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Mientras todo llega

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Este post empieza como termina. Pongo por delante que me niego a que expolien mis sueños. Lo diga quien lo diga y lo procure quien lo procure. Por eso escucho, leo y atiendo incluso a los que me dicen que todo está muy mal y estará peor pues de ellos no me quedo con el miedo sino con el reto de superar la ola gigantesca.

Wolfgang Münchau es un columnista del Financial Times que este fin de semana la lió parda con uno de sus artículos. En concreto el titulado “Economics will catch up with the euro” y subtitulado “In southern Europe the hurdle for a case in favour of eurozone exit is shockingly low” en el que intenta explicar como, sorprendentemente, en el sur de Europa los límites para la salida de la zona euro son bastante bajos.

Durante el fin de semana se ha criticado mucho a este hombre que, como bien dicen por ahí, representa unos valores determinados y defiende la rotura del Euro tal y como lo conocemos. La verdad es que a mí me cuesta en algunos casos coincidir pues detecto cierto grado de “superioridad” mal gestionada por parte del bueno de Wolfgang.  De hecho ya hace mucho que explica que lo mejor que le podría pasar a Alemania es que Europa dejara de coexistir en un mar de desequilibrios inasumibles e irracionales. Ahora bien, es alguien a quien se debe de tener en consideración. Münchau fue el primer columnista económico que alertó sobre las posibles quitas a depósitos en 2011 cuando, al parecer, se barajó hacerlo con dos bancos griegos y no se atrevieron. Con Chipre si se han visto capaces.

Independientemente de todo esto, lo que parece evidente es que la quiebra del sistema de ayudas y rescates está llegando al fin con el modelo anterior. Sólo quedan dos opciones y una ya se está desestimando. Convertir Europa del Sur en una especie de Disneyland repleta de dinero inservible y virtual o meter la mano directamente en la liquidez de aquellos que conviven con su nefasta clase dirigente incapaz de ejecutar con eficiencia los tiempos que nos ha tocado vivir. La elección inicial fue crear muertos vivientes, alargar la agonía y generar un altibajo económico que muchos supimos identificar como irreal y los políticos se aceleraron a describir como “brotes verdes”, “final de la crisis” o cosas más absurdas.

El tiempo de experimentos finalizó hace años y las consecuencias se encadenan en un desastre bíblico. No ha terminado. Poner a buen recaudo el capital líquido hoy en día es una quimera desconcertante. Poco o nada puede ser previsto y la lava del volcán que todo lo cambiará sigue moviéndose, deslizándose y viscosa. Nada se detiene y nada se evidencia salvo el desastre mayúsculo e inédito.

Sigo con mi percepción de una catástrofe transversal que no deja de ser una opción definitiva para nuestra generación. Cuando hace siete años identifiqué lo que ahora vivimos lo pasé mal, se me dijo de todo y se me trató de tremendista, catastrofista y antipatriota. No hice más que lo que ahora hago: localizar, diagnosticar desde la praxis y no la teoría. Yo era emprendedor y lo sigo siendo, nadie me ha dado un visado para serlo ahora que tan de moda está. Lo soy hace décadas y lo seguiré siendo aunque la vida me castigue con otro revés. Sin embargo nada, ni la mayor de las tormentas, que vuelvo a identificar, me va a detener. No tengo nada más que mi propia convicción y energía, mi propia capacidad y mi equipo. Con ello cuento.

No es incompatible ver el mundo en cambio constante, en un parto doloroso que algunos traducen como crisis, otros como cambio de modelo y otros podemos mezclarlo todo. No sólo, evidentemente, vivimos una transposición de elementos que generarán una nueva era, también estamos sumidos en la idiotez gubernamental y en la miseria intelectual de cuantos deberían dirigir este proceso. Estamos en manos de poderosos banqueros, periodistas, políticos, funcionarios, empresarios y sindicalistas que procurarán con todas sus fuerzas alargar lo actual y justificar sus maldades. Hay temas inevitables que solo se podrán retrasar aunque les duela.

Mientras todo llega, los que emprendemos, los que no podemos hacer nada más que luchar cada día desde que amanece hasta la noche bien entrada, persiguiendo el propio sueño o ayudando a lograr el de otros, con el deseo de que nos dejen en paz y si no nos quieren ayudar que por lo menos no nos jodan, seguiremos pensando que todo está muy mal pero sigue valiendo la pena tanto esfuerzo.

