innovar

Del #nopodeis al #podemos’, innovación íntima.

En este blog hablamos de un futuro sin empleo. De como será todo cuando robots y software se afiancen en nuestras vidas cotidianas de un modo más intenso que el que ya gozan en la actualidad. Eso, simplemente, es cuestión de tiempo. Pero mientras todo eso llega, al tiempo que el planeta, a distinta velocidad según el lugar, se adapta, los que deben ir asumiendo esos cambios somos los que lo habitamos. En el campo del trabajo, y su deriva socioeconómica, las cosas han variado y mucho en muy poco tiempo.
Hemos pasado de transitar 30 años en el mismo puesto laboral a tener una decena antes de ser unos cuarentones. Algunos por simple inconformismo, otros por ineptitud, pero muchos por un modo que se ha instalado en nuestro ecosistema económico que no compensa si lo que haces es permanecer en la llamada ‘la sociedad agotada’. También le llamaban libertad, un estado lisérgico que te hace pensar que lo tienes ‘todo’ por tener un trabajo fijo, una hipoteca fija y una familia fija.

El tiempo pasa y en el cuerpo social se fue inyectando el virus de lo que es ‘cool’ y lo que no. Transitamos ahora por ‘la sociedad ordenada’ donde todo está muy bien pensado para parecer menos ordenado. Vacaciones organizadamente desorganizadas y vestimentas diseñadamente informales. En el ámbito de la empresa se tensa hasta límites en los que las estructuras se suceden las unas a las otras, se pisan y se generan galardones a quien más ordenadamente disruptivo es mientras no cambie ‘lo establecido’. Que lo parezca es suficiente, que lo sea no es necesario. Mira a tu alrededor, verás muchos casos.

Ahora todo está mutando. Empieza a ser muy diferente. En la antesala de que todo cambie aún más, mientras esperamos que el mundo se automatice definitivamente, vivimos en otro estadio social mucho menos rígido aparentemente. Es la puerta de entrada y tienes un código concreto por descifrar. Ya tenemos tres de los cuatro dígitos de la clave ‘pin’ que da acceso.

  1. De ser una sociedad disciplinada y que buscaba cobertura en lo colectivo, en el estado, en lo social, vamos pasando a otra menos dispuesta a obedecer, más emprendedora, dispuesta a alcanzar sus sueños bajo el lema de que ‘es posible’.
  2. Del ‘#nopodéis se va pasando al #podemos’. Nada es casual, ni en España, ni en el #yeswecan que llevó a la Casablanca a un presidente de raza negra cuando eso en películas de principios de este siglo era algo que se trataba como ciencia ficción. ¿Lo recuerdas? Tampoco lo es en Grecia, ni lo será como preveo en Irlanda. Irá sucediendo. Tiene que ver más con lo que significa que con lo que es y de ahí el error de quienes no lo quieren aceptar y se ven inmersos en una guerra donde no hay soldados, sólo una enorme y elefantiásica pasarela que lleva de un mundo a otro. En la empresa sería una especie de ‘revolución íntima’, revolucionaria, una ‘íntima revolución innovadora’.
  3. La política no es más que una esquina de todo ello. Me interesa más bien poco quienes están detrás de un nuevo proyecto o que dicen que van a hacer. Poco o nada ya va con ellos. El tiempo es el que es y arrasará con todo, incluso con los más ‘innovadores’ de la gestión pública. Ellos, únicamente, #podrán, y de eso va este nuevo mundo inminente, estimularlo, acelerarlo o frenarlo, pero ya no, nunca, detenerlo. La ventaja de los países, cuyos dirigentes así lo vean, como un gran ‘big picture’ del futuro a 20 o 30 años, irán tomando la delantera e irán conquistando ese futuro para nuestros (sus) hijos, los que no, seguirán (seguiremos) hablando y hablando de no sabemos que exactamente.
  4. Un mundo en el que se ha pasado de las jerarquías verticales de trabajo a otras cuyas organizaciones son ágiles, comunican bien y son transparentes.
  5. De competir para captar mercados se ha mutado a una innovación constante para crear nuevos clientes interesados.
  6. De trabajar vinculado en ‘funciones’ inamovibles se ha pasado a centrarse en ‘proyectos’. Por ello se ha pasado de la ‘estructura’ a las ‘personas’.
  7. De la orden a la confianza en el equipo, donde la importancia curricular cede a la inteligencia emocional y de la ‘experiencia’ a las ‘ganas’.
  8. De la conciliación entre trabajo y vida personal se tiende a que tu trabajo sea tu vida pues es esencialmente lo que te realiza en todos los ámbitos, del adicto al trabajo se pasa al explorador con espiritu de sacrificio, de los jefes a las redes.

