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El caso del "Verde Vicente"

Hace un tiempo, durante una conferencia que ofrecí en Santiago de Chile, un empresario de la zona de Talca me preguntó ¿que quería decir cuando aseguré que un Estado podía ser un inconveniente a la vez que ponía medidas para incentivar la economía?. El hombre dudaba de mi afirmación que estaba anclada en la teoría de que muchas veces una administración seduce a sus ciudadanos con cachivaches inservibles que durante un tiempo pueden ser operativos pero que al final siguen buscando el mismo efecto de siempre: sedar.
Para que entendiera lo que quería decir le hablé del viejo caso de marketing que se estudia en algunas escuelas de negocios y que yo tuve el gusto de utilizar en alguna clase. Se trataba del caso del “verde Vicente”. Este supuesto se refiere a algo que sucedió a finales de los noventa, en una planta de distribución de vehículos catalana los pedidos se realizaban de modo manual y codificado a la factoría situada en Munich. El modelo de uso de dicho sistema estructuraba una comanda de un número determinado de furgones de un modelo exacto y codificaba los colores de los mismos. Por poner un ejemplo diremos que una solicitud a los alemanes que fabricaban el auto en cuestión podía ser como de 10.000 unidades con código X0201, lo que quería decir que de esos 10.000, un porcentaje determinado fijo eran rojos, otro amarillos, otros negros, otro plateados y así hasta completar. El código X0232 sería otra combinación preestablecida.

El encargado de codificar el pedido se llamaba Vicente. En el pedido que realizó en mayo de uno de esos años erró al transcribirlo. En lugar de un hipotético X0331, tecleó un, también hipotético, X0031, lo que suponía un auténtico desastre. No formalizó un pedido con una combinación de colores previamente establecidos, no, lo que hizo fue solicitar 3.000 vehículos del mismo color: un verde invendible.

Nadie se percató del asunto. En Alemania creyeron que alguna concesión de autos de alquiler industrial estaba esperando dar un tono idéntico a toda su flota. La cuestión es que hasta la llegada de esos vehículos a la frontera nadie se dio cuenta del tamaño del problema. El director comercial general convocó a todos sus agentes de zona y les comunicó la gravedad de la situación. No había otra opción que intentar quitarse ese montón de chatarra verde como fuera de encima, tardaran lo que tardaran y costase lo que costase. La única norma a aplicar era que no se podían descontar ni un centavo en la venta.

El grueso de vendedores estableció diversos mecanismos para vender. Se regalaba la rotulación, se hacían fotos que demostraban que el verde era el color ideal para afrontar un negocio y cualquier treta que se les ocurriera. El resultado fue glorioso: en lugar de tardar los 5 meses previstos para vender los 3.000 vehículos, se tardó apenas 2. Ahora bien, lo mejor no fue eso, lo más ridículamente brillante es que durante muchos meses los clientes solicitaban ese color para sus nuevas adquisiciones, teniendo que formalizar 2 pedidos más con el verde Vicente como color único.

Esto viene a demostrar, como pretendí explicar al buen empresario chileno, que todo es cuestión de inducción, de hacer pensar, de direccionar la venta, la opinión, el deseo comprador. Los estados hacen eso mismo con sus políticas de estímulo, son un montón de “verdes Vicente” apretados frente a nuestras narices, y al final, hasta creemos que necesitamos uno, pero la verdad es que nosotros podemos prescindir de eso y afrontar el reto sin ese furgón.

En España se les llena la boca de “ayudas para emprender” o “políticas activas para la emprendeduría”, pero la verdad es que todo eso es palabrería. Lo que pasa aquí es como para olvidarse de emprender. Aquí se precisan, como ya hemos dicho, un montón de días de papeleos para que un proyecto tome forma. Cuando uno tiene en la cabeza su proyecto esos días se hacen muy largos. Te pones y solo encuentras trabas y zancadillas burocráticas. En Alemania se ha aprobado por ley un mecanismo por el cual crear una empresa no puede llevar más de dos días de tiempo.

El Estado es de madera y blando. Es interventor e inconveniente para los ímpetus emprendedores. Si bien pienso que el principal problema en España con respecto a la emprendeduría es la falta de espíritu emprendedor también cabe decir que las cargas impuestas por la administración no ayudan demasiado.

En aquella conferencia en Chile hubo gente que me despidió llamándome Vicente.

El club de los rescatables

Ayer comí con Álvaro Uribe, el expresidente de Colombia. A parte de comentar temas vinculados a las conferencias que dimos, tanto él como yo, durante el Congreso del INCAE en Ciudad de Panamá, de Nueva Economía, de redes, de que (como pude comprobar) él mismo actualizaba su propio twitter, de asuntos públicos, de Latam, de “barrios inteligentes” y de mil cosas más, también hablamos de crisis y de Europa. Me sorprendió que la opinión sobre la realidad económica española no era demasiado concreta. Creo, y eso es algo que estoy percibiendo, en América la idea de que España pueda quebrar es algo que no se contempla, parece ciencia ficción y como que, de Europa, España es prioritaria, el resto de asuntos preocupan relativamente poco. Os dejo con un artículo que leí ayer en Bloomberg y que trata de los costes de rescate de todos los países susceptibles de que lo sean en menos de un año.

Hay gráficos que muestran claramente que el costo de asegurar la deuda de los países periféricos de la región con permutas de riesgo crediticio (CDS) se encuentra en un máximo récord. Los inversores conjeturan que Portugal y España seguirán a Grecia e Irlanda en pedir ayuda a la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional.

El crecimiento económico de Portugal ha sido de menos de 1 por ciento al año en la última década y el Gobierno pronostica que bajará a 0,2 por ciento el año próximo. En España, donde la tasa de desempleo supera el 20 por ciento, el gasto de las familias se contrajo en el tercer trimestre después de que el Gobierno subió el impuesto a las ventas y efectuó los mayores recortes de presupuesto en al menos 30 años.

“Parece inevitable que haya más rescates, aunque no resuelven nada”, dijo Bill Blain, estratega de Matrix en Londres. “La prueba real será España. ¿Cuán inevitable es eso? No al 100 por ciento, pero ciertamente es una fuerte posibilidad”. Un rescate de España costaría 420.000 millones de euros según Jennifer McKeown, economista europea sénior de Capital Economics Ltd. en Londres.

Yo tengo la convicción que el coste de rescate español es inasumble técnicamente pues en gran medida el agujero que no contemplan esos 420.000 millones deben de ser sumados a las valoraciones a la baja de los activos que los complementan y que ahora mismo aun no están en los balances de las entidades financieras