microburguesia

Un mundo sin empleo

Ya hemos hablado de un mundo sin la mitad del empleo actual. Un mundo cercano y complejo repleto de sistemas automáticos y de robots. Sin embargo hay quien va más allá y lo hace desde un lugar donde, por experiencia, se define el futuro, Sillicon Valley. Hay quien habla de un mundo sin trabajo, sin empleo.
Steve Jurvetson, socio de la firma de capital de riesgo de Sillicon Valley DFJ, dijo durante el evento Xprize Visionering que el mundo tiene que pensar en cómo atenderá la cada vez mayor diferencia entre ricos y pobres y no en como va a ocupar a las personas que irremediablemente irán perdiendo sus puestos de trabajo.

Conocí a Jurvetson hace dos años en San Francisco. Este inversor de empresas de tecnología futuristas como SpaceX o la misma Synthetic Genomics, es un tipo que cuando habla parece definir con precisión un mundo que sólo él ve, pero que, sin embargo, a medida que te lo explica, lo comprendes y lo interpretas en toda su aplastante lógica.

Al igual que Jurvetson pienso que ‘el ritmo del progreso tecnológico está desacoplado de la economía y la brecha entre los ricos y los pobres no puede ya ir cambiando de dimensión estrechándose y encogiéndose como hizo en otros momentos de la historia’. Las clases medias menguan sin descanso y en algunos puntos del planeta incluso tienden a desaparecer para dar paso a otros modelos denominados ‘microburguesia low cost’.

Suponiendo como dice Jurvetson que ‘todas las industrias vivirán el momento en el que los robots y software se llevarán por delante el trabajo no deseado, no habrá empleo suficiente para todos los seres humanos’, entonces una pequeña porción de la humanidad controlará la tecnología de la información que permitirá esa ‘automatización global’. Eso, atendiendo a que la economía actual no funciona a ritmo de esos avances podría generar un escenario aterrador donde casi el 80% de la población en disposición de tener empleo no logre tenerlo.

Imaginar un mundo donde no fuera necesario apenas trabajar pues todo estaría automatizado parece ciencia ficción pero cada vez es menos ficción y más ciencia. Coches, transporte, operadores, mecánicos, manufactura, extracción, enseñanza, medicina y cualquier cosa que imagines ya tiene componentes automáticos o derivados que nos hacen ver como será el futuro inmediato.

El reto está en encontrar el modo que permita obtener de esa ‘maravillosa’ opción del ‘automatismo’ la consecuencia de acceso a los derechos fundamentales a toda la población mundial. Salud, conocimiento, cultura, alimentos. Un mundo robotizado para hacer más humana la vida. Para ello se precisa una ‘transición tranquila hacia el mundo de la abundancia’

¿Te lo imaginas? ¿Cómo será esa transición? ¿Cuándo?


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Frases malditas

Hay tres frases malditas en mi vida. “Esto siempre se ha hecho así”, “Eso no es posible” y, la peor, “ten cuidado, nunca has estado allí”. La primera es típica en los debates de innovación empresarial. La segunda es típica en entornos económicos donde no se examinan parámetros fuera de la lógica convencional. La tercera se refiere a no irse a lugares desconocidos a tomar impulso y a proyectar desde lo desconocido. A mi esta última me estimula especialmente. Ser emprendedor es algo más que definir un modo económico, tiene que ver con la actitud y con la voluntad de tomar el control de tu propio destino. No es siempre factible pero tenemos la obligación como género de no permitir que se nos anule. Yo sólo conozco una manera, hay otras, la mía es emprendiendo.
Cada uno de los miles de emprendedores que ahuyentan los miedos a fuerza de no reconocer las limitaciones aparentes son los que despertarán una sociedad cloroformizada que se ha idiotizado al extremo. Como representantes de esa cuerpo social anestesiado, incapaz de afrontar el reto de dirigir su propia existencia pero consciente de que su vida es un privilegio socioeconómico como nunca otra generación había tenido la denomino “microburguesía low cost”.

A partir de ahora mismo nos adentraremos en los valores de una sociedad que decidirá en los próximos años si esto es una “oportunidad gloriosa” o una “situación sin posibilidades”. Cuando una sociedad queda a expensas de la marea es una sociedad muerta.

Hace años, en invierno, tenía el gusto de dar una conferencia en el auditorio de La Cartuja de Sevilla a un millar de alumnos de Económicas de diferentes facultades andaluzas. Suelen ser de último curso. Cada año, en la mitad de la charla formula la misma pregunta:

- ¿Cuántos de vosotros tiene previsto emprender alguna cosa, proyecto, negocio o lo que sea en los próximos cinco años? La respuesta cada año fue a peor. Normalmente apenas una decena levanta la mano. Luego vuelvo a inquirir:

- Entonces, ¿cuántos tiene como deseo ser funcionario?