En breve muchas de esas mutaciones aun serán más complejas. Del jefe al software (robot), de los equipos a la multitarea distribuida, del explorador al soñador, de la inteligencia emocional a la psicología cibernética (llevarse bien con máquinas que parecen personas) o de los modelos de gestión por proyectos pasaremos a otra mucho más difusa en los que los proyectos precisarán de tantos complementos y desde tantos campos que difícilmente sabremos medir su inicio o su final y no dejarán de ser ‘modelos de crecimiento empresarial o social’

Innovar no es fácil. De hecho si no logras que el mercado la acepte no es innovación. De eso va el futuro, pero también el presente. ¿Tu empresa dice estar innovando? ¿Conviertes tu innovación en facturas? Si no es así simplemente estás dando vueltas con un coche nuevo a la misma rotonda de siempre. O cambias de coche o cambias de rotonda. Transfórmate, transforma tu empresa. ¿Quieres más info?

¿Eres uno de ellos?

eres de ellosDecía Edward Young que “es mejor estar preparado para una oportunidad y no tenerla que tener una oportunidad y no estar preparado“. El hecho que las empresas en España cierren ya no es una consecuencia en si misma, ahora ya empieza a ser también una causa más para el empobrecimiento progresivo de la economía. Es un pez que empieza a morderse su miserable cola. En estos momentos el cese de actividad empresarial en España posee el nivel más alto de su historia. Empieza a no servir ningún principio elemental para explicar el fenómeno. La gente cierra el negocio y ya está. Nada más. Ya no estamos hablando de autónomos que no lo lograron, ni de pymes que cierran asfixiadas, ni de emprendedores que no lograron emprender, hablamos de cierre masivo de grandes empresas que facturan más de seis millones de euros. Es el camino hacia la parálisis.
A pesar de esa música de fondo muchos se tiran al ruedo. Lo intentan haciendo oídos sordos. Lo hacen porque no hay más remedio pues si te paras mueres. Podría hablar de muchos modelos de negocio autodestruidos, de muchos proyectos que cayeron y de otros tantos que están soportando los envites de una mal llamada “crisis” despiadada con los grandes y siniestra para con los pequeños. Podría buscar motivos y lugares, empresas, nombres y directivos, pero no lo voy a hacer. Pondré como ejemplo lo que decidí hacer en un momento de mi vida en el que “la crisis“ llegó a mi vida.

Llevo escribiendo sobre economía una década, es decir, hablar de economía en los últimos años es hablar de crisis sin duda alguna. De eso escribía y de cómo interpretaba yo hacía donde iba todo esto. Llegué a decir en el 2004, cuando las mascotas se ataban con longanizas en este país que “se avecinaba el desastre”. Así fue, llegó. No lo decía yo solo, de hecho me basaba en lo que leía de otros y lo que yo mismo interpretaba. Éramos pocos pero uno cuantos suficientes para entender la gravedad del asunto. Se ha visto que era mucho peor de lo previsto y mucho mejor de lo que vendrá. No lo sabíamos pero estábamos ante el mayor cambio de modelo al que la humanidad tuvo que enfrentarse y eso no era cuestión sólo de quiebras, sino también de partos.

Y en ese punto me dispuse a emprender. Tras dos fracasos sonados en mi vida emprendedora, en 1993 y 1998, decidí volver a intentarlo en el 2004. Me basé en principios tecnológico e invertí todo cuanto tenía. Todo. Muchos me dijeron que estaba loco dejando mi espacio laboral garantizado. Tal vez, pero yo veía que, o me ponía en marcha o los rodillos me aplastarían tarde o temprano. Piensa que si ante ti sólo ves un muro enorme, una pared que se acerca, que no hay más opciones que la colisión, no esperes a que ocurra, o peor, no esperes pensando que se detendrá la aproximación de ese tabique. Todos no deben emprender, sería absurdo, pero muchos de los que no lo hacen por creerse seguros o confiar en que el futuro dará un giro inesperado, deberían hacerlo. ¿Eres uno de ellos?

