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Políticos miopes hablando de una hipotética ‘recuperación' económica.

Políticos miopes hablando de una hipotética ‘recuperación' económica.

Tenemos la sensación de que el impacto de la crisis en España empezó a descender gracias a algunas cifras macroeconómicas que así lo indican. Pero lo cierto es que no se ha superado ni mucho menos. En realidad lo que ha sucedido es que el gobierno que lideró Mariano Rajoy evitó una quiebra técnica, el conocido ‘default’, en el que se había situado a nuestro país anteriormente con unas métricas absolutamente de pánico. Desde el fondo del pozo sólo se puede subir y eso es lo que hemos hecho por ejemplo en el asunto del empleo. Cuando llegas al 24% de paro, digamos que lo único que puedes hacer es mejorarlo. 

Lo que le pido a Pedro Sanchez.

Lo que le pido a Pedro Sanchez.

En 2013 la tasa de paro en España estaba en un 23%. Con las cifras que se han publicado hoy se sitúa por debajo del 16%. En economía suele haber un ‘delay’ de casi dos años entre los sucesos económicos y las consecuencias derivadas en la economía real. De ahí que durante una buena parte de la legislatura inicial de Mariano Rajoy el paro siguió subiendo hasta llegar a un punto de inflexión y empezara a bajar aun haber empezado la recuperación antes. Ahora podemos estar en una situación inversa. La economía debería de seguir mejorando y, dependiendo de las decisiones, seguir haciéndolo o por el contrario cambiar de manera negativa.

El futuro del futuro: 'reWorking' y la fábrica conectada.

El futuro del futuro: 'reWorking' y la fábrica conectada.

Hace unos días ofrecí una conferencia para la multinacional japonesa Hitachi. Una empresa que mantiene un nivel de innovación brutal. Fue un buen momento para comentar, en esa charla, el papel fundamental que juega la eficiencia de lo que llamamos fábricas inteligentes. Desde mi punto de vista, además, la colaboración entre robots y personas, liderada por los ‘cobots’, será uno de los elementos más fascinantes de las producción industrial en el futuro inmediato.

"Descompetitivos"

Leyendo el informe Ranking Mundial de Competitividad 2013e del International Institute for Management Development se descubre que lo previsible al final se cumple. España el año pasado ocupaba el puesto 39 y ahora ya va por el 45. Hace 25 años estábamos el 26. En apenas una generación, la que se aguanta sobre la orgía de tochos con el que se ha consagrado un modelo económico que estalló, España se ha convertido en el país del mundo civilizado que mayor margen de competitividad ha perdido si exceptuamos alguno que entró en guerras o divisiones abruptas. Los años se van mal gastando y eon ellos una generación se pierde.
Para ser competitivo, como por ejemplo algunos de los principales protagonistas del informe como Estados Unidos o Suecia, es preciso diversificar la economía y vincular el modelo de crecimiento a las nuevas tecnologías. En España la industria española está en búsqueda y captura. La de mayor eficiencia es la ensambladora, dependiente de grandes corporaciones internacionales cuya transferencia en tecnología se la tenemos que pagar.  El turismo peligra si no modula su oferta, la distribución precisa de generar procesos de mayor contenido digital y una pyme que está sufriendo el abandono absoluto y el ataque indiscriminado de la administración.

El reto para lo competitividad no está en las palabras, está en los hechos. Cuando el discurso se llena de frases hechas sobre el apoyo a los emprendedores y de reuniones con foto final que permiten mantener el circo expectante unos meses más, entonces no vamos a ningún lugar. Yo sigo pensando que es mejor que un grupo de inversores privados se pongan en marcha para apoyar empresas tecnológicas a que un fondo de ayuda llegue algún día.

Cada vez es más evidente que hay que tener una hoja de ruta. No se puede mantener por más tiempo el plan a golpe de impresiones. Que no hay dinero es cierto, que no se puede prentender sacar todo esto adelante por arte de magia por supuesto, que se deberán quemar a los responsables indudable, pero ¿y si mientras tanto no lo complicamos todo más y apoyamos a los que se la están jugando cada día? ¿y si vamos tomando conciencia que los tiempos han cambiado y que parte de ese cambio supone incluso que los que dirigen acepten el reto? Estimular la Nueva Economía no es una pose, es algo más consustancial, mucho más intenso e incluso tiene que ver con la transparencia, creerse eso de “las redes” y aceptar que ya nada volverá a ser igual. El cambio en el modelo de crecimiento de un país pasa también por el cambio en el modelo de gobernarlo.

La Innovacion No Es Suficiente

Estamos en una crisis de modelo económico sin precedentes. El carácter sistémico de esta ruptura es mucho más que una explosión de una burbuja o de la quiebra de un sector productivo en concreto. Comparto con mi amigo Enrique Dans que el mundo ha cambiado porque es así. La economía y sus resortes específicos no tienen nada que ver con los que hasta la fecha habían sido considerados fundamentales. Llegados a la aceptación de que todo eso ha sufrido una mutación extremadamente rápida, debemos preguntarnos si estamos en condiciones de adaptarnos a esos cambios. Veamos que quiere decir asumir los cambios.

Adaptarse no es fabricar una ley de economía sostenible que interpreta como esencial impulsar una economía ecológica que cierra nucleares, penaliza empresas que contaminan, que promociona el coche eléctrico y que pretende convertir en diez minutos un país que vivía de amontonar ladrillos ineficientemente uno encima de otro, a un próspero modelo económico postmoderno de aplicaciones biotecnológicas. Es tan absurdo que parece cómico.

España es lo que es y atender a su realidad para fabricar una nueva parece lo más obvio. Por ejemplo, no podemos renunciar a una estructura turística que sedimenta el patrón de crecimiento en un porcentaje altísimo. Lo que no se puede mantener es el mismo carácter al tipo de oferta que se ofrece. Toca modificar, apostar por una reconversión del sector. Utilizar las nuevas tecnologías de la información para modificar tendencias de opinión sobre nuestra oferta turística se hace imprescindible u otros competidores acabarán por erosionarlo gravemente.

La innovación no nos sacará de la crisis por si misma pero sin ella será imposible salir de modo efectivo y completo. Por eso es imprescindible que los motores económicos preexistentes asuman su condición e innoven en lo fundamental. Otros, como el inmobiliario o la construcción pueden darse por muertos. Como en este país el objeto patrimonial inmobiliario se fundamenta en el valor especulativo del objeto y este no volverá a ser rentable en esos términos en décadas, no hay innovación posible que el mercado acoja. Recordemos que ningún experimento innovador es innovación si el mercado no lo acepta y, en el sector del ladrillo, la innovación no será aceptada por el mercado en mucho tiempo por el agotamiento y el sobrepeso de todo el asunto.

De todos modos España es un país minúsculo en términos económicos. Para nada es la octava potencia del mundo ni tan siquiera es una de las veinte primeras economías del planeta. El cálculo que ofrece el gobierno y que aceptan algunos organismos internacionales es falaz puesto que incorpora al PIB total elementos que son de tipo público que, sólo en Francia, superan nuestro rango. Es imposible que con apenas 3000 empresas grandes de una estructura empresarial que ronda los 2 millones largos de empresas podamos estar en según que Champions League. Mientras que el 97% de las empresas de este país tienen menos de 10 empleados en Europa esos ratios no llegan al 70%.

Por otro lado la base tecnológica en nuestro país no alcanza el 0,9% del Producto Interior Bruto por lo que poco o nada vamos a aportar a ese cambio de modelo que tanto se nos pide. La garantía del cambio que debe sacarnos de una larga y dura crisis no está en la productividad o en el nuevo modelo que viene, ya que ni una cosa ni la otra están en condiciones de convalidarse con Europa. 

El asunto se complica si atendemos que en España hay más de cinco millones de parados reales y sin adelgazar esa cifra difícilmente vamos a impulsar ningún modelo innovador puesto que la economía está seca y en franco retroceso. La insolvencia manifiesta de todas las estructuras aumenta y eso aleja la salida puesto que sin ocupación no hay salida de emergencia. Ha llegado el momento de sacrificar planteamientos y dogmas, de informar y de asegurar que para aceptar que nuestro entorno económico ha cambiado, todos deberemos de cambiar también.

A mi modo de ver, para acelerar los cambios estructurales tan manidos y la nueva orientación del modelo de crecimiento español, no sólo se deben impulsar las modalidades económicas vinculadas a lo emergente, verde, biomecánico o tecnológico, que también, pero para llegar a ese destino, antes debemos asumir cambios en la gestión, en lo laboral y en la financiación de muchos de los elementos productivos existentes pues sin creación de empleo y crecimiento de estos lo otro, no es posible. 

Que el mundo ha cambiado es una evidencia y que España no se había enterado es otra. No entraremos en el curso de la modernidad sin aceptar exactamente donde estamos y una vez aceptado atender a nuestras miserias de país de segunda. Hasta que eso no se acepte no afrontaremos, todos, la verdadera esencia del problema: no se puede innovar económicamente en un campo yermo

Hay que regar y alimentar a los que riegan. Primero debemos recuperar el empleo en sectores y modelos conocidos y poco a poco ir introduciendo elementos ejecutivos que impulsen los cambios previstos. No modernizaremos nuestra economía por ciencia infusa ni tampoco sucederá si medio país está parado o depende de la administración pública. Tampoco podremos atender a demasiada modernidad productiva si el sector financiero sigue falseando su situación y negando que no podemos contar demasiado con él puesto que está en una situación de "sálvese quien pueda".

PARADA TÉCNICA

Todo sigue su curso. En ocasiones más lento, en otras se acelera, pero el conjunto de sucesos se encadenan sin demasiadas sorpresas. En España se van colocando las piezas para que la economía se detenga definitivamente y en Europa los primeros elementos que anuncian un terrible ajuste también. Las voces que clamaban que “lo peor ya había pasado” ahora no se atreven ni a bostezar. Es más que evidente que la ansiada recuperación no era tal y se debía, como decíamos, a un engorde artificial que tarde o temprano tenía que parar. Ahora los estímulos evidencian ser insuficientes y el crecimiento ha vuelto a caer. El drama de Grecia muestra que ni Alemania ni Francia están para mucha solidaridad y que en las solicitudes de medidas correctoras se esconden la incapacidad de otros tiempos.

Pero hablemos de España. Nada nuevo en el horizonte y si datos poco esperanzadores se pongan como se pongan. Cuando hablamos de la parada técnica de la economía nos referimos esencialmente a un estancamiento destructivo en un principio y átono en una segunda parte. Por ejemplo, en el sector servicios español la facturación no hace más que descender, en 2009 se desplomó un 13,7%. Durante 17 meses el sector del que depende el consumo no ha hecho otra cosa que caer. Es muy probable que deje de hacerlo en tasas interanuales puesto que más no se puede caer y en un estancamiento del modelo incluso puede aumentar, pero estaremos muy lejos de las tasas objetivamente razonables y muy lejos de las cifras que se requieren para crear el 12% de empleos perdidos en el sector desde el principio de sus problemas.

Sigamos con España, en el sector industrial las cosas aun van peor. La cifra de negocios no ha hecho otra cosa que caer. En 2009 lo hizo un 21,7%, aunque si miramos el descenso real de pedidos la cifra llega a una cuarta parte. En 2008 ya descendió y el cambio a vista 2007 se sitúa en una caída del 39%. ¿Recuerdan cuando se comentaba que el motor que sustituiría al inmobiliario sería el industrial? Eso no pasó, ni tan solo por aproximación derivada, lo que ha sucedido es mucho peor. La industria española ha demostrado que era, esencialmente, tercermundista con sueldos escandinavos. Nada nuevo, solo que seguimos viendo como todo se detiene. El interanual de 2010 no será tan malo, como en el resto de sectores, porque más abajo no se puede descender, ahora viviremos, también aquí, la parada técnica, el estancamiento.

En estas estamos, o estaremos. Por su fuera poco, a medida que venzan algunas operaciones de saldo, las grandes fallidas serán una evidencia. Prepárense para la más que probable segunda mayor quiebra hasta la fecha después de Martinsa. Reyal tiene que negociar 5.000 millones de euros urgentemente y las entidades que deben aceptar un pago atrasado no están para demasiados juegos contables. De hecho no es necesario ser adivino para entender que eso va a pasar. El propio Banco de España ha obligado a las entidades infectadas a prepararse para el tsunami. Les ha obligado a provisionar el 25% de la deuda que mantienen con las grandes inmobiliarias de este país. Aquello que ya dijimos era pan para hoy y hambre para mañana se verá reflejado ya. No era lógico refinanciar deuda a inmobiliarias y constructoras pensando que 2010 o 2011 solucionarían sus agujeros.