de la Oficina Nacional de Investigación Económica de Estados Unidos ordenada a través de las vidas de los inventores y los científicos ganadores del premio Nobel en busca de su edad de máximo rendimiento.

Algunos factores contribuyen. Por ejemplo pensar en el tiempo que un científico de investigación va a pasar en la escuela. El grado de licenciatura se alcanza en 22 años y luego en su título de doctor hasta los 30, lo que deja un escaso par de años para realizar su trabajo antes de poder ejercer sus conocimientos de manera eficiente. Pero eso, creo, es trasladable a casi todo en la vida profesional y ejecutiva.

Otra teoría interesante es sobre que ‘la carga del conocimiento’ lo determina todo incluso por encima del ‘ímpetu’. La ciencia ha acumulado muchísimo conocimiento sobre el mundo para procesarlo antes de que pueda empezar a hacer sus propios descubrimientos originales. La experiencia determina la creatividad investigadora.

427f5025fPero esas cifras se vuelven más sutiles, como la investigadora Olga Khazan señala, cuando la edad de avance depende del campo que son efectuadas. El trabajo en cuestión señala que la distribución de ganadores del galardón escandinavo fueron de Física 36 años de media, de química con 39 y los médicos de 41 años de media. Otros estudios hablan de que emprendedores tecnológicos de éxito, exceptuando el baby boom de Sillicon Valley, están ya en edades cercanas a los 40, a los inversores se les ve sobre los 45 y a los mentores reconocidos en los 48.

¿Por qué las diferencias? Khazan argumenta que los campos abstractos como el arte y la física son más complacientes para floración temprana, mientras que las zonas de alto contexto, como la historia, la dirección económica o la medicina exigen mucho más de madurez.

Cuando me dedicaba a la bolsa en los años noventa, la edad ideal me decían era los 30 y algo y mi edad era 20 algo, luego como directivo de empresas con mis treinta me decían que lo ideal eran los 40, y ahora cuando me dicen que emprender está especialmente diseñado para los 20 yo me siento mejor que nunca con 43 para montar negocios. Está claro que la edad y lo que se hace con ella depende poco de según que y mucho de lo que se siente. En cada momento ejercí y ejerzo de creativo en cada uno de mis actos y proyectos. Lo único que si va en crecimiento es el conjunto de elementos que me permiten razonar esa capacidad para inventar. Es como si gracias a que cada vez tengo más conocimiento mi capacidad para innovar aumenta independientemente de que mi mente tienda a perder memoria, agilidad o cualquier cosa que dicen que se pierde.

Pero la innovación se presenta en diferentes formas. David Galenson separa creadores en dos grupos diferentes: los conceptualistas en un extremo y los experimentadores, por otro. Orson Welles puso del revés el cine cuando dirigió Ciudadano Kane con tan solo 26 años. Se diría que fue un conceptualista. Oliver Sacks, por el contrario, se diría que es enormemente creativo a sus 80 años, por lo que los experimentadores están mejorando continuamente sobre sus técnicas.

¿Estás en tu momento más creativo? ¿A que edad está sucediendo? Emprender, crear y arriesgar no tiene edad, te lo aseguro.

Los 100 más creativos del planeta

Durante este agosto los posts que publicaré serán mayoritariamente aportaciones de conocimiento colectivo y externo que considero interesantes y que suelen estar en mi lector de feeds habitualmente. De esta manera compartiré material que es de mi propia consulta y análisis. Estarán vinculados a la economía, la creatividad, la innovación, la economía digital o el factor emprendedor y algún non topic que se pueda colar.
Ayer la publicación Fast Company publicó un interesantísimo trabajo que hace reflexión sobre las personas más creativas del planeta. Lo hace cada año bajo el nombre de “The 100 most creative people in Business”. En este caso la edición 2013. El trabajo es tremendamente potente y os lo enlazo aquí para que naveguéis por él y examinéis lo que se dice de cada uno de ellos. La forma de hacerlo es desplazándose por la lista de arriba abajo y entrando en cada uno de ellos. Una vez dentro estaréis en un mini-site particular de cada uno con imágenes, textos, vídeo, sonido y documentos adjuntos. Os aseguro que es una auténtica maravilla el trabajo realizado por el equipo redactor del recopilatorio.