Fallida subida de impuestos

No por avisados nos sentó mejor. No por saberlo previamente a uno le duele menos. La subida de tributos llegó (y seguirá) para desmontar el rompecabezas definitivamente. En el informe de la oficina de estadística europea Eurostat que se publicó hace pocos días aparece la afectación sobre los impuestos que está teniendo todo este largo proceso regeneración socioeconómica que algunos insisten en llamarle crisis. En ese estudio se explica que España es uno de los países de la Unión Europea en los que más cayó la recaudación por impuestos en 2011. Resulta que el aumento impositivo no concede mayor recaudación como nos temíamos. Estos datos se enfrentan con la tendencia registrada en la Unión Europea, donde la recaudación aumentó el 0,5%. ¿Probamos con la buena gestión? Tengo claro que la mala praxis ha empujado esto a estar donde está. Independientemente de cambios y de nuevos tiempos, de parto doloroso y de gestión de una nueva época, no me cabe duda que la travesía podría haber sido más simple. No es tan sólo una derivada. Aquí hay ineficiencia e inutilidad. La estrategia seguida ne la subida de impuestos y recortes sin afrontar un modelo de compensación económica durante el proceso ha sido un suicidio.
Dirigentes inservible en la vida privada se han dedicado a ordenar, determinar y derrumbar el futuro de nuestros hijos. Un ejemplo de la mala gestión pública que ha hipotecado el sistema es el modelo es el mundo local. La gestión pública local es de Audiencia Nacional. Se ha abusado de la fuente de ingresos que provenía de la actividad inmobiliaria. Fuente agotada y que dotaba de ingresos extraordinarios las arcas de los ayuntamientos de este país. Un canal de aportación que sólo se produce en fase económica expansiva, que en ciclos de cuatro años es fácilmente identificable en su contexto, pero que cuando ésta se produce durante mucho tiempo seguido se acaba pervirtiendo su origen y sus funciones. Muchos ayuntamientos se han olvidado de que esos ingresos extraordinarios eran cíclicos puesto que muchos alcaldes y concejales, de hecho, nunca conocieron otro modelo de financiación que no fuera ese. Nada hace indicar que subir impuestos nos llevará a un flujo mayor de ingresos, ni lo sueñen. La economía europea, y la española en especial, se estrechan. Ayer en una reunión en Google Ireland me comentábamos la preocupación incluso en el escenario digital y de las startups debido a que por un lado por lo empequeñecido del mercado ibérico y por otro el creciente escaso valor de las iniciativas públicas de apoyo a la emprendeduría tecnológica.

Esos ingresos extraordinarios se han utilizado para sufragar gasto corriente puesto que muchos de los responsables de las arcas municipales ya no diferenciaban lo extraordinario de lo ordinario. Esa burbuja de ingresos extraordinarios que provienen de las plusvalías y los impuestos derivados a la actividad inmobiliaria y de la construcción explotó hace cuatro años y ahora sus efectos ya se perciben como una enfermedad crónica. Seguramente una parte de todo ese manantial de billetes se habrá destinado a diferentes programas de apoyo a la emprendeduría, no lo niego, pero ¿cuánto se ha perdido en las retorcidas cloacas de la mala gestión interesada o no del que no espera nada de una sociedad adormecida y poco emprendedora? Espero que, como sociedad, estemos aprendiendo algo de este desierto cada vez más yermo, sino será difícil enfocar en el nuevo escenario que nos tocará modelar, será complejo focalizar en descifrar un futuro extraordinario al que tenemos opciones de llegar.

