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PopPlaces aterriza en Berlín, París, Milán y Hong Kong

PopPlaces aterriza en Berlín, París, Milán y Hong Kong

Hace un par de años ya comentaba aquí de mi entrada como inversor en PopPlaces. Entré por el sector de ‘sharing economy’ en el que se emplazaban, por el equipo liderado por Karen Prats y David Pérez y por la voluntad de expansión serio que exponen desde el principio. El mundo Pop Up es un sector en crecimiento. Haberlo integrado en una plataforma que reduce intermediarios y que permite la interacción directa en tre propietario y demandante está demostrando ser un acierto. 

Cómo pasa el tiempo

Hace unos días, en el tradicional regreso a casa que por fechas navideñas hacemos los expatriados, me encontré en un tren con un lector de este blog y seguidor (como él se definió) de mis proyectos. Son de esas cosas que cuando te pasan primero te dejan un poco sorprendido pues no te lo esperas y a continuación sientes una mezcla entre vergüenza por que normalmente ese “¿eres Marc Vidal?” provoca las miradas del resto que deben pensar “¿quien será este?“ y miedo por no ser exactamente como el interesado esperaba. También se unen una sensación de no tener claro que se debe decir en esos momentos con el respeto que me merecen todos y cada uno de los miles de amigos que cada día leéis este espacio desde hace tanto tiempo. En concreto este amigo me comentó que hacía muchos años que me leía aunque no comentaba en el blog. Unas horas más tarde, el mismo lector, me saludaba en Twitter y me enlazaba un video por el que, según él, me consideraba alguien a quien tener en cuenta. Era un video de un debate en TVE hacía más de dos años y en el que me tocó lidiar con quien, esa misma tarde, nombraron Conseller de Treball de la Generalitat de Catalunya. Recuerdo que mi padre me dijo “menudo ojo tienes, le das hasta en el cielo de la boca a un tipo que dos horas más tarde lo nombran casi Ministro, ¡eres un crack!“. Así fue, y hoy os dejo con el vídeo que lo relata. Le he dado un toque sepia y “vintage“ para que sepamos que todo lo que allí se dice sucedió hace dos años (una eternidad).
Quedará para la posteridad cuando el Sr. Mena (que horas después fue nombrado el responsable de Trabajo en la Generalitat) aseguraba que España crecería en 2012 y quedará para mis nietos cuando yo le digo “que nos van a crujir a impuestos“. Fue divertido, por eso lo repongo. Durante todo el programa intento hablar de responsables (como siempre he hecho), de afrontar el nuevo tiempo (aportando ideas, escenarios y protagonistas) y de localizar la masa crítica del cambio en los emprendedores.

Aprender de Latam

Leyendo un artículo del Economy Weblog del Instituto de Empresa sobre lo que podemos aprender de Latinoamérica para salir de la crisis se me o ocurren tres o cuatro conceptos que por un lado coinciden y por el otro me son preocupantes. Existe una creencia entre algunos académicos de escuelas de negocios, políticos y empresarios de referencia de que estamos “todavía” en una crisis coyuntural. Hace unos pocos días tuve la ocasión de charlar con alguien metido en las tuberías del nuevo gobierno de Rajoy y me aseguraba que era sorprendente descubrir que tres cuartas partes de ese ejecutivo siguen pensando que esta tremenda situación está motivada por un ciclo y que es cuestión de tiempo que se vaya dando la vuelta.
Gente, que debería estar concretando el modo por el que nos adaptamos a un nuevo modelo social y económico, a un nuevo orden mundial y al sistema de relaciones global que nos llegará, sigue posicionado en una curiosa y peligrosa manera de pensar: esto se solucionará solo, por ciencia infusa, y que los recortes y ajustes, subida de impuestos y derivados servirán para preparar el camino. Obviamente estuvimos en manos de responsables con problemas para interpretar la realidad más absoluta y eso no parece haber cambiado demasiado.