Los brazos aumentan en alto pero tampoco es que sea un bosque lo que se muestre frente a mí. Finalmente cuestiono si el resto, mucho más de la mitad de los estudiantes, ¿quiere ser prostituta, traficante de armas, concursante de Gran Hermano o futbolista? Las risas que se suelen producir te dejan helado.

Ellos no tienen la culpa, la culpa es del entorno que hemos fabricado y que adormece el deseo de ponerse en marcha. Todo es tremendamente fácil y ha llegado a ser tan sencillo ser burgués que no es preciso ni serlo para disfrutar de esa condición. El consumismo desaforado no precisa de tener dinero, sólo es imprescindible que alguien te lo deje.

En esa conferencia sevillana anual cinco o seis alumnos se acercan al final. Incluso, en una ocasión, una chica se dirigió con lágrimas y tremendamente emocionada. Me dijo que “ella era una de las que me habían entendido”, que iba a mirar como coger “las riendas de su propia existencia”. No niego que eso deja a uno con la cara desencajada y con serias dificultades para contestar. Suele pasar, sólo es preciso atender y atacar el problema: la pasividad de una sociedad que se pone de somníferos antes de arrancar cada mañana, de modo que no puede ser crítica con nada que le envuelve, y mucho menos con capacidad para disponer de las características que tuvieron otras sociedades anteriores, esos colectivos que nos concedieron la mayoría de los privilegios que ahora disfrutamos nosotros y que tan mal gestionamos.

Por primera vez desde la II Guerra Mundial, esta nueva hornada de jóvenes vivirá peor que sus padres. La falaz mejora en viajes, estudios y medios es una sensación de riqueza ilusoria para los jóvenes contemporáneos, ya que surge de un modelo de dependencia parasitaria familiar. El número de jóvenes en España que dispone de una independencia económica plena, disminuyó desde el 26% en 2004 al 11% en 2011 y eso se está extendiendo por toda Europa. Cuando esos alumnos ya maduros se incorporan al mercado laboral sólo les quedan contratos de tipo temporal para el resto de sus días. Son gente que pueden entrar en el mercado laboral a los 35 años y encontrarse con un Expediente de Regulación de Empleo a los 50.

Emprender sueños

El sábado pasado publicaron una entrevista que me hizo Xantal Llavina para el Diari Avui. El titular escogido habla de la “ineludible necesidad de ser 2.0 en una sociedad como la nuestra“ atendiendo a los nuevos formatos de relación y a las tecnologías aplicadas al orden social y de su conocimiento compartido y distribuido. Sin embargo en la entrevista hago referencia a diversos aspectos más sobre economía, crisis, clase media menguante y al valor de emprender. Digo que “emprender es materializar sueños”. Os enlazo el artículo original en catalán y una traducción libre hecha por la maquinaria de Google.

¡En exclusiva!

Aquí os dejo el primer capítulo de mi próximo libro. “Contra la Cultura del Subsidio”. Su salida está prevista para el 16 de noviembre. He logrado que, como regalo para los que habéis estado esperando la reapertura del blog, tengáis este detalle en “exclusiva”. Espero que os guste y os anime a querer seguir leyendo. Aun no tengo la agenda definitiva de presentaciones y firmas que la Editorial Planeta está determinando pero en cuanto sea posible os lo plantaré aquí. Sé que se están preparando cosas muy interesantes y foros en redes sociales para generar conversaciones sobre el propio libro.

Microburguesía Low Cost

En mi columna de hoy en El Confidencial hablo de una nueva clase social llamada “microburguesía low cost“. Un nuevo estrato social que surge de un modelo de crecimiento erróneo basado en el consumo no estratégico que a su vez ha derivado en cuatro clases de pobreza. Aquí os dejo el artículo.

Hace pocos días Cáritas emitió su informe anual. Refleja lo que ya sabíamos. Una ingente masa humana que hasta hace poco se las daba de rico plastificado ahora le toca ejercer de miserable con hipoteca. Como siempre, las comparaciones inmediatas esconden la cruda realidad pues debe hacerse con mayor proyección. La crisis económica ha puesto a más de 800.000 personas en las listas de atención de la entidad de la Iglesia Católica en lo que llevamos de año. Como decía, la comparación inmediata esconde la crudeza del asunto. Es cierto que en 2008 ese número era de la mitad, pero hace dos años era tan solo una cuarta parte. Pero si los números brutos dan miedo, los porcentajes son peores.

Resulta que el 36% de los atendidos son personas que acudieron por primera vez. Si abrimos el diafragma un par de años la tasa es siniestra. La mitad de los ciudadanos que han accedido a los servicios ofertados por Cáritas desde 2007 ni siquiera sabían donde estaban esos puntos de ayuda. Una nueva pobreza está inoculando el sistema. Una nueva clase social subvencionada y soportada por herramientas privadas o religiosas que suman lo necesario para que en este país nadie se muera de hambre. Un nuevo estigma socioeconómico compuesto por familias jóvenes monoparentales, con el paro vencido, niños pequeños y con deudas de todo tipo incluyendo tarjetas y créditos al consumo que han ido inflándose con los primeros impagos.