La nueva era del conocimiento, de la hipersociedad y de los derivados de esa hipotética crisis descrita por los que la estimularon, surgirá del valor de las cosas y no del coste de las mismas, será el momento de las grandes factorías de ideas, de pensamientos, de dudas, de estructurar la fabricación en base a su precio esencial y no tanto al especulativo, de emprender para convertir los sueños en realidad. En esta nueva era, en este nuevo ecosistema plagado de ideas, en ese nuevo mar en el que deberemos navegar, los que antes entiendan que deben impulsarse con vientos desconocidos, los que sepan que es tiempo de veleros y no de lanchas motoras, esos sobrevivirán, crecerán y serán mucho más felices. Los que escuchen a sus mandatarios, a esos dirigentes aparentemente perdidos, a esos que cambian sus previsiones una y otra vez, los que esperen de ellos que les ayuden a sobrevolar este momento crucial de la historia sufrirán mucho más.


Just landed ✈

Cada cierto tiempo me tomo un respiro en este blog. Descanso en cuanto a la publicación de artículos. Este año ha sido de casi dos meses. Empecé a escribir este espacio hace ya siete años y desde entonces siempre lo he utilizado como termómetro de mi manera de ver la vida. Suele desgastar. No soy un periodista ni pretendo comentar la actualidad constantemente, por eso, cuando percibo que no tengo algo interesante que decir, no digo nada. Si eso sucede de manera consecutiva entiendo que debo parar un tiempo. Estos casi sesenta días no han sido más que un modo de hacer “reset”, de volver a reiniciar la máquina creativa. Obviamente, uno es lo que es y poco puede hacer para evitarlo, pero es cierto que algunos de estos espacios de reflexión como el que hoy termina son buenos y permite hacer cambios considerables.
Quiero comentaros que, a pesar de no escribir aquí, no he parado. Como la mayoría sabemos bucear por las redes sociales y mis perfiles son abiertos es fácil descubrir que el parón a mi actividad profesional apenas duró una semana. Ya ni la recuerdo. Durante estos meses he vivido momentos frenéticos, vibrantes y extraordinarios, impulsando algunas de las empresas hermanas de mi proyecto principal en estos momentos donde se ubican todos y cada uno de las propuestas emprendedoras en las que estoy involucrado. Hemos estado en una decena de países y hemos abierto dos sedes nuevas. Además el gran equipo con el que tengo la suerte de trabajar ha sido capaz de tener listo para lanzamiento un pool de productos tecnológicos que saldrán al mercado en breve.

En definitiva, a partir de mañana iré escribiendo. Escribiré de proyectos, de ofertas de empleo, de sueños, ilusión, tecnología, economía, ideas y, por supuesto, pondré el dedo en el ojo de la actualidad más tóxica. Por suerte, ahora, muchos son los que denuncian lo que está sucediendo en España, en Europa y en el mundo en general, son muchos los que se explican mejor que yo y, en estos momentos, tienen mejor óptica para hacerlo. Yo no vivo en España y eso me aleja en ocasiones de lo que eso supone.

Por suerte son bastantes las conferencias y actos que me llevan a España. Sin ir más lejos este viernes regreso a Barcelona para hablar de ideas, de cómo emprender a partir de la reacción bioquímica que se produce al chocar la creatividad, los sueños, la energía y la voluntad de tomar las riendas de tu propia existencia.  La semana que viene y la siguiente hay muchas cosas previstas que os comentaré. Estaré en televisión y en radio, hablando de proyectos y de salidas, de cómo es este nuevo modelo socioeconómico donde, os lo digo sinceramente, tenemos la suerte de vivir.

Si no hubiera fracasado en esta vida, sino fuera difícil poner en marcha mis ideas, si la vida emprendedora no tuviera este tono de lucha y persecución de anhelos y si todo ello no fuera en terrenos abruptos como los actuales, seguramente no estaría aprendiendo lo que ahora aprendo, conociendo la gente maravillosa que estoy conociendo, sintiendo lo que ahora siento. Cuanto mayor sea el viento en contra, más alto pienso volar.

Nos vemos aquí a partir de mañana. Gracias a todos los que habéis mantenido vivo el blog en mi ausencia. Es increíble pensar como a pesar de no escribir y de haber sido un mes tradicionalmente escaso en visitas a un blog, han sido siempre más de cuatro mil los lectores que se acercaban cada día para revisar viejos posts. Digamos que ya he aterrizado de nuevo. Just landed!

