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¡Mira, un burro volando! La economía española y el debate pendiente.

¡Mira, un burro volando! La economía española y el debate pendiente.

El debate económico en España sigue instalado en la duda. En una especie de tránsito lisérgico dependiente de los golpes de guion vinculados al ‘procés’. La economía española sigue lejos de haberse recuperado a pesar de lo que digan algunas cifras que, retorcidas a gusto del emisor, pueden incluso llegar a parecer extraordinarias. Pero no lo eran, no lo son, y lo peor, no lo serán. No lo van a ser por dos razones complementarias. Por un lado porque no estamos haciendo nada realmente profundo que pueda considerarse efectivo en el cambio de ciclo económico y por otro lado porque tampoco se ha aprovechado esa teórica recuperación para iniciar un cambio de modelo de crecimiento que modificara la dependencia en sectores cíclicos.

Inminente final de época

Que los seres humanos utilizamos un porcentaje muy bajo de la capacidad de nuestro cerebro es una teoría científica que goza de un enorme consenso. La verdad es que cuando analizamos el barrizal en el que nos han conducido banqueros, hipotecófagos, pisitofilos y políticos no queda otra. Tómenlo como quieran pero estoy convencido que una buena parte de esa tontuna general en la que hemos vivido en los últimos años no es más que la evidencia de ese defecto de fábrica.
Estamos rodeados de inservibles. Pobres personas capaces de vender a su madre por un escaño por falta de ímpetu en hacer algo de provecho. Estar en una lista una vez te ayuda a verte distinto al resto, te da tranquilidad, chapa y acceso libre al puente aéreo. Dos legislaturas ya te elevan del suelo, sientes que el menú debe costar la mitad que al resto de los mortales y que todos deben genuflexionarse a tu paso. Tres legislaturas ya te acercan a la aurora boreal. En casos crónicos como los de cuatro o cinco legislaturas, la total lejanía a las críticas y enfado social es evidente. La empatía desaparece y se convierte en una especie de indignación aristocrática similar a la que algún futbolista que llora por no recibir aplausos fogosos los todos los domingos. Que gravedad.

No son todos, pero son muchos. Se sorprenden de que la gente salga a la calle, que se atreven a retorcerse de indignación por lo que consideran un allanamiento a su intocable estatus de personas ilustres. Algunos llevan tanto tiempo retozando en lo público que no tienen ni idea de lo que está pasando ahí fuera. No voy a entrar en las razones, las he descrito durante años, ni la dirección que tomará todo, ya lo dije también y además no es interesante esperar que otros determinen, pero lo que si voy a señalar un aspecto que si me parece importante.

Ya poco importa si unos son violentos (intolerable) o si la policia ha tomado una actitud chulesca y agresiva (intolerable), lo que realmente es determinante es que ya no hay vuelta atrás. El modelo ha cambiado, o mejor dicho, está cambiando. Esto son los efectos residuales del gran cataclismo. Esto son fuegos artificiales de un nuevo escenario. No ha hecho más que empezar, todo lo que se avecina es hierro y en barra.

La metáfora con la que suelo explicar lo que ha pasado y estamos viviendo la refiero a un volcán. Imaginemos un cráter calentando motores, apenas quedan días para la enorme explosión que nos espera. Normalmente esa erupción no suele venir acompañada de grandes indicios pero si de algún pequeño terremoto que indica que algo va a pasar. De repente, como de improviso, una lengua de fuego y lava es expulsada con una enorme fuerza hacia el exterior sin miramientos. Así fue el principio de la crisis. Así lo hemos vivido: una tremenda explosión de luz y fuego que apenas pudimos interpretar previamente. Sin embargo luego viene lo importante. La masa que proviene del interior de esa montaña viva se esparce por todas partes, se desplaza y procura un cambio en la fisonomía de toda la ladera. Podemos compararlo con el tiempo actual.

La crisis ya pasó, hace mucho, nada de lo que cegó nuestros ojos era importante si lo cotejamos con lo que supone un cambio de sistema. A medida que el magma se solidifique y termine por conformar una nueva superficie debemos saber como gestionar este cambio gigantesco. La crisis se fue pero ahora toca entender como queda todo, cual será el nuevo modelo económico, social, cultural y de participación política. Este nuevo paisaje se basará en una sociedad hiperconectada donde las relaciones ya no son son lineales sino transversales y donde la suma de las individualidades dentro del colectivo conformarán como una especie de gran cerebro digital.

La nueva economía implica una serie de cambios disruptivos a todos los niveles. Desde cambios en la cadena de valor, ya que las ideas son las que tienen importancia y no el soporte como en muchos de los modelos tradicionales, hasta cambios en los procesos y en la gestión de las organizaciones. Aceptar que este nuevo modelo implica nuevas condiciones y sólo aquellos capaces de inventarse un nuevo entorno laboral vinculado al nuevo modelo, te acerca al éxito.

Tenemos un problema, uno más. En concreto la falta de políticas dirigidas a la innovación empresarial y al estímulo que en al cambio de modelo de crecimiento eso supondría. Ninguna empresa española aparece entre las 100 más innovadoras del mundo, según Thombosn Reuters por ejemplo.

Y si queremos acpetar que el fin de una etapa está próximo y que ese nuevo punto es mejor, mucho más eficiente y vinculado a la modernidad, la innovación debe ser omnipresente. Este nuevo modelo, esta nueva etapa, implica apostar por la innovación, siendo ambiciosos y pensando en global (tanto para ofrecer el producto a cualquier pais del mundo como para ser capaces de conceptualizar un producto global para ofrecerlo a nivel local),  siendo capaces de trabajar en equipos y en organizaciones complejas, dinámicas, atemporales y aterritoriales y entender la empresa como un gran ser vivo. Todo es una cuestión de actitud, tenemos que estar en “beta” constante para afrontar los nuevos tiempos y no tener miedo al cambio y al fracaso.

En España en concreto el tiempo se detuvo hace años. El PIB per cápita en 2012 de los españoles se situaron en el mismo nivel que en 2004. Es como si el reloj se hubiera detenido, o peor aún, como si trabajara marcha atrás. La economía española parece una goma de la que se ha estirado demasiado y, una vez llegó al máximo de elasticidad, no ha hecho más que recular. Ahora sabemos que, tras este tránsito complejo por una hipotética crisis que nos llegó de “improviso” y que era “mundial” el destino no es mejor que el punto de partida.

Muchos siguen lejos de la realidad, continúan asegurando que “la crisis pasará” ignorando lo sustancial de estos tiempos que nos toca vivir. El festival especulativo y ridículo que se vivió durante años, sin apoyar la iniciativa emprendedora de alto valor, sin estimular el cambio del modelo de crecimiento hacía el conocimiento y la dinamización de la producción industrial para hacerla competitiva, nos ha llevado a la casilla de salida, como si la historia quisiera darnos otra oportunidad.

Esperar que un político u otro ponga en marcha políticas de generación de empleo o de innovación es un error que debería de estar penalizado. Recuerdo que a mis alumnos les digo que “inventen su puesto laboral”, que no lo esperen, en el futuro inmediato, el nuevo paradigma creará pocos de los tradicionales. La oportunidad está en la creatividad y en la capacidad de pensar todos en común adaptando las ganas de impulsar negocios a los deseos de estimular la sociedad, una nueva sociedad mucho mejor que la actual, mucho más independiente y con mayor voz a pesar de los esfuerzos contrarios. Si deja de soplar el viento, ¡rema!

Pánico innovador

Camino de Colombia, leo hoy en Cotizalia como se analizan algunos ejemplos de emprendeduría exitosa en contraposición al miedo a emprender que hay en nuestra sociedad. Yo diría que más que miedo es pánico y no a emprender sino a fracasar. La gestión del fracaso en España y en Europa en general es contraria al estímulo empresarial. No se valora como factor de aprendizaje sino todo lo contrario, no se entiende que tras un error hay un aprendizaje.
Nuestra sociedad está acomplejada, mínima, incapaz de enfrentarse a ese miedo a fracasar, la cantidad de gente que emprende es menor que en otros países. Cuanto menos intentos menos éxitos, cuanto menos éxitos menos competitividad. Es una regla de tres que asusta de lo simple que es y que conduce a la parálisis.

Evitar esa parálisis no es tanto por eliminar los factores que estancan una sociedad sino por que en el emprendedor está el tronco de cambio de modelo económico más poderoso. Un emprendedor debe aportar algo que sus competidores, mucho más experimentados, con mayor cuota de mercado y metodología adquirida, tienen y ofrecer respuestas nuevas a problemas de siempre.

Considero que si somos capaces de gestionar esa ecuación, todo no está perdido independientemente del resto de factores. Una sociedad emprendedora es una sociedad innovadora y capaz de reponerse a una atonía económica de la que si no es con creatividad y una actitud diferenciada, perpétua.

Perder El Tren

Casa verde
Hay estadísticas que definen el estado de un modelo económico. La lista Top 500 es el indicador que muestra la posición de los países según el número de alta tecnología computacional, los denominados “superordenadores”. En el caso de España la posición que ocupamos en ese ranking no ha hecho más que descender. En concreto, en dos años, hemos retrocedido ocho posiciones. Con sólo tres de esos cacharros ocupamos el puesto 17 del mundo.

Esto no sería reseñable si se limitara a la anécdota, pero parece un síntoma más de que hemos perdido el tren de nuestro tiempo. Cada vez más gente se da cuenta y se larga. La fuga de cerebros es una sangría. Según un informe de Adecco, en los últimos dos años más de 100.000 jóvenes de alta preparación y españoles han hecho las maletas en busca de un futuro más interesante que el que ofrece un país en recesión y sin opciones. Es una diáspora que se ubica en el perverso horizonte de ver que en España el horizonte es siniestro y se habla de indicios de recuperación en otros países. 

El problema es que cerca de un millón de trabajadores se han ido ya en lo que llevamos de crisis, de los cuales una cuarta parte son jóvenes con alta formación. Además se denota que las oportunidades para que éstos se puedan sentir realizados es cada vez menos probable. Investigación, desarrollo o nuevos modelos de crecimiento se alejan por culpa de un Estado incapaz (formal y técnicamente) de invertir para impulsarlos. A mi modo de ver toca reducir impuestos  e incentivar fiscalmente la inversión privada en nuevas tecnologías, no nos queda mucho más. Aun es posible sin que Europa nos acuse de no saber lo que hacemos. En la Comisión lo que quieren es un "plan creíble" para reducir el déficit y no necesariamente una retirada de opciones económicas.

Si desde el entorno público las opciones de empujar parecen nulas pues no hay dinero ni lo habrá, y si lo hubiera debería orientarse a procurar que no aumenten las cifras de excluidos sociales y mantener la paz social a toda costa, desde el privado tampoco estarán las cosas en disposición de modificar presupuestos de contingencia. A medida que se evidencie que el déficit no se reduce ya que aumentar los impuestos y reducir los gastos del estado no garantizan que los ingresos crezcan o se mantengan, la presión fiscal irá en aumento hasta cifras que hace un año hubieran hecho saltar chispas, pero que hoy ya no son capaces de remover a un país apagado, adormecido y anestesiado irremediablemente. Los impuestos no sólo suben para ricos. Es una regla de tres diseñada para tontos. La Fundación Ideas, agujero donde se esconden los socialistas en extinción, recomiendan al ejecutivo que nos fusilen a impuestos. Lo grave es que lo hacen con nuestro dinero, claro.

En resumen, menos dinero para invertir en lo importante, mayor presión fiscal a los que pudieran impulsar un cambio de modelo mucho más tecnológico, más jóvenes preparados huyendo a otros países y evidencias claras que  muestran un país cada vez más lejos de los escenarios de futuro. Mientras tanto, los de siempre siguen discutiendo de reformas laborales de juguete. Todos los “agentes” sociales y ahora partidos políticos dándole a la manivela del insulto a la inteligencia

Es tan ridículo todo esta mierda que no parece posible. Dos años pasándose por el forro el asunto y ahora a correr. A darse prisa en algo que ya no tiene uso ni sentido. La reforma laboral no genera empleo, ahora ya no. No proyecta hacia el futuro sino que se ahoga en el fangal en el que está todo esto. Diseñar un nuevo modelo de crecimiento depende de que alguien se lo crea de verdad, apueste y arriesgue. Que se cuente con esos que se van, nos vamos, con los que apostaban su patrimonio por emprender, que se cuente con todos los que ahora están preparando estrategias para afrontar la subida de impuestos. 

Gracias de corazón a todos los que se preocuparon, preocupan y preocuparán tanto de nosotros, no hacía falta, de verdad, casi mejor que se hubieran estado rascándose la entrepierna durante toda la legislatura, hubiera sido mucho más productivo.