Volviendo al tema de Latinoamerica me gustaría hacer referencia a diversos aspectos que no dejan de ser significativos. Primero que de ellos tenemos mucho que aprender, o por lo menos adaptar. Que no vamos a aprender nada con respecto a salir de la crisis pues no estamo en ninguna crisis y porque no es comparable lo que vivieron hace una década ellos con lo que estamos viviendo nosotros. Alguien muestra su desconocimiento del entorno del que habla y del escenario al que se refiere.

La emprendeduría latinoamericana es tan diversa como estimulante. En países como Colombia, Ecuador, Perú, Paraguay y en general el conjunto de todos ellos poseen un principio activo común: la falta de prestaciones sociales suficientes dinamiza la economía de guerrilla, esa en la que se mueven estos microemprendedores todos los días. No hay ayudas a la puesta en marcha de negocios, no hay gestión dirigida y subvencionada pero el crecimiento de todos ellos, a la sombra de la caída de los imperios occidentales, los llamados núcleos emergentes americanos como Chile o Brasil principalmente están girando hacia todo un nuevo escenario que acepta el capital externo como soporte a la oportunidad de emprender.

Es cierto que emprender en esos países requiere un espíritu determinado. El aeropuerto comercial más peligroso del mundo es el de Tegucigalpa, la seguridad es muy débil en El Salvador o Guatemala, procesos complejos en Panamá, inestabilidades en Bolivia y así el conjunto de ellos. He estado en todos y en cada uno de ellos hay cosas buenas, pero sobretodo hay gente extraordinaria.

Panamá, Costa Rica y toda Centroamérica en general responde también a ese principio de aprovechar cualquier resquicio que proporcione una oportunidad. La necesidad impide que nadie se duerma en el sofá social. Esa es la gran diferencia y la oportunidad que nos ofrecen desde allí.

En el Cono Sur y en todo el sur de América incluyendo incluso México pero algo de reticencias, la exposición a los debates económicos mundiales es escasa para los que quieren poner en marcha proyectos. Es un placer tratar con aquellos que todo el día están arrancando proyectos por modestos que sean. Otra cosa es querer emprender con ellos. La verdad es que implementar negocio en esta parte del mundo tiene grandes dificultades y aunque también supone retos en lo personal y en lo profesional, lo más destacable es el conocimiento de un nuevo escenario para desarrollar proyectos.

La oportunidad son sus desequilibrios, unos desequilibrios que irán desapareciendo y que se convertirán en el patrón de cambio económico. Ahora son ellos los que empujan y los que piden estímulos externos. Mientras medio mundo se movía en cifras negativas, crecimientos que superan el 8% habitualmente.

Lo bueno de viajar es que descubres que aprendes. Es sencillo. Muchos europeos o norteamericanos viajan por el planeta con la voluntad de internacionalizar sus proyectos, de crear en esos países, pero al final resultará que en Latinoamérica especialmente, donde fuimos algunos a desarrollar proyectos de emprendeduría digital y de la Nueva Economía, notando y creyendo que exportaríamos know how, acabaremos aprendiendo más que enseñando. Cuando nuestra sociedad más inmediata se levante del sofá y descubra que tiene que afrontar retos en el exterior deberá saber que, a otros países aparentemente menos desarrollados que nosotros no se va a enseñar, se va a aprender, y en el mejor de los casos a comprender.

Está claro que podemos mostrar usos y estrategias que no se conocen en esos países para poner en marcha negocios, pero las dosis de realismo y de uso práctico de todo ello suponen toneladas de modestia que los europeos necesitamos digerir si queremos hacer negocio en América latina.

El caso del "Verde Vicente"

Hace un tiempo, durante una conferencia que ofrecí en Santiago de Chile, un empresario de la zona de Talca me preguntó ¿que quería decir cuando aseguré que un Estado podía ser un inconveniente a la vez que ponía medidas para incentivar la economía?. El hombre dudaba de mi afirmación que estaba anclada en la teoría de que muchas veces una administración seduce a sus ciudadanos con cachivaches inservibles que durante un tiempo pueden ser operativos pero que al final siguen buscando el mismo efecto de siempre: sedar.
Para que entendiera lo que quería decir le hablé del viejo caso de marketing que se estudia en algunas escuelas de negocios y que yo tuve el gusto de utilizar en alguna clase. Se trataba del caso del “verde Vicente”. Este supuesto se refiere a algo que sucedió a finales de los noventa, en una planta de distribución de vehículos catalana los pedidos se realizaban de modo manual y codificado a la factoría situada en Munich. El modelo de uso de dicho sistema estructuraba una comanda de un número determinado de furgones de un modelo exacto y codificaba los colores de los mismos. Por poner un ejemplo diremos que una solicitud a los alemanes que fabricaban el auto en cuestión podía ser como de 10.000 unidades con código X0201, lo que quería decir que de esos 10.000, un porcentaje determinado fijo eran rojos, otro amarillos, otros negros, otro plateados y así hasta completar. El código X0232 sería otra combinación preestablecida.