En una era en la que los mejores planes de empresa se alteran rápidamente y la necesidad de nuevas tácticas es constante, aparece la necesidad constante de inspiración. La creatividad es esencial, sin embargo siempre he pensado que las ideas brillantes llegan con el la capacidad y el esfuerzo. Las ideas brillantes requieren también de confianza en uno mismo. Desterremos la frase “eso no es posible” y el “siempre se ha hecho así”.

A las 3 de la madrugada quedan muchas luces encendidas, son ingentes manadas de corredores de fondo que siguen preparando sus proyectos, que dejaron de dormir pues sueñan despiertos. Cuando no puedas más, mira por la ventana, observa, en tu ciudad, en tu país, en el mundo, hay millones de luces abiertas, de pantallas, de bombillas pequeñas, de alógenas, blancas o tibias, todas dan luz a un rostro cansado pero repleto de ilusiones, una hora tras otra, un día tras otro, una vida tras otra, todos tecleando, dibujando, en el aire, en la computadora, todos, pensando: “es posible”.

Ayer comentábamos que una idea es importante pero localizar la oportunidad es clave. En ese sentido tenemos el caso de Spotify. Una gran idea que no está logrando convertirse en oportunidad. Spotify dobló sus ingresos en 2012, hasta 435 millones de euros, sin embargo, registró unas pérdidas netas de 58,7 millones de euros, frente a los 45,4 millones de pérdidas en 2011 con un volumen de ingresos de 190 millones. Conozco bien el caso, los tenemos de vecinos de oficinas en Irlanda y es realmente importante formalizar un estudio del caso y de como hay que establecer modelos de gestión de la creatividad para hacerla rentable. Recordemos que no existe la innovación si el mercado no la acepta y si la acepta debe ser rentable sino tampoco es innovación en si misma.

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Creatividad y revolución

Cuesta andar por Europa sin tropezarse con una protesta, manifestación o queja social. No me extraña. De todos modos, prepárense o sublévense pues esto no ha hecho más que comenzar. A uno le entra vergüenza ajena escuchando ministros, consejeros o derivados de cobre asegurando que (de nuevo) hemos tocado fondo y que (eso si) viene un período de estancamiento. Como modelo económico seguiremos en caída libre. Ni tan siquiera sirve eso de “moderándose el descenso”. No, lo que viene es sencillamente otra fase de ajuste a esa nueva sociedad, a ese nuevo modelo económico y todo un nuevo escenario global al que, o te adaptas o te apartas. Los grandes cambios en la historia de la especie humana fueron similares. Un montón de inútiles rigiendo, ordenado y procurando sus meriendas, mientras miles o millones de indivíduos sufrían la mutación en su epidermis. Sin embargo tengo buenas noticias: al final ganan los buenos y el tiempo, visto desde lejos, explica claramente cual era realmente la situación. Ahora la situación es una revolución inédita que atiende a un cambio histórico en la distribución del trabajo y en la transmisión del conocimiento, todo justo cuando esos dos elementos se reproducen exponencialmente en las redes digitales y sociales.
El primer pago que hace una sociedad ante un proceso como ese es que se deteriora el cociente de creatividad. El verdadero emprendedor lo que busca es el cambio sustancial de los resortes de la economía en los que se va a mover. Esto suele ser típico de sociedades en las que el volumen de emprendedores lo son en su mayoría por necesidad y no por oportunidad. Esto no deja de ser una apreciación, pero observando como gestionan su “empresa” muchos de esos “emprendedores” se te quitan las ganas de escribir libros sobre la bondad de “emprender”. He visto centenares de empleados mucho más emprendedores que sus jefes.

España va tercera. Tercera por la cola en una curiosa clasificación publicada en el Eurobarómetro seguimos tras los belgas y lituanos. Los españoles son los ciudadanos europeos con mayor porcentaje de población que no se ha planteado en la vida iniciar un negocio por su propia cuenta. Ese es el problema, Europa en general pero España en especial, somos una sociedad que monta sus empresas mayoritariamente porque no tiene más remedio, ya me dirán que nivel de innovación puede esperar de su ejército de emprendedores.

