india

El futuro no es gratis

A veces nos preguntamos porqué unos viajan a la velocidad de la luz y otros a la de un carro de trotones. Hay naciones que pasaron de sumergidas a emergidas sin apenas darse por aludidas cuando las denominaban ‘emergentes’. Otras no se dan por señaladas cuando sencillamente se han hundido. El ser más o menos en el panorama internacional tiene ya poco que ver con lo que fuimos, con lo que decimos ser o con lo que nuestros dirigentes insisten aseguran que seremos.
Es ridículo poner el adjetivo ‘valley’ a todo recinto que desarrolla tecnología aunque esta aporte poco o nada al conjunto de la economía donde se encuentra. Digamos que, por mucho ‘valley’ que le pongas a un polígono industrial o a un campus tecnológico, no lo conviertes en un polo de atracción para las grandes innovaciones o los grandes desarrollos.

Hace falta mucho más. Para empezar que alguien se lo crea. Los pilotos de la innovación conducen startups. Muchos de ellos no lo hacen bajo el flujo de la tecnología más avanzada del planeta, ni tan siquiera necesitan grandes computadoras que procesen sofisticadas ecuaciones infinitas. Hablamos de emprendedores que utilizan lenguajes de programación simples, ideas sencillas y paradigmas disruptivos. Uber no deja de ser una idea que rompe con estereotipos, no es una máquina tecnológica que colisione con la teoría de la física cuántica.

Blablacar, Airbnb, Twitter o el mismo Facebook, cualquier App doméstica, miles de desarrollos influyendo en nuestra vida cotidiana, aplicaciones domóticas, matemática computacional basada en algoritmos tradicionales, analistas de procesos que ordenan el mundo con tecnología existente pero bajo otro prisma, impresoras 3D que marcan dinámicas de producción o ‘drones’ que nos explican donde va la futura cadena de valor comercial. Sin necesitar a científicos candidatos al Premio Nobel, estamos con empresas que nacieron bajo la influencia de un ecosistema de desarrollo y de pensamiento distinto.

Hay universidades, investigadores, diseñadores, venture capitals, consultores, ingenieros, científicos, comunidades, innovadores, creativos y líderes políticos que deberían ponerse en marcha en su conjunto y acelerar la máquina que, por comparación con otros lugares, parece parada. Líderes de innovación empresarial, emprendedores comprometidos con la innovación y políticas públicas capaces de estimular tanto talento que, estoy seguro, se desvanece a nuestros pies.

Pero solamente en algunos países logran que estos elementos se despliegan logrando un impacto determinante en la vida económica de su entorno. Hoy en día es fácil distinguir a los países que apuestan por el futuro real y los que lo simulan. También a esas instituciones financieras o semipúblicas que se ofrecen a estimular al tejido emprendedor o al desarrollo tecnológico y tras publicar una cifra récord de beneficios trimestrales que ronda los tres mil millones de euros, ofrecen un programa de apoyo a los emprendedores de diez. Y hacen publicidad y todo que les cuesta uno.

Hay países, remotos o no, donde se ha entendido que el emprendimiento (y tecnológico) son motores reales de competitividad económica y de cambio social. Los paises que simulan tanta innovación pero que nunca arriesgan son las que suelen definir todos sus ‘parques tecnológicos’ como el ‘x’ Valley de turno.

Llamar a según que lugar el ‘Sillicon Valley’ de la zona ‘X’, a parte de ser ridículo es un problema de concepto pues, quien quiera innovar y de verdad para modificar los procesos sociales y económicos e influenciar en el futuro deberá crear su propio modelo basado en la eficiencia y en el gasto real con sentido. Hay que invertir e invertir en startups, tecnología y valor añadido. Quien se detenga o dude en hacerlo deberá contemplar el futuro desde las filas del fondo.

Quiero señalar la noticia que se ha publicado estos días acerca de que el gobierno de India ha explicado que destinará algo más de 1.600 millones de dólares exclusivamente para invertir en startups. Igualito que en España y sus 35 millones. A pesar de que la India es gigantesca y que su potencia se intuye de cara al futuro, cabe establecer su economía actual con respecto, por ejemplo a Europa. El PIB en 2013 del país asiático fue de 1.408.457 millones de euros y el de España, por ejemplo, de 1.023.000 millones. Los cuadros comparativos no son tampoco tan extraordinariamente distintos por cierto.