Una sociedad que se está empobreciendo y que, en su miseria, esconde la ineficacia de los estímulos ofertados por la administración. El círculo se va cerrando y toda la metodología que planteaba recuperar un modelo consumista se muestra operativa a corto pero terrible a medio plazo. Es como recoger la mierda con la mano. Toda esa “recuperación” que vamos a tener que digerir durante los primeros meses de 2010 es sólo eso, una “recuperación de un modelo perverso anterior”. Recuperar el consumo exagerado, el gasto especulativo y el crédito desbocado no modifica el sistema que nos ha ido sodomizando poco a poco. En países como el nuestro toda la recuperación depende de “recuperar” la construcción como motor. Menuda recuperación.

En diferentes medidas, pero con parámetros similares, muchos de esos países que ahora reflejan cifras de mejora aparente, también tienen cada vez más capas de empobrecimiento enquistando. Por ejemplo, en Estados Unidos casi 40 millones de personas viven de unos cupones que garantizan alimentos básicos. Incluso algunos comerciantes norteamericanos disponen anuncios en sus tiendas aceptando esos papelitos del subsidio mínimo a fin de acumularlos ellos mismos por si los precisan en el futuro. Es como una nueva moneda en el curso de la pobreza del país más rico del mundo. Atentos.

Y aquí seguimos combustionando cuatro tipos de pobrezas. Por un lado la que ya he descrito, la que proviene del desempleo medio. Una segunda capa de pobreza incipiente es la que constituyen los jóvenes trabajadores e inmigrantes sin contratos cuyo sueldo es tan bajo que sería un insulto llamarlos mileuristas. No alcanzan las necesidades básicas y son atendidos también en la beneficiencia. El tercer grupo es el de la pobreza estructural formada por ancianos y viudas con pensiones ridículas. Finalmente, la cuarta tipología de pobres proviene de una capa de pobres que aun no se ha evidenciado y que se compone de gente muy joven que en estos momentos ni siquiera tiene idea de lo miserables que son. Bajo el amparo de sus padres y de la sociedad del consumo en rebajas constante sus vidas transcurren en una especia de paraíso capitalista maquillado. Son la microburguesía low cost.

El panorama no invita a la tranquilidad. Todo lo contrario. Uno de cada cinco atendidos en las entidades de ayuda privada o religiosa de este país viene expulsado del sistema público.Las listas de espera para acceder a los servicios de ayuda que dependen de la administración superan el medio año. Las previsiones se han desbordado y nada hace pensar que vaya a poder reducirse la demanda de esta nueva pobreza. Cada día son más los expulsados de una sociedad engordada a golpe de visa oro. Aun faltan muchos por incorporarse a esta merienda de pan con pan.

Los parados sin subsidio, los de los 420 humillantes euros, los EREs, las quiebras y la deuda privada fuera de todo límite irán sumando individuos a esas cifras publicadas por Cáritas y otros organismos de ayuda privada. El Estado esconde la tasa de pobreza real de este país, pero esos números van suministrando el veneno necesario para que, por mucho que se estimule la economía, cada vez haya menos masa real para que las medidas sean eficientes. A medida que pasa el tiempo un mayor número de personas dependen del servicio público y menos del estímulo público para, por ejemplo, emprender.

Ahora que medio planeta busca como volver a encauzar el modelo de crecimiento asemejando lo nuevo a lo viejo, la fotografía de miles de personas que hace unos meses pasaba sus vacaciones en la cubierta de un crucero se ha tostado de color y ha pasado a ser la caricatura triste de una realidad insistente. Muchos pensaron que la tormenta no iba con ellos. Es el conocido “síndrome Buenos Aires”, aquel que describe como los argentinos consumían enloquecidamente productos de lujo pocas horas antes del decreto de corralito cuando éste era un secreto a voces.

Lo peor es que el Estado pretenderá hacernos creer que esto es pasajero, que no es tan grave y que las políticas sociales procurarán el bienestar de todos. Eso pronto no lo podrá garantizar nadie. Sin entrar en términos econométricos, solo de pura lógica, un gobierno centrado en acometer las gigantescas necesidades de la sociedad empobrecida velozmente, no puede afrontar políticas que reviertan la tendencia a tiempo real.

Contra el coste de todo este barrizal se expone lo que debe la administración autonómica que ya roza los 90.000 millones, la morosidad bancaria que el Estado cubrirá tarde o temprano y que alcanza los 87.000 euros, la deuda pública emitida que supera el 30% del PIB y el propio déficit estructural. En definitiva, mientras el gasto público aumenta y lo hace fuera de todo control, el requerimiento de soporte de la administración sobre una clase media cada vez más pobre se agranda sin mesura. Esto ya tiene poco que ver con el ministerio de Economía, pronto tendrá que ver con el de Interior y el de Defensa.