Para desitoxicar os dejo con una propuesta de innovación que me parece realmente encantadora. Me maravilla cuando alguien con su espíritu emprendedor, imaginación y voluntad de superación pone en marcha un proyecto y desarrolla sus sueños. En este caso conozco a los responsables de esta simple y minimalista bicicleta aun por entrar en producción. Se llama Bicymple y es una bicicleta sin cadena que podría cambiar por primera vez la forma en la que concebimos el transporte sobre dos ruedas. Por cierto, el capital necesario para desarrollar el producto lo lograron a partir de la captación de fondos colectiva en “crowdsourcing” de la mano de Kickstarter.

Hablar de creatividad en TVE

Ayer participé en el programa de televisión “Tenemos que hablar” en la primera de TVE. En el enunciado del programa se preguntaban si la crisis era para siempre o si había manera de salir del paro pero en realidad lo que se pretendía, desde la aportación de cinco invitados con sus historias, era mostrar diferentes maneras de afrontar una situación de desempleo. Cuando me invitaron adelanté que para mí el término “parado” es una cosa y “desempleado“ es otra. La primera es una actitud, la segunda una situación. Mi intervención buscaba darle la vuelta un poco a lo que se comentaba y aportar algo de lo que ya, desde aquí y otros foros, suelo decir. A parte de la anécdota en la que comento que “yo no veo la tele” en la propia televisión, enumeré el listado de puntos que considero innegociables en una conversación como esta. No estamos en crisis sino en un cambio de modelo, lo de las ayudas a emprendedores es una quimera o un tópico que no coincide con la realidad, que los que quieran trabajar a partir de una edad determinada no lo van a hacer probablemente pero que quien lo quiera hacer deberá, probablemente inventarse el trabajo en cuestión. Me han escrito un buen número de lectores y espectadores asegurando que les pareció interesante la definición diferenciada que hice entre “creatividad“ e “innovación“. Os dejo con el vídeo que he colgado en mi canal de Youtube en lugar de embeber el vídeo desde la propia web del programa por aquello que ya me ha pasado alguna vez y es que “desaparecen” con el tiempo.

Idear, innovar, emprender

El pasado viernes ofrecí una conferencia sobre innovación, generación de ideas y como la creatividad es el verdadero material catalizador del espíritu emprendedor. Durante una hora escasa comenté lo que para mí es una idea. Algo curioso, os lo aseguro. A veces no es tan importante definir un concepto como sentirlo. Definir un hipopótamo es sencillo, sentirlo no. Saber que se te ha ocurrido algo es factible, pero el sabor que produce sentirla es incomparable. Una idea no es más que una proeza de asociación de viejos elementos, una síntesis de lo complejo y una combinación extraordinaria de factores que por si solos no generaban un alto valor. En base a eso, me limité a definir mi método. A  lo largo de muchos años he ido creando proyectos, empresas, organizaciones sin ánimo de lucro, fundaciones, asociaciones, jornadas y cosas peores. Lo único que está presente en todo ello es la creatividad. Esa fue la base para toda la ponencia, la de relatar con ejemplos e historias en primera persona los once aspectos que para mí son esenciales a la hora de generar ideas emprendedoras.
En primer lugar es fundamental, aunque parezca una obviedad, prepararse para tener ideas. La mejor de las maneras es cultivando el sentido del humor y las herramientas para divertirse. En concreto puse el ejemplo de que cuando tengo una reunión con mi equipo, antes de que se describan las ideas de cada uno, yo ya tengo claro quien tendrá la más buena. Suele ser quien sonrie, quien se lo pasa bien. A veces no me queda claro si se lo pasan bien porque tienen buenas ideas o tienen buenas ideas porque se lo pasan bien.

En segundo lugar comenté lo importante que es estimularse para pensar. Sin estímulos no hay creatividad en la mayoría de los casos. El hombre puede vivir minutos sin respirar, días sin beber, meses sin comer, pero puede vivir años sin pensar. Por ello hay que darle cuerda. Expliqué casos que demuestran que el cerebro humano es una máquina extraordinaria que con estímulos adecuados logra hacer cosas que aparentemente son inasumibles.

El tercer punto era pensar como un niño, pero un niño antes de ir a la escuela, justo cuando todavía preguntan cosas como “la edad de la luna” o “el porque las personas trabajan”. Debemos ser capaces de preguntarnos cosas desde el punto de vista de un niño antes de ir al colegio. Los niños entran en el sistema educativo con un interrogante y salen con un punto y final. Una pena.

