Ante la crisis del coronavirus, pongamos el contador a cero
Hace unos años, durante un vuelo que sobrevolaba Centroamérica, el avión pasó por encima de un volcán en activo. Sólo exhalaba humo, pero su ladera era toda de material volcánico solidificado hacía ya mucho tiempo. Hoy recordaba aquellas vistas y pensé que eran pura metáfora de lo que hoy vivimos. Cuando un volcán entra en erupción, todos sabemos que lo va a hacer por un tiempo, no sabemos cuánto, pero sí que no va a apagarse de un modo inmediato. Tampoco sabemos cuánta lava va a escupir, ni en que dirección. Sólo sabemos que a medida que se solidifique ese material incandescente, éste se irá depositando en la falda del volcán y que, lo que quede, cuando se apague o se duerma, será una ladera completamente distinta a la que teníamos antes. Sabemos lo que va a pasar y de lo único que podemos estar seguros, hoy, es que esta erupción va a dejarnos un paisaje totalmente distinto.
El rescate bancario y el cambio de modelo de crecimiento pendiente.
Cuando en un gran premio de Formula 1 deja de llover los bólidos pasan por boxes y cambian los neumáticos. Lo hacen para no gastar la goma blanda prevista para suelo mojado. De ese modo logran no desgastarla y, a pesar de que inicialmente no se agarran tanto, a medida que pasa el tiempo, esas ruedas se convierten en la mejor opción. En la gestión de la economía pasa algo parecido. Si deja de llover, si la situación abandona la tempestad, es momento de cambiar la fijación que sustenta un modelo de crecimiento que se amparaba en el desgaste y la gestión de una hipotética liquidez perdida inicialmente.
YA SON CINCO MILLONES
Que el desempleo se dispara hasta el 17,36% y supera los cuatro millones de parados, 802.800 más que en diciembre parece no ser suficientemente dramático para que este país reaccione. Aun hace falta más. No se preocupen que lo tendrán. Nadie puede ya detener el desastre que supone esta bola de nieve y más cuando de esa cifra, 766.000 provienen de la destrucción de empleo directo. Además los que nos gobiernan están más preocupados en no recibir una derrota humillante en las europeas que en gestionar esto con responsabilidad. De ahí que sigan intentando hacernos creer que nuestros males son globales y que en las cumbres internacionales nos van a dar algún elixir que se ventile nuestro paro de un zarpazo. En el caso de que al resto del mundo le importara lo que diga Zapatero, la verdad es que no servirá de nada ya que la falta de capacidad de nuestra economía impedirá que nos podamos enganchar al carro de la recuperación global, cuando ésta se produzca, al mismo ritmo de otros Estados más preparados en ese entorno global.