Resulta que como parte del presupuesto del año 2014, el gobierno de India anunció que destinará esos 1.600 millones a las empresas tecnológicas que florecen en su país. Lo que parece extraordinario no lo es tanto allí. Esta inversión es la continuación varios centenares de millones que en los últimos años se llevan invirtiendo para liderar, desde las instituciones, la estimulación de ese cambio.

El gigante asiático es uno más. No es el único que ha decidido aprovechar la oportunidad que los nuevos tiempos ofrecen a los que, con liquidez, afrontan el reto de construir un futuro tecnológico, económicamente más competitivo y tremendamente estimulante. Cambios sociales, nuevas tendencias, eliminación de elementos laborables que ahora son un lastre socioeconómico en esos países se irán convirtiendo en algo mejor. Poco a poco el nuevo mundo se va vislumbrando y, exceptuando a Estados Unidos, el resto del escenario está siendo vendido a nuevos actores.

Hace unos meses que una de nuestras empresas opera en Nigeria. En el proceso mismo de creación del proyecto de internacionalización hemos visto que de las dificultades surge el conocimiento y el respeto, pero también que, en los casi dieciocho meses que llevamos gestando esta operación, la velocidad con la que, en este caso el gigante africano, asumen y digieren la tecnificación y la tecnología asociada es brutal. Cabe también hablar a parte de las enormes inversiones que se hacen desde los dirigentes públicos y privados que, en muchos casos, se han formado en las grandes universidades del planeta. Un país y un continente más a tener en cuenta si queremos ser globales.

En Latinoamérica, al contrario y asistiendo a mi propia experiencia, se puede estar perdiendo la mayor oportunidad de la que ha gozado ese continente. Existen iniciativas para acelerar los proyectos tecnológicos, pero se diluyen lamentablemente al no existir apoyo real y consideración por parte de los gobiernos. Hay mucha publicidad implícita en muchos países de estos y poca creencia real del costo que tendría. En algunos casos me recuerdan a Europa, a España especialmente. Durante los años de bonanza en los que el dinero rebosaba por las cañerías se hizo nada o muy poco por las grandes ideas, por la innovación, por la creación real de empresas de hilo tecnológico, por la nueva economía por la realidad futura y si se hizo mucho por las obras inservibles, por lo monumentos a la idiotez y por la hipoteca puente interminable. Poco por la formación y mucho por las vacaciones, el Chayenne y la tele de plasma implícitos en la hipoteca renegociada gracias al nuevo y extraordinario valor de la vivienda familiar.

Si bien la mayor parte del capital indio se proporcionará en manera de préstamo, India acaba de poner el listón bastante alto en eso de apoyar a los emprendedores tecnológicos. Ha dejado en ridículo cualquier idea que se tenga de los centros tecnológicos Latinoamérica o de Europa.

Emergentes y sumergidos

Al paso que vamos, pronto tendremos que cambiar las terminologías y dejar de llamar “economías emergentes” a algunos países. En muchos casos ya nos gustaría estar como están ellos. En un informe de PricewaterhouseCoopers se decía que “las economías del G-7 serán sobrepasadas en tamaño por los mayores mercados emergentes en apenas dos décadas conforme la crisis financiera acelera el desplazamiento del poder en la economía global”. Ese mismo informe decía que “el producto interno bruto combinado de las siete mayores economías en vías de desarrollo excederá al de esas mismas siete potencias en 2032”
No seré yo quien ponga en duda esos datos, pero parece obvio que China reemplazará a los Estados Unidios como la mayor economía del mundo a medio plazo, como ya ha hecho con Japón como la segunda. Es evidente que muchos de esos países que se denominan “emergentes” son los que están liderando la salida de la recesión planetaria que provocaron los considerados potencias mundiales. En ese escenario hay otros, países en caída libre, que deben ser rescatados de modo oficial o utilizando algún mecanismo complejo que disimule la realidad.

En el informe que PricewaterhouseCoopers publicó hace unas semanas los siete emergentes (China, India, Brasil, Rusia, Indonesia, Mexico y Turquia) eran el tercio del G-7. Se estima que en una década el PIB de los primeros sea el 70% de los segundos y en apenas tres décadas los emergentes serán un 64% mayor que el de los denomiandos “economías dominantes”. A la velocidad actual Brasil superará Alemania en apenas quince años, India apagará Japón y Turquia a Francia y Gran Bretaña.

En esas que algunos ya han decidido oficializar su apuesta por Amércia Latina. Hace años que ayudo a empresas a instalarse o a internacionalizar sus productos en esos países. Ahora observo como los aviones que van desde Europa a América latina han pasado de ir pocos días y llenos de expatriados en busca de oportuniddes en Europa o de visita a sus familiares en las zonas de origen a unos aparatos repletos de hombres de negocios y operarios dispuestos a buscar su oportunidad. España, Europa en general, se estrecha y hay que buscar nuevos mercados.

Algunas entidades lo saben y empiezan a solidificar inversiones serias. Por ejemplo, la empresa suiza de capital riesgo Partners Group Holding AG, va a invertir más de 300 millones de euros.

Como ejemplo, lo que piensa hacer Partners es gastar cerca de un tercio de la cantidad en el sector de obras públicas e inmuebles y el resto en inversiones de capital riesgo. La compañía hará cuatro adquisiciones como mínimo, centrando sus gastos en Brasil, e invertirá también en Colombia y Chile, dijo el ejecutivo. Es una buena noticia para los que estamos intentando abrir mercados por aquí. En concreto, ayer cenando en su casa, con uno de los empresarios judíos más importantes de Panamá, supe de la idea de potenciar la integración de empresas europeas en toda América Latina por parte de lobbys locales. Este hombre, mexicano de origen, tenía claro que todos tienen que aportar, los originarios con su know how y los destinatarios con su interés y facilidad.

Ante un 2011 que parece una réplica mala del anterior, donde la carretera para emprendedores y empresarios se reduce por momentos, donde cae el consumo, o donde no se reduce se limita por la caída de precios, donde el paro no dejará de aumentar por culpa de la falta de crecimiento orgánico, donde los impuestos alcanzarán nivéles desconocidos y donde los servicios públicos dejarán de estar garantizados, atender a lo que pasa en el exterior es una opción cada vez mayor. La apuesta no es emigrar como lo hicieron nuestros antecesores, la idea es internacionalizar en la medida que la nueva economía lo permite. Bajos costos, comunicaciones abiertas y rápidas, eficientes mercados mixtos y mucho conocimiento por transmitir pueden ser nuestros valores.

Hace varios años que llevo empresas a esos países y el éxito suele ser alto, aunque un factor de riesgo siempre se debe tener en cuenta, algo de picar piedra y un mucho de saber como y con quien te asocias. No todo es llegar y vender, ni esperar que nos reciban con los brazos abiertos siempre, saben que lo estamos pasando mal y empiezan a ver una opción de negocio en esos viajes de exploradores que se multiplican por momento. Mi recomendación es asesorarse evitando las agencias públicas que dicen servir para ello, pues la perdida de tiempo suele ser inmensa y la energía derrochada mucha.

En mi opinión, como he escrito en mi último libro, “la emprendeduría latinoamericana es tan diversa como estimulante. La oportunidad son sus desequilibrios, unos desequilibrios que irán desapareciendo y que se convertirán en el patrón de cambio económico. Ahora son ellos los que empujan y los que piden estímulos externos. Mientras medio mundo se movía en cifras negativas, Chile, por ejemplo, creció al 7,1% en mayo de 2010. Lo bueno de viajar es que descubres que aprendes. Es sencillo. Muchos europeos o norteamericanos viajan por el planeta con la voluntad de internacionalizar sus proyectos, de crear en esos países, pero al final resultará que en Latinoamérica especialmente, donde fuimos algunos a desarrollar proyectos de emprendeduría digital y de la Nueva Economía, notando y creyendo que exportaríamos know howacabaremos aprendiendo más que enseñando. Cuando nuestra sociedad más inmediata se levante del sofá y descubra que tiene que afrontar retos en el exterior deberá saber que, a otros países aparentemente menos desarrollados que nosotros no se va a enseñar, se va a aprender, y en el mejor de los casos a comprender”.

Está claro que podemos mostrar usos y estrategias que no se conocen en esos países para poner en marcha negocios, pero las dosis de realismo y de uso práctico de todo ello suponen toneladas de modestia que los europeos necesitamos digerir si queremos hacer negocio en América. Aquí, en Latinoamérica, pasan cosas, allí, en Europa, nos las cuentan.