Hablé de lo imprescindible que es obtener mucha información. En mi caso, este cuarto punto está monopolizado por viajar. Creo firmemente que viajar, vivir en múltiples países y haber rodado por el planeta de este modo durante más de una década me ha permitido tener una manera de ver las cosas que me permite generar ideas complejas. Viajo casi 300 días al año y visito unos veinte países en ese período. Es fascinante todo lo que descubro no saber en cada destino. Intento siempre estar en algún destino desconocido cada seis meses como mínimo. Busco sustituir el mirar por el observar, el respirar por el vivir y el pensar por el cambiar. No es fácil, pero es una experiencia vital extraordinaria.

El quinto punto para ser creativo y emprendedor es valorar el fracaso. Hay que ser un poco loco para saltar por un acantilado una y otra vez tras un fracaso, tras una ruina. Sin embargo les aseguro que el viaje es lo apasionante, lo maravilloso. Como decía Woody Allen “yo no tengo miedo a morir, simplemente no quiero estar allí cuando eso ocurra”. No soy un suicida pero tengo claro que el valor contra el fracaso es parte sustancial de la creatividad emprendedora. Un buen batacazo ayuda a pensar más en la siguiente y enseña mucho. Sería de ilusos pensar que el coraje es la ausencia de temor, para nada, el valor es seguir adelante a pesar de sentir el terror a fracasar. Recordemos que no hay malas ideas, sólo reconversión de los hechos. Edison tendría mucho que contarnos sobre los errores que cometió antes de llegar a encender la primera bombilla.

Os confesaré que cuando me rechazan una idea no me lo tomo demasiado mal. En 16 años que llevo en esto de montar y desmontar negocios he tenido que irme más de una vez de una sala con la sensación áspera del rechazo. Con el tiempo aprendí que eso era una buena noticia. Era la oportunidad impagable de poder mejorar mi proyecto. Cuando les digo a alguno de los emprendedores que me traen sus “ideas” de negocio para que las analice e invierta que su proyecto no está suficientemente desarrollado o que es una idea aun por depurar, pocos son los que se van con una sonrisa y un reto entre los dientes. La mayoría, y eso es preocupante, se van con un gesto similar a “no sabes lo que te pierdes”. Probablemente me equivoque alguna vez, pero seguiré recomendando valorar el rechazo y el fracaso por igual como modelos de aprendizaje y mejora.

El sexto elemento para mi clave a la hora de tener ideas emprendedoras es el pensamiento lateral. Expuse diversos ejemplos que divirtieron a la audiencia al demostrar que muchas veces somos nosotros mismos los que nos ponemos las barreras mentales. Por ejemplo cuando un tipo nos pide que hagamos volar un papel lo más lejos posible y tras todos hacer una avioncito, va él y con una bola de papel arrugado llega más lejos que ninguno. Simplemente nos dijo “haced volar un papel” no que ese papel tuviera que tener forma de avioncito. Eso es pensar lateralmente. Al finalizar la conferencia la audiencia me felicitó por los diversos ejemplos de pensamiento lateral que expuse. Me divertí mucho con toda esta parte de la sesión.

El séptimo punto se refería a redefinir el problema. Concretamente a modificar los discursos tradicionales de los problemas. No generar nuevos problemas al problema principal suele rebajar al capacidad creativa. Como decía Picasso, “las computadoras son inútiles, pues sólo dan respuestas”. No nos comportemos como computadoras y generemos problemas y no tantas soluciones. Mi pasión son los “solublemas”, que cada solución genere un nuevo problema.

El octavo punto se refería derribar barreras. De hecho ahí suelo soltar una frase que me acompaña a diario: “cuando no hay viento, remo”. Es decir, cuando no tengo claro quien o que me va a ayudar o impulsar, voy yo mismo y me pongo en marcha. Tomo las riendas de mi propio destino y no me espero a que me den palmaditas.

El noveno punto es el de olvidar para inventar. Recomiendo hacer un fuerte ejercicio de pérdida de memoria para regenerar las ideas y combinar viejos elementos con nuevos totalmente limpios de toxinas mentales. Anestesia temporal, amnesia genérica para aprender, para innovar. Expliqué algún caso personal por el que hacer ese esfuerzo amnésico me permitió salvar mi patrimonio en alguna apuesta emprendedora arriesgada. El miedo y la memoria suelen ir juntos.

