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#200 ideas

Ayer ABC Empresa dominical fue un número especial donde doscientas personas intentamos dar algunas claves sobre como afrontar el reto socioeconómico que vive occidente. La mayoría de ellos focalizaron en España como es lógico y en diferentes medidas de tipo económico que debían procurar una “recuperación” económica. Entre ellos los líderes de las empresas más importantes de España, de los sindicatos, de la patronal y de entidades económicas y educativas de primer orden.  A mi sigue chirriando eso de “recuperar” pero digamos que al parto de un nuevo modelo en todos los cambios, algunos lo llamarán sin embargo “salir de la crisis”. Lo acepto aunque es sustancialmente muy diferente. En lo que yo defino aparece el elemento moral y de superación como individuo indispensable para entender porque para mí es clave el papel del emprendedor. Mi aportación estaba en la última página, el remate #200 me tocó a mí. Aquí os dejo con mi aportación.

Sin cloroformo

Dando una vuelta por la selva de tiendas dutty free que hay en el aeropuerto Hartsfield Jackson de Atlanta localicé el libro de Linda Stratman “Choroform: The Quest for Oblivion” y pensé que definía muy bien lo que se vivía en mi país. Rondaba enero de 2006. Apenas unos días después de una Navidad repleta de créditos y coches inalcanzables pero apretujados en el coste a treinta años de la hipoteca actualizada y engordada con turrones. ¡Que tiempos aquellos! Ahora vivimos el despertar disruptivo, el tránsito que nos lleva desde la opulencia a la realidad. Seguimos, no obstante viviendo un adormecido curso hacia no se sabe bien donde. Parece que seguimos sin ver que el plan consistía en adormecernos.

Que venía un cambio era evidente, que no se podría asumir el crecimiento en base a cosas que no necesitábamos también, pero sin embargo seguimos y seguimos hasta la extenuación. El sueño en el que entró la sociedad se ha terminado. Ahora el despertar es duro pero debemos reconocer exactamente lo que es: era un escenario onírico que retrasó el gran paso, la mutación de un modelo en el que todavía podemos participar y de manera determinantes. Los que se presentan a las elecciones, los que gestionan los procesos de reformulación bancaria y los que se han inventado un hipotético modelo de recuperación de una hipotética economía anterior siguen pretendiendo esclerotizarnos. Dicen: “no se molesten, ya nos encargamos nosotros”. Pero no se engañen, no se ocupan. Hablar así permite mantener a todo el mundo callado o en manifestaciones de escasa efectividad o huelgas generales tradicionalmente creadas para justificar a unos sindicatos que representan otros tiempos.

Es un cachivache muy efectivo para amansar a las fieras. Fue descubierto por los que asistieron a las meriendas aquéllas del G-20. ¿Recuerdan? Primero trasladaron que nos encontrábamos ante la peor de las crisis conocidas, que había sido algo imprevisto y que por lo tanto se ponían urgentemente a buscar soluciones. Inventaron la deuda infinita y santas pascuas. El efecto fue demoledor. Medio planeta cree que estamos saliendo del agujero. Funciona muy bien acobardar las ovejas primero y dejarlas pastar después. En España este efecto es superlativo. Somos un atajo de rumiantes. Se tragó tanta anestesia matutina que parece imposible reconvertirnos. Aquellos que ahora, en los albores de la cincuentena, de los sesenta, en plena facultad mental y física, capaces todavía de afrontar retos personales consideran que no van a poder ponerse de pie y liderar su propia vida.

La España de hoy es la de personas en plenitud derrotados por la versión oficial de que ya no tienen nada que aportar. Ya sea porque estoy a apenas una década de eso, sea porque conmigo trabajan jóvenes de cincuenta o que me niego a aceptar la meta como destino y prefiero saborear la carrera y el paisaje, no sé, pero la verdad es que invito y animo a tantos desahuciados laborales a inventarse su trabajo, a emprender y a proponer. Emprendedor no es sólo el que monta una empresa, es quien se descloroformiza y se lanza a la conquista de su propia existencia, dejando de lado convencionalismos, reglas y tópicos sociales.