El encargado de codificar el pedido se llamaba Vicente. En el pedido que realizó en mayo de uno de esos años erró al transcribirlo. En lugar de un hipotético X0331, tecleó un, también hipotético, X0031, lo que suponía un auténtico desastre. No formalizó un pedido con una combinación de colores previamente establecidos, no, lo que hizo fue solicitar 3.000 vehículos del mismo color: un verde invendible.

Nadie se percató del asunto. En Alemania creyeron que alguna concesión de autos de alquiler industrial estaba esperando dar un tono idéntico a toda su flota. La cuestión es que hasta la llegada de esos vehículos a la frontera nadie se dio cuenta del tamaño del problema. El director comercial general convocó a todos sus agentes de zona y les comunicó la gravedad de la situación. No había otra opción que intentar quitarse ese montón de chatarra verde como fuera de encima, tardaran lo que tardaran y costase lo que costase. La única norma a aplicar era que no se podían descontar ni un centavo en la venta.

El grueso de vendedores estableció diversos mecanismos para vender. Se regalaba la rotulación, se hacían fotos que demostraban que el verde era el color ideal para afrontar un negocio y cualquier treta que se les ocurriera. El resultado fue glorioso: en lugar de tardar los 5 meses previstos para vender los 3.000 vehículos, se tardó apenas 2. Ahora bien, lo mejor no fue eso, lo más ridículamente brillante es que durante muchos meses los clientes solicitaban ese color para sus nuevas adquisiciones, teniendo que formalizar 2 pedidos más con el verde Vicente como color único.

Esto viene a demostrar, como pretendí explicar al buen empresario chileno, que todo es cuestión de inducción, de hacer pensar, de direccionar la venta, la opinión, el deseo comprador. Los estados hacen eso mismo con sus políticas de estímulo, son un montón de “verdes Vicente” apretados frente a nuestras narices, y al final, hasta creemos que necesitamos uno, pero la verdad es que nosotros podemos prescindir de eso y afrontar el reto sin ese furgón.

En España se les llena la boca de “ayudas para emprender” o “políticas activas para la emprendeduría”, pero la verdad es que todo eso es palabrería. Lo que pasa aquí es como para olvidarse de emprender. Aquí se precisan, como ya hemos dicho, un montón de días de papeleos para que un proyecto tome forma. Cuando uno tiene en la cabeza su proyecto esos días se hacen muy largos. Te pones y solo encuentras trabas y zancadillas burocráticas. En Alemania se ha aprobado por ley un mecanismo por el cual crear una empresa no puede llevar más de dos días de tiempo.

El Estado es de madera y blando. Es interventor e inconveniente para los ímpetus emprendedores. Si bien pienso que el principal problema en España con respecto a la emprendeduría es la falta de espíritu emprendedor también cabe decir que las cargas impuestas por la administración no ayudan demasiado.

En aquella conferencia en Chile hubo gente que me despidió llamándome Vicente.

Hablando del 2011

El pasado jueves estuve en TVE en un debate sobre la situación económica futura y donde se analizó si la economía “estaba de moda”. Junto al catedrático de ESADE Francesc Xavier Mena (reciente nombrado Conseller de la Generalitat) y a David Figueras de Planeta pasamos media hora interesante en la que no estuve muy de acuerdo con ninguno de ellos. Os dejo con el video del debate en el que aparece un reportaje, como menos, interesante por las respuestas. Al principio hay algo de publicidad que gestiona el propio visor, yo no tengo nada que ver.