El punto décimo trataba de impulsar la acción propiamente dicha. Tener una buena idea y no llevarla a cabo es algo similar a no tenerla. Al final la clave es ponerse en marcha y lanzarse al error. Mi credo es el de “hazlo tú mismo, equivócate y persevera”. Al final del evento alguna persona me intentaba justificar que no podían llevar a cabo algunos proyectos basados en “buenas” ideas. No tenían dinero, le dije: pídelo. Me dijeron que no tenían tiempo, les dije: levántate antes. Me confesaron que no sabían del tema, les contesté: aprende. No hay excusa, ya sabes como tener algo de dinero, ganar tiempo y saber del tema.

El punto once defendía el valor de pensar en común, de ponerse en marcha en equipo y de impulsarse a partir de los factores que permiten sumar de manera exponencial en lo que se ha llamado “propiedad emergente”.

En definitiva, once puntos para pensar, para idear, para proyectar y para emprender. Seguro que hay más, seguro que hay otros mejores, pero estos son los que yo utilizo para inventar. Algunas veces ha resultado.

El cociente de creatividad

En mi libro hablo del hecho que el “verdadero emprendedor busca el cambio sustancial de los resortes de la economía en los que se va a mover”. Esto suele ser típico de sociedades en las que el volumen de emprendedores lo son en su mayoría por necesidad y no por oportunidad. Aunque esto no deja de ser una apreciación, observando como gestionan su “empresa” muchos de esos “emprendedores”, se te quitan las ganas de escribir libros sobre la bondad de “emprender”. He visto centenares de empleados mucho más emprendedores que sus jefes.
Os dejo con un extracto del mismo donde intento enlazar el valor de innovación y cambio estructural de un país y su sentido por estimular la emprendeduría.

España va tercera por la cola en una curiosa clasificación publicada en el Eurobarómetro de 2007. Tras los belgas y lituanos, los españoles son los ciudadanos europeos con mayor porcentaje de población que no se ha planteado en la vida iniciar un negocio por su propia cuenta. En un país que monta sus empresas mayoritariamente porque no tiene más remedio, ya me dirán que nivel de innovación puede esperar de su ejército de emprendedores.

En esta vida hay ciertas cosas que van irremediablemente unidas: el dolor de estómago y la manzanilla, Paris Hilton y la progresiva pérdida de fe en el ser humano, la política y la incapacidad, el título de enseñanza secundaria y la incultura supina, la televisión ideológica y el aburrimiento, el hombre del tiempo y los mapas, el deportivo descapotable y el simio que lo conduce, la cuarentena y el implante de silicona, la plaza de Catalunya  y los niños dando por culo con la pelota, las elecciones y las obras, el final de las elecciones y el final de las obras, la ineptitud y la oficina de atención al ciudadano, la desesperación y la pagina Web de RENFE y los aeropuertos con la humillación.

También van juntos el verano y las moscas, la fiesta mayor y el derroche, la radio objetiva y el silencio, yo y las conclusiones más tontas, un nudista y su bicicleta, una advertencia y su amenaza, la política de promoción local y la esterilidad, las mayorías absolutas y la falta de debate, la gestión pública y el retraso tecnológico, la autocomplacencia y los concejales, el divorcio y los cuernos, la anorexia y la moda, el espíritu emprendedor español y el vacío más absoluto, el dinero y la felicidad, los relojes y el tiempo, las pesadillas y el insomnio, la amistad y su cuidado, las matemáticas y Pitágoras, las decisiones arbitrarias y el responsable de vía pública de tu pueblo, la prensa subvencionada y el gasto público selectivo, Internet y el porno y la catalanofobia con el desconocimiento.

Los binomios que he enumerado pueden parecer resultado de la generalización, pero la estadística también lo es y nos la tomamos muy en serio. Por ejemplo, sería absurdo decir que los jóvenes son una tribu que solamente piensa en masturbarse, en tenderse en el sofá y en meterse de todo por la nariz. Como también lo sería asegurar que están sanos como manzanas y que todos tienen una habitación dedicada en exclusiva la lectura, a buscar la paz espiritual y a diseñar su microempresa.

Seguramente el término medio sea el idóneo para todas las comparaciones, sin embargo, ¿innovación y emprender no deberían de ir juntos? ¿Son los emprendedores los gestores del cambio a partir de un valor por la innovación que se les presupone?