España se prepara para un rescate similar al de Chipre y con los mismos afectados. Los ciudadanos que se comieron el pastel pagarán el pato. El problema es que el pato también lo pagarán los que no se comieron ni las migajas del pastel en cuestión. Pagará todo dios.

El estado español tiene que devolver en un par de décadas 40.000 millones al 6% de interés que nos “dejaron” en Europa para reflotar la mejor banca del mundo. A eso hay que sumar la línea de crédito abierta de 100.000 millones, un déficit que no paramos de negociar, un paro que no deja de crecer, un consumo en caída libre, un cierre diario de empresas, un aumento del gasto en subnormalizante desmedido, la deuda de la banca española al BCE que es más de la mitad del total prestado por el Banco Europeo a todo la Unión cuando no representa ni el 9 % del PIB europeo, un sistema autonómico de teatro, pero del caro, un gasto en millones de funcionarios constitucionalmente imposible de atacar, una simulación hollywoodiense sobre el estímulo a la tecnología y a los emprendedores para procurar un cambio de modelo económico y de crecimiento, un montón de ferias que no interesan ni al que las monta, casi un 30% de paro, un PIB en retroceso continuo, ahora de un menos 1,5% comparado con año anterior que también cayó comparado con el anterior, que también cayó comparado con el anterior y así hasta el infinito y más allá.

München dice que a pesar de las recientes recapitalizaciones efectuadas entre los bancos españoles, el sistema bancario español en general está quebrado y no resulta racional que los españoles mantengan sus ahorros en los bancos del país, sobretodo escuchando y viendo lo que se dice sobre los efectos suaves de la acción en Chipre. El tipo asegura que salvo alguna excepción los bancos españoles son insolventes y ya nada tiene que ver con lo inmobiliario sino con la depresión económica.

Obviamente quien considere que tener el dinero en un banco es seguro debería de escuchar a los que viven sumidos en el robo organizado en Chipre, la manipulación de las preferentes o la revalorización miserable de sus propiedades inmobiliarias. Yo decidí invertir en proyectos, en empresas y en diversificar mis riesgos. Eso, lo que yo hice, es lo que recomiendo. Me puedo equivocar, por supuesto, pero, como explicaré más adelante en los próximos días, invertir en proyectos emprendedores, en startups, en tecnología que nace de la voluntad internacional, con garantías de fabricar cosas reales y con equipos experimentados que complementan a otros mucho más jóvenes, ha sido y será un buen método para impulsar los cambios que vendrán y para esperar un beneficio futuro.

Visto lo visto, luego dirán que invertir en startups es algo arriesgado. Que se lo digan a un chipriota. Yo no pienso permitir que expolien mis sueños.

Fragmentos (no se permite la reproducción completa) del artículo de München en el Financial Times

The same is ultimately true of Spain as well. Jeroen Dijsselbloem, Dutch finance minister and president of the eurogroup of eurozone finance ministers, unwittingly answered that question when – in an interview with the Financial Times – he shocked the world by telling the truth. It is now the stated policy of the creditor countries to solve the problem of a debt overhang in the banking sector in the peripheral countries through the bail-in of bondholders and depositors.

Just think this one through. Minus its two largest banks – BBVA and Santander – Spain’s banking system is broke, even after recently agreed small recapitalisations. The housing bubble is no longer the main problem, but the ongoing depression is likely to last for most of the decade, given current policies. The logical consequence of Mr Dijsselbloem’s dictum and the reality of austerity and a deficient banking union is a future bail-in of Spanish bank bondholders and depositors.

The problem is that even insured deposits will then not be protected. Look at what happens in Cyprus, where capital controls affect small and large deposits alike. I would expect that to happen in Spain as well. Given the stated policy, it is logically irrational for any Spanish saver to keep even small amounts of savings in the Spanish banking system. There is no way that the Spanish state can guarantee the system without defaulting itself.
The consequence is that for Spain, too, it will eventually become economically rational to leave the eurozone. The best moment would be the time when the country achieves a fiscal balance before the payment of interest on debt.