Equivocarse mejor

Hace algunos meses hice referencia en una charla a mi viajé a Mauritania de 1997. Lo enmarqué en una conferencia sobre innovación y sobre fracasos bien concebidos. Innovar fracasando para aprender o aprender fracasando para innovar. No me pregunten el motivo de esa huida. Aun no le tengo claro ni yo mismo. Lo que si sé es que marcó mi vida. Justo en el instante en el que mi vida empezaba a tomar un tono de éxito irresistible y, tras mirarme en el espejo, consideré que yo no era a quien veía en frente reflejado. Decidí ir a conocer, por unos días siquiera, un destino que ahora se antojaría complicado y difícil: el interior del desierto mauritano, entre Mali y Senegal.
Llegué a Nouakchott en julio. Los peajes que tuve que pagar desde Ceuta hasta la capital mauritana mejor no lo recuento. Recorrimos durante unos días la costa atlántica de Marruecos y, junto a Francis, Montse y Carmen, nos fuimos adentrando en territorio saharaui a medida que nos daban paso los múltiples controles que en aquella época sólo tenían un propósito: la extorsión de “viajeros” como nosotros.

Una vez llegados a Nouabhidou vique lo del desierto y el verano no habían sido buena idea. Aun no tenía ni la más remota idea de lo que iba a descubrir tan solo una semana después. A los pocos días mis compañeros de viaje me confesaron que por ellos, la aventura africana había tocado fin y que emprendían el regreso. Mi decisión de permanecer algún tiempo más y buscarme la vida para moverme por allí y volver unos meses más tarde, sería la decisión más determinante de mi vida. Por lo menos en lo que tiene que ver con la vocación de emprender proyectos y al modo en el que me enfrento a un plan de negocios.

Me alquilé un todoterreno algo más destartalado que el que habíamos tenido en propiedad durante todo el viaje anterior y me dispuse a ir hacia la capital Nouakchott. En aquella época esa ciudad era una amalgama de casas, chabolas, avenidas turbias por la arena en suspensión y callejuelas sin nombre que conducían a lugares secretos. Con las horas el lugar se hacía más complejo y sofisticado y poco a poco percibías que sus gentes conformaban un curioso engranaje por el cual todo parecía funcionar. En la mayor extensión de miseria en la que yo había estado en mi vida, había un curioso aliento de orden y ánimo. Todo estaba por hacer mientras todo se hacía.

Aunque la capital parecía un lugar interesante para aprender, pensé que en el desierto me esperaba un mayor conocimiento. Creía que eso del silencio de la noche en algún oasis o el calor intenso por las carreteras desdibujadas acabarían por proporcionarme lo que estaba buscando. Sin embargo, todo eso no era nada. Lo que me esperaba en una aldea llamada Chinguetti marcaría el futuro de mi propia existencia.

Recorrer los quinientos kilómetros que separaban la capital mauritana de esa otra población rodeada de dunas fue un calvario. No se podía hacer por aquel entonces por una de las vías que ahora si existe y se debía de tomar la ruta hacia el norte y circular en paralelo a la vía de tren que lleva de Nouabhidou a Choum y Atar. Eso estaba en el norte de
Mauritania y era el único trazo uniforme que permitía saber en que dirección se circulaba. El camino duraba dos jornadas enteras, con una noche que las separaba. El mal estado de las pistas y la dificultad para descifrarlas no ayudaba a avanzar con cierta velocidad. Ese recorrido, tras la primera vez, lo haría en seis ocasiones más.

Cuando hacía ese trayecto, diseñaba la noche que debía pasar a medio camino con sumo cuidado. Primero por precaución y en segundo lugar para vivirla lo más intensamente posible.  Procuraba que alguna aldea no quedara a más de una hora caminando de donde acampaba por si en algún momento precisara de ayuda. También sabía que la tienda “antiarácnidos” debía montarla junto al vehículo a fin de que las dunas más cercanas no me engulleran mientras dormía. La oscuridad de la noche en el desierto no tiene comparación con ninguna otra. Es un negro luminoso, perfecto para imaginar proyectos de vida, profesionales, personales. Todos los emprendedores deberían pasar una noche en el desierto en algún momento de su vida.