Idear, innovar, emprender

El pasado viernes ofrecí una conferencia sobre innovación, generación de ideas y como la creatividad es el verdadero material catalizador del espíritu emprendedor. Durante una hora escasa comenté lo que para mí es una idea. Algo curioso, os lo aseguro. A veces no es tan importante definir un concepto como sentirlo. Definir un hipopótamo es sencillo, sentirlo no. Saber que se te ha ocurrido algo es factible, pero el sabor que produce sentirla es incomparable. Una idea no es más que una proeza de asociación de viejos elementos, una síntesis de lo complejo y una combinación extraordinaria de factores que por si solos no generaban un alto valor. En base a eso, me limité a definir mi método. A  lo largo de muchos años he ido creando proyectos, empresas, organizaciones sin ánimo de lucro, fundaciones, asociaciones, jornadas y cosas peores. Lo único que está presente en todo ello es la creatividad. Esa fue la base para toda la ponencia, la de relatar con ejemplos e historias en primera persona los once aspectos que para mí son esenciales a la hora de generar ideas emprendedoras.
En primer lugar es fundamental, aunque parezca una obviedad, prepararse para tener ideas. La mejor de las maneras es cultivando el sentido del humor y las herramientas para divertirse. En concreto puse el ejemplo de que cuando tengo una reunión con mi equipo, antes de que se describan las ideas de cada uno, yo ya tengo claro quien tendrá la más buena. Suele ser quien sonrie, quien se lo pasa bien. A veces no me queda claro si se lo pasan bien porque tienen buenas ideas o tienen buenas ideas porque se lo pasan bien.

En segundo lugar comenté lo importante que es estimularse para pensar. Sin estímulos no hay creatividad en la mayoría de los casos. El hombre puede vivir minutos sin respirar, días sin beber, meses sin comer, pero puede vivir años sin pensar. Por ello hay que darle cuerda. Expliqué casos que demuestran que el cerebro humano es una máquina extraordinaria que con estímulos adecuados logra hacer cosas que aparentemente son inasumibles.

El tercer punto era pensar como un niño, pero un niño antes de ir a la escuela, justo cuando todavía preguntan cosas como “la edad de la luna” o “el porque las personas trabajan”. Debemos ser capaces de preguntarnos cosas desde el punto de vista de un niño antes de ir al colegio. Los niños entran en el sistema educativo con un interrogante y salen con un punto y final. Una pena.

Hablé de lo imprescindible que es obtener mucha información. En mi caso, este cuarto punto está monopolizado por viajar. Creo firmemente que viajar, vivir en múltiples países y haber rodado por el planeta de este modo durante más de una década me ha permitido tener una manera de ver las cosas que me permite generar ideas complejas. Viajo casi 300 días al año y visito unos veinte países en ese período. Es fascinante todo lo que descubro no saber en cada destino. Intento siempre estar en algún destino desconocido cada seis meses como mínimo. Busco sustituir el mirar por el observar, el respirar por el vivir y el pensar por el cambiar. No es fácil, pero es una experiencia vital extraordinaria.

El quinto punto para ser creativo y emprendedor es valorar el fracaso. Hay que ser un poco loco para saltar por un acantilado una y otra vez tras un fracaso, tras una ruina. Sin embargo les aseguro que el viaje es lo apasionante, lo maravilloso. Como decía Woody Allen “yo no tengo miedo a morir, simplemente no quiero estar allí cuando eso ocurra”. No soy un suicida pero tengo claro que el valor contra el fracaso es parte sustancial de la creatividad emprendedora. Un buen batacazo ayuda a pensar más en la siguiente y enseña mucho. Sería de ilusos pensar que el coraje es la ausencia de temor, para nada, el valor es seguir adelante a pesar de sentir el terror a fracasar. Recordemos que no hay malas ideas, sólo reconversión de los hechos. Edison tendría mucho que contarnos sobre los errores que cometió antes de llegar a encender la primera bombilla.

Os confesaré que cuando me rechazan una idea no me lo tomo demasiado mal. En 16 años que llevo en esto de montar y desmontar negocios he tenido que irme más de una vez de una sala con la sensación áspera del rechazo. Con el tiempo aprendí que eso era una buena noticia. Era la oportunidad impagable de poder mejorar mi proyecto. Cuando les digo a alguno de los emprendedores que me traen sus “ideas” de negocio para que las analice e invierta que su proyecto no está suficientemente desarrollado o que es una idea aun por depurar, pocos son los que se van con una sonrisa y un reto entre los dientes. La mayoría, y eso es preocupante, se van con un gesto similar a “no sabes lo que te pierdes”. Probablemente me equivoque alguna vez, pero seguiré recomendando valorar el rechazo y el fracaso por igual como modelos de aprendizaje y mejora.

El sexto elemento para mi clave a la hora de tener ideas emprendedoras es el pensamiento lateral. Expuse diversos ejemplos que divirtieron a la audiencia al demostrar que muchas veces somos nosotros mismos los que nos ponemos las barreras mentales. Por ejemplo cuando un tipo nos pide que hagamos volar un papel lo más lejos posible y tras todos hacer una avioncito, va él y con una bola de papel arrugado llega más lejos que ninguno. Simplemente nos dijo “haced volar un papel” no que ese papel tuviera que tener forma de avioncito. Eso es pensar lateralmente. Al finalizar la conferencia la audiencia me felicitó por los diversos ejemplos de pensamiento lateral que expuse. Me divertí mucho con toda esta parte de la sesión.

El séptimo punto se refería a redefinir el problema. Concretamente a modificar los discursos tradicionales de los problemas. No generar nuevos problemas al problema principal suele rebajar al capacidad creativa. Como decía Picasso, “las computadoras son inútiles, pues sólo dan respuestas”. No nos comportemos como computadoras y generemos problemas y no tantas soluciones. Mi pasión son los “solublemas”, que cada solución genere un nuevo problema.

El octavo punto se refería derribar barreras. De hecho ahí suelo soltar una frase que me acompaña a diario: “cuando no hay viento, remo”. Es decir, cuando no tengo claro quien o que me va a ayudar o impulsar, voy yo mismo y me pongo en marcha. Tomo las riendas de mi propio destino y no me espero a que me den palmaditas.

El noveno punto es el de olvidar para inventar. Recomiendo hacer un fuerte ejercicio de pérdida de memoria para regenerar las ideas y combinar viejos elementos con nuevos totalmente limpios de toxinas mentales. Anestesia temporal, amnesia genérica para aprender, para innovar. Expliqué algún caso personal por el que hacer ese esfuerzo amnésico me permitió salvar mi patrimonio en alguna apuesta emprendedora arriesgada. El miedo y la memoria suelen ir juntos.

El punto décimo trataba de impulsar la acción propiamente dicha. Tener una buena idea y no llevarla a cabo es algo similar a no tenerla. Al final la clave es ponerse en marcha y lanzarse al error. Mi credo es el de “hazlo tú mismo, equivócate y persevera”. Al final del evento alguna persona me intentaba justificar que no podían llevar a cabo algunos proyectos basados en “buenas” ideas. No tenían dinero, le dije: pídelo. Me dijeron que no tenían tiempo, les dije: levántate antes. Me confesaron que no sabían del tema, les contesté: aprende. No hay excusa, ya sabes como tener algo de dinero, ganar tiempo y saber del tema.

El punto once defendía el valor de pensar en común, de ponerse en marcha en equipo y de impulsarse a partir de los factores que permiten sumar de manera exponencial en lo que se ha llamado “propiedad emergente”.

En definitiva, once puntos para pensar, para idear, para proyectar y para emprender. Seguro que hay más, seguro que hay otros mejores, pero estos son los que yo utilizo para inventar. Algunas veces ha resultado.

Ideas, ideas e ideas

Este domingo estrené columna en ABC. Para mi primer “up in the cloud“ utilicé la espina dorsal de algo que ya comentamos aquí en su día y en el que recetaba mi más íntima fórmula para salir de la crisis: sublevarse, rebelarse. He participado en bastantes medios durante los últimos años. Una de esas colaboraciones fue durante varios meses en una radio catalana del Grupo Godó. Un día, recién llegado de algún vuelo participé en mi sección sobre economía digital y emprendedores en RAC1. Tras una media hora de entrevista me animaron a quedarme a la tertulia posterior, lo que hice gustosamente. Durante toda la segunda parte del programa compartí mesa con las típicas opiniones que se suelen enfrentar en este tipo de conversaciones. Los que ahora han descubierto lo mal que está todo, los que aseguran que aun estando mal, saldremos en breve, los que observan el asunto desde las alturas y los que nos acusan de “catastrofistas que no aportan nada” a los que seguimos descifrando la realidad económica minuciosamente todos los días. A todos ellos los respeto, pero con ninguno comparto nada. Especialmente me resultan empalagosos los que aseguran que la situación actual es el resultado de la fase final de la crisis, que era inevitable y que no pudo preverse. Nos acusan de reduccionistas al acusar a los gobernantes y de no presentar medidas que puedan paliar la situación.
Mi vida gira en torno de la estimulación de negocios, viabilizar proyectos y arrancar aventuras empresariales. Lo hago aquí o donde sea, no me paro, no pienso detenerme frente a un enorme castillo de naipes que se desmorona, sea el que sea y tenga la intensidad que tenga. Conozco decenas de personas con ideas suficientes para cambiar el mundo, sólo es cuestión de darles paso y oportunidad.

Sin embargo no debemos dejar de lado que ha llegado el momento de denunciar a los que han arruinado el futuro de mi hijo y el de vosotros, los que ganaron premios suecos asegurando que ese era el mecanismo para evitar la recesión, los que se han dedicado a decir que “lo peor ya ha pasado”, los que se las han dado de “genios” creando modelos de crecimiento basados en fabricar viviendas que nadie necesitaba.

Que se cierren fronteras y se elimine la libre circulación en España debido a la cumbre del BCE es un insulto a la inteligencia a parte de la última de las humillaciones que nos tenían reservada esta panda de alejados de la realidad. En el mejor de los casos fueron partícipes sin saberlo, en el peor absolutos instigadores del desastre que vivimos. Mientras era preciso bajar tipos, los subieron, cuando era tarde y se debían subir, los bajaron. Cuando todo parece indicar que permitir la caída de algún banco se montan un tinglado de mil pares de narices con lo de los rescates derivados. Ahora que tienen prohibido comprar deuda soberana la compran a granel. Son lo peor y encima tenemos que cerrar calles y bares, pues sus señores vienen a pensar, decidir y pegarse la fiesta padre. ¿Cuanto cuesta esta merienda? Que empiecen por ahí, no por subirnos los impuestos a todos los que con ese dinero seguramente haríamos algo de mayor provecho.

Ahora toca despacharlos y dejarlos en evidencia. A los que no han tenido narices para evitar esto, gestionarlo adecuadamente o informar a la gente para que tomaran las riendas de su destino, no podemos ofrecerles el beneplácito ahora de comandar la salida de este laberinto. Emprender también tiene que ver con el compromiso social y con la exposición de una actitud crítica hacía los que viven del momio público que pagamos todos y que a cambio ejecutan políticas nocivas, tóxicas y contraproducentes que luego todos tenemos que volver a pagar.

Tengo mil ideas, algunas son mías, pero la mayoría me las han contado o, si me las dejan, las compartiré con sus creadores. Hay personas con ideas brillantes. Ideas, ideas e ideas. Ideas que nos deben llevar a pelear contra todo este despropósito y esa parálisis, a buscar la oportunidad, a buscar valor, a diseñar modelos de negocio inexistentes, a versionar los que tenemos, a darle la vuelta a la caja y dejar que caiga lo ineficiente, a pactar con los socios, trabajadores, amigos, competencia, proveedores, universidades, administraciones, agentes, con quien sea para sobrevivir en este puñetero barrizal en el que se está convirtiendo emprender en España.