En grupo es más divertido

Me permitirán que, aunque me cueste, hoy no hable de la retorcida situación del planeta, de su economía y de cómo se va desajusta todo a medida que pasa el tiempo. Por catástrofes, emisiones radioactivas, por el coste energético desproporcionado que se derivará en los próximos meses cuando se decida unánimemente repensar el tema nuclear, por las deudas soberanas, por los ratings, por las infundadas soflamas de que lo peor ya ha pasado, por la miseria intelectual de los que nos gobiernan y la de los que nos gobernarán, por al ajuste a coste cero de todo el sistema financiero que al final pagaremos los que menos culpa tenemos, por la destrucción de empleo que sigue su curso firme o por los que dicen que no hay paro en algunos países pues ocupan a la gente tres horas y los retiran de las listas. Por todo ello, he decidido hacer otra cosa. Dar media vuelta y seguir mis impulsos por tomar el timón de mi vida otra vez.
Hoy no quiero que nadie me frene, tengo una idea nueva. Algo que estoy seguro va a revolucionar el mundo, la vida de la gente y convertirá este valle de lágrimas en algo extremadamente agradable. Es una idea más, una de tantas. Una idea que me mueve, me levanta de la cama y muscula mi espíritu emprendedor. Como siempre, cuando llegue el café, esa utopía se rebajará como un cortado y se asentará en el territorio de las cosas pendientes de análisis. Y así será. Esa gran idea, la que sea, se convertirá en un modelo de negocio o no, pero seguro que será motivo de debate, reuniones y estudios por parte de algunos locos más que me rodean todos los días. Me encanta rodearme de locos soñadores, son más creativos.

Eso es seguro, tengo claro que sólo no estaré. Emprender, como muchas otras cosas, es más divertido si lo haces en grupo. Me maravilla el proceso metálico que rodea su cimentación. Cuando las ideas se amontonan y se comparten, en un restaurante, en un bar o en el gimnasio, donde sea, se complementan y eso es fascinante desde todos sus vértices. Los que hemos puesto en marcha algún proyecto y lo hemos hecho rodeados de amigos, socios o inversores implicados sabemos lo extraordinario del camino a seguir. Cuando pasan unos meses, aquella idea inicial se convierte en algo radicalmente distinta aunque mantenga el tronco conceptual del principio. Es tremendo mirar hacia atrás y ver como mutan las grandes ideas hasta el punto que la inicial parece una idea penosa comparada con la resultante.

¿Se imaginan que ese espíritu por decidir uno mismo se compartiera y se ejercitara desde la población y que cuando se le llama “activa” lo sea de verdad? Pues no imaginen, eso está pasando a espaldas del mundo informativo. El valor emprendedor de todo un pueblo, harto de cloroformo se ha lanzado a ejercitar sus derechos. En Islandia los ciudadanos han logrado que el gobierno dimitiera al completo y que, tras nacionalizarse toda la banca, se ha conformado una asamblea popular que reescribirá la Constitución. Apenas llegan datos o información al respecto pero está sucediendo.

“Resulta que tras la capitulación económica del país, una ley se redacta a fin de que la deuda del Estado fuera pagada por los propios islandeses durante 15 años al 5,5% de interés. El pueblo se niega y se manifiesta, la ratificación presidencial no se produce y se lleva a votación. El 93% de los islandeses dicen que no, y de inmediato empiezan las detenciones de los responsables del desbarajuste financiero y político. A partir de ahí la historia será escrita por los ciudadanos que, a través de un método muy participativo, se han organizado al margen de la estructura gubernamental, para que, tras diversas cribas democráticas, 25 ciudadanos redacten la nueva Constitución”.

Muchos comentan ¿cómo es que no sabemos nada de eso? ¿es cierto? ¿es una revolución real desde abajo y pacíficamente culta? Si ésta es una historia cierta o no, lo dejaré abierto a la investigación de los propios lectores. Existen blogs y foros donde se comenta la verosimilitud de lo que aquí explico hoy, sin embargo, poco desde las fuentes oficiales. Para mí lo importante no es que un pueblo pueda motivar la dimisión de todo un ejecutivo, que también, sino que un grupo de personas, con un sueño y un alto grado de indignación como motor, sean capaces de ponerse de acuerdo y trazar la hoja de ruta de un proyecto, sea cual sea.

A mí los que me importan son los proyectos empresariales, me permiten trasladar al caso real aquello de “tomar las riendas de tu existencia”. Otros lo harán revolucionando sociedades o vete tú a saber, pero en general todos lo haremos buscando alguien que nos acompañe en ese tránsito. Escribo esto desde una sala tranquila del aeropuerto de San José de Costa Rica desde donde, junto a un buen grupo de soñadores, empezamos mañana un nuevo proyecto transformador repleto de ideas e ilusiones, de intenciones de internacionalización y de voluntad de crecer. Como si fuéramos islandeses, como emprendedores, en grupo todo es más nutritivo. ¿Algún equipo por ahí?

Artículo publicado en Cotizalia