Recuerdo todas y cada una de las noches que pasé allí. Eran frías y desagradables, para que engañarnos. La cena aliñada con arena por culpa del viento persistente y el silencio tibio del Sahara de fondo, no eran ingredientes para el goce y el disfrute. Además, una vez te metías en la tienda, el áspero sonido de los escorpiones rozando contra el lateral inferior del tejido aislante no hacía más que animarme a no salir en toda mi existencia. Sin embargo, curiosamente, cada semana esperaba esa noche con ilusión porque el amanecer solía ser majestuoso, bello y enorme. El viento se dormía a primera hora del día y, normalmente, dejaba un cielo púrpura a modo de tablero para que al fondo, una luz intensa, blanca, brillante y nerviosa lo agujereara. Una lámpara vibrante. Durante una hora esa luz iba acercándose. Era un tren. Una culebra amarilla de tres kilómetros de largo que aparecía de la nada y que con su rumor ensordecedor y su tamaño lo llenaba todo. El alboroto se te quedaba grabado durante minutos. La imagen espectacular de ver un monstruo infinito repleto de personas apretadas hasta lo imposible en el único tren del día se galvaniza en blanco y negro para siempre en las callejuelas de la memoria de quien lo ve.

El destino era siempre el mismo: Chinguetti. Un pueblo, aldea, municipio o ciudad, depende de cómo se interprete su historia. Fue fundada en el siglo XIII y fue un centro de caravanas entre el África del norte y la subsahariana. Llegó a ser una metrópolis de gran importancia hace trescientos años. Fue la población con mayor número de bibliotecas por habitante del continente africano. Posee manuscritos sobre ciencia o religión del siglo IX por ejemplo. Es una ciudad santa para el Islam y es patrimonio de la humanidad desde un año antes que yo pasara por allí. Le llaman “la puerta del desierto”. Sólo se podía llegar por pistas de tierra y su gente era tremendamente amable y acogedora. Es curioso como los que menos tienen siempre son los que más dan.

Lo que me atrajo de esa ciudad eran esos detalles sobre su cultura y su curiosa manera de enfrentarse a largos años de sequía, epidemias y hambre. Me interesaba saber como una población de apenas tres mil habitantes disponía de un registro de más de quince mil. Al parecer, la diferencia eran nómadas. Gentes que buscaban pastos y agua para sus ganados.

En mi primera estancia conocí a Aman Ussunduff. Se pasaba el día en la otra Chinguetti. Si, había otra. Una población en obras a unos dos kilómetros de donde vivían todos. De una manera muy desordenada y sin una dirección de las obras adecuada, un grupo de habitantes del municipio se lanzaban cada cierto tiempo hacia un objetivo común: rehacer su hogar de nuevo.

El avance incesante del desierto estaba provocando que una parte de Chinguetti quedara inutilizada. La lengua de arena ya cubría algunas casas y amenazaba con engullir todo el pueblo en unos años. Les seguí durante algunas jornadas, viendo como medían, interpretaban planos y modificaban proporciones. Con el tiempo Aman me permitió preguntar y razonar sobre lo que hacían.

No era la primera vez que los habitantes de Chinguetti reconstruían su ciudad. Lo habían hecho una vez antes y algunos aseguraban que más veces. Al parecer, el desierto ya se tragó la ciudad hacía varias generaciones. La decisión de haber reconstruido la ciudad apenas unos metros más allá de la originaria supuso que ésta entrara en la misma crisis natural que la anterior. Mi pregunta, tras unos días sorprendido por el empeño poco uniforme pero constante de algunos jóvenes en rehacerla a pocos metros de nuevo, era clara:

Assan le dije . ¿Por qué no rehacéis la ciudad veinte o treinta kilómetros más allá? Evitaríais que el desierto, en su avance implacable, vuelva a engullir Chinguetti, y con ello, que otras generaciones posteriores deban, otra vez, acometer tan duro trabajo.

El hombre me miro, y ladeando la cabeza una y otra vez, negando mientras yo hablaba, me dijo:

-Eso sería una terrible tragedia. Evitaría que otros pudieran hacer la maravillosa labor que nosotros estamos haciendo. Reinventarnos sobre nuestra propia desgracia.

Nadie hasta la fecha me había dado una lección tan grande. Los errores son un modelo de aprendizaje que no debemos prohibir a nadie. Ese pueblo tenía el valor y la suerte de poder reconstruir su ciudad corrigiendo los defectos de la anterior. Así lo habían hecho y así lo iban a seguir haciendo. Cada nueva oportunidad provenía de una voluntad de que su proyecto sufriera un final. Es como emprender un proyecto sabiendo que tarde o temprano morirá y con su muerte aparecerá la oportunidad de emprender uno nuevo que versione el anterior y lo mejore.

Desde entonces, cada proyecto, cada iniciativa que pongo en marcha surge de ese valor, del valor del intento permanente, del entendimiento que en los negocios o en la vida, equivocarse es fundamental pues responde a la iniciativa. Si no hacemos nada no nos equivocamos. Devorar una ciudad es algo lento para un desierto, tragarse un proyecto emprendedor por el sistema es algo relativamente sencillo, pero los dos casos responden a la naturaleza orgánica de los escenarios en los que se suceden. Por ello es importante en los dos casos saber que en esa aventura está la evaluación continua de los emprendedores.

Una sociedad incapaz de valorarse así misma, de aceptar sus errores y poner los resortes para recuperar el tiempo y corregir los mecanismos que no le permiten avanzar, es una sociedad caduca y destinada al fracaso.

La sociedad que no arriesga, no avanza. Hoy en día el valor de equivocarse parece un síntoma de final irrecuperable, cuando debería ser todo lo contrario. Sólo se hace gigante aquel liliputiense capaz de acumular errores. Un buen empresario no lo es hasta que no ha fracasado alguna vez. En Estados Unidos ese valor prevalece en cada proyecto que sus ciudadanos ponen en marcha. No hay fracaso malo, sólo hay oportunidad fallida. Hay más. En nuestro país y en algunos de nuestro entorno inmediato entrar en default es sinónimo de imposibilidad de poder afrontar otro reto emprendedor en tu vida. Las catalogaciones contra el histórico crediticio te amputan todas las opciones. Ese es uno de los motivos por los que, poco a poco, hemos ido deconstruyendo una sociedad que en su momento estuvo llena de vida.

Si recuperamos el entusiasmo por el error, habremos dado el paso más importante. Si, además, acentuamos el valor que eso tiene, como hacen en Chinguetti asumiremos que equivocarse es la gran oportunidad de volver a empezar con todo lo que eso conlleva en materia de corregir lo ineficiente. Un colectivo social capaz de alejarse de los tópicos y reglas para lanzarse por el tobogán de los desaciertos, será un grupo mucho más fecundo.

Este texto es un extracto del capítulo “el Valor de Emprender” de “Contra la Cultura del Subsidio“.

Innovar fracasando o fracasar innovando

Con un “hace veinte años me escribí una carta“ empecé mi charla en el IV Congreso Internacional de Excelencia que se celebró en Madrid hace unas semanas. En esa conferencia traté de ejemplificar con algunas experiencias de vida los elementos estructurales de mi manera de emprender innovando. Tengo claro que, de todos los elementos de aprendizaje que he tenido en mi vida, el que mayor valor y grado de conocimiento me ha aportado, han sido cada uno de los errores y fracasos que he sufrido. Sin embargo, como explico en el vídeo, lo que me preocupa es que “nadie muestra el modo de aprovechar el fracaso adecuadamente, no existen escuelas que te formen en el modo de equivocarse cada vez mejor“. Me pregunto que es mejor, ¿fracasar innovando o innovar fracasando?

Ideas Para Emprendedores

Durante mi intervención de la pasada semana en las Jornadas IDI, enumeré algunas ideas para que las empresas se enfrenten, en la medida de lo posible, a los tiempos que nos han tocado vivir con mayores garantías. Mañana, en Mérida, justo después de la intervención del Presidente de Extremadura, haré lo propio. Tened por supuesto que, como hice en Mallorca y como hago siempre, a los políticos que tengan el valor de escucharme desde sus butacas reservadas, les diré cosas que seguramente no esperan. Aunque mi papel es el de aportar ideas nuevas y escudriñar las opciones que nos quedan a empresarios y emprendedores en un momento como este, es evidente que hay que situar la realidad y confrontar a los actores políticos con el escenario que han modelado. Como siempre será divertido, podéis seguirlo por twitter o por facebook. Alguanas de esas ideas:

  1. Regalar productos o servicios: bajar los precios de los bienes y servicios crea en el consumidor una sensación de que antes se le había engañado al cobrarle precios más altos. La solución es regalar algo al mismo precio de antes. Por ejemplo, el asesor fiscal que le confecciona el IRPF puede ofrecerle un asesoramiento fiscal básico incluido en el precio de hacerle la declaración.
  2. Packs anticrisis: Es una política de precios que trasmite al comprador que la rebaja es coyuntural y para su beneficio, ya que la empresa se preocupa de él.
  3. Comprar viejos productos: Si nuestro presupuesto doméstico ha bajado, debemos adaptar nuestra cesta de la compra a ello. Tal vez no necesitemos el último modelo de TV o de móvil.
  4. Pagar al prosumidor: en la vida real y el las redes sociales hay gente que habla de nosotros, de nuestra capacidad laboral si estamos desempleados o de nuestros productos si tenemos una empresa. A estos prosumidores que hablan bien de nosotros hay que recompensarlos, sea invitándolos a unas cañas sea con una retribución variable por cliente.
  5. Ofertas personalizadas a colectivos o a individuos: La web 2.0 permite conocer con mucho detalle a nuestros clientes potenciales y personalizar al máximo lo que les ofrecemos.
  6. Utilizar a la competencia: Tal vez sea la hora de dejar de ver al resto de competidores como enemigos y los tratemos como aliados. Unir esfuerzos, fusionarse, llegar a determinados acuerdos estratégicos, puede ser la vía para sobrevivir y prosperar.
  7. Aprender a utilizar la red 2.0 para hacer negocios o encontrar un trabajo: Saber qué se dice de nosotros, quién lo dice, dónde lo dice y cómo intervenir en esta conversación colectiva para que fluya en nuestro favor.
  8. Captar nuevas formas de satisfacer las viejas necesidades: Innovar no siempre es cubrir nuevas necesidades, a veces es satisfacer las mismas de una forma nueva.
  9. Utilizar los nuevos canales móviles de comercialización, al estilo de las aplicaciones del iPhone.

El problema como oportunidad

Cada día recibo más peticiones de asesoría ante la “que se nos viene encima”. Suelen ser personas que consultan por sus posiciones en rentas o inversiones y también empresas, medianas, pequeñas y alguna de tamaño considerable que solicitan orientación. La mayoría hablan de “cambio de ciclo”. Les embarga la incertidumbre, se preguntan como sobrevolar el temporal sin perder demasiado. Suelo estructurar un diagnóstico y luego edito unas conclusiones. Desde hace poco, ese intento de ajustar el modelo de negocio a un cambio de ciclo, lo estoy basando en siete factores que considero estructurales.

MENOS BRANDING Y MÁS TRABAJAR

Seguimos con la cosa esta de innovar pues es en la innovación donde aparecen las mayores incoherencias en épocas de crisis. Es en este momento cuando innovar por innovar no es prudente ni rentable, hay que hacerlo estratégicamente. Tampoco es bueno generar marca por generarla, como tampoco tiene sentido estar en las redes sociales por estar. Toca escuchar, atender y trazar planificadamente una operativa que atienda todos esos módulos. Ahora no toca tanta marca, ahora toca empresa y no es lo mismo.

OTRA MANERA DE INNOVAR

Hay maneras de innovar que dejamos de lado por que no van acompañadas de un departamento de I+D+i ni falta que les hace. Innovar en tiempos de crisis es imprescindible y hay gente que sabe de eso. Para sobrevivir a la que se nos viene encima hay que diferenciarse y aun así no hay garantía de que flotes. En el peor de los escenarios la economía no se parará formalmente, lo hará en el plano técnico, pero en un momento de 30% de paro y de grandes tensiones sociales, seguirán comerciando y trabajando el otro 70%, de manera que los flujos comerciales serán muy escasos, pero seguirán. Es importante asumir de verdad, y estos tendrán ventaja, que van a haber muchas bajas, que la hostia va a ser dura y larga, pero que, o nos vamos todos a una montaña a cultivar nabos, que es una opción, o nos ponemos a sobrevivir los próximos 6 u 8 años de penuria